Inicio   |   Login   |   Registrarse   |   Quienes Somos   |   Contacto   |   STAFF     
BOTONERA EN IMAGEN
 
 
 
Facebook Twitter
   Límites éticos de la Abstinencia

Silencio a la carta:
  psicopatología cotidiana de los modos de abstinencia
   
  Por Carlos Gustavo Motta
   
 
El silencio desde el punto de vista filosófico. El silencio como valor en la música.
Los refranes populares: “el que calla otorga”; “en boca cerrada no entran moscas”; “la mejor palabra es aquella que no se habla”.
El silencio vacacional: cuando subí a la cumbre de la montaña me encontré con el silencio de la naturaleza; cuando estuve buceando en Bocas del Toro supe lo que era el silencio.
El silencio como contemplación; el silencio sexual; el silencio de la muerte.

Votos de silencio: el religioso. El silencio de Dios. El silencio. Tan sólo el silencio. También el silencio en los interrogantes incómodos a los panelistas de un congreso: Viste, se calló la boca, no supo que decir. El silencio que denuncia la falta, la ignorancia, el error, la equivocación. Otra vez el silencio. Silencio de radio.
Hay personas silenciosas, con modos silenciosos y cuando hablan susurran. No aceptan mucho los tonos de voz elevados porque son muy sensibles y, en realidad, les importa muy poco el resto, quizás recordando las frases pronunciadas por Buttler a Scarlett en Gone to the wind: “¿Sabes una cosa querida? Me importa francamente un bledo lo que hagas.”
El del enojo: cuando una madre se enoja; cuando un padre se enoja; cuando Dios –nuevamente– (el de la Torá) se enoja y afirma su existencia.
Sustracción de la palabra por la vía del silencio.

Se irritan la novia, la mujer, la amante, el novio, el marido, los hijos caprichosos, la secretaria, los compañeros del directorio, los compañeros del trabajo. Cuando no saben qué decir. Los amigos que callan. Algunos se ofenden. Desaparecen en el silencio dejando regalos de cumpleaños al encargado del edificio, o regalando objetos inservibles que quedan olvidados en un cajón.
El silencio de la aceptación y el decir de la ofensa. Algunos lo entienden, otros continúan haciéndose los distraídos. No me habla desde hace mucho, me tiene preocupado.
Silencio. Nuevamente.
En la Naturaleza sólo hay silencio cuando se cumple el ciclo circadiano de veinticuatro horas. El silencio allí es un ciclo necesario que permite hacer y continuar.
El silencio del quehacer cotidiano: todavía no me llamaron; parece que no saben qué decirme, por eso no hacen la reunión. Los silencios conspirativos. De la traición. De la guerra. Los ritmos del corazón: entre lub dub, hay silencio. Además existen anormalidades: los soplos.

Los que escriben libros, como ejemplo mordaz, casi odiseas de la gramática, donde sus argumentos aberrantes intentan justificarse con el malestar de la cultura y no con la realidad del mal gusto plagiario y canallesco ampliado por sus seguidores, sometidos a la dialéctica del Amo encontrando las migajas escondidas en las esquinas de las aulas académicas de los actos públicos y en donde las personas asisten amenazadas por un ausente escrito en sus libretas.
Cuando todos lo saben, pero aquí el silencio resulta cómplice: es una gran desgracia no tener bastante talento para hablar bien, ni bastante juicio para callarse.
Igual, aquellos que intentan seguir la sombra de Homero, esos siguen: instalados en el silencio de la indiferencia y pensando aún que tienen algo para decir, pero mucho más por copiar y transformar sus argumentos en palabras huecas. Tontas.

La amarga solución se debate entre el silencio de quienes comparten estas acciones o la denuncia que se confunde con resentimiento o imaginería. También la vergüenza que provoca, de tal manera que recuerdo una entrevista concedida a la BBC por John Lennon, dos años antes del asesinato: “En cierto sentido, hubiese preferido antes formar parte de Monty Phyton que de los Beatles”. Claro que esas proezas escritas, no tienen nada que ver con la armonía estupenda de los Fabulosos Cuatro.
Y finalmente, el silencio del analizante. El silencio del analista.
Por definición, el silencio es la abstención de hablar. Está lejos del olvido y más cerca de no hacer más mención de algo puntual. Generalmente de lo que molesta.
Escribir sobre el valor del silencio en el psicoanálisis es una tarea casi inicial.

Bibliografía sobre el tema la hay escasa. Menciono alguna que otra referencia, olvidándome seguramente de otras: un libro de Nasio que posee un dossier sobre el silencio y sus referencias en Freud y en Lacan. Otro de Santiago Kovadloff El silencio primordial y su relación con la creación. Los textos clásicos de Reik o Ferenczi, quien articula al silencio analítico