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   Fobias en la niñez

Apuntes biográficos sobre la vida de Herbert Graf
  Por Ariel Pernicone
   
 
“—Padre: Sólo una señora puede tener hijos.
—Hans: Yo consigo una nenita.
—Padre: ¿te gustaría tener una nena?
—Hans: Sí, el año que viene me consigo una, también se llamará Hanna”.
“Pequeño Hans”, 1909.
“… en mi confesada parcialidad en favor del pequeño Hans hago valer que no es el único aquejado de fobias en algún momento de su infancia”.
Sigmund Freud, 1909.

En el curso de una investigación iniciada sobre la historia de la gestación del texto “Análisis de la fobia de un niño de cinco años (El pequeño Hans)” (Sigmund Freud, 1909) decidí realizar una búsqueda biográfica sobre la vida e historia de los miembros de la familia Graf, protagonistas centrales del historial, de modo de comprender más ampliamente cómo surgió el escrito freudiano que diera fundación a la práctica psicoanalítica con niños y por entender que conocer el contexto de un escrito puede contribuir a un mejor trabajo de lectura del mismo.
Incursioné así, en el rastreo de documentos que brindaran datos biográficos sobre los lazos con el psicoanálisis de Max Graf y Olga Hoenig, padres de Herbert Graf, verdadero nombre de quien fuera popularmente conocido bajo el seudónimo de “pequeño Hans”, sin dudas uno de los casos más leídos, debatidos y probablemente más queridos de los cinco historiales que Freud nos ha legado. Texto princeps para la comprensión de la función de la fobia en la infancia.
¿Pero qué fue de la vida de Herbert Graf?

En verdad, hoy conocemos con bastante precisión la extensa historia profesional de Herbert Graf en el campo de la ópera, a partir de su propio relato en el reportaje que realizara el periodista Francis Rizzo publicado en la revista Opera News, en 1972, bajo el título “Memorias de un hombre Invisible”, entrevista ampliamente conocida por los investigadores del psicoanálisis y difundida hace ya varios años en castellano.
Allí, Herbert Graf, a sus 69 años, dialoga animadamente con su interlocutor, y a lo largo de cuatro entregas, publicadas en febrero de dicho año, logra repasar cincuenta años de su vida ligada al teatro, la música y la escenografía, focalizándose en el enorme recorrido de su historia en ese campo, dedicando en ese trayecto solo algunas líneas a su vida personal y familiar más privada, conservando una actitud austera en ese aspecto que mantuvo a lo largo de los años.
Sin embargo, podemos leer entre los comentarios de esa entrevista, en una de las pocas pinceladas de referencias más íntimas, un bello comentario sobre su conocimiento, largamente olvidado, (“I was not aware of anything”), acerca del hecho de haber sido aquel niño de cinco años “cuya cura por una fobia a los caballos fue documentada por Freud”, luego que su propio padre Max Graf dirigiera el tratamiento, “bajo la guía del profesor”. Allí rescataría un emotivo recuerdo sobre cómo llegó a enterarse casualmente en su adolescencia que había sido el protagonista del historial, mientras ayudaba a su padre a mudar su biblioteca en ocasión de la separación de su esposa Olga Hoenig, y además cómo se había producido su posterior encuentro con Sigmund Freud a los diecinueve años, dando su propia versión de aquella visita que fuera afectuosamente publicada en 1922 por el creador del psicoanálisis en la Epicrisis del historial.

A partir de esta mención pública, Herbert Graf daría a conocer en forma explícita su lazo con el historial del “pequeño Hans” y se permitiría hablar con admiración y agradecimiento hacia su padre, para quien no ahorraría elogios por haberlo ayudado cuando niño, recordando además, con humor, algunas anécdotas de Max y su vínculo con él como hijo. Por otro lado, se mostraría muy crítico y en total desacuerdo con relación a que hubieran publicado su cura en el historial de 1909. No hace mención alguna allí acerca de su madre, ni a su propia vida de pareja, o de sus hijos, manteniendo silenciados estos aspectos privados en la publicación del reportaje de Opera News.

