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   Femicidio

Femicidio, ¿crimen sin con-secuencias?
  Por Isela Segovia Malaña
   
 
En los noticieros nocturnos de mayor audiencia en México, fue presentado un video donde se veía a una mujer huir de un atacante, quien finalmente logró ultimarla de un balazo en la cabeza; ese hecho habría ocurrido el 16 de diciembre de 2010. La mujer se encontraba realizando una protesta frente al Palacio de Gobierno, del Estado con el mismo nombre que la norteña ciudad de Chihuahua. La víctima se llamaba Marisela Escobedo, quien se convirtió en activista a raíz del asesinato de su hija Rubí en el año 2008, en Ciudad Juárez. Marisela denunció al autor de la muerte de su hija de 16 años, Sergio Barraza, novio de la adolescente, al que logró localizar por sus propios medios en Zacatecas y llevarlo ante la justicia. Pese a que Barraza confesó su crimen y el lugar donde había enterrado el cuerpo de Rubí, los jueces lo absolvieron al declararlo inocente por falta de pruebas… La reacción de rabia e impotencia de la madre frente a semejante resolución de los jueces quedó grabada también en un video.

Marisela Escobedo inició una serie de protestas que obtuvieron notoriedad a nivel nacional e internacional. Apeló la sentencia y los jueces decidieron revocarla y declarar culpable a Barraza, quien se encontraba prófugo. En octubre de 2012 fue presentado por la Fiscalía General del Estado el presunto asesino material de la activista, José Enrique Jiménez. En noviembre de ese mismo año, fue abatido por miembros del ejército mexicano el asesino de Rubí. Estos últimos datos forman parte de la versión oficial. Fueron suficientes unos cuantos segundos para acallar 27 meses que duró la lucha de Marisela por encontrar justicia, y el horror no terminó ahí, pues la familia de la víctima tuvo que buscar refugio en los Estados Unidos ante la persecución y amenazas de que fue objeto.

Este es un caso emblemático. Desafortunadamente, es uno entre los miles de asesinatos de mujeres en México. La mayoría de ellos enmarcados por un binomio común a otros crímenes: corrupción e impunidad. Las cifras de feminicidios son considerables y han ido en aumento en los últimos años. Tan sólo en el año 2013, 25021 mujeres murieron de forma violenta por “razones de género”, según informe presentado por la ONU a partir de los datos del INEGI (Instituto Nacional de Estadística y Geografía) y de la SSA (Secretaría de Salubridad y Asistencia). De 1985 a 2013, se contabilizaron más de 44 mil mujeres asesinadas. Y como en la mayoría de los casos, sucede que estos delitos no son investigados, las cifras son maquilladas, las víctimas re-victimizadas al considerar que de alguna manera provocaron a sus agresores o “ellas se lo buscaron”…
“Las muertas de Juárez”, significante que dio nombre y atrajo la atención, dentro y fuera del país, de la situación del feminicidio en el norte del territorio mexicano. Al menos a partir de 1993 se habla de más de 700 mujeres asesinadas, en su mayoría jóvenes, de escasos recursos, generalmente empleadas de maquiladoras. Los cuerpos encontrados mostraban huellas de tortura y violencia sexual. La pasividad de las autoridades policíacas o la ignorancia deliberada ha sido el sello de la escasa investigación, que ha generado diversas hipótesis sobre las causas. En tiempos recientes, se tiende a responsabilizar al narcotráfico.

En los últimos años, se han creado varias organizaciones, de las que forman parte madres de las víctimas, acompañadas y asesoradas por ONG y grupos feministas. El activismo social como forma de enfrentar el desinterés de los encargados de la seguridad de los ciudadanos, que se ha traducido en acciones como protestas, marchas y plantones, para llamar la atención, pero sobre todo en busca de justicia y del esclarecimiento de los crímenes. No obstante, lo más importante: para nombrar a esas mujeres muertas, pues el anonimato forma parte de la violencia ejercida hacia ellas. Ahí están las cruces pintadas de color rosa colocadas con los nombres de los ocho cuerpos encontrados en Lomas de Poleo en Ciudad Juárez, en 1996.
La autora de la famosa frase para denunciar los feminicidios en Juárez, “Ni una muerta más”, convertida en insignia de muchas protestas, fue asesinada en enero de 2011. Susana Chávez era poetisa y defensora de los Derechos Humanos. Su mano izquierda fue cercenada por quienes acabaron con su vida.

