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   Las pasiones

De la pasión por la poesía en el psicoanálisis
  Por Cecilia Collazo
   
 
En el umbral de la poesía, me encuentro siempre temblando”.
Katherine Mansfield (escritora neozelandesa) 1888-1923-

La pregunta que se hace este texto es, ¿qué anima la pasión por la poesía en el psicoanálisis de Lacan?, ¿es sólo un embellecimiento o cumple una función fructífera para aquel?
Tomamos aquí dos momentos puntuales de su enseñanza respecto del tema de las pasiones. En primer lugar nos encontramos con las pasiones del ser, para pasar a un segundo tiempo de aquella con las pasiones del alma.
Las primeras en relación al ser, son las pasiones del sujeto, las que se refieren a la falta, al sujeto en tanto barrado, y que se designan como aquellos afectos que son el amor, el odio y la ignorancia. Son las pasiones del sujeto con el otro, Otro.
En la segunda instancia, ya con las pasiones del alma, Lacan ubica allí, no al sujeto sino al parletre, y no al otro sino al objeto.

Entonces éstas colorean al parletre, en articulación con el goce del síntoma, en referencia al cuerpo y a la sustancia gozante precisando a su vez al objeto de la satisfacción de la pulsión.
Mientras las primeras, las del ser, son pasiones que están en el campo de lo simbólico, en tanto se juega, el sujeto, el otro y la palabra; en las segundas, las del alma, se ubica el parletre, el cuerpo y el objeto pequeño a, entonces las encontramos dentro del campo de lo real.

Ellas son llamadas por Lacan en “Televisión” con los siguientes nombres: la tristeza, el gay savoir, la felicidad, la beatitud, el tedio y el mal humor.
No vamos a definirlas aquí, precisando a cada una de ellas. Vamos a dedicarnos a establecer de manera general la relación entre las pasiones, la poesía y el campo de psicoanálisis. Para luego indicar de una manera más táctica qué lugar puntual tiene la poesía allí.

Tomando algunas definiciones de poesía intentamos arribar a cierta significación sobre la misma.
Aristóteles, en su Poética, la considera como a la madre de todas las artes escritas, funda en ese texto las bases para la literatura universal de Occidente que llega hasta nuestros días.
Poesía que viene del término griego poiesis, significa creación, es un hacer, es producción y obedece a un saber hacer.
Aldo Pellegrini, escritor y poeta argentino, nos dice: “La poesía trata de decir con palabras, lo que las palabras no pueden decir”.1
Liliana Bodoc, (escritora argentina) comenta que “La poesía es una conjetura acerca de lo inexplicable, tal vez el único modo de acercarse a las quimeras.” Y agrega, “Solamente el poeta acepta soñar lo imposible, vivir con lo imposible y caminar hacia lo imposible, éste es nuestro legado”.2
Desde el psicoanálisis y sobre la lectura de los recursos estilísticos que la poesía usa, encontramos que porta una metonimia, que va de un sentido a otro, haciendo una cadena con los significantes, y una metáfora donde el sentido está ubicado sobre un vacío.

Utiliza palabra que al decir de Lacan duerme, dado que es sentido, y más sentido que adormece o induce al sueño; y palabra que sorprende, que despierta, dado que es una que toca lo real en juego, ese vacío que no puede decirse con significantes, pero que bordeado por ellos está allí ausente-presente todo el tiempo.
Entonces, podemos agregar que la poesía sorprende, despierta a quien la lee.

Leemos ahora un pequeño poema de Marina Tsvietáiva, que dice así:
//“Tu alma y la mía son gemelas/como mis manos, la derecha y la izquierda/Tan cálidas y tiernas son unidas/como dos alas de un pájaro dormido/¡Por un ciclón quedamos separados/por un abismo, tu y yo, como dos alas”//.3
Escuchamos en ella, la palabra que respetando un corte en el sentido anterior y observando un ritmo, logra sorprender.
Este es un recurso compartido con la interpretación analítica, ésta ya sea por medio del corte de sesión o del toque de real que conlleva, despierta al sujeto, tal vez con la modalidad de dejarlo atónito o perplejo en principio, pero lo saca del letargo de lo cotidiano y lo enfrenta a su propia verdad.
También la interpretación psicoanalítica hace observancia del ritmo, de una musicalidad, tal como lo efectúa la poesía; le enrostra al analizante el eco de sus decires y lo enfrenta a la música de apertura y cierre de lo real de su goce, en relación con su objeto.

Respeta más lo sonoro que lo significante. Ambos, poesía y psicoanálisis, encuentran su efecto en ello.
Jacques Lacan nos dice en su Seminario 3, Las Psicosis; en relación con la poesía que es “… creación de un sujeto que asume un nuevo orden de relación simbólica con el mundo” y en sus estudios sobre la poética, toma a ese saber hacer de la poesía, como a un saber hacer pero con el lenguaje.4
Esto es ubicado en la lógica de un análisis, donde un analizante logra una invención a su medida.

Ese nuevo orden de relación simbólica con el mundo le permite entablar un nuevo lazo con la realidad, y entonces aquel, comienza a ser otro para el sujeto.
El poeta escribe, bordea un vacío que no puede ser alcanzado por la palabra, el analizante con su goce, su padecimiento, sus síntomas, hace otro tanto, circunscribe con las palabras y con sus actos ese punto de imposible que no puede ser dicho. En ese trayecto o camino reduce considerablemente su goce y así se inventa una nueva manera de vivir.
Nos preguntamos ¿Qué hacen los poetas con lo imposible de ser dicho, o asido? Lo que hacen es escribir…

Leo aquí una manera de hacer con ese punto de imposible de la vida misma, en un fragmento del poeta argentino Hugo Gola:
“Aquello que no se puede/aquello que no es posible/ Aquello que nadie puede/Precisamente/ Aquello que ya no puedo/Ni tú puedes/Ni él /Aquello/ Precisamente/Que no puede nadie/Ni hoy ni nunca/Precisamente aquello/Aquello es/Precisamente, precisamente”.5

Por más que intentemos arribar a conclusiones lo más exactas posibles sobre ella, nunca alcanzaremos su definición precisa. La poesía es inasible, y por propia estructura tiene un punto de imposible para ser descripta de una forma acabada.
Daremos vueltas y más vueltas con las palabras, caminaremos y escribiremos pero no podremos definir a la poesía en sí misma.

Sí podemos establecer diferencias y semejanzas entre la poesía y el psicoanálisis, entre el poeta y el analizante, en ese lazo donde aquella pareciera beneficiarlo a éste.
Entonces hasta aquí, tenemos al poeta y al analizante, ambos ante lo imposible, ante un vacío en busca de encontrar una manera de poder hacer con ellos. Tanto uno como otro, utilizan en el sentido más pragmático del término, la astucia para su trabajo, poniendo en práctica y en acto un saber hacer con el No Hay Relación Sexual de la estructura.
El poeta. como bien encontramos en la poesía misma y su palabra, sabe hacer con ella hasta el punto de ubicar algo posible con eso que no lo es. Construye un nuevo lenguaje, escribe y poetiza contra la lengua. Asimismo, hace de esa escritura un mitigar para su angustia, su tristeza o el tedio, entre otros afectos.

El analizante ubica y circunscribe un goce mortificante, mortífero, que le obstaculiza la vida misma, y a través de la palabra puede con lo imposible inventarse una posibilidad entre tanta cuestión atascada u opaca.
Miller, nos dijo que el analizante para curarse hace un esfuerzo de poesía. Entonces la cura analítica en sí misma conlleva la invención de un saber hacer del parletre, o del analizante.
Hay que hacer un esfuerzo de poesía, en relación a construirse e inventarse un poema en tanto herramienta propia, singular para hacer con lo que no se puede hacer. Armarse un decir para poder hablar allí donde la palabra no existe.
Digamos que el analizante inventa, el analista subraya esa invención; y el inconsciente interpreta.

La interpretación cae justo en el lugar de la costura del analizante, en el empalme diríamos de su goce respecto del vacío de su objeto, que se muestra en el no poder. Lugar éste, el de ese subrayado, del analista en la cura.
La poesía hace lo que la interpretación sitúa. Allí donde hay que saber hacer con lo que no se sabe, se inventa una manera, con letras, con palabras, con poemas, con sentidos, ritmos o sonidos, al modo de poner en acto el uso de una bella herramienta.

Ahora, si definiendo a una de la pasiones del alma, como lo es el mal humor, que se caracteriza por efectuar una solución fallida, en tanto construcción de una armonía posible en la relación entre el deseo y el goce; encontramos en su reverso al entusiasmo, como a aquel afecto en tanto éste muestra que conlleva un toque de real. Hay allí relación con el Otro, formando parte de la cadena significante que camina en derredor del objeto a.
Nos preguntamos entonces, ya al final de este texto, si será usando la poesía, lo poética que ella conlleva, junto a su implicancia en la descripción de un recorrido pulsional, es decir si será que en su saber hacer con la palabra y con el objeto, y a través de ese entusiasmo que la anima, el analizante, analista mediante, produce su propia cura.

Respecto del lugar del analista aquí, no encontramos mejor elucidación que la que nos efectúa Lacan cuando nos dice lo siguiente: “Felizmente hay agujero…” “La astucia del hombre consiste en rellenar todo eso, como les dije, con la poesía, que es efecto de sentido, pero también efecto de agujero. Lo único que permite la interpretación, les dije es la poesía. Por eso, ya no llego con mi técnica a lograr que ésta aguante. No soy bastante poeta, No soy poeta también” 6

Bibliografía
Collazo, Cecilia E. La Rosa de Cobre. Editorial Letra Viva. Bs. As. Año 2014.
Lacan, Jacques. El Seminario 3. Las Psicosis. Paidós. Bs. As. 1991.
— — Hacia un significante nuevo. 1977. Colofón Nº 25, de la EOL. Bs. As. Año 2005.
Laurent, Eric. Los objetos de la pasión. Tres haches. Bs. As. Año 2000.
Miller, Jacques-Alain. “Un esfuerzo de poesía”. Colofón Nº 25. EOL. Año 2005.
____________
1.    Frase de Aldo Pelegrini. La Rosa de Cobre. Collazo, Cecilia E. Bs. As. Letra Viva. 2014.
2.    Palabras de Liliana Bodoc. Programa de Televisión Los confines de la palabra, Canal Encuentro.
3.    Tsvetáieva, Marina. Antología poética. Poesía Hiperión. Madrid. 1996.
4.     Lacan, Jacques. El Seminario 3. Las Psicosis. Editorial Paidós. Bs. As. 1991.
5.    Gola Hugo, Resonancias renuentes. Ediciones En Danza. Bs. As. 2003.
6.    Lacan, Jaques: “Hacia un significante nuevo”. 1977. Colofón N°25. Publicación de la EOL. Año 2005.
 
 
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