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   Fobias en la niñez

Un noble potrillo
  Por Liliana Donzis
   
 
“Y qué es lo que vas a decir
Voy a decir solamente algo
Y qué es lo que vas a hacer
Voy a ocultarme en el lenguaje
Y porque
Tengo miedo”.1

Una breve historia. Ha corrido mucha agua bajo el velo de la fobia y los miedos, que si bien conllevan en su producción elementos comunes no son sinónimos.
Jorge Fukelman2, en una entrevista, nos dice: “Si bien los ejemplos nos resultan siempre problemáticos, voy a comentar uno: se trata de una nena que tenía múltiples miedos: … ‘Yo vi en una película, que el viento se llevaba a un papá; sé que esto no puede pasar, pero igualmente tengo miedo’.” Fukelman plantea que esta nena descubre tres agujeritos en una mesita de su consultorio y ella le dice: “Parece un Mickey”. Él pregunta a qué se refiere y ella le responde: “Muchas veces tomo hojas de carpeta y en los agujeritos que tienen, yo dibujo tres círculos y después los uno y hago como si fuera la cabeza de Mickey con el hociquito”. Agrega el analista que en ese momento él se pregunto si la niña le hablaba de los nudos borromeos. El caso fue que a partir de ese momento y, sin ninguna intervención extra, la niña dejó de lado sus miedos.

Lo imaginario cubrió, y contribuyó a dar un sentido al símbolo. Un padre puede volar por los aires como efecto de un accidente, en el ejemplo citado estamos situados ante un momento crucial entre la angustia y el síntoma. Volar no es lo mismo que agujerear el plano con lo simbólico del padre. El analista comenta “que lo que hizo… se inscribiera en otro lado, de otro modo, aunque solo fuera por lo que le hizo pensar”3. Fue sin ninguna intervención especifica, más bien, dicho sea de paso, lo hizo con su presencia en la transferencia.

Las fobias en la niñez indican un enlace estructural y demarcan lo que se suele denominar la neurosis infantil. Raíz de lo que será, en muchos casos, su reaparición pospuberal. Esta segunda vuelta puede repetir la primera o bien surgir con modificaciones. De un modo u otro sigue el curso que Sigmund Freud delineó en la determinación de las neurosis.
Fobias, miedos y angustias conocieron, desde mucho antes del caso Juanito –el pequeño Hans de Freud–, intentos de explicación que facilitaron su terapéutica. Hierbas, amuletos, baños termales, sin embargo el hito transformador de la clínica fue el historial freudiano pues permitió no solo aportar nuevas luces en el psicoanálisis sino que incidió también en la cultura. La lectura de “Análisis de la fobia de un niño de cinco años” es de rigor para todos aquellos que se interesan por la niñez, como también para quienes practican terapéuticas que no se nutren en la hipótesis del psicoanálisis.

Freud situó la fobia del niño como un puesto de avanzada en la subjetividad caracterizándolo como un efecto de la incidencia del nombre del padre en el deseo de la madre. Asimismo nos transmitió que la cura de la angustia y los miedos se viabiliza a través de la palabra, el dibujo y las asociaciones del niño. Herr Profesor supo indicarnos que los miedos pueden ser transitorios, ocasionalmente desaparecen por efecto del trabajo psíquico y otras veces requieren de la tarea psicoanalítica. Junto a los padres o solo con el niño jugar, dibujar y escribir resultan óptimas y eficaces operaciones. Freud demostró que no es menester el uso de los fármacos en la cura de las fobias infantiles, cuestión que parece una verdad de Perogrullo pero a la luz de nuestra actualidad es necesario volver a decirlo una vez más.
Las consideraciones freudianas sobre la sexualidad polimorfa infantil, incestuosa, afincada en el amor al padre y el falo contribuyen, en más de un sentido, a dar vida a la escena que marca a cara o cruz el camino a la neurosis. Juanito, quien fuera el Regisseur de ópera exitoso y creativo también le puso sus notas y sus fugas a la fobia. Su caballo, un noble potrillo –como lo dice la letra de un tango– es y ha sido uno de los ejemplos más virtuosos del objeto fóbico. De su análisis surge que el objeto de la fobia también es un significante que arrastra consigo tanto la constelación materna como la posición del padre. Su cifrado es su revelamiento y su interpretación.

