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Acorraladas por los estereotipos de género
  Por María Cecilia  Console
   
 
El atravesamiento de los estereotipos de género. Desde que nacemos, nuestros seres más allegados y luego otras instituciones formadoras de identidad, nos moldean y acompañan en el proceso de construcción de la personalidad. Este proceso suele ser conducido por una discriminación de género, que aún en nuestros días se inscribe en cada niña y niño que nace en un ambiente marginal como también en “la mejor de las familias”. Los estereotipos de género no discriminan sexo, edad, religión, estrato social, cultura, ni región donde se viva.

Nos queremos (o nos quieren) convencer que transitamos un mundo de igualdades, donde mujeres y hombres pueden desarrollarse con las mismas condiciones y oportunidades. Pero aún se observan puestos gerenciales privados y estatales ocupados en su mayoría por hombres, como si las mujeres no pudieran acceder a los mismos… Y si, evidentemente no pueden aún ser mayoría o lograr una igualdad al respecto. Las que acceden a dichos cargos han tenido que renunciar o postergar cuestiones propias de la mujer como el hecho de ser madres. Pensemos que dicho proceso lleva a tener que alejarse físicamente del trabajo, en el mejor de los casos por unos pocos meses, y es allí donde las mujeres suelen ser “fagocitadas” por esa competencia atroz del mercado laboral.

Estas líneas no pretenden ser pesimistas en lo que respecta a la igualdad de género. Sí existen muchas mujeres que pueden hacer valer sus derechos y ser destacadas en sus ámbitos laborales, profesionales, personales. Pero si tienen la posibilidad de toparse con algunas de ellas, pregúnteles por los períodos que han tenido que atravesar, los excesos de responsabilidades (en el trabajo, en el hogar) y por las renuncias o postergaciones personales que han efectuado en sus vidas para estar hoy donde han deseado durante años.

Ana María Fernández sostiene que “Desigualdad-discriminación-violencia forman parte de un particular circuito de realimentación mutua que se despliega a través de la producción social de las diversas formas de aceptación que legitiman tanto la desigualdad como las prácticas discriminatorias y, a la vez, invisibilizan los violentamientos.” Nos encontramos aún inmersos en instituciones que legitiman y dan entidad a la desigualdad de género, aunque al día de hoy se observan rupturas de este discurso patriarcal que permiten pensar algunos espacios institucionales basados en igualdad de género.

Violencia y género - violencia de género. En la práctica psicológica clínica en violencia de género pude observar que numerosas mujeres víctimas de violencia de alguna índole, tienen incorporado estereotipos rígidos de género. No sólo sus parejas o sus empleadores o quien ejerza la violencia hacia ellas mantienen vigentes estas creencias sobre las diferencias de género, sino que ellas mismas sostienen este imaginario y lo reproducen en sus propias hijas o hijos.
“Me siento muy sola. No puedo estar más separada de él. Necesito que un hombre me cuide. Imaginate que a la noche me puede pasar cualquier cosa y yo sola…¿Qué voy a hacer con los nenes?” relataba Ana quien hacía dos meses se había separado de su esposo padre de su hija y su hijo tras haber vivido durante diez años violencia de tipo verbal, física, psicológica, económica y ambiental de forma sistemática. No solo en su lenguaje se observa la forma en que incorporó el discurso patriarcal sino que no podía concebir la vida sin una figura masculina que le brinde protección. Figuras masculinas asociadas al poder en contraposición con figuras femeninas ligadas a la desprotección.
“Es que por más que lo intente con psicólogos no me puedo olvidar que fui abusada por mi viejo y bueno, vos sabes, esas cosas te quedan marcadas de por vida y me la paso eligiendo tipos así” refería Karina sobre la relación que había retomado con su pareja que la controlaba y celaba a diario, determinando cómo debía vestirse, donde tenía que trabajar y con quién podía hablar. En este caso, no sólo el efecto traumático del abuso intrafamiliar no había podido ser elaborado y superado sino que Karina también había incorporado ciertos estereotipos de género ya que siendo abogada, se dedicaba a ser secretaria en un estudio jurídico. Sobre ello decía “creo que no me da para más, nunca voy a poder llegar a ser como mi jefe”.
Marie-France Hirigoyen considera que “Nuestra sociedad ha cambiado a mejor y a peor, ya que todos los días se crean nuevas formas de dominación. Si queremos que desaparezca la violencia en las familias, sería necesario que el propio grupo social no perpetuara el esquema dominación/sumisión en todos los niveles. No obstante, estamos en un mundo en que cualquiera puede sentir la tentación de dominar al otro, en una sociedad que sólo acepta a los ganadores, una circunstancia que no ayuda a los hombres a soltar el poder que les queda.”

