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   Texto inédito en castellano

La historia del rumor de la relación de Freud con Minna Bernays
  Por Elizabeth Roudinesco
   
 
En la casa de Freud vivían en ese entonces alrededor de once personas: Freud, Minna Bernays, su cuñada; Martha su mujer, seis hijos y dos domésticas. Así había armado Freud su universo familiar al cual estaba aferrado. Y es en ese momento en el cual Minna vive con él, quien ya no tiene relaciones sexuales con Martha, que se elaboran sus principales teorías: el Edipo, la nueva teoría de la familia, el abandono de la teoría de la seducción, todas cosas donde se tratan las relaciones íntimas de la familia: seducción de los niños por los parientes y los padres, abandono de esta tesis, fantasmas, la prohibición del incesto, etc. Es a partir de esta fecha también que Freud decide cada verano ceder a su pasión por los viajes después de haber vencido su fobia y sobre todo divide sus vacaciones: Martha tiene horror a los viajes. Freud pasa entonces en familia una parte de las vacaciones de verano y viaja durante la otra parte y Minna es uno de sus compañeros de viaje. Digo “compañero” porque verdaderamente es el término que conviene y no “compañera”, como se ve en su correspondencia de viaje (Notre coeur tend vers le sud, Fayard, 2005, del cual hice el prefacio). Durante el verano de 1898, viajan juntos a la Engadine por primera vez. Están muy excitados y escriben cartas a Martha. Describen las dificultades del turismo en esa época, cómo encuentran o no habitación: a veces una habitación para dos, la mayoría de las veces dos habitaciones.

El 10 de agosto de 1898, encuentran dos habitaciones y Minna escribe: “Puedo al fin desfilar con mi vestido de franela y con toda mis alhajas y por supuesto Sigi me encuentra siempre de una elegancia extrema pero yo no sé si los otros comparten esta opinión” (Notre coeur, p. 115). El 13, Freud escribe a Martha desde Maloja que ambos están muy bien y que descendieron a un modesto establecimiento suizo frente a una fortaleza hotelera (p. 117). Permanecerán allí hasta el 15.

En un viaje a Riva, cerca del lago de Garde, donde toman dos habitaciones, Freud escribe que está molesto por la presencia de clientes austríacos que pueden reconocerlo y tanto más porque está acompañado por una mujer que no es la suya (p. 134). Evidentemente se siente culpable, pero Minna para nada: nada de esto en su correspondencia. A partir de 1922, tres mujeres estarán presentes en el hogar de Freud: Minna, Martha y Anna su última hija que de alguna manera, jugará un rol similar al de Minna. Salvo que, analizada por él mismo, quedará a la cabeza de la Escuela Freudiana y estará tan celoso como lo había estado de Martha cuando fue cortejada por un hombre joven.
No hacía falta tanto para que Freud fuera acusado de bígamo y de mantener una relación bajo el mismo techo con su cuñada, con el consentimiento tácito de Martha. A medida que el psicoanálisis obtenía éxito y que aumentaba el odio hacia un Freud mirado como un obsesivo sexual, crecía también la idea de que era un hipócrita y un mentiroso que, preconizando las prohibiciones, las transgredía.

Este rumor existía en Viena en vida de Freud, pero comenzó a difundirse y a volverse un tema de un gran debate historiográfico a partir de los años ’50, es decir en la época en la cual el movimiento psicoanalítico construía su historia oficial y en el momento en el que Jones se convertía en el biógrafo de Freud. Muchas personas se hicieron eco de esto: Bruno Bettelheim, Carl Gustav Jung, Max Graf. El primero nunca había estado cerca de Freud pero era él mismo un personaje transgresor y el segundo había sido el discípulo no judío más cercano antes de la ruptura entre ambos. Jung era conocido por sus relaciones extra matrimoniales, incluidas aquellas con sus pacientes. Era aficionado a las anécdotas y conocido por inventarlas con un gran realismo.