El historial freudiano ha sido desde el siglo pasado ocasión de múltiples, variados e incesantes textos. Entre ellos quiero destacar la investigación llevada a cabo por Ariel Pernicone4 quien nos ofrece una biografía de Hans, su vida, su obra, sus fotos, sus familiares y el camino recorrido a posteriori de su encuentro con Freud. Pernicone nos recuerda una escena de Hans cuando le dice a su padre la frase que anticipa el título del apartado “Yo soy un potrillo”. Según mi lectura, el niño en ese juego ya se encuentra identificado con el equino, su padre le sigue preguntando por la tontería pero ese día, el 10 de abril de 1908, el niño sitúa lo que sería su verdad, al menos en la infancia. “Por una cabeza de un noble potrillo”, hará historia.
Lacan, gracias a su invención del objeto a, modifica la concepción freudiana de la angustia. Transformando el puesto y la operatoria del nombre del padre y la articulacion falo-castracion en la fobia.

Del parricidio al síntoma. La muerte de un padre no siempre es equivalente al padre muerto en el que se funda según Freud el mito de la horda primitiva, este asesinato no es sin duelo. El padre muerto retorna en la fobia. En el texto “Tótem y Tabú” es la fratria la quede asesina al padre y comete un acto antropofágico para poseer su poder. Al incorporarlo da lugar, en ese mismo acto, al surgimiento del tótem-símbolo cuya eficacia subsume la prohibición del incesto. La incorporación acaecida tiene al menos dos aristas, una de índole identificatoria y otra sucedánea a la perdida y al duelo.

La incorporación del padre sella una identificación en la que se juega el enlace de lo simbólico y lo imaginario produciendo entre otros efectos el imperio del significante. Es posible plantear que gracias al significante el síntoma surge como efecto de lo simbólico en lo real. O dicho de otro modo, no habría estructura neurótica sin que lo real este enlazado a lo simbólico y a lo imaginario. La fobia infantil es en este sesgo ejemplar.
Que el goce esté metaforizado por la interdicción del cuerpo de la madre es la contingencia que se historiza en el complejo de Edipo. Bajo el influjo del parricidio el síntoma emerge, el goce fálico hace borde al goce del cuerpo de la madre. En este movimiento adviene el síntoma que estructura el sitio del significante en el discurso.

A partir de la enseñanza de Lacan, especialmente de su lectura de la fobia en el Seminario de 1968/69, queda claro que el significante entra en el discurso y puede ocupar diferentes lugares. El pasaje del imperio materno al paterno implica que el significante reina en lo simbólico gracias al falo así como también se articula al objeto, la verdad y el plus de gozar.
En la niñez se articula el significante en el discurso. Tiempo instituyente que denota el pasaje del imperio materno al imperio del nombre padre. Ahora bien, si este pasaje se coagula el fetiche será su resultado. En ese paso al significante y su entronque al cuerpo habrá algo del nombre del padre que se transmitió: el falo y la ley en la que impera el síntoma permitiendo que reine la disyunción entre saber y poder.

La emergencia del síntoma fóbico en la infancia. Hemos aprendido que el inconsciente hace su trabajo, también en los niños, que la castración hace su juego con lo simbólico del falo, no sin que la castración imaginaria haga su labor permitiendo al latente incluirse en la escena del mundo en clave fálica.
Hemos desatornillado la novela edípica y las operaciones lógicas que nos permiten conjeturar sobre lo fundante del sujeto poniendo de relieve el nombre del padre como efecto de una transmisión materna, así como también la función del patronímico. El nombre se articula al no, la negación, y a la función deseo de la madre de la que surge la combinatoria estructural entre sujeto, objeto y Otro del lenguaje.5 La aparición de la fobia así como también otras formaciones del inconsciente sitúan la emergencia del síntoma en la niñez evidenciando el cercado del goce fálico. La diferencia entre las fobias y otras formaciones del inconsciente –sueños, lapsus, olvidos– consiste que en las fobias hay un resto que aparece en lo imaginario.

