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   Colaboración

Autismo y cuerpo
  Por Juan Carlos Matías
   
 
El hablante suele ser nombrado por la medicina como un “trastorno generalizado del desarrollo”. Ya en edad escolar, asiste al consultorio del analista en los brazos maternos, como un bebé, con los signos visibles de severos retrasos madurativos en diversas áreas.
Durante las entrevistas iniciales muchas veces aparece el término: “autismo”, palabra clave en estos tiempos. Terminología que pertenece a los códigos de la ciencia y a un lenguaje muy utilizado por las organizaciones de padres en sus cuentas de Facebook.

No es un detalle menor ese espejo que es la pantalla del ordenador. Cierta vez, desde un cuadro digitalizado, se exhibía a un menor de la mano de su madre anunciándose con letras remarcadas que para la cura del autismo había que tomar cereales. Buen ejemplo de un ojo mágico al que no vela ningún pudor, ninguna reserva en favor del sujeto.
En un trabajo reciente, ensayé sobre la hipótesis de tempranos fallos en la fabricación del espacio corporal imaginario en sujetos situados como “retrasados” o apasionados por no saber. Seres que llevan una existencia acoplada a imágenes martirizadas. En las mismas, ha impactado significativamente el avance de intervenciones deshumanizantes. El sujeto infantil no ha alcanzado a configurar un cuerpo propio y el riesgo es el de la fragmentación. Existir eternamente copiando el dictado de un yo-auxiliar, sería un posible modo de permanecer en la inocencia respecto de acontecimientos de naturaleza tanática que han quedado excluidos de la memoria familiar. El llamado “retrasado” actuaría como baluarte de una verdad desmentida.1

En otros estilos del ser hablante, no aparece el compromiso focalizado en el tiempo de la fabricación del cuerpo imaginario o narcisista, sino sobre el primitivo funcionamiento pulsional. Neonatos que desde el origen sufrieron interferencias en sus procesos perceptivo-sensoriales al punto de permanecer desconectados del mundo, no se sabe si oyen bien o si conservan la capacidad de la visión, aunque los estudios médicos no confirmen deficiencias de tipo orgánicas.

¿Desde dónde es esperado un recién nacido?
Hay quienes han venido al mundo “fuera de programa”, descartados como un eslabón suelto de la cadena generacional de los hermanos y, además, envueltos por un clima catastrófico. Ruptura en el tejido de la subjetividad de la pareja de los padres, quiebre en los lazos de una familia “acomodada”, etc. ¿Cómo dar-luz en medio de las tinieblas a quien no se esperaba y no se puede ligar en la serie familiar de los vivos?
Lalengua materna golpea al cachorro humano: Lo veía diferente al resto. Eso no teje una “piel”, una zona para focalizar la mirada y sentirse mirado-amado por ella. A falta de intercambio amoroso, se instala la evitación y el aislamiento.

No se hace pie en la geografía de un pecho del que amarrarse recortado por el filo del significante, es decir, objeto marcado por los ritmos enigmáticos de quien auxilia en la necesidad. Entonces, puede advenir un recién nacido como “puro real sin relación al Otro”.
El murmullo de lalengua cala hondo en la carne. Se podría pensar en los ruidos de la naturaleza, en el viento y el mar. Ronroneo que sostiene el decir del hablante o, en el peor de los casos, maquinaria simbólica trituradora. Amoladora full-time, tsunami de cirugías, rehabilitaciones, internaciones y asistencias que jamás darán lugar a una jugada del sujeto infantil.

Lo que no hace relato hace sonido-ruido-murmullo de radio encendida, absolutamente mecánico, carente de todo afecto, senti-mentalidad. Se pueden relatar los episodios de vida más terribles que la radio seguirá encendida, con la misma frialdad, sin angustia ni interrupciones… Modalidad de la asistencia que, al mismo tiempo, implementa los más sutiles recursos para permanecer a distancia y evitar el contacto.
Por lo general, el ritmo de la presencia-ausencia del Otro primordial, la madre u otro, contribuye al alumbramiento de un ser hablante por un funcionamiento de puerta vaivén: ni una presencia absoluta ni una absoluta ausencia. Entonces, presencia sobre el fondo de una ausencia –en el sentido de sustraerse de estragar vorazmente su producto, de hacer de madre-caníbal–.
La puerta vaivén grafica la función del significante dentro del psiquismo humano, registro simbólico lacaniano. Allá/aquí, dimensión espacial creada por un juego de oposición significante y por el desprendimiento del sonido de la voz, resto que cae en lo real.

No habría mundo hasta el emplazamiento de esa mínima oposición entre dos significantes, experiencia que el juego del Fort/Da freudiano permite cernir.2 Lo más importante es el desprendimiento de la Cosa-materna, del objeto, hacer evocación de la partida de la madre, de la ausencia. Un Otro que irremediablemente es una tierra extraña.
La lógica significante traza frontera en la dimensión simbólica: “Allá/aquí”. Antes de ella no hay distinción entre espacios. Quiere decir, según esta hipótesis, que la estructura significante crea el mundo en que habitamos y al mismo tiempo a lo in-mundo.

