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   Sexualidad adolescente

Sexualidad y violencia en la adolescencia actual
  Por María Cecilia  Console
   
 
Sexualidad adolescente y cosificación. La sexualidad adolescente se tiñe con estereotipos sociales tradicionales que aún se observan dentro del núcleo familiar, en los medios masivos de comunicación, en las escuelas y demás ámbitos donde adolescentes circulan día a día. Modos y estrategias de seducción donde el hombre ubica a la mujer como un “trofeo” pueden verse por doquier y son permeables a los ojos adolescentes que tienen sed de ideales, de reales adultos en quien basarse, que no saben qué quieren, pero algo van a tener que querer, conformándose identidades en base a posesiones.

Ya nos olvidamos de Descartes y su “pienso, luego existo”. Las mujeres jóvenes y los hombres jóvenes existen en base a lo que tienen. Y sí, ahora se busca tener una “buena cola” al lado o “un tipo que me proteja”. Si bien se evidencia una tendencia entre adolescentes a conformar relaciones sexuales y afectivas en términos de igualdad, aún persiste en la mujer la búsqueda de una figura masculina protectora que brinde seguridad y en el hombre la necesidad de atracción física y cosificación de su partenaire.

Freud (1930) sostiene que “Ambos, el amor plenamente sensual y el de meta inhibida, desbordan la familia y establecen nuevas relaciones con personas hasta entonces extrañas. El amor genital lleva a la formación de nuevas familias (…) Desasirse de la familia deviene para cada joven una tarea en cuya solución la sociedad suele apoyarlo mediante ritos de pubertad e iniciación”. El encuentro con la sexualidad se vincula íntimamente con el crecimiento hacia la adultez. ¿Cómo pensar que las y los adolescentes realicen este pasaje si cuestiones culturales como el hecho de tener que continuar siendo “estudiantes eternos” no llevan a un corte de ese estadío evolutivo?

La adolescencia se caracteriza por ser un período de incertidumbre que afecta el plano sexual, por lo que se debería cuestionar qué modelos se brindan en este sentido. La estabilidad de la personalidad en el plano genital, que surge de la elaboración positiva del complejo de Edipo identificando e internalizando los aspectos positivos de la madre o del padre según el sexo, lleva a la concreción de la relación genital en el plano adulto. Para Aberastury y Knobel (1971) la adolescencia es considerada como “la etapa de la vida durante la cual el individuo busca establecer su identidad adulta, apoyándose en las primeras relaciones objetales-parentales internalizadas y verificando la realidad que el medio social le ofrece, mediante el uso de los elementos biofísicos en desarrollo a su disposición y que a su vez tiende a la estabilidad de la personalidad en el plano genital, lo que solo es posible si se hace el duelo por la identidad infantil”.

Adolescencia media-tardía y violencia. En la práctica clínica en asistencia a víctimas de violencia familiar, doméstica y de género observé con el correr de los días y de los años que la demanda dejó de ser preponderantemente de mujeres que rondaban la madurez, sumándose adolescentes y mujeres jóvenes que pertenecen a la llamada adolescencia tardía (término acuñado por Erikson para destacar el déficit simbólico de procesos que deberían funcionar en la transición de la infancia a la edad adulta que lleva al prolongamiento de la adolescencia). En la tarea diaria pude detectar cómo los estereotipos de género de la sociedad patriarcal que nos han acompañado desde antaño aún persisten entre adolescentes que crecen en una cultura al parecer diferente de la de sus padres.

La sociedad se encuentra en constante cambio. El rol de la mujer ha comenzado a tener importancia tanto dentro del sistema familiar como fuera de él. La maternidad y la distribución de tareas dentro del hogar han variado pero aún parecería ser que algunos estereotipos de género no pudieron sufrir los cambios que otros han logrado con el paso de décadas. Los factores de riesgo significativos en las parejas jóvenes se vinculan mayoritariamente con la violencia vivida en la familia de origen. ¿Cuánto más habrá que seguir esperando el paso del tiempo para acercarnos a una igualdad de género?

“Es que hace boxeo… Los músculos que tiene y que se comporte así tan macho lo hacen más masculino, eso me encanta, solo que tiene que controlarse un poquito más conmigo”, dice Ana luego de haber relatado un episodio de violencia física vivido por su pareja de 21 años con el que aún no convive pero tiene planes de formar una familia. Esta frase permite dar cuenta de que aún en las adolescentes tardías la agresividad como rasgo funciona como un elemento de atracción siendo considerada un factor positivo para la elección de parejas.