Ruptura de los esquemas del patriarcado. Debido a la lucha incansable de feministas desde hace varias décadas hasta la actualidad, las mujeres podemos vivir varios momentos de una jornada en igualdad de género. Digo muchos, no todos, porque aún parece que se encuentra determinado que sea la mujer quien deba realizar las tareas domésticas y ocuparse de gran parte de las demandas de las hijas y los hijos, lo que requiere tiempo de una jornada diaria en la que los hombres pueden continuar desempeñándose en sus tareas laborales.

Suelo escuchar como profesional y también como mujer en grupos de pares que numerosas mujeres, sobre aquellos hombres que realizan algunas actividades domésticas, se complacen en decir “él me ayuda”, como si fuese una obligación femenina el estar haciendo malabares diarios. Si ya en el seno de la familia se sostiene la división de tareas (las privadas para la mujer, las públicas para el hombre) con una marcada desigualdad de género, se puede inferir que las próximas generaciones estarán signadas por ello. Ante esto, resulta de suma importancia que esas mujeres puedan tomar noción de dicha desigualdad y no repetir estereotipos familiares. Por otro lado otras instituciones por fuera de la familiar deberían incorporar personas que tengan una visión amplia de dicha desigualdad para romper con esos patrones culturales rígidos.

Si en un día nos dedicamos a observar todos los estímulos visuales y auditivos comerciales, podemos dar cuenta de que los mismos están signados de lo que vulgarmente se conoce como “machismo”. Spots publicitarios donde las camionetas son sólo para los hombres; ciertas bebidas que son tomadas por el hombre mientas varias mujeres lo observan vestidas sugestivamente; productos de limpieza donde las mujeres son las que aparecen en escena; juegos infantiles exclusivos para niñas y otros exclusivos para niños; en fin… ¿Cómo se hace para romper con estos esquemas cuando día a día aún hay personas que se dedican a sostenerlos?

Alda Facio y Lorena Fries sostienen que “las perspectivas género sensitivas o perspectivas de género como se les dice más comúnmente, no pretenden sustituir la centralidad del hombre por la centralidad de la mujer aunque partan de una mirada que corresponde a la experiencia de un sujeto específico. Pretenden poner las relaciones de poder entre hombres y mujeres en el centro de cualquier análisis e interpretación de la realidad.” En este sentido, al visibilizar la experiencia del género femenino, quedan de manifiesto las relaciones de poder y dominación signadas por el androcentrismo.
 
¿Para concluir? En un curso de género al que asistí hace poco tiempo una feminista comentó que aún faltaban 400 años aproximadamente para que se logre la igualdad de género. En ese momento me di cuenta que no iba a poder vivir en una sociedad igualitaria…
El camino hacia una sociedad justa y equitativa en cuestiones de género debería ser de todas y todos, no sólo de algunos grupos feministas. Las nuevas interpretaciones sobre lo masculino y lo femenino permiten pensarnos como iguales. Aún no se encuentran tan abiertamente pero algunas generaciones ya están impregnadas con miradas igualitarias.
La revisión como profesionales en salud mental y como habitantes de una sociedad debe ser constante para favorecer a la ruptura de los modelos patriarcales hegemónicos. Quizás se pueda hacer un aporte a esta ruptura con sólo una mirada introspectiva.

Bibliografía
FACIO, A.; FRIES, L. (1999). “Feminismo, género y patriarcado”. En: Género y Derecho (p.21-60). Buenos Aires, Argentina: LOM Ediciones.
FERNANDEZ, A. (2014). “La política de la diferencia: subordinaciones y rebeldías”. En: La mujer de la ilusión (p.109-129). Buenos Aires, Argentina: Editorial Paidós.
HIRIGOYEN, M. (2008). “Conclusión”. En: Mujeres maltratadas (p.177-178). Buenos Aires, Argentina: Paidós Contextos.
 
 
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