En el seminario del 7 de mayo de 1969, munido del objeto a, el maestro francés plantea que la angustia no precede al complejo de castración; plantea lo mismo que en el seminario de 1963, que la angustia y concomitantemente el miedo no se producen ante la castración, sino cuando el corte propiciatorio que la castración que implica no llega.
Para Lacan la angustia y objeto a se emparentan en la fobia. Ante la presentificación del objeto de la angustia el sujeto hace un pase, una sustitución metafórica con un fuerte tinte imaginario, el no sin objeto de la angustia lo sustituye por un significante que produce temor.
El síntoma fóbico consiste en la chance de efectuar una operación metafórica y sustitutiva no ajena al nombre del padre en el que se sustituye el objeto a por un significante adosado a una imagen que no desliza fácilmente y que se asocia a la angustia.
Permanece como un significante enigmático en lo imaginario, significante con una imagen exclusiva, en esto se asemeja al objeto fetiche pero se diferencia de él. Mediante el fetiche se reniega de la castración en el Otro, por el contrario el objeto del síntoma fóbico surge correlativo a la castración.

Perro, caballo, rata, paloma, mundo externo, lugares cerrados, colectivos, trenes, subtes o multitudes, generan la aparición de un intento de enmascarar el objeto a. Enmascarar con una imagen la falta que cuenta como tal.
En ocasiones, en la cura de un niño esperamos la aparición de algún avatar fóbico como momento medular de la operación del retorno concerniente a la separación y a lo fallido del padre, el síntoma es el modo en que el infante responde a lo que se produce por la intrusión de la función sexual en su campo subjetivo.

Me da cosa, fórmula habitual en nuestra lengua con la que algunos niños intentan transmitir afectos que van desde la inhibición a la angustia. Afectos que nombran como cosa.
Desde el ángulo de la angustia dicen como pueden de un afecto difuso y displacentero que alojado en el cuerpo reconoce un abanico de gradaciones del malestar. Me da cosa, en ocasiones puntualiza el instante de la inhibición que detiene y frena al yo.6
De la angustia a la fobia, en este camino observamos que la angustia se reviste con la imagen que hace perpetuar la angustia en miedo a. Cuando esta transformación se ha producido la cosa se ha trastocado y transformado en un tigre de papel.

En el seminario 16 Lacan comenta: “Que hay más de tigre de papel que una fobia, en tanto que muy a menudo la fobia de un niño es a los tigres de papel que tiene en su álbum, tigres realmente de papel”.
A partir de la emergencia de la fobia la escena del mundo queda diseñada por rutas y veredas por las que se puede o no pasar. La fobia se enmarca en el espacio, tiene contornos geográficos, afuera-adentro, interior-exterior. Estamos advertidos de la calle para muchos niños y, no solo para ellos, está plagada de provocaciones sexuales, monstruos, gallos, gallinas, patos y dinosaurios, muchos de ellos de papel o confeccionados con la ayuda de imágenes televisivas y cibernéticas.

Los niños nos informan en sus síntomas de la proliferación imaginaria en el campo del lenguaje y la chispa que se transforma en síntoma puntúa tanto los efectos de las briznas del fantasma como también nos informa sobre el renacimiento de los duelos instituyentes; el duelo por el falo que el niño debe tramitar por el lugar que ocupaba en el Otro, duelo que no es sino la reedición de la caída del primer corte mítico e instituyente producido por la identificación primaria e implica también una pérdida de goce. Es así que ante cada nuevo duelo, y ante cada vuelo por los aires del padre, el arsenal fantasmático se pone en juego.
______________
1. “Cold and Blues Hands”. Poema de Alejandra Pizarnik. Obras Completas. Editorial Corregidor.
2. Conversaciones con Jorge Fukelman. Psicoanálisis; Juego e Infancia. Gainza y M. Lares. Editorial Lúmen.
3. Ibid 2.
4. A. Pernicone y Mirta Benítez. Fobias en la Infancia. Editorial Letra Viva.
5. L. Donzis. “Gracias a Juanito”. Articulo publicado en la Revista Digital Fort- da.
6. Ibid 5.
 
 
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