Debo señalar que existe otra entrevista previa, menos conocida y no publicada aún, que es un reportaje realizado en 1959, conducido por el psicoanalista Kurt Eissler, quien mantuvo, a lo largo de varios años, una serie de diálogos con muchísimos de los allegados directos a Freud, conversaciones que fueron grabadas y transcritas, con el objetivo de documentar la historia de Freud y el contexto a partir del cual fue creado el psicoanálisis, bajo la consigna de permanecer guardadas e inaccesibles durante un tiempo prudencial en los “Sigmund Freud Archives” ubicados en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos en Washington. El contenido de este reportaje de 1959 a Herbert Graf, era absolutamente desconocido hasta hace unos pocos años atrás, por haber estado vedada su lectura a causa de la política de restricción de acceso a diversos documentos, establecida por la familia de Freud, con directivas expresas de su hija Anna, siguiendo el mismo destino de muchos escritos reveladores de la historia del psicoanálisis.

En esta entrevista más privada con Kurt Eissler, a la que ahora ya es posible tener acceso en las salas de la Biblioteca del Congreso en Washington, Herbert Graf pudo explayarse sobre cuestiones personales, así como también lo hiciera su padre Max Graf en 1952, con el mismo entrevistador y con idéntico fin de archivar temporariamente dicha información histórica. Es en estos dos documentos donde es posible leer muchos de los datos desconocidos y detalles sobre la vida y la historia de la familia Graf, relatada en forma directa por sus protagonistas, así como ubicar el mapa de cómo fue el trasfondo más subjetivo de sus lazos con Sigmund Freud y el contexto epocal, sobre el que surgió la escritura del historial de 1909, trama que ha interesado enormemente a los historiadores y biógrafos del psicoanálisis.

Mucho se ha hipotetizado sobre el destino posible, y la probable vida futura que tendría el “pequeño Hans”, a partir de la lectura de su historial. En dicho sentido, han habido infinidad de conjeturas a lo largo de los años: desde las vociferadas con indignación por los más próximos contemporáneos a Freud y Max Graf, quienes habían pronosticado, moralmente escandalizados, apenas el historial tomó conocimiento público, todo tipo de males para ese niño al que se había osado psicoanalizar y hacer hablar precozmente sobre temas sexuales, hasta las vertidas muchos años después, por un minucioso Jacques Lacan, quien en su seminario “La relación de objeto”, del año 1956-57, tras un cuidadoso trabajo de lectura del texto freudiano, vislumbrara en el porvenir de Hans una posición heterosexual pasivizada, poco viril, oteando en el horizonte de la posición sexuada futura de este niño el dibujo de un caballero identificado con el ideal materno y carente de padre, tal como disparara en sus palabras clásicamente irónicas: “Un estilo no ajeno a nuestra época, el de la generación de los años 1945, esa gente encantadora que espera que las iniciativas vengan del otro lado, esperan, por decirlo todo, que les quiten los pantalones”.

Lo cierto es que de los datos biográficos disponibles hoy acerca del tiempo de su vida adulta, a la luz de los nuevos documentos, es posible situar que Herbert Graf se casó en dos oportunidades. Su primer matrimonio se produjo en 1927 con Liselotte Austeritz, con quien tuvo un primer hijo de nombre Werner Graf, nacido en el año 1933. La relación fue sumamente conflictiva. Ella terminó su vida de un modo trágico, ya que se suicidó en 1961 luego de un extenso período de abuso en el consumo de drogas y alcohol, y tras intensas disputas conyugales en el último período. En dicho vínculo con Lisselotte, y en su lazo con esta mujer, Herbert parece haber repetido algunas de las formas de lazo conflictivas de la pareja de sus padres, quienes se divorciaron cuando él era adolescente.

Lisselote, quien también había sido entrevistada por Kurt Eissler en 1960, realizó allí algunos comentarios sobre la madre de Herbert, Olga Hoenig, revelando que había sido una constante fuente de preocupación y angustia para él, al afirmar que “Herbert’s mother’s nerves are not so good and never were”. Además recordaría que Olga mantuvo siempre una actitud muy querellante en su discurso hacia Freud, convirtiéndose en acérrima partidaria de Alfred Adler hasta el final de su vida, con quien había establecido un vínculo amistoso sostenido por años, que se había afianzado aún más cuando fuera expulsado de la Sociedad Psicoanalítica de Viena en 1912. Lisselotte aclararía que en lo personal, tanto ella como Herbert, preferían no participar de estos comentarios reiterativos de Olga porque ambos se consideraban “freudianos en lo más profundo” (“We are freudians to our core”), y eligieron mantener cierta distancia respecto de esta actitud de Olga, quien habría sostenido tenazmente ese rencor, por considerar que Freud “no había sido un buen consejero de su esposo Max”.

