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   Fobias en la niñez

“En el país de la imaginación”
  Por Norma Bruner
   
 
La invitación a escribir sobre los estados angustiosos y fobias en la infancia me permite compartir con ustedes una observación y una pregunta clínica personal.
Es notable el incremento de consultas –de padres, colegas, escuelas y pediatras– que he recibido en los últimos tiempos acerca de niños y niñas (varones en la mayoría de los casos y en escolaridad primaria) “con estados angustiosos y/o miedos imprecisos y variables, intermitentes o regulares, o ya con fobias bien delimitadas, desarrolladas y establecidas”.

¿Cómo pensar este fenómeno clínico? ¿Qué denuncia e interpela de la época actual y del lugar que ocupa la infancia para ella? ¿A qué desafíos nos enfrentan hoy la función de la angustia y sus formaciones?
La angustia, tal como se revela en la experiencia analítica, nos indica y denuncia la “suspensión y/o caída del sujeto”, y allí es donde podemos comenzar a entrever alguna respuesta posible al incremento e intensidad en la actualidad.
Si la función de la angustia tal como se nos revela en la experiencia analítica, es indicar y denunciar la “suspensión y/o caída del sujeto” y retomando nuestras propuestas anteriores, un estado angustioso en un bebé o niño, puede estar sugiriendo e indicando entonces, un tiempo de “suspensión o caída del desarrollo del juego”.1
En este punto nos vemos llevados a una importante aclaración, según nuestras hipótesis no se trata de la caída o suspensión de un juego cualquiera el que pueda poner en funcionamiento a la función de la angustia en la infancia sino la serie o conjunto de juegos constitutivos y constituyentes –la que hemos trabajado en las últimas tres décadas, a la espera de poder publicar el desarrollo de nuestras investigaciones en futuras publicaciones–.2

Estados angustiosos y fobias en la infancia hoy, a 100 años de Juanito3: Juan (9 años) me dice durante las primeras entrevistas previas a comenzar su tratamiento analítico:
J: “Yo le busco la falla a las películas para no sentir miedo, así me doy cuenta que son de mentira, por ejemplo si veo una de ovnis trato de ver dónde están mal hechos”. “Mis juguetes me dan miedo, a la noche tengo la impresión que cobran vida y se mueven, siempre se me aparece Chucky con un cuchillo, quiere matarme a mí, a mi papá, a mi mamá”. “Para no tener pesadillas yo mismo me digo mil veces: ‘Quédate tranquilo Juan’ pero Chucky vuelve al ataque, a ese no puedo encontrarle ninguna falla y me despierto”.

J: “Tengo miedo a los ruidos, los perros que ladran me asustan muchísimo, yo ronco mucho me dijo me mama. Tengo muy fea letra. Mi letra es como yo. No me gusta participar mucho en clase porque siempre tengo miedo de que no me entiendan. Yo tengo problemas para hablar, leer y escribir, me como las letras”. (Ha estado desde sus 2 años en tratamientos diferentes “para arreglarle sus numerosos problemas” [sic]).
Mirando una escultura ubicada en mi escritorio y arreglada con pegamento transparente, Juan me dice: “Norma, se te rompió esto”.
Le digo, “Encontraste un fallo en la realidad y no en una película, la vida y las personas reales tienen fallos y errores y si vos querés te puedo ayudar a buscarlos.”
Juan me mira “tocado” y dice: “Yo me esfuerzo mucho por aprender, Matemática, Historia, esa si que es pura farsa, mentiras totales, Rosas, Malvinas, Sarmiento, Hitler, Napoleón, EE.UU. y el petróleo, Alemania y la Segunda Guerra, son los más poderosos pero no quiere decir que sean los más buenos… ¿No?”

Al escuchar a Juan proferir estos pensamientos como si fueran propios (quizás acentuado por el hecho de ser un niño más pequeño de tamaño que el resto y con unos enormes y modernos lentes de color) tengo la impresión de estar frente a un portavoz de conflictos e ideales de otra generación. Hay en sus frases otras luchas que se desprenden de ellas o duelos a librar en pugna con los conflictos e ideales correspondientes a su propio tiempo. La historia de las generaciones que lo anteceden que luego se despliega durante las entrevistas con los padres confirma mi conjetura. Juan está inmerso en una historia y guerra ajena que sabe a su vez que le toca, lo habla y habita, no escrita aun como su historia, y por ende ilegible, de letra fea.

