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   Futuro del Psicoanálisis

Lo inconsciente: 100 años después. ¿De qué realidad hablamos?
  Por Janine Puget
   
 
Leer Freud reserva siempre sorpresas, despierta ternura, respeto y una admiración particular al seguirlo en sus disquisiciones a partir de las cuales creó el psicoanálisis. Mi lectura hoy va ser cuestionadora como expresión de mi entusiasmo y de la curiosidad que despiertan sus textos. Citaré algunos párrafos de “Lo Inconsciente” que me abrieron pistas para seguir pensando e interrogarme. Trato de no apoyarme sobre ciertas afirmaciones de Freud enunciadas como verdades fuertes ya que de hacerlo se tornan obstáculos para seguir pensando.
¿Qué hacemos los psicoanalistas si 100 años después que Freud escribiera “Lo Inconsciente” no le seguimos dando un mismo lugar privilegiado al inconsciente y tan solo lo ubicamos como un concepto teórico importante que habrá de convivir con otros?

Los problemas ante los cuales nos encontramos a diario en 2015 surgen tanto de fracasos clínicos, como del hecho que la vida cambió bastante lo que llevó a que muchos colegas trabajen con diversos dispositivos y ya no solo con la clínica bipersonal. La teoría se va complejizando y para definirnos como psicoanalistas ya no alcanza declarar –a manera de acto de fe– que (creemos) trabajamos con el inconsciente, la transferencia, la asociación libre, etc.; que creemos en la bondad de las interpretaciones y usamos un encuadre adecuado lo que incluye un diván.
Algunos teóricos fieles a ciertas conceptualizaciones básicas lograron sostenerlas sin por ello conmover el edificio y, por lo tanto, en esos casos pese a haber producido importantes modificaciones a punto que parezcan no reconocibles las bases de donde provienen siguen definiéndose en tanto analistas apoyándose en los mismos conceptos básicos. Para otros los problemas no pueden ser resueltos extendiendo ad infinitum y ramificando los conceptos básicos. Ya Khun nos advirtió contra el peligro de hacer proliferar hipótesis ad-hoc que terminan debilitando la teoría. Requieren nuevas formulaciones: el funcionamiento del campo vincular, la relación entre dos o más sujetos, lo que incluye a la relación analítica y lo que implica traducir la realidad inconvertible a realidad psíquica1.
Freud habló de la realidad y de la forma de procesarla poniendo el acento en la posibilidad de transformarla en realidad psíquica. Así la realidad o las realidades no merecen diferenciarse de aquellas que pueden tornarse realidades psíquicas.2

Freud, resumiendo lo que entiende por inconsciente, describe algunos de sus rasgos como “ausencia de contradicción, proceso primario (movilidad de las investiduras) carácter atemporal y sustitución de la realidad exterior por la psíquica…” (“Lo inconsciente” 1915 p. 184 Amorrortu) (itálicas mías).
O sea que la realidad exterior pareciera ser importante en la medida en que pueda traducirse en realidad psíquica. Ello ofrece un problema dependiendo del status que damos a lo psíquico cuando se asocia a singular. Pero este tema, el de la realidad y el trato que le damos, es precisamente lo que hizo tambalear parte del edificio teórico que parecía tan sólido. Y esto fue cuando algunos propusimos que la Realidad en tanto presente se constituye no solo por una remodelación de las investiduras, tan bien descritas ya por Freud, sino por imponer algo que vengo llamando los “efectos de presente”, algo no predecible, algo que sucede en una temporalidad que si bien conserva características de circularidad se le superponen temporalidades inesperadas como la aionica y la kairosiana. Algo que se hace presente a manera de un cuerpo extraño o de un intruso.

Resultan limitantes aquellas formulaciones según las cuales el sujeto tendría la posibilidad de sustituir la realidad exterior y creer que ésta tiene el mismo status que la llamada realidad psíquica3. Si así sucediera analistas y analizandos pueden creer que incluir la alteridad, la ajenidad en una sesión es resistencial o en algunos casos de grave conflicto mundial o social habría que tolerarlo hasta poder retomar el análisis, esto es sueños, fantasías, representaciones, asociaciones etc.