El 29 de agosto de 1953, interrogado por Kurl Eissler para los archivos Freud, él dice: “la hermana más joven sostenía una importante transferencia con Freud y él no era insensible a esto”, y Eissler: “usted quiere decir que ellos tenían una relación” y Jung: “Oh una relación, yo no sé hasta qué punto pero mi Dios, se sabe bien cómo ¿no es cierto?”. En 1957, vuelve a la carga y confía a su amigo John Billinsky un testimonio que se haría público después de la muerte de Jung en 1969: Jung evoca su primera visita a Viena en 1907: “Enseguida conocí a la joven hermana de la esposa de Freud. Ella era muy linda, y no solo sabía algo de psicoanálisis sino que conocía casi todo acerca de las actividades de Freud”. “Cuando más tarde yo visité el laboratorio de Freud, su cuñada me preguntó si podía hablarme. Ella estaba muy perturbada por sus relaciones con Freud y se sentía culpable. Me dijo que Freud estaba enamorado de ella y que sus relaciones eran muy íntimas. Esta revelación me impactó y todavía hoy me acuerdo de la angustia que sentí entonces. Dos años más tarde, Freud y yo fuimos invitados a la Clark University de Boston. Durante siete semanas estuvimos juntos cada día. Desde el comienzo del viaje comenzamos a hacer el análisis de nuestros sueños recíprocos. Freud tuvo algunos sueños que lo perturbaban mucho y que evocaban siempre el mismo triángulo: él, su mujer y su cuñada. El no imaginaba que yo podía saber algo al respecto de esta relación”. Y cuando Jung le pide hacer asociaciones, Freud replica: “Yo podría decirle más sobre eso pero no puedo permitirme arriesgar mi reputación”. Examinemos este testimonio. Primero, fue publicado por Billinsky después de la muerte de Jung. Segundo, Jung se contradice respecto con lo que afirmó a Eissler. Por último muchas cosas son chocantes: Minna no era linda, al contrario que su hermana, aunque con los años terminaron pareciéndose. Freud no tenía un laboratorio sino un consultorio. En fin, no se entiende cómo Minna hubiera podido dar semejante testimonio a un hombre que acababa de conocer. En fin, si es cierto que durante el viaje, en Washington, los tres hombres se cuentan sus sueños y beben mucho, al punto que Freud tiene un síncope; si es verdad que Freud rechaza la ayuda de Jung sobre la interpretación de sus sueños, nada nos permite decir que estos se referían a Minna. (Peter Gay, Biographie de Freud, p. 844).

A partir de los años ’70, con la emergencia de la corriente revisionista y el nuevo período de odio al psicoanálisis, la concepción de un Freud perverso, padre de una hija perversa, que él había analizado para transformarla en una perversa a su servicio fue entonces empleada para demostrar que todas las teorías del movimiento psicoanalítico solo eran la traducción de una monstruosidad familiar. Y que si se llegara a demostrar la existencia de una relación con Minna, todo el edificio freudiano se desmoronaría. ¿Pero cómo probar lo incomprobable? Nada en la vida ni en la correspondencia de Freud permitía afirmar la existencia de tal relación y nada por otro lado permitía decir que Anna había sido homosexual, sino es su cohabitación con Dorothy (las dos mujeres no dormían en la misma habitación, pero eso no quiere decir nada).
En 1982, Peter Swales, el más loco de los revisionistas americanos, apoyado por Adolf Grunbaum que era de alguna manera su garantía “científica” (físico y sabio, adepto a un anti-freudismo virulento pero muy escuchado en los Estados Unidos) hizo circular dos artículos dactilografiados de los cuales uno solo fue publicado: “Freud, Minna Bernays and the Conquest of the Rome: New Light on the origins of Psychoanalysis” (New American review) y “Freud, Minna Bernays and The Imitation of The Christ”.

Swales se apoyaba en un pasaje de Psychopathologie de la vie quotidienne, en el que Freud cuenta la historia de un hombre joven, judío vienés, que él conoce en uno de sus viajes y que tiene un olvido de un nombre citando un verso de Virgilio, aquel de Dido que espera a su vengador: “Exoriare aliquis nostri ex ossibus ultor” lo que significa “y tú alguien ‘aliquis’ nacido de mi osamenta, mi vengador”. El joven hombre omitió la palabra “aliquis” y Freud le pidió asociar con ese nombre. Él piensa entonces en “liquis”, después en la sangre que se licua del famoso Saint Janvier (San Gennaro) cada año en la iglesia napolitana que él había visitado. Y a partir de ahí él extrapola y termina por decir a Freud que lo que teme es que su amante le anuncie una mala noticia, un atraso en su regla, que significaría que ella está encinta.