Le pregunto qué le gusta a él y responde: “A mí me gusta dibujar”. Le ofrezco hojas y lápices, dibuja “El país de la imaginación”.
En la mitad superior de la hoja están los superhéroes, enormes, llenos de armas y poderes, con blindajes exclusivos en sus cuerpos, armas especiales, escudos, bocas enormes, orejas sobresalientes, ojos biónicos, manos ágiles y entrenadas, etc.
En la mitad inferior de la hoja, minúsculos hombrecillos que intentan parecérseles pero cuya indefensión e insuficiencia es evidente. Mal hechos y no terminados. A algunos les faltan pedazos del cuerpo, a otros los límites, haciendo de ellos cuerpos irreconocibles y deformes.
Juan dice sobre su dibujo: “Cuanto más realistas más miedo me dan porque te pueden sorprender, me olvido que son imaginarios, simples muñequitos”.
Ya en tratamiento y luego de unos meses me cuenta una pesadilla que tuvo esa semana:
J: “Soñé que me convertía en juguete, una bruja convertía a todos en juguetes, muñecos, y muñecas, lo envenenaba a Dios, y se apoderaba del planeta y quería matar a todos.”
Yo: ¿En que juguete te convirtieron?
J: “En legos, son los que más se parecen a nosotros.”
Juan es traído a consulta por sus padres, por crisis de angustia, problemas de aprendizaje, de conducta, y reacciones desmedidas, caprichos, miedos, pesadillas, duerme con sus padres, tiene terror a Chucky. Vive obsesionado con él. Lo ve en todas partes.

Su madre, para que no tenga miedo a los juguetes, un día le hizo elegir los que más le gustaban (esos son los que más miedo le dan) y los tiraron por el incinerador.
El padre dice “me ventajea, se hace el boludo, busca zafar, todos lo ven bueno y simpático, lo quieren mucho pero en casa muestra su verdadera cara”, “Es terrible”, “Para mí lo que está bien está bien hecho y lo que está mal está mal hecho y no hay matices, la verdad es una sola”. “Ya me di cuenta que él nunca va a poder hacer todo bien”. “Juan nació prematuro, sietemesino, con crisis de ahogo desde las 48 horas. de vida, ‘por vago’, hacía ingestas bruscas, nació con bajo peso, y estuvo dos meses internado”. “El más quejoso de los quejosos de los prematuros”.
Siempre tuvo problemas, digrafías, dislexias, dispraxias, le sugirieron que haga permanencia de la sala de 5 años. Con 7 años empezó con neumonitis alérgicas, crisis asmáticas y de ahogo. Miedos y terrores nocturnos. A esa edad cambió de escuela, de una en la que según los padres no se esforzaba por nada y le había tomado el tiempo a la maestra, a la actual de la que dice el padre: “No va a poder dibujarla ahí”.

Algunos breves puntos de partida:

La función de denuncia e interpelación de la angustia se construye en el interior del dispositivo clínico y es fruto del encuentro analítico y de su dinámica. El estado angustioso en un bebé o niño puede llegar a ser un llamado de auxilio, o demanda respuesta solo si se la escucha y registra como tal.
Sin embargo es necesario ubicar también, que un estado angustioso en un niño no necesariamente requiere tratamiento. Precisar y diferenciar esta cuestión en las entrevistas diagnósticas preliminares constituye, paradojalmente, una intervención clínica con efectos analíticos en la mayoría de los casos según mi propia experiencia.

La angustia puede presentarse frecuentemente en los bebés y niños de variadas maneras o bien muda, ciega y sorda; suele pasar desapercibida para muchos padres, educadores y pediatras, o bien puede hacer ruido y mostrase bulliciosa (despertando una y mil noches, atropellando o invadiendo espacios, o no pudiendo entrar o salir de ninguno, resistiendo los aprendizajes primordiales y los controles de los circuitos pulsionales, transformando los intercambios con el campo del Otro en pesadilla o hastío, conmoviendo la curiosidad y el deseo de saber, impidiendo el juego y su desarrollo, etc.)