Las legislaciones mexicanas respecto del feminicidio se suman a la complejidad del tema. El delito ha sido tipificado de manera distinta en las diferentes entidades del país. Esta situación cobra relevancia si consideramos que la manera de nombrar delimita y determina el tratamiento que se dará a un fenómeno. No es sin importancia que exista un significante específico para dar nombre a la violencia extrema ejercida contra las mujeres.
Marcela Lagarde acuña la palabra feminicidio, creando un término en castellano de dos conceptos ingleses: “Femicide”, conceptualizado por Diana Russell y Jill Radford, y “Gendercide”, de Mary Anne Warren, para denominar al conjunto de hechos que contienen los crímenes y las desapariciones de mujeres cuando concurren: el silencio, la omisión, la negligencia y la inactividad de las autoridades encargadas de prevenir y erradicar estos crímenes.
El caso de Rubí puede inscribirse en el término “feminicidio íntimo”; es decir, tenía una relación cercana con quien se convirtió en su asesino. Historias como ésta se repiten una y otra vez: maltrato, violencia, humillación, como lógica de la relación con el otro. Jugando en una posición femenina, mujeres cuya forma de amar no conoce límites, que colocan a la pareja en un lugar de Otro absoluto, que se ofrecen a un goce que en algunas ocasiones las lleva a la muerte, que gozan en esa posición.
Freud reconoce la labilidad de los lazos afectivos; amor y odio serían dos caras de una misma moneda, habiendo una relación de continuidad entre ambos extremos. Al objeto se le ama, de acuerdo con un tipo de elección narcisista, por identificación, por lo que el sujeto cree ser, o como una extensión de sí mismo. La posibilidad de perder al objeto amado podría generar la trasmutación de la pulsión amorosa en odio, y entonces el objeto puede ser destruido. En toda relación con el otro hay un componente de agresividad, que está ligado a la pulsión de muerte.

Si la constitución del yo se logra vía la identificación especular con la imagen del otro, en el estadio del espejo, habrá ahí una permanente tensión entre el erotismo y la agresividad a partir de la identificación narcisista con el otro. Para Lacan la intención agresiva es manifiesta en la relación de un sujeto con otros que son dependientes: “la agresividad intencional roe, mina, disgrega, castra; conduce a la muerte”2. Supone una tensión constante, que estaría presente en estados emocionales como la cólera, el temor y la tristeza, que no inmoviliza pero que quebranta el entendimiento y puede acabar con la fascinación que ejerce el objeto amoroso. Y de ahí a su destrucción.
Lacan crea el neologismo odioenamoramiento; asegura que “el más grande amor acaba en el odio.”3 Rompe con la idea de ambivalencia freudiana, “para indicar ese punto crucial de reversibilidad del amor en odio que transforma al partenaire en algo insoportable… porque sabemos demasiado sobre su goce que nos excluye… el odio es un sentimiento más estable y radical que el amor porque no depende de un discurso que lo sostenga.”4 Todo interés amoroso por el otro encontrará siempre un límite, un real, que moverá al amor a transformarse en lo contrario.

Lacan también habla del estrago (ravage); es decir, cuando la relación con el otro se convierte en devastadora para el sujeto, lo cual tendría sus orígenes en la relación madre-hija, en su versión mortífera, y los efectos de la fallida instauración de la metáfora paterna. El término es introducido para dar cuenta de las consecuencias que el Deseo de la Madre tiene sobre el hijo. El estrago alude a una posición de la madre, en la que pareciera querer reintegrar su producto; una madre insaciable, omnipotente. El padre no aparece como un tercero que ordene y regule este exceso de la madre; es decir, el goce. Es el Nombre-del-Padre, como función, lo que permitiría contrarrestar el estrago materno.
En la elección de objeto amoroso hay algo que se reproduce de acuerdo con esta intensa y primitiva relación de la madre con la hija, por lo que “es difícil que la elección de hombre no se haga según ese primer goce, aunque su escritura lógica se efectúe con distintos operadores de la lógica proposicional… que permiten, o no, la modalidad con la que se buscará al hombre que haga excepción, o para quien sea absolutamente necesario ser única.”5
Querer ser la única, tratar fallidamente de abolir la falta, el amor como un estrago que devasta, del cual no puede sustraerse y que lleva a la disolución subjetiva. La situación de violencia se mantiene en tanto la pareja sea sostenida en el lugar del Otro; sin embargo, cuando ese lugar se quebranta y la mujer quiere escaparse, se activa el odio que en ocasiones deriva en acto feminicida.

