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   El sujeto en la red

En red-a-dos
  Por Carolina Rovere
   
 
1. Vivir en la red. Vivir en la red es la constante de nuestra época, hoy estamos todos atravesados por el mundo virtual. En la introducción a Ceguera moral, Leonidas Donskis nos dice: “lo nuevo es esto: si no estás disponible en las redes sociales, no estás en ninguna parte1. Esta afirmación manifiesta con contundencia la realidad actual, para existir hay que estar en la red. Inclusive agrega que “formamos parte del nuevo relato humano”, así como antes teníamos la forma de épica, saga o novela, ahora “el relato se crea en el espacio virtual”2.

Esta nueva modalidad discursiva se configura esencialmente a partir de las imágenes. Pero no de cualquier tipo de imágenes. No son las imágenes de la pintura o escultura en donde prima lo artesanal, tampoco las lumínicas, cuyo modelo es la fotografía y que se sustentan en luces y sombras, sino que el paradigma de la imagen hoy es lo digital3. La particularidad de estas imágenes es que se conforman con números que intentan abarcar una totalidad. La lógica de lo digital ya no es dar lugar a la luz y a la sombra o lo que no se ve, lo que se sustrae, sino la de mostrar todo, ver todo.
Claramente nos podemos dar cuenta que esto funciona como un imperativo, “el yo puedo se transforma en yo debo”4, aquello que parece absolutamente accesible, visible, funciona como un mandato: hay que ver. Entonces queda desdibujada, como gran peligro actual, la dimensión subjetiva. ¿Qué quiero ver? ¿Qué quiero mostrar? Es así como la modalidad de las imágenes que circulan en las redes son la forma que hoy adquiere la pornografía, en donde todo se muestra. No teniendo ya como único escenario el sexual, sino también las catástrofes naturales que ocurren en el mundo, cuerpos despedazados en accidentes, situaciones de violencia cotidiana.

2. Enredos. El modo defensivo que algunos adoptan para no caer en la trampa que nos impone el mundo virtual es “no estar”: Cuando alguien dice: “No tengo Facebook” la respuesta es: “¿Cómo no tenés Facebook?” Suele resultar extraño. Pero es la solución que muchos encuentran para salir airosos de los males de estos tiempos. Esta lógica polarizada: bueno o malo, no nos lleva muy lejos. Lo interesante es poder estar, pero ¿cómo? Quienes habitamos estos tiempos hipermodernos tenemos un gran desafío: el de vivir la época virtual haciéndole lugar a nuestro deseo más íntimo. ¿Cómo apropiarnos del maravilloso mundo digital sin sucumbir a los imperativos de un goce superyoico? Porque gracias a estos avances de la tecnología, podemos comunicarnos con nuestros seres queridos aunque estén a miles de kilómetros de distancia, vernos y compartir experiencias con amigos, trabajar con colegas de todo el mundo, hacer nuevos lazos sociales.

Si el camino es seguir la pista del superyó estamos inmersos en el mundo virtual bajo un imperativo: todo lo que se puede, hay que hacerlo. De esta manera el mandato lidera las acciones del sujeto y el efecto es estar enredados en una obediencia ciega. El enredo hace que no veamos qué queremos y por lo tanto tampoco a dónde vamos, porque la función del objeto a causa de deseo está tapada. El reverso de esto sería: “entonces no estoy y así no corro peligro”, aunque ¿no sería una coraza también impuesta por el superyó?

Creo que el desafío puede ser cómo servirnos de las redes en función de un deseo singular: en red a , sería tejer un camino que se orienta por el a, tener en cuenta la causa que hace posible un encuentro con el otro, entre dos, desde la perspectiva de un deseo. Es la diferencia radical que existe entre someterse a la red y servirse de ella.

3. Pudor. La modalidad que presentan las redes parece dejar atrás la noción de vergüenza que Freud utilizó en sus “Tres ensayos” como uno de los diques anímicos junto con el asco y la moral. La vergüenza es la señal de que empieza a consolidarse el mecanismo represivo que nos aparta de las perversiones o más bien las deja en el fundamento constituyendo el negativo de las neurosis con el armado del fantasma. Por eso la vergüenza lleva la marca de la represión y hoy con la pretensión de mostrar todo más bien brilla por su ausencia.

Freud escribió en alemán, si bien esta lengua no distingue vergüenza de pudor, con Lacan podemos ubicar una diferencia: mientras que la vergüenza corresponde al territorio Todo de las fórmulas de la sexuación, el pudor sería patrimonio del No-todo, lo situamos como el último velo que resguarda lo real. Lacan nos propone en su Seminario 21 una definición tan precisa como valiosa: “el pudor como la única virtud si es que no hay relación sexual”5. La categoría imposible se encuentra en el lugar No-todo o femenino de los matemas, allí donde no hay o no existe referente, donde la relación o proporción sexual no puede escribirse. Allí moran el vacío y el pudor como resguardo de ese vacío imposible de completar ni colmar.

En un análisis llevado hasta el final la vergüenza, como fenómeno específico del movimiento represivo, muchas veces debe levantarse para dar lugar a un goce singular del que el sujeto se veía privado. Por ejemplo situaciones muy deseadas que de acuerdo con la modalidad sintomática de cada uno quedaban presas de una inhibición: hablar en público, competir en un deporte, bailar en un escenario, cantar en un coro, entre otras.

En cambio, en la medida en que el pudor subsista haciendo velo a lo real, las imágenes y lo virtual serán resguardadas por este velo: ver No-Todo. Así se hace lugar a esa sombra, a ese espacio de la intimidad que queda en reserva. El pudor es una salida para no sucumbir a los imperativos mortificantes de la época. Puede ser uno de los saldos más valiosos del análisis. Es ese velo que cuida del vacío como un patrimonio preciado y que hace posible distinguir un singular modo de habitar con dignidad el mundo actual.
_______________
1.    Zygmunt Bauman- Leonidas Donskis, Ceguera moral, Buenos Aires, Paidós, 2015; página 14.
2.    Ibídem; página 15.
3.    S. de Campos, Flash n° 06, ENAPOL VII, http://oimperiodasimagens.com.br/es/wp-content/uploads/2014/10/flash_es.jpg.
4.    Ibídem.
5.    Jacques Lacan, El Seminario libro 21: Los no incautos yerran, clase del 12 de marzo de 1974, inédito.
 
 
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