Una de las caras preferidas de la angustia, el aburrimiento y sus formas, se instala en la escena del mundo cotidiano infantil (berrinches, tristezas, apatías, u otras) confundiendo al principiante o al avezado analista en sus hipótesis diagnósticas.
La angustia tiene una función paradojal, por ello debemos precisar y diferenciar, si está en posición de motor y facilitador, o en la posición de poder llegar a poner al sujeto en cuestión “haciéndole zancadilla” al niño (y a sus padres) para que se caiga y quede fuera del juego. Nos parece importante recordar aquí que los llamados estados angustiosos en la infancia son constituyentes y constitutivos universales del psiquismo y del desarrollo.
La función de la angustia creo que enfrenta al analista que trabaja con bebés o niños (y por ende también con sus padres, y/o escuela, u otros profesionales) a una posición paradojal. Por un lado a sostenerla porque así y solo así tiene la chance de transformarla, en angustia constitutiva y constituyente. Que relance la función deseo. El analista no sostiene la angustia sino su función. Tarea complicada separar a la angustia de su función.

Entradas y salidas a las fobias en la infancia. Ahora bien, si la respuesta a la angustia no se da simbólicamente “Tranquilo nada te pasara a ti” (Función materna), o “Gana el que pierde” (Función paterna)4 la construcción y desarrollo de una fobia es una de las respuestas psíquicas posibles o recurso de salida (sustitutiva y a la vez que lograda - fallida) de la angustia para el niño.
La construcción y desarrollo de una fobia es una de las respuestas y salidas defensivas inconscientes posibles, intento de solución psíquica temprana, a los fenómenos de lesión, corte, suspensión, interrupción y/o caída del juego primordial (significante) en la infancia, tal como venimos ubicando en otros escritos.5
El niño que juega, se hace de un yo invulnerable en el juego, de un cuerpo seguro y protegido por el sentimiento heroico, por las condiciones de no-peligro real que el juego implica. Ejemplo: “El fantasma de su muerte” (fantasma melancólico lo llama Lacan) en el interior del juego no es peligroso, es un fantasma inofensivo ya que en el juego puede procurarse su desaparición, su ausencia, puede perder-se y volver a hacerse presente, sin riesgo de muerte efectiva o ausencia definitiva.6

En el juego, podríamos decir, el hilo que lo aguanta, lo separa y une a la vida (al Otro real de quien depende absolutamente en sus cuidados y en su deseo), puede sufrir cortes, lesiones, heridas, mutilaciones, desgarramientos una y otra vez de nuevo sin que la amenaza real o imaginaria de la separación (ausencia, pérdida, muerte, abandono) se realice realmente.7
En el juego podrá entrenarse para la soledad, corriendo todo tipo de pesares y desdichas, proezas y hazañas, disgustos, victorias o derrotas, desamparos y desesperanzas ya que “eso no puede pasarte a ti”… “Es solo un juego”. Los bordes del juego funcionan de límite y protección frente al afuera del juego (y del cuerpo) excluyendo, cortando, dividiendo y separando el goce del juego (y del cuerpo).8
Lacan dice: “(...) Puede ocurrir que un accidente evolutivo, o una incidencia histórica afecte a los vínculos de la relación madre-hijo con respecto a este tercer objeto, el objeto fálico, lo que a la mujer le falta, y al mismo tiempo el niño descubre que le falta a la madre. Si hay discordancia, no hay vínculo, o los vínculos se destruyen, faltará coherencia, para reestablecerla, hay otras formas distintas a las simbólicas. Están las imaginarias que son no típicas, por ejemplo la identificación del niño con la madre (perversión fetichista)”.9

La salida de la fobia y la reconstrucción del juego.
La situamos en el camino a la neurosis, de sus accidentes y soluciones.
Lacan dice: “En el caso de Juanito, no se tiene en ningún momento la impresión de una producción delirante. Lo que es más, tenemos la clara impresión de una producción de juego. Es incluso tan lúdica que el propio Juanito tiene alguna dificultad para concluir y mantenerse en la vía de lo que ha tomado, por ejemplo, esa historia magnífica (...) de la cigüeña y su intervención en el nacimiento de su hermana Anna. Así es capaz de decir: «Además después de todo no os creáis lo que acabo de decir»”.