El paso siguiente me lleva a revisar el lugar que Freud dio al concepto de representación sea de palabras, de cosa, de objeto, etc… en tanto imprescindible y novedoso incluso para poder ir definiendo diferencias entre los sistemas Icc, Pcc. e Cs., representaciones que sufren diferentes vicisitudes dependiendo del cuadro psicopatológico con el cual se encontraba. Pero representación, como lo vinimos cuestionando con Berenstein, solo da cuenta de algo repetible y de acuerdo con W. Benjamin4 algo para lo cual falta el presente, falta lo irrepetible, la experiencia del encuentro siempre inesperado. Y entonces ¿qué hacemos si no ubicamos a la representación como concepto único? Y no me refiero a que haya que relegarla a un cajón de recuerdos, muy por el contrario, la hago enfrentarse con la presentación, la que da cuenta del encuentro entre dos alteridades, la que no se repite y la que hace a una realidad, la que nos sorprende y para la cual no tenemos conceptualizaciones previas. Es también la que tiene que entablar una lucha con los recuerdos, con la memoria, con la activación de representaciones previas. Representación y presentación ocupan cada una de ellas un lugar en el estamento teórico, lugares separados por una discontinuidad que nos impide pensar que pertenecen a las mismas lógicas. Éstas no se incluyen en un sistema binario que las opondría sino en lógicas heterólogas.

Revisemos ahora la meticulosidad con la cual Freud analiza las relaciones entre los tres sistemas que forman parte de su metapsicología. Estas cuidadosas disquisiciones solo incumben al mundo singular, al llamado mundo interno, el de cada uno, y no dan cuenta de las vicisitudes del ir siendo sujeto de un vínculo e ir perteneciendo al mismo sin un pasado que lo sostiene. No es posible reducir estos efectos y sus vicisitudes a las difíciles comunicaciones entre los tres sistemas. Para ello habrá que ir construyendo una metapsicología que dé cuenta del encuentro con la realidad del otro, de los otros, de lo que impone la vida como sujeto social lo que desplaza bruscamente de su lugar hegemónico al mundo singular. Este tiene que encontrar cómo hacerse un lugar en los nuevos espacios que le toca habitar. El mundo vincular da un nuevo significado al mundo singular sin que puedan confundirse y en muchas ocasiones el sujeto luchará por su singularidad, por lo que supone que es su ser esencial el que ya perderá vigencia en sus vínculos sin por ello desaparecer. Un analizado en un psicoanálisis de pareja decía… “yo soy Juan desde que nací y lo seguiré siendo… no se me puede pedir que sea otro…”. Y este pensamiento obstruía la posibilidad de ir siendo con otro. Lo que en su momento pudiera haberle aportado conocimientos acerca de sus funcionamientos psíquicos, en su vincularidad oscurecía su visión haciendo obstáculo para descubrir los recursos que ofrece su relación entre dos. En ésta, su “yo soy así” cambia de color… lo que le daba una ilusoria seguridad y solo denota que siente amenazante la relación entre dos lo que le dificulta el construir entre dos, no puede reconocerse porque aquí el énfasis debe estar puesto en el permanente conocerse… y su mundo representacional pierde el valor de conocimiento para tornarse oscurecimiento de lo que entre dos harán con el mundo presentacional.

Pero lo que va pasar entre dos se inscribirá en una memoria experiencial, memoria de la relación, memoria que contiene la diversidad de recuerdos de cada sujeto o sea el juego de alteridades. ¿Por qué no sería lícito llamar a lo que sucede: “producción inconsciente”? Al Icc (y a las pulsiones5) de Freud lo conocemos por los sueños y los síntomas, etc… y a la memoria experiencial vincular la conocemos por las prácticas que genera. Algunas de ellas tienen que ver con una expresión del Amor tal como lo conceptualiza Badiou y otras veces se trata de aquellas inherentes a la dificultad de procesar la diferencia radical. Su manifestación más ostensible son los reproches6, signo patognomónico que cobra cada vez más significados a medida que se exacerban los conflictos. El reproche contiene la idea que el mundo no debiera ser como es, que el otro debiera haber sido otro, que lo que se presenta debiera ser otra cosa, que si existe una relación entre dos sujetos ésta solo tolera complementariedad y semejanza. Otro signo importante de la dificultad de pertenecer a un conjunto es la queja… que tiene algún parentesco con los reproches. Queja por otra parte tan frecuente en las instituciones. Alguien tiene la culpa de algo. Alguien, ese gran Alguien es a quien debemos nuestras dificultades con la diversidad.

