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   Femicidio

Femicidio, la muerte otra
  Por Eva Giberti
   
 
El argumento de fondo que impulsa la adopción de leyes penales especiales en esta materia es que la violencia contra las mujeres no solo afecta la vida, la integridad física, psíquica o la libertad sexual de las mujeres sino que existe un elemento adicional que se encuentra dado precisamente por la discriminación y subordinación implícita en la violencia de que ellas son víctimas.
Patsilí Toledo Vázquez, Consultoría para la Oficina de Naciones Unidas para los Derechos Humanos. México.

En los textos que se ocupan de feminicidio se comienza, habitual y ordenadamente con las citas que convocan a lxs autorxs que iniciaron los análisis del tema. Análisis que se contextualiza con la enunciación de las características de los sistemas patriarcales/machistas/capitalistas/coloniales que constituyeron entorno y soporte material y psicológico de la historia de las mujeres e ilustran los imaginarios sociales de las comunidades; se simplificaría afirmando: el género mujer siempre sobrellevó violencias de toda índole. Un “siempre” abarcativo que se sumerge en los mitos de origen y persiste en las pornografías actuales que incluyen el despedazamiento de los cuerpos de las mujeres1 que simbólicamente preanuncia el femicidio. Cerramos o abrimos las discusiones remitiéndonos al patriarcado que de este modo, puede transformarse en un obstáculo epistemológico para discernir sus elementos, sus mecánicas, sus claroscuros y su futuro.
El patriarcado se torna necesario para los varones (no todos) como pertenencia a una iglesia cuyas canonjías diseminadas en privilegios, necesitan como soporte político de sus fantasías grandiosas y de sus actividades dominantes sobre la vida y la muerte. Las mujeres no formamos parte de esa iglesia. Cuando producimos textos referentes al feminicidio comenzamos por el último momento de estos análisis que corresponden al juicio ético-crítico negativo respecto de los sistemas sociales perversos que pueden pensarse como causales de este delito. Iniciamos los textos a partir del juicio ético-crítico fogoneado por la indignación, la impotencia y el reconocimiento del hecho político que el femicidio abarca y dinamiza.
Quienes sobrevivieron al intento de feminicidio –así como aquellas que sobreviven a la violencia familiar y a las violaciones– se han convertido en voceras que denuncian, demandan e interpelan a quienes aún no han reaccionado, tal como podemos verlo en los medios de comunicación cuando las víctimas postergan el pudor para contar lo sucedido. Constituyen un momento intermedio en el análisis de los feminicidios: son “las que pueden contarlo”. Y esperan la solidaridad e intervención social y comunitaria.

De ese modo se lograría aquello que Dusell denomina “alternativas dialécticamente posibles que se construyen con factibilidad anticipada y afirmativa, como ejercicio de la razón utópica2.
Entonces se podrían implementar y crear normas, acciones, instituciones y sistemas: en este punto estamos, cuando aún persiste la negación de la especificidad del delito, las dudas, la curiosidad acerca de sus lógicas, de sus modalidades, la caracterización de sus estilos, las notorias complicidades jurídicas, policiales, el compromiso de los imaginarios sociales y la persistente impunidad de los homicidas3.
Una apertura y extensión de los múltiples análisis nos autorizaría a incluir a los hijos de las víctimas como testigos sobrevivientes, residuales de orfandad criminalmente adquirida.
Sumándonos a las múltiples conceptualizaciones podríamos añadir que es una construcción social delictiva con significatividad específica encarnado en el odio encubierto a las mujeres y la pavura que ellas suscitan en un universo de varones, así como el disfrute que incorporan en dicho universo: Con uno que mata, ¿cuántos otros gozan?
Las enunciaciones necesarias para describir y clasificar hechos, procedimientos y distintas formas de victimización toman en cuenta el racismo, las condiciones socioeconómicas, las edades de las víctimas, la nacionalidad (mujeres migrantes), la condición como personas LGBTIT4 y las variables comprometidas medularmente como el narcotráfico, el crimen organizado (trata y tráfico con mujeres) y la violencia familiar. Es decir, un enclave político del feminicidio. 5

El acto ético como propuesta

“(…) podemos decir que la limitación a los significantes cargados de significados preexistentes obliga a la sociedad a pensar y a pensarse con categorías que son el producto de las mismas relaciones de poder que pretende superar. ”
Puleo, A. :La violencia de género y el género de la violencia, en el Reto de la Igualdad de Género, ed. Biblioteca Nueva Madrid, 2008.