Por una parte Juan queda excluido, cae de la situación, es expulsado por la hermanita. Por otra parte, el falo interviene bajo una forma distinta (...) Esto plantea el difícil problema, del orgasmo en la masturbación infantil. La angustia surge cuando el niño se ve, siente, que de pronto, podría quedar completamente fuera de juego. Se ve de pronto caído, o al menos ve que puede caer de su función de metonimia (del falo) y se imagina como una nulidad.
La regresión se produce cuando ya no alcanza a dar lo que hay que dar y su insuficiencia le produce el más profundo desasosiego. Se produce el mismo circuito de frustración primitiva y se abre la hiancia, la de ser devorado por su madre.
Comienza a medir la deficiencia existente entre lo que puede dar y aquello por lo que es amado (...). Como es imaginado, lo mejor que puede hacer es imaginarse tal como es imaginado. Pero desde el momento que existe también como real no tiene remedio (pene real). Entonces se imagina como distinto de lo deseado-esperado y en esta medida expulsado del campo imaginario”. 10
En la historia de Juanito, podemos ubicar la emergencia de su angustia cuando eso (un goce extraño) lo amenaza con forzarlo a convertirse él y/o una parte de su cuerpo (pene real en su caso) en lo que debe entregarle al Otro en su exigencia de satisfacción.
En la fobia no hay juego propiamente dicho, pero puede haber distancia ya que se trata de un sustituto del padre que lo defiende del peligro de ser devorado realmente por lo insaciable materno. El síntoma fóbico se configura en el lugar de un juego primordial significante con el padre fallido como juego y jugado como síntoma.
El juego preferido, anterior a la angustia y a la fobia de Juanito era el que jugaba con su padre “a montar el caballito”.
Este juego es interrumpido y rechazado por Juanito cuando emerge su angustia previa al desarrollo de la fobia. Cuando surge la angustia, Juanito escapa de este juego y solo es retomado cuando la fobia a los caballos cede.

Hay tanto del lado de Juanito como en el de Juan 100 años después “Un juego primordial” lesionado, cortado, interrumpido y un niño que cae expulsado del campo imaginario al cual se reintegra gracias a la fobia y sus construcciones.
Juan actualmente sigue en tratamiento analítico a mi cargo intentando “dibujarse” con trazos y bordes amables, ya puede soportar perder alguna que otra batalla librada –sin que corra riesgo su integridad yoica– y fue conquistando y ganando terrenos del desarrollo a los cuales antes era impensado que pudiera acceder. Claro que por ahora estamos en pleno campeonato de batallas navales, aéreas, campeonatos de futbol (de dedos) entre los más poderosos y ricos jugadores actuales y de todos los tiempos. Y otros juegos…

www.normabruner.com.ar
________________
1. Norma Bruner, (2008) “La historia del juego que dejo de ser solo un juego: Juanito”, en Revista de Psicoanálisis de niños Fort-da. N° 10. Noviembre 2008.
2. Se trata de nuestra tesis e investigación de doctorado de la Universidad de Buenos Aires. UBA, en Psicología. Título: “Contribución de las diferentes formas del juego para las identificaciones primordiales”. defendida y aprobada el 7 de noviembre 2014. Libro de próxima aparición. En prensa.
3. Remitimos nuevamente a Fort-da. No 10. Psicomundo. a propósito del centenario de la publicación del “Análisis de la fobia de un niño de 5 años (el pequeño Hans)”, de Sigmund Freud de 1909. El lector interesado en este tema encontrará una serie de publicaciones de rastreo histórico-biográfico, de los avatares de la familia Graf.
4. Norma Bruner, (2008) Duelos en Juego. Letra Viva Editorial. (3era edición 2013). Buenos Aires.
5. Ídem anterior. Cap.11 y 12.
6. Norma Bruner, (2014) “Vida e Morte na Brincar”, Vía Lettera. Sao Paulo. Brasil
7. Op Cit.
8. Op cit.
9. Jaques Lacan. “El Seminario”, Libro 4, “Las relaciones de objeto”. Paidós, Buenos Aires, (2004) p. 58, las itálicas son nuestras.
10. ídem anterior, pp. 228-229.
 
 
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