Sigamos con Freud. Lo que se espera, dice Freud, es que poco a poco los tránsitos entre los tres sistemas Icc, Prec y Cc posibiliten “un progreso hacia una etapa más alta de organización psíquica” (P. 188) Mientras que lo que se espera de un encuentro es que cada vez se complejice más dado que la realidad no permite consolidar un estado estable… El “ni un si ni un no” que a veces sostienen las parejas y las familias o un paciente singular es un indicador del esfuerzo que cada uno hace para anular los efectos de presencia y el trabajo que conlleva habitar.
¿Cuál es el registro que queda de la experiencia del encuentro? Vuelvo entonces a proponer que queda en un espacio compartido al cual llamé memoria experiencial ocupada por los conflictos que surgen cuando cada uno habla hoy de sus recuerdos de la experiencia. “¿Cómo no te acuerdas de…, lo tengo registrado en mi celular, lo que demuestra que tengo razón…”? Es una memoria en la que lo singular trata de imponerse sin lograrlo y que reaparece cuando algún evento actual se asocia con experiencias pasadas. Para salvar este obstáculo, el de no encontrarle un nombre a dicho espacio algunos autores proponen que esa memoria está hecha de pactos y acuerdos inconscientes7 que sostienen los vínculos.

Suponer que la memoria singular y la memoria vincular tienen algún parentesco pareciera resolver el tema de la discontinuidad entre lógicas heterólogas que para más se enfrentan. De nuevo un interrogante ¿Se es psicoanalista si se piensa que el Inconsciente solo cubre un aspecto de los problemas y que otros requieren conceptualizaciones propias?
Otro tema que se enlaza con los cuestionamientos anteriores es la descripción del contenido del ICC. (p191) “puede ser comparado con una población psíquica primitiva… Si hay en el hombre unas formaciones psíquicas heredadas, algo análogo al instinto de los animales eso es lo que constituye el núcleo del Icc. A ello se suma más tarde lo que se desechó por inutilizable en el curso del desarrollo infantil y que no forzosamente ha de ser por su naturaleza diverso de lo heredado.”

Entonces me pregunto si realmente, sea como sujetos sociales o como sujetos singulares, sólo vamos agregando cualidades a lo heredado y desechado, y de nuevo, ¿qué hacemos con la realidad, con la que se impone, con los efectos de presente que no tienen pasado pero a los cuales se les intenta imponer algún pasado, muchas veces mítico el que se recuerda sin conflictos?
El analista tiene que lidiar por un lado con los recuerdos y su aparición bajo los diferentes ropajes con los cuales cada uno los viste, y simultáneamente saber discriminar cuándo dichos recuerdos, singulares o no, son usados para evitar el trabajo vincular, el que requiere un trabajo en el hoy y a partir del cual la memoria de lo hecho impide tomar en cuenta la experiencia.8
Y para terminar paso a otro párrafo de Freud que hace a mi planteo o sea al lugar que se da a la realidad y el camino que recorre.

“Nuestra actividad humana se mueve recorriendo dos circuitos contrapuestos… desde las pulsiones a través del sistema Icc hasta el trabajo de pensamiento conciente o bien una incitación de afuera le hace atravesar el sistema Cc y del Prcc hasta alcanzar las investiduras Icc del y de los objetos…” (p. 200) Y entonces el analista podrá ocuparse de la realidad desde dos caminos: cómo las pulsiones tiñen la realidad o cómo la realidad despierta al inconsciente.

Dejo aquí estas disquisiciones especialmente enfocadas a descubrir por qué algunas formulaciones de Freud pueden llegar a ser un obstáculo para ocuparnos de una realidad, la que se impone y diferenciarla de la llamada realidad psíquica.
_______________
1. Son temas de los cuales me vengo ocupando hace varios años y que ahora publicaré en un libro que está en prensa: Incertidumbres y certeza, subjetividades discontinuas.
2. En enero 2014 fui invitada por la Universidad Paris-Diderot, Paris VII a hablar durante un Coloquio sobre “Totem y Tabu” 100 años después y también allí intenté detectar las puertas abiertas que nos había dejado Freud.
3. Tengamos en cuenta que lo que acá llamo realidad si bien puede tener algún parentesco con lo Real lacaniano no corresponde a dichos desarrollos.
4. Benjamin W. (1936) Discursos interrumpidos en la obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica. www.philosophia.cl/Escuela de filosofía Universidad ARCIS.
5. Otro de los textos metapsicológicos que también cumplen 100 años
6. Recomiendo la lectura de un trabajo de Patricia Kupgerberg Revista Psicoanalisis…
7. Uno de ellos es R. Kaës y en su momento Berenstein y yo misma, en nuestra época estructuralista también nos apoyamos en dichos pactos y acuerdos.
8. Por ejemplo cuando sucede un evento social totalmente sorpresivo intentar rápidamente hacerlo entrar en el eje de las repeticiones de historias pasadas para evitar procesar el efecto sorpresa invasor. Acaba de suceder algo de este tipo con el ataque a Charlie Hebdo.
 
 
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