Se trata de avanzar, como se viene sosteniendo desde los feminismos, en una teoría crítica de la sociedad (actualizada) que se ocupe de las relaciones entre los géneros globalizados y posglobalizados. Para lo cual precisamos abrir otro canal: hoy se mata en otro mundo. Es un mundo en el cual los transgéneros están en superficie y los dualismos bipolares han caducado. O sea, cuando se afirma “un hombre mata una mujer” se mantiene esa polaridad convencional que la presencia de las subjetividades e identidades de los transgéneros han desordenado. No obstante, al decirlo de ese modo incorporamos, en la semiosis social, mediante ese estrechamiento discursivo, el giro lingüístico claro y rotundo: un hombre mata a una mujer. Es la palabra compaginada para que nos escuchen. Lo llamaremos asesino, por convención semántica. Pero no se trata de asesinar, sino de matar mujeres, que no es un giro lingüístico intercambiable con mentar el asesinato. 6
Entre las discusiones posteriores al inicio del tema cabe incluir las muertes de mujeres producto de acciones u omisiones. Son conductas que no pueden ser imputadas a una persona determinada sin perjuicio que puedan considerarse violaciones a los derechos humanos por incumplimiento de las obligaciones del Estado (niñas que mueren por desnutrición selectiva, muerte por enfermedades típicamente femeninas, etc. ) y que salvo la existencia de una persona responsable, no configuran delito7.

Las distintas corrientes de ciencias sociales avanzan en la enunciación de todo aquello que podría considerarse femicidio. Pero cuando es necesario incorporar el Derecho Penal, ocuparse de la sanción al feminicida y describir el delito así como encontrar las pruebas… las voces desentonan.
El femicidio produce espanto, indignación, impotencia. Los niveles de soportabilidad social frente a este tema, al decir de Scribano8, se modifican al incluir un parámetro que corresponde a la exigencia de una legislación como forma de evitación del dolor. No obstante “matar mujeres” en tanto reacción masculina parecería formar parte de lo habitual como algo que podría soportarse por ser inevitable. Se incluye el matar mujeres trans y en dicha circunstancia ignoramos de qué modo la piensa, la imagina, la evalúa el homicida.

Logramos que el derecho penal incluya al feminicida con identidad propia: disponíamos de filicidio, magnicidio, parricidio, uxoricidio (uxor, esposa, pero implicaba matrimonio) y ahora femicidio podría acoger a todas y a cualquier mujer. A pesar de lo cual, la impunidad del feminicida constituye un punto de inflexión característico de este delito, como si la mística de la virilidad se impusiera en los ámbitos tribunalicios. Al decir de Celia Amorós “la virilidad es una idea-fantasma reguladora de los comportamientos de los varones” que “requiere una confirmación de los pares y consiste en una imagen alterada y alienada pero siempre sumamente valorada”.

