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   Futuro del Psicoanálisis

Sostener la diferencia
  Por Isabel Dujovne
   
 
“Cuando el machismo y el feminismo se encuentran nace el igualismo”, es el enunciado final de una publicidad de una bebida alcohólica dirigida a los jóvenes. Se trata de un corto publicitario que muestra a hombres y mujeres enfrentados con máxima agresividad formando parte de dos ejércitos enemigos que sostienen discursos “femeninos” o “masculinos”. La guerra cesa cuando las mujeres asumen el discurso masculino y los hombres el femenino.
Al contrario de lo que el psicoanálisis nos enseña, el encuentro entre los sexos se logra mediante el igualismo. Interesante neologismo mediante el cual la cultura de masas expresa la ilusión de borramiento de la diferencia.

Como psicoanalistas sabemos que nada hay más opaco que dar cuenta de la diferencia entre masculino y femenino.1 En las “Nuevas lecciones de introducción al psicoanálisis” leemos que la masculinidad o la feminidad son caracteres desconocidos de naturaleza incierta. Sin embargo Freud ensaya diversas maneras de dar cuenta de la diferencia constituyendo polaridades que representen un dualismo cuyo principal obstáculo es la no complementariedad. Por eso el intento de asimilar la actividad a lo masculino y la pasividad a lo femenino, tampoco permite cerrar la cuestión.
Se trata de una encrucijada de la que el psicoanálisis pudo salir al plantear la existencia de una fase fálica tanto en el varón como en la niña apoyada en la existencia de un órgano visible de alto valor narcisístico que sostiene la diferencia. Serán hombres los portadores de la marca y serán mujeres aquellos seres que carecen de marca.

¿Por qué lo visible? Porque la imagen del cuerpo, núcleo del yo, se constituye en relación al encuentro con la mirada del otro. Mirada que será estructurante del narcisismo. Entre el yo y el otro, en el primer tiempo del narcisismo, predomina el transitivismo que porta consigo la agresividad. Agresividad extrema del dualismo que se muestra en la aludida publicidad.
La salida del transitivismo entre lo igual, entre el yo y el otro, requiere de la intervención del Otro simbólico, que con su mediación podrá hacer marca de la diferencia. Un Otro que parece desfallecer en estos tiempos en que la pregnancia imaginaria pretende asegurar la vigencia del igualismo.

Si el cuerpo del infans ya no puede ser igual al del semejante porque éste incluye la diferencia, quedamos arrojados a la experiencia angustiante de que algo puede faltar al perderse la plenitud del completamiento narcisístico. Por eso la angustia debe tratarse y para ello los ansiolíticos pueden constituirse en un elemento de consumo como el alcohol o las drogas.2
Ya lo dijo Lacan, la verdadera angustia aparece cuando falta la falta 3. La falta es estructurante en tanto se trata de la única vía que permite sostener el deseo. Un deseo que tiene causa pero que no se colma con objetos, ni se tapona con fármacos; se desea con y desde la falta mientras que la completud narcisista es plena.

La imposibilidad del Uno de la completud, es desmentida tradicionalmente por la religión que llena con la divinidad el vacío insoportable expresado en la diferencia. Freud adscribe el núcleo de la religiosidad al sentimiento oceánico4. Éste está ligado a que al principio el yo lo incluye todo y luego en su estructuración, va desprendiendo de sí el mundo exterior.
Si se sostiene la diferencia es necesario aceptar la imposibilidad de hacer Uno con el Todo. A partir de ello el hombre está condenado a padecer alguna de las tres fuentes del malestar: el cuerpo, la naturaleza y los vínculos sociales.

En tiempos de caída de las religiones tradicionales, los discursos sociales pueden suplir la función de velar la imposibilidad de un encuentro pleno con el Otro. Sin embargo, el otro llamado semejante también encierra en sí mismo lo más ajeno.5
Hombres y mujeres ¿Cómo se encuentran? El discurso contemporáneo intenta decir que somos pares iguales y complementarios: Hombres-Mujeres, Masculino-Femenino, Todos y Todas. Polaridades que hablan de una diferencia que al mismo tiempo que intenta ser borrada queda reafirmada por los malentendidos del lenguaje. Hasta se plantean polémicas con la Academia de la Lengua para cuidar la cuestión de la igualdad y de la simetría. Polaridades que al mismo tiempo intentan decir que si somos complementarios, podemos hacer uno y la ilusión de la media naranja se vuelve posible.