Apoyándose entonces en el método freudiano de interpretación con el cual pretende rechazar la cientificidad, Swales cree demostrar que este ejemplo es una autobiografía enmascarada, (como toda la obra de Freud) y que significa que Freud tuvo una relación con la cuñada y que la embarazó y después la hizo abortar. Esta interpretación no tiene ningún fundamento.
Es así entonces como la historiografía freudiana norteamericana se hundió en el delirio. Porque esta posición asombrosa de Swales ha obtenido éxito en los Estados Unidos, como por otro lado las posiciones de Jeffrey Moussaief Masson, de las cuales yo hablé; y es así que se desarrolló una campaña de terror orquestada por Swales y Grunbaum, quienes del modo más serio querían redireccionar las equivocaciones de los historiadores llamados “post-freudianos” para obligarlos a reescribir sus textos en función de la nueva prueba de archivo. Después de haber estado en contacto con Swales que me transmitía documentos de la LOC, fui entonces amenazada e insultada en la prensa americana y brasileña (designada como “histérica y puta”). Ilse Grubrich-Simitis recibió laxantes por correo y estuvo aterrorizada.
Bajo el nombre de Aliquis los dos compadres comenzaron entonces a amenazar a los otros historiadores, intimándolos a hacer la autocrítica, después sobornaron a la prensa para explicar que Freud no era más que un falso sabio que aplicaba a sus pacientes sus propios fantasmas. Según ellos todas esas teorías eran solo los dichos autobiográficos de un perverso, que abusaba de su cuñada e inventaba para sus pacientes abusos que él mismo les hacía confesar, tal como los antiguos inquisidores.
Pero del mismo modo que los negacionistas obligaron a los historiadores a no aceptar sus tesis sino a invalidarlas con sus argumentos racionales, los revisionistas antifreudianos obligaron a los historiadores a tomar en serio el asunto Minna y a hacer de eso una postura historiográfica. Es desde esta perspectiva que Peter Gay, el último biógrafo de Freud, ha publicado un artículo en 1990 titulado “Le chien qui n´ aboyait pas la nuit” (Tomado del PUF en “En alisant Freud, explorations et divertissements”).

Explicando primero las denegaciones de Jones, después las afirmaciones de los otros que lo han conducido a examinar el problema, Gay como por otra parte el historiador Albrecht Hirschmuller que lo estableció, ha examinado toda la correspondencia entre Freud y Minna aún sin publicar. Se da cuenta entonces que faltan algunas cartas pero que ninguna enumeración permite afirmar que hubiesen sido ocultadas. Y agrega que las cartas faltantes son como el perro de Sherlock Holmes que no ladra de noche. En su biografía se había comprometido, bajo amenaza, a hacer su autocrítica en el caso de que un nuevo archivo fuera descubierto.
Evidentemente este debate ha emergido de nuevo recientemente, saliendo en la primera página de toda la prensa americana y alemana y confirmando las tesis de Aliquis.
Un sociólogo alemán, Franz Maciejewski, encontró un nuevo archivo. Se trata de la firma de Freud en el registro del hotel Schweizerhaus fechado el 13 de agosto de 1898 y designado en la carta de Freud (Notre coeur) como la fortaleza hotelera frente a la cual él se instaló con Minna (en un modesto albergue). El registro indica de la mano de Freud: “Doctor Freud y Señora”.

No hacía falta tanto para relanzar el debate y las amenazas volvieron a comenzar, tendiendo a probar que ese día Freud habría pasado la noche en este lujoso hotel (y no enfrente) y que habría hecho pasar a su cuñada por su mujer. Lo más sorprendente, es que a título de “prueba” del delito, el The New York Times (24 de diciembre de 2006) publicó la fotografía de la habitación 11, tal como luce hoy, y con un televisor y dos camas gemelas.
Esta tesis ha sido retomada por Ursula Gauthier (responsable del famoso número sobre Le libre noir de la psychanalyse) en Le Nouvel Observateur (“Sexo, mentiras y libido”). Como historiadora estoy obligada a “revisar” mi Dictionnaire y a adoptar la nueva verdad al fin revelada sobre las estafas y transgresiones de Freud (11-17 enero). Y he respondido interrogándome sobre el significado de semejante foto (la habitación hoy) como pretendida “prueba de archivo”.
De golpe toda la prensa mundial, presionada por Swales, que escribe sus amenazas a mano, deduce que esta vez la relación está confirmada y que por eso, al resultar Freud un mentiroso toda su teoría se derrumba. (Sunday Times, 7 de enero de 2007, Frankfurter Rundschau, 28 de septiembre de 2006, etc.).