El acto de reconocimiento que impone el derecho penal no es todavía un acto ético propiamente dicho9. El acto propiamente ético se desarrolla a partir del reconocimiento de la subordinación y vulnerabilidad de las mujeres en el sistema capitalista/machista/colonial/opresor y de las múltiples violencias contra ellas. Lo cual significa, éticamente, un mandato de lucha, solidaridad, denuncia y compromiso para todxs (como lo propondría Levinas10).
Uno de los puntos en discusión reside en diferenciar, ante un homicidio, si se trató de un crimen relacionado con “odio de género” en lugar de la contemplada “cuando mediare violencia de género”. En la causa A. L. A. homicidio agravado por odio de género11 el juez explicó por qué se inclinaba por el agravante “odio de género” en lugar de la situación“cuando mediare violencia de género”. Sostuvo que la diferencia entre ambas figuras reside en que mientras el homicidio por odio de género fue integrado a las agravantes “motivacionales”, el femicidio en relación con la violencia de género puede considerarse “situacional” o “circunstancial” y se puede asignar a una índole objetiva como muerte de una mujer “en contexto de violencia de género”. La sentencia afirma: “El hecho de que violencia de género a diferencia del odio de género no repara en la cuestión biológica de la condición orgánica masculina o femenina sino en el aspecto cultural de la construcción de roles derivada de las estructuras sociales de naturaleza patriarcal en las que un aprendizaje cultural de signo machista ha consagrado desigualdades sensibles entre una ‘identidad masculina’ y un subordinado conjunto de rasgos inherentes a ‘lo femenino’”. Entonces, para el juez, el homicida no cometió femicidio ya que mató por odio de género12.
Desde una perspectiva psicológica cabe precisar que la sanción penal que se aplique al femicida ocupa un lugar preferencial en las vivencias “de alivio” por parte de los familiares de la víctima, con rango psicoterapéutico. Puede ocurrir de manera distinta con sus hijxs. En cada situación es preciso discernir cuál será el proceso que les permitirá asumir su doliente e inexplicable situación. 13

Las miradas previas al feminicidio: Prototipo del femicidio, Shakespeare lo narra en el Moro de Venecia. En la edición de Buró Editor14, los actos del final de la obra15 se desarrollan del siguiente modo: Acto V, escena II.

Otelo: “Sin embargo, no quiero verter su sangre; ni desgarrar su piel, más blanca que la nieve y tan lisa como el alabastro de un sepulcro. Pero debe morir, o engañará a más hombres… ” (Besando a Desdémona dormida)… ¡Quédate así, cuando estés muerta, y te mataré, y acto seguido volveré a matarte! ¡Otro más! (vuelve a besarla).
Otelo. “¡Aunque hubiera tenido tantas existencias como cabellos, mi apetito de venganza las habría devorado todas!” (…)
Otelo. “¡Es demasiado tarde!… (La ahoga, comenzando a estrangularla. )” Desdémona. ¡Oh, injustamente asesinada! Ingresa en la escena Emilia, doncella de Desdémona– ¡Ay! ¿Qué grito es ése? ¡Horror! ¡Ay! ¡Si era la voz de mi señora!… ¡Auxilio! ¡Auxilio! ¡Hola! ¡Auxilio!– ¡Oh, señora! ¡Hablad otra vez! ¡Dulce Desdémona!
Desdémona. – ¡Muero inocente!
Emilia. ¡Oh! ¿Quién ha cometido este crimen?
Desdémona. Nadie. Yo misma. Adiós. Encomendadme a mi bondadoso señor. ¡Oh, adiós! (Muere. )”

Diversos autores han coincidido en la descripción clínica de Otelo: síndrome de Otelo, delirio celotípico monosintomático, así como en la personalidad psicopática de Yago, el lugarteniente del Moro responsable por haberle inducido sospechas sobre la castidad de Desdémona a quien acusaba falsamente como adúltera. En algún estudio dedicado a la obra, realizado por abogados, Otelo sería inimputable puesto que en el momento del hecho no pudo comprender la criminalidad del acto debido a su patología que alteraba su conciencia moral. La inimputabilidad es el argumento clásico operado por los defensores de los feminicidas, con o sin celotipias. La obra nos aporta un dato inesperado en boca de Desdémona quien procede según el mismo modelo que encontramos en algunas víctimas de femicidio: ante la pregunta “¿Quién cometió este crimen?” En boca de Emilia, responde: “Nadie. Yo misma. Encomendadme a mi bondadoso señor”. Una respuesta de una inconmovible y morbosa lealtad hacia el femicida que, más allá de las costumbres de la época y el sometimiento de aquellas mujeres, sugiere una relación vincular que podría diagnosticarse aplicando la psicopatología. En la falsía complaciente de la víctima se instaura un nuevo régimen del deseo, cuando el Lenguaje “se hace carne”. En la actualidad esta respuesta ha sido proferida por mujeres atacadas y quemadas por el fuego que su compañero iniciara. Abre las compuertas de un estilo de amor terrorista del cual quizás provienen estas víctimas, anudadas “por siempre” a lealtades impuestas en la perversidad de la convivencia. Se las encuentra sistemáticamente en las intervenciones que se realizan con mujeres víctimas de violencia familiar16. Lo cual no significa que sean “idénticas”, son diferentes, diferencias en la igualdad como solicita el feminismo filosófico.