El aporte de Lacan a esta discusión comienza en “Ideas directivas para un congreso sobre sexualidad femenina”6 cuando afirma que no se puede reducir la cuestión de lo femenino a ser el complemento pasivo de lo activo masculino.
Por ello deja de lado la cuestión activo-pasivo para poner en primer plano la polémica sobre la posibilidad de que los sexos constituyan pares complementarios. Los sexos no son complementarios ni simétricos, afirma. Retoma la polaridad freudiana falo-castración para sostener con Freud que hombres y mujeres se ubican en relación a dicha polaridad.
Pero agrega algo más: lo femenino será un suplemento a la polaridad fálico-castrado que hace imposible la complementariedad. Por ello el goce femenino quedará más allá del alcance simbólico.
La particularidad de las mujeres es que en tanto que hablan están incluidas en el orden del lenguaje, que es simbólico, pero su goce lo rebalsa. El goce femenino, goce del cuerpo escapa a la palabra. Es ahí donde encuentra su lugar el decir místico que alude poéticamente a ese goce. Es en razón de lo suplementario del goce femenino que no hay simetría posible entre los sexos.
Freud en “Análisis terminable e interminable” sostiene que el límite del análisis, la roca de base, es la castración. Esta implica tanto para el hombre como para la mujer, el encuentro insoportable con la diferencia. Diferencia (falta de pene en la madre) que es objeto de la desmentida que, llevada a su extremo está en el núcleo del fetichismo.

Pero la clínica nos muestra que la desmentida no es patrimonio exclusivo de la perversión. Por el contrario forma parte de los mecanismos más habituales puestos en juego en la neurosis y en la vida cotidiana.
El discurso social por su parte transmite sus valores y la cultura de masas es uno de sus vehículos privilegiados. Así en “El igualismo”, hombres y mujeres pasan de la guerra a un encuentro entre los sexos pacificados y sin conflictos. ¿No es esta una nueva modalidad de desmentida de la diferencia?

Lacan pronunció un aforismo que resultó escandaloso: “No hay relación sexual”. Pero que no haya relación permite la posibilidad de encuentro, justamente a partir de la diferencia. El órgano de la diferencia (el falo) no es un órgano sino la marca de una falta. La dimensión más radical del Otro es justamente el Otro cuerpo.7
Un analizante se angustia ante la inminencia de tener un hijo. Y en su discurso puede observarse cómo el ideal social de la no diferencia, aparece en relación con la pregunta acerca de qué es un padre, cuando la paternidad está puesta en juego conflictivamente.

Junto con la pregunta histérica ¿soy hombre o mujer?, él encuentra una respuesta que porta una certeza angustiante acerca de su cuerpo: “el envase no me representa”.
¿Es posible ser representado por el envase? ¿Es posible tener un cuerpo que no incluya un núcleo de real inaprensible? El cuerpo no puede eludir ese real que al portar la marca de la reproducción sexuada queda ligado a la condición mortal.8

El psicoanálisis hoy como antes no puede desprenderse de la afirmación freudiana del malestar ineludible en la cultura y por eso también, hoy como entonces, su discurso es cuestionador del efecto hipnótico y repetitivo de la sociedad de consumo que ordena un envase perfecto sin fisuras que permita elidir lo mortal del paso del tiempo.9
¿Hay un futuro para el psicoanálisis que al tiempo que esté situado en el momento histórico, no quede masificado por el discurso imperante?
La respuesta a esa pregunta corre por cuenta de cada analista en relación con su deseo y en el caso por caso de su clínica.
__________________
1. “Si pudiéramos considerar con ojos nuevos las cosas de esta Tierra, renunciando a nuestra corporeidad, como unos seres dotados solo de pensamiento que provinieran de otros planetas, acaso nada llamaría más nuestra atención que la existencia de dos sexos entre los hombres, que, tan semejantes como son en todo lo demás, marcan no obstante, su diferencia con los más notorios indicios.” S. Freud: “Teorías sexuales infantiles”.
2. Al respecto es necesario diferenciar el uso de los psicofármacos si están incluidos dentro de la lógica de la cura, de su uso indiscrimado al servicio de una demanda de mercado.
3. J.Lacan. El seminario libro 10, “La angustia”. Paidós, Buenos Aires.
4. S.Freud. “El malestar en la cultura”. Obras completas. Amorrortu, Buenos Aires.
5. J.Lacan: El seminario libro 7. “La ética del psicoanálisis”. Paidós, Buenos Aires.
6. J.Lacan. Escritos I, Siglo XXI, México.
7. J.Lacan: El seminario libro XX. “Aun”. Paidós, Buenos Aires.
8. J.Lacan: El seminario libro 9. “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”. Paidós, Buenos Aires.
9. Vease nota ”Juventud, perdido tesoro”. Diario La Nación. 14/2/2015.
 
 
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