Herbert Graf tuvo un segundo matrimonio en 1966 con Margrit Thuering, con quien vivió en Suiza y mantuvo probablemente una relación mucho más apacible y menos conflictiva que con Lisselotte. De dicha relación nació su segunda hija, de nombre Ann-Kathrin Graf, cuando él ya contaba con 63 años en tiempos en los que había asumido como Director general del Zurich Opera y del Gran Theatre de Ginebra.
A esa altura de su vida era ya un reconocido productor y director de escena en el mundo de la ópera, luego de haber transitado más de 30 años de trabajo en el prestigioso Metropolitan Opera de New York, tras haber publicado tres libros y una multiplicidad de escritos sobre su especialidad, proponiendo una ópera creativa y que además fuera más accesible para gente, y de haber recorrido una exitosa carrera profesional que lo llevó a compartir escenarios con grandes cantantes como Maria Callas, Mario Lanza, Marian Anderson, o Reri Grist, con directores de la talla de Arturo Toscanini, y de haber tenido a su cargo la dirección escénica de memorables obras clásicas como Otelo, Don Giovanni, y Las Bodas de Fígaro, dirigiendo allí a muchísimos de los más renombrados músicos del siglo XX.

En este punto, y para concluir con este breve pasaje biográfico deseo hacer una última referencia a una comunicación vía mail que mantuve con su segunda hija, Ann-Kathrin Graf ocurrida en el año 2007, en el curso de la investigación iniciada. Ella tenía cuarenta y dos años al momento del diálogo, residía en Ginebra, Suiza, lugar donde nació en 1967 luego que Herbert Graf emigrara de EE.UU. para asumir la dirección del principal teatro de ópera de Ginebra. Según informó, Herbert permanecería en este país hasta el final de su vida, en 1973, cuando falleció a causa de un cáncer de riñón.

Durante dicho diálogo Ann-Kathrin aclaró que en verdad ella tenía escasos recuerdos de su padre, ya que contaba con apenas seis años cuando él murió. Sin embargo, expresó con cierta emoción, que tenía aún una imagen muy vívida en su memoria: Su principal recuerdo y el que conservaba inalterado, era ver a su padre “siempre en su oficina, enteramente entregado a la preparación de sus obras como director de escena y productor de óperas en toda Europa”.
Me permito comunicar aquí ese simple pero bello recuerdo de la hija de Herbert, porque, en mi opinión, quizás resuma y sintetice un aspecto sustancial de esa travesía creativa en la vida de quien llevara a sus cinco años ese histórico seudónimo “pequeño Hans”, de cuyo discurso fue posible extraer la lectura de la función de la fobia en la infancia como respuesta a un momento crítico, atravesado por la angustia, a un tropiezo o encrucijada inherente a un tiempo lógico en la estructuración de la subjetividad.

Aquel niño cuya proliferación imaginaria de entonces, al parecer, prosiguió activamente su itinerario para gestar los escenarios y producciones de cientos de óperas hasta convertirse en uno de los más consagrados regisseurs de su época.
Tal como lo avizorara en forma tan atinada Lacan, al finalizar su observación sobre el historial del “pequeño Hans”: “… será un hombre en potencia de niños, capaz de engendrar indefinidamente en su imaginación y de satisfacerse por completo en sus creaciones”.
Imaginación creativa que, a juzgar por el recuerdo más preciado de su hija, dedicó enteramente su existencia, desde los albores del psicoanálisis hasta el final de sus días.

Bibliografía:
Sigmund Freud, “Análisis de la fobia de un niño de cinco años” (“el pequeño Hans”). 1909. Amorrortu editores.
Jacques Lacan, El Seminario. Libro 4. “La relación de objeto”. 1956-1957. Paidós.
Francis Rizzo, “Memorias de un hombre invisible. Reportaje a Herbert Graf”. 1972. Revista Opera News. (Versión en castellano publicada en Seminario Lacaniano Nº 7)
Archives Sigmund Freud. “Interviews by Kurt Eissler”. Library of Congress. Washington D. C.
Mirtha Benítez-Ariel Pernicone, Fobias en la infancia. De la historia biográfica de la familia Graf a la fobia en el discurso del psicoanálisis. Letra Viva. 2010.
Revista digital de psicoanálisis con niños Fort-da. Nº 10. “Estructura y síntoma: función de la fobia en la infancia”. www.fort-da-org. Psicomundo.
 
 
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