La revisión del tema que estudia las muertes de las mujeres como efecto de feminicidios permite incorporar la perspectiva de las muertes múltiples como “la quema de brujas” en Europa, el incendio de la fábrica Triangle Waist Co. 2 de Nueva York en 1911 que causó la muerte de 123 trabajadoras de la confección. 17/18
El antiguo teatro griego rescató subjetividades ceñidas a cada plataforma histórica y geográfica: así Ifigenia, destinada al martirio mortal, “elige” obedecer a su padre, Agamenón quien deberá sacrificarla en honor de la diosa Artemisa intentando lograr vientos favorables para que la flota pudiese partir rumbo a Troya. Ifigenia, en el texto de Eurípides recita un parlamento conmovedor donde explica cuan importante es cumplir con sus deberes para con su país, Grecia, y alivia a su padre del homicidio impuesto. O sea, una víctima conciente ante sus deberes políticos. Por fin la diosa decidió salvarla e Ifigenia no muere porque en su lugar apareció una joven cierva para que se cumpla el sacrificio. Pero en el texto de Sófocles, referido al mismo mito, se comete el femicidio e Ifigenia es degollada. Éste sería un feminicidio atípico que, sin embargo comparte el común denominador de la mujer como víctima incanjeable (la cierva es un erzat de la joven mujer) y la dimensión ritual del hecho. 19

El femicidio como sanción moral por adulterio fue inmortalizado por Dante Alighieri en Paolo y Francesca20.
Actualizada la historia de Ciudad Juárez y otras ciudades donde la acumulación de cadáveres se recorta en la crónica diaria, una detrás de otra, en la “basurización” de los cuerpos al decir de Jean Franco21 .

El femicida que anticipa y el que sorprende: Incorporo un testimonio22 que resulta de la experiencia en el Programa Las Víctimas contra las Violencias, 23 cuya creación tuve a mi cargo en el año 2006. A partir del año 2010 la amenaza comenzó a reiterarse: “¡Te voy a quemar viva!”. Al escuchar la angustiada voz de la mujer que reclamaba atención, las operadoras a cargo de los teléfonos registraron que distintas mujeres habían sufrido la misma amenaza.
El Equipo Móvil concurría al domicilio después de cada llamado, pero en oportunidades la víctima retrocedía afirmando: “Me asusté, pero lo habrá dicho en un mal momento”, naturalizando la amenaza. Así comenzó a suceder a partir del feminicidio de Wanda Taddei, cuyo compañero, actualmente en prisión, intentó enmascarar el delito como accidental. A partir de esa fecha se sucedieron amenazas y feminicidios por incineración.
Como propone Austin24, el lenguaje no sólo cumple la función de describir la realidad, también la crea, y corresponde analizar las palabras acordes con el contexto ya que se produce “una distorsión en el núcleo del análisis de la palabra como unidad y fuente generadora de sentido por si sola”. La realidad que genera dicha amenaza reside en la alteración emocional por la inducción al terror. Instala el feminicidio como anticipación de un acto posible y deseado por el homicida, del cual la mujer no podría escapar.