Que esta tesis sea inaceptable es evidente, pero que uno pueda extraer de este archivo la mínima prueba, crea un problema. Por una parte, Freud ha podido firmar este registro y cambiar de hotel porque permaneció tres noches en Maloja, y, por otra parte, pudo perfectamente dormir con Minna en esta habitación cuya antigua decoración desconoce, porque de todas formas ellos dormían en ocasiones en la misma habitación, cuando no lograban encontrar dos (como está indicado en Notre coeur).

El investigador consideró suficiente esta firma para acreditar la tesis de un Freud amante de su cuñada y simulador, cuando al menos tendría que haber mirado el registro del hotel de enfrente, si existe todavía, y haberse informado acerca de las disposiciones de las habitaciones en la época. Más que de una intencionalidad de simulación se puede también interpretar el “y Señora” como algo banal: Freud se sentía culpable al mostrarse con su cuñada lo que quiere decir que podía perfectamente designarla como su mujer en los hoteles para sentirse tranquilo. La simulación no se asienta forzosamente sobre un acto real que nunca se sabrá jamás si existió. Se puede interpretar el “Y Señora” de otra manera. En el mundo germánico de esta época y especialmente en la Suiza germánica, este sintagma significa, en la tradición hotelera, que se elige una habitación doble cualquiera sea la persona con la cual se viaje. Como es el caso aún hoy en Italia cuando se reserva una habitación matrimonial: esto quiere decir “dos personas” (una habitación doble) y no necesariamente para una pareja casada. Es entonces posible que Freud haya utilizado este término con esa significación.
Pero lo que es cierto es que si hubo relación debió de ser breve, solo después de este primer viaje, donde aparece una excitación particular y aquí hay una duda y que todas las tesis acusatorias tienen el defecto de no ser pruebas sino interpretaciones de hechos tendientes a destruir a Freud y al psicoanálisis.

Lo más sorprendente, es que un psicoanalista suizo, Ferruccio Bianchi, habitué de este hotel donde pasa sus vacaciones de invierno, alertado por todo este asunto parece haber resuelto el “problema de la habitación”: “Yo me he alojado seguido en la habitación 23, escribe, y por lo tanto la conozco bien. La habitación 11 donde se alojó Freud es hoy la habitación 23 y esta habitación es doble, una especie de pequeño departamento con un cuarto grande y uno pequeño que se comunican –la conozco bien, porque nosotros íbamos en familia y nuestros hijos ocupaban la habitación pequeña–. El gerente me confirma que en esa época tenía la misma conformación. (Le carnet psy, abril 2007).

Es entonces evidente a partir de ahora que la tesis de Swales y Maciejewski es enteramente falsa, lo que no impide a este último escribir hoy un libro entero sobre el tema. Pero tengo intención de ir un día al lugar…
Elizabeth Roudinesco
__________________
    El presente recorte sumado a “Elisabeth Roudinesco, entretien exclusif”, (la publicación del diálogo entre la psicoanalista e historiadora francesa, Elisabeth Roudinesco y Pierre Cormary, difundida en Francia en 2010 a través de la inclusión en RING News, Culture & Société) se hallan en su versión completa en www.elsigma.com/entrevistas.

Traducción:
    Lic. Olga Mabel Máter: mater.olga@gmail.com
              http://www.olgamater.com.ar
    Prof. Alejandra Freschi: alejandra_freschi@hotmail.com

1.    El link original con el documento en francés, es el siguiente: http://www.surlering.com/article/article.php/article/elisabeth-roudinesco-entretien-exclusif.
    La presente traducción se encuentra autorizada expresamente por Elisabeth Roudinesco para su publicación en castellano.
 
 
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