En lo real hay fronteras que dividen territorios que existen distintos a partir de ese momento. Antes del trazado de la frontera no hay distinción entre espacios. Ellos mantienen reciprocidad con una medida en común entre ellos. La medida en común permite la reciprocidad a través de la lógica significante que traza fronteras simbólicas.
Mientras que la lógica de la letra hace litoral en lo real.
B.: Mira con sus manos, es decir con el tacto. Atraviesa el espacio sin ver, como “llevado por la marea, como una boya hacia ningún lugar”. Parece no existir un semejante ni la posibilidad de proyectar un plano que esté ubicado frente a él –duplicación del espacio que prepararía el plano de lo especular–. B, excluido de la palabra y del juego significante, huye desenfrenadamente de un goce-vocal-radial devastador hacia ninguna parte, poniendo así en peligro su vida a cada instante.

En otro tiempo, este arquitecto borracho, empieza a trazar líneas serpenteantes en un espacio sin espacio, arrojando una pelota en contra de lo luminoso hacia lo oscuro hasta que es tragada por éste. Juego mecánico con manifestaciones de grititos y sonidos vocales inarticulados. Sugiere aquellos films en los que el espejo traga a las personas, a los Narcisos. Como ya ocurrió una vez en el pasado, pero distinto, cuando cayó en un pozo ciego por accidente. Con la diferencia de que ahora hay un corrimiento metonímico de sustracción del cuerpo, ya que lo tragado por lo oscuro es una pelota, no es el cuerpo entero de B.
Al recurso anterior se ha agregado otro, ya que B. también se interesa por los marcos de ventanas y puertas. Los recorre con el tacto como lo hacen los ciegos, dibujando una línea invisible encima: ¿Indica lo que no está?

Una función del espejo es la de cortar el espacio en dos. En algunos pacientes el espejo no refleja y deambulan por un real amorfo más acá de lo especular. B. ¿buscaría un plano que pueda recortar el espacio en dos como lo hace el espejo? Para él no existe el otro como semejante y el Otro primordial, la madre, sería una masa compacta dentro de un universo despojado de imágenes.
La imagen corporal, primer “yo”, yo ideal, surge cuando del Otro primordial se desprenden porciones de libido sobre una imagen amable. Amor que inhibe toda instrumentación del hijo como lo abyecto, “lo que se tira a los perros”.

En B. no hay juego significante porque se destruye todo lazo significante, solo existen oposiciones irreductibles. De un lado se encuentra el todo de lo pleno y del otro el vacío absoluto, sin contradicción ni contacto. Sin embargo, dibujar un marco divisorio en medio de un océano infinito puede desempeñar la función de borde o dique de contención a las fauces abiertas del superyó corporal encarnado en la voz materna –retomando una expresión de Sami-Ali–.3

El litoral, según el concepto lacaniano, no conduce a Otro lugar en el sentido de una pura extranjeridad. “Tierra de nadie”. Si la frontera separa territorios en lo simbólico, el litoral conviene más a lo real, a la escritura y a la letra. Lo que traza el borde del agujero en el saber y en el goce; a eso se llama litoral.4
El litoral es una frontera entre dos dominios que entre ellos no tienen nada en común ni tienen relación recíproca. Borde que rodea el objeto pulsional que cae, a, mirada y voz. Objetos plus-de-goce, causa de deseo en el fantasma. En el autismo, no habría formación de litoral ni objeto plus-de-gozar.

Hay infans que aún no han fabricado litoral y que las páginas de Facebook los muestran dentro de sus burbujas a todo el mundo que los quiera observar. En el dispositivo analítico, ellos pueden situar ciertos “puntos de referencia” o “instrumentos” que sirven de obstáculo para discontinuar un goce-vocal-radial que invade todo el espacio corporal: “cuerpo sin cuerpo”. Rodear una “tierra de nadie”, discontinuar el murmullo continuo de un discurso que los ubica como un puro organismo viviente, pero muerto en la serie generacional de los hermanos, puede permitir empezar a contar con el material libidinal para fabricar una porción de goce a cuenta propia.

Construir “barra” o “frontera que haga litoral”, en algunas presentaciones clínicas, no implica centrar la interpretación en la lógica significante de lo simbólico. Postura que podría acarrear un forzamiento respecto de un funcionamiento de la subjetividad inexistente. Esto no implica recaer en un mítico “más allá”, en tanto “lo que no habla” no deja de pertenecer a la tierra de una escritura. Entonces, maniobras desde el “más acá” sobre una letra que no habla pero escribe… Cuando el silencio de la pulsión de muerte ensordece el espacio subjetivo.
__________________
1. Matías, J. C. Retraso Mental. El sujeto y el cuerpo. Laborde Editorial. Rosario 2014.
2. Freud, S. Más allá del principio del placer. O.C. T. III. Biblioteca Nueva. Madrid 1981.
3. Sami-Ali, M. Pensar lo somático. Paidós. Bs. As. 1994. p. 125-46.
4. Lacan, J. Seminario 18. De un discurso que no fuera del semblante. Paidós. Bs. As. 2009. Clase 12/5/71. p. 105.
 
 
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