La amenaza, en si misma implica amedrentamiento. El dato significativo reside en su aparición como modalidad comunicacional en situaciones de violencia familiar o doméstica, cuando el varón anticipa cuál será su procedimiento para matar. 25
Ante la reiteración de estos feminicidios cabrían pensárselas complejidades de lo imitativo, de lo identificatorio.

El femicidio que sorprende según la narrativa nacional se encuentra en el crimen de Felicitas Guerrero como fenómeno inexplicable en la clase social“alta”del Buenos Aires de 1872. Felicitas, viuda de Álzaga, tenía entre sus pretendientes, a Enrique Ocampo quien le preguntó sin rodeos:“¿Te casas con Sáenz Valiente o conmigo?”. En la residencia se escuchó una corta discusión. Ocampo “sacó de su bolsillo un arma gritando: “O te casas conmigo o no te casas con nadie”. Felicitas trató de escapar pero su pretendiente le disparó por la espalda. Ocampo se suicidó con la misma arma.
Un feminicidio clásico, mediatizado por los celos y premeditado por su autor.
El feminicidio justificado por la traición de la compañera ha sido materia de letras populares en nuestros tangos y milongas. Iván Diez, en 1930 fue concreto:“Y luego, besuqueándole la frente, con toda educación, amablemente, le fajó treinta y cuatro puñaladas”. (Edmundo Rivero, en 1963 musicalizó el soneto).

Maneras de decirlo: El cuerpo visible es lo que el femicida mata, pero no lo que ataca. Ataca aquello que para él es una verdad que lo hiere y lo sobrepasa;necesita pertrecharse con una lógica que impida la huida de la presa. Habita otro mundo que le resulta normal y que le autoriza la excepcionalidad del deseo de matar. No improvisa para acercarse definitivamente a esa verdad que siempre lo inquietó. Mata y ordena. Impone un orden para dominar esa verdad calibrada por un cuerpo de mujer. La verdad que para él es diferencia y origen. Mata porque él es el falo. Un príncipe en el mundo patriarcal donde el padre es señor y profeta.
Un femicida es un justiciero y un vengador, por eso su misión es ordenar aquello que la mujer ha desajustado. Los femicidas desatan la pulsión vengadora que el odio fogonea.
Aún pueden intercalar la imagen de su sacrificio cuando se suicidan a posteriori del feminicidio o intentan hacerlo. Esa última decisión proviene de un convencimiento anterior: “Ella me ha transformado la vida en un infierno, soy su víctima, este sufrimiento ha sido por su culpa”.