“No voy a dejarlo, somos novios desde chiquitos y yo siempre soñé que íbamos a estar juntos toda la vida y a tener muchos hijos”, relata Stefanía durante una entrevista donde se indagaba el riesgo al cual se encontraba expuesta luego de haber sufrido intimidaciones de muerte por parte de su novio, también de 18 años, con quien cursaba el quinto año del colegio secundario. En esta cita representativa se puede interpretar cómo la sexualidad en la mujer pasa a jugar un segundo o menor plano. Lo más relevante es el cumplimiento de los cuentos de “princesas” con los que aún en estos días las niñas siguen siendo criadas. Los estereotipos que vinculan la femineidad con pasividad y éxito en base a qué “príncipe azul” se encuentre en numerosas ocasiones, son reproducidos por madres que han luchado y luchan por un lugar justo en la sociedad, por un ascenso jerárquico en una empresa y por igualar las condiciones del género femenino en una cultura que aún permanece apropiada por las masculinidades.

Convivencia de discursos e ideales. Las nuevas masculinidades comienzan a visibilizarse en aquellos adolescentes y jóvenes hombres que se muestran más sensibles, comprenden la diferencia de roles, respetan la libertad de elección, y pueden ir a la par con mujeres que van creciendo firme a sus convicciones e ideales. Estas masculinidades permiten pensar una posible elección alternativa a la fuertemente arraigada por la cultura en el modo en que un adolescente va a vivir su masculinidad adulta. Se deja de lado el discurso Amo patriarcal sexista dando lugar a la eliminación de las verdades universales masculinas, derribando el posicionamiento superior del hombre sobre la mujer.

Bonino (2005) refiere que “Los varones que nos sentimos igualitarios deberíamos hacer algo con todo esto, ya todos estos mecanismos son un muro que impide la igualdad, al excluir a las mujeres de los recursos sociales y personales que les debería permitir –como a nosotros– legitimar la individuación y la validez del tiempo propio, afianzarse en ver las propias percepciones como válidas, las propias ideas como apropiadas, los propios comportamientos como adecuados y los propios recursos como confiables”. Lo importante es dar cuenta de los “secretos del poderoso” para compartir con las mujeres el código de habilidades necesarias, lograr la autonomía y contribuir a erradicar las maniobras masculinas ocultas.
Cada vez se encuentran más difusos los roles estereotipados sexistas que se ofrecen como modelos en esa etapa llamada adolescencia, que muchas veces han funcionado y funcionan todavía como ¿facilitadores?, evitando el cuestionamiento de los actos de quien se encuentra allí, adoleciendo. Y justo en esa etapa donde se adolece, sumado a los días que vivimos actualmente donde se evidencia una mixtura de discursos sobre identidades, las y los adolescentes se encuentran con un combo que no es precisamente el de las cadenas de comidas rápidas que tanto les agrada consumir: modelos rigidizados enaltecidos y destruidos al mismo tiempo convergen con nuevos modelos de adultez, donde se prioriza la igualdad de género y la sensibilidad. Alguno deberá ser elegido y de esta forma dejará una impronta en la construcción de una nueva adultez.

Tener que elegir en la adolescencia en estos días es tener que elegir no se sabe bien qué: puede ser algo viejo que traiga “tranquilidad mental” al momento de tomar decisiones; o bien un modelo que genere un “torbellino de sensaciones” ante lo novedoso en la creación de nuevas personalidades. Esto se ha comenzado a visibilizar en la práctica profesional, dando cuenta del momento de crisis adolescente y crisis cultural.
El ¿Qué?-hacer psicológico en este proceso. Resulta interesante pensar cómo psicólogas y psicólogos podemos intervenir en este proceso de búsqueda y conformación de la personalidad en la adolescencia en un contexto social particular de cambios sobre los esquemas mujer-hombre.

El desafío consistiría en revisar posturas y modelos ofrecidos en los diversos ámbitos (familiar, educativo, social-comunitario) para favorecer la deconstrucción de modelos plausibles de ser patológicos y permitir de esta forma una libre elección que no se encuentre viciada. En este punto es imprescindible como profesional cuestionar las propias estructuras y modelos adquiridos y contemplar las nuevas subjetividades para evitar rotulaciones en las y los adolescentes.
Intervenir en el proceso de construcción de la responsabilidad subjetiva, si bien es una tarea ardua, deriva necesaria para facilitarle a quien transita la adolescencia el encuentro frente a su propio deseo.



Bibliografía
ABERASTURY, A., KNOBEL, M. (1971). “El síndrome de la adolescencia normal”. En: La adolescencia normal (p.35-103). Buenos Aires, Argentina: Editorial Paidós.
BONINO, L. (2005). “El poder masculino en la pareja moderna”. Recuperado el 22 de enero de 2015 de: http://www.aulaviolenciadegeneroenlocal.es/consejosescolares/archivos/P_005_micromachismos-el-poder-masculino-en-la-pareja-moderna.pdf
ERIKSON, E. (1959). “La adolescencia tardía”. En: Un modo de ver las cosas (p.564-573). D.F., México: Fondo de Cultura Económica.
FREUD, S. (1930/1992) “El malestar en la cultura”. En: Obras Completas Tomo XXI (p.57-140). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu Editores.
 
 
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