El crimen de género, la violación, es por excelencia la marca de una nueva manera de vivir la relación entre los sexos…6, dice Erik Laurent. Ha habido un desplazamiento del discurso de las mujeres que ha permitido el disfrute de derechos y libertades. Algunas rehúsan a ocupar el lugar de objetos de deseo y han asumido el lugar de sujetos que deciden. Esto puede convertirse en una amenaza para algunos hombres que se ubican en una posición de Amo. El ataque de un hombre a una mujer, más allá del discurso de la victimización, tiene para el psicoanálisis visos particulares: “Una mujer puede volverse el síntoma de otro cuerpo… pero los hombres son el estrago de un cuerpo de otro sexo. Y esto no involucra solamente la cuestión del amor. De allí que la violencia de género o el feminicidio testimonian de cómo los hombres golpean, maltratan o matan el cuerpo de las mujeres.”7

Las muertas de Juárez”, asesinadas de forma brutal en su mayoría; sus cuerpos abandonados en basureros o terrenos baldíos en calidad de desechos. El contexto social es ineludible: mujeres que ingresan masivamente al mercado laboral y que han asumido el sostén del hogar; hombres desplazados de lugares de trabajo como son las maquiladoras, que prefieren contratar mujeres por ser mano de obra más barata; la lucha por el territorio y por el espacio laboral… La destrucción del cuerpo femenino con saña, mediante el secuestro, la desaparición y la tortura. Los crímenes que permanecen invisibles. El sadismo y la perversidad de las autoridades en el tratamiento de las víctimas… un gran Otro feroz y perverso.
Vivimos en una época donde prevalece un imperativo superyoico, una orientación al goce, que pareciera querer abolir la castración. Hay una imposibilidad para soportar la demora por la urgencia gozosa que lleva a un individualismo exacerbado, que rompe el tejido social. Los lazos sociales están cada más impregnados de violencia, de hostilidad y de odio. Si las autoridades no son el garante de la integridad de los sujetos y la impunidad es una resultado habitual, se crean las condiciones para que quienes asumen un lugar de poder y de dominio frente a los que se considera débiles y despreciables, como pueden ser las mujeres, actúen de forma violenta sin alguna instancia que ponga un límite…
¿Es el feminicidio un crimen sin-consecuencias?

Notas

1.    “En México siete feminicidios diarios alerta la ONU”, Diario El Mañana Nacional. [http://elmanana.com.mx/noticia/49671/En-Mexico-siete-feminicidios-diarios-alerta-la-ONU.html].
2.    Lacan, Jacques. “La agresividad en psicoanálisis”, Escritos 1, México, Siglo XXI, 1990, pág. 97.
3.    Lacan, Jacques. El Seminario 20. Aun, Bs. As., Paidós, 1991, pág. 176.
4.    Rosa López. “El goce del Uno no es signo de amor: una reflexión sobre el odio”. XI Jornadas de la ELP, Noviembre de 2012, [http://letraslacanianas.com/images/stories/numero_6/clinica/11_letras_6_clinica.pdf].
5.    Héctor Yankelevich. “El ‘estrago’ materno; o el reproche infinito”. Imago Agenda.
[http://www.imagoagenda.com/articulo.asp?idarticulo=765].
6.    “Psicoanálisis y violencia: sobre las manifestaciones de la pulsión de muerte. Entrevista a Erik Laurent”, citado en [http://www.eol.org.ar/la_escuela/Destacados/Lacan-Quotidien/LC-cero-413.pdf].
7.    Ibíd.
 
 
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