Para el femicida resulta claro que estas mujeres muertas ya no podrán ser fecundadas, no podrán parir. Debe asumir su desconocimiento, no sabe cómo es estar muerto. La muerte es ese nuevo objeto oculto en ella;también en esto ella lo anticipa, lo desconcierta y lo sobrepasa. Rabiosamente frustrado intenta alcanzarla cuando se suicida.
Para esos varones las mujeres son la madre, la prostituta y la muerte a la que convoca según odio, pavura y deseo.
_________________
1.    Natural Body Magic (NBM o separación del cuerpo natural), es una parafilia en la que se fantasea sobre personas cortadas o desmontadas en varias partes.
2.    Dusell, E. (2009):Ética de la liberación, pag. 304, Ed. Trotta, Madrid.
3.    Impunidad que desborda nuestra legislación. Ley 26. 486, sancionada el 11 de marzo de 2009, que padece artículos aun sin reglamentar.
4.    Lesbianas, gays, bisexuales, travestis, intersexuales, transgénero. (Ley de identidad de Género (26743), Atención integral a la Salud (…)4238(CABA) y otras.
5.    Las víctimas del asesinato por razones de género no son solo las mujeres directamente afectadas. En la expresión “víctima” se incluye además, a los familiares o personas a cargo que tengan relación inmediata con la víctima directa.
6.    Giberti E. (2011): “Mío será tu último sangrado, femicidios”en Página 12; (21 julio). Bs. As.
7.    Toledo Vázquez, P. : Feminicidio, México.
8.    Scribano, A. (2007): “La sociedad hecha callo”, Borrador Artículo publicado en “Mapeando Interiores. Cuerpo, Conflicto y Sensaciones”.
9.    Desde una perspectiva ética debe añadirse el fallo dictado el 25 de febrero del año 2015 por Víctor Trionfetti (Juzgado Contencioso, Administrativo y Tributario N°15 (CABA). La actora, mujer trans carente de ingreso económico alguno solicitó subsidio extraordinario y reparatorio por los daños y perjuicios padecidos por discriminación y violencia institucional generalizada (…) con un Estado ausente. El tribunal juzgo en su favor. Revista Derecho de Familia, agosto 2015-IV. Bs. As.
10. Levinas, E, (1983): Le temps et l’autre, Puf, Paris.
11. Expte. 45. 587/2014. Juzgado Nacional en lo Criminal de Instrucción N°13, Cap. Fed.
12. Según los forenses la víctima había recibido once cuchilladas en menos de un minuto (la mayoría de las lesiones en su rostro, símbolo de la belleza femenina). El juez también valoró el tatuaje del sujeto, una figura femenina con una herida suturada en el rostro y unos “cuernitos” en la cabeza como símbolo de demonización de la mujer además de las imputaciones de otras cinco víctimas y según la descripción forense la presencia de una devaluación hacia lo femenino y elementos paranoides asociados también a lo femenino. Texto en “Hacia una igualdad de género”. Compendio Jurisprudencial, Ministerio Público Fiscal, 2014; Procuración General de la Nación.
13. Mi experiencia clínica, trabajando con abuelos paternos y maternos permite pensar que los entredichos entre ambas familias constituyen una noxa que se suma a la tragedia, como un Coro infernal que lxs niñxs sobrellevan.
14. Buro Editor, Uruguay, 1998.
15. Otelo, de Shakespeare. Está basado en Un capitán moro, el número 37 de los 100 cuentos que contiene los Hecatónmitos (1565) del escritor italiano del XVI apodado Cintio (Giovanni Battista Giraldi).
16. Giberti, E. (2013) “Violence conjugale:un modèle d´intervention sur le terrain”, Revista Cliniques Méditerranéennes, N° 88, Octubre. Ed. Èrés Marseille.
17. La mayoría de las víctimas eran jóvenes mujeres inmigrantes de Europa del Este e Italia de entre catorce y veintitrés años de edad.
18. Se conmemora el 8 de marzo. Día internacional de la Mujer.
19. Interesa el comentario de Loureax en Maneras trágicas de matar a una mujer(1989)Ed. Antonio Machado, México. Habla de las heroínas de la tragedia griega cuya muerte es sólo narrada, como si el hecho mismo “de matar a una mujer no pudiera confiarse más que a las palabras, como si sólo las palabras pudieran hacerlo con decoro”. Muchas heroínas recurren al suicidio. En la tragedia, la forma de muerte reservada a las mujeres es la horca, una marca de infamia, estrangulada (…) El hombre muere en la batalla, escindido por la espada y vertiendo su sangre. ”
20. Alighieri D. La commedia, L’Inferno, Canto V ; Paolo y Francesca 88-120
21. Franco, J. (2008), “Narrativas de la globalización”, Quimera, Revista de Literature.
22. Giberti, E. (2010), “Te voy a quemar viva”, en Página 12 el 28/11.
23. Lo advierten las profesionales que atienden los llamados al Centro de Llamadas que responde al número 137 (las 24 horas, todo el año).
24. Austin, J. L. (1971): Palabras y acciones: como hacer cosas con palabras. Barcelona, Paidós.
25. CeledonioFlores también lo anticipa en uno de sus tangos:“Te quiero más que a mi vieja, pero me sobra bravura pa’ hacerte saltar pa’ arriba cuando me entrés a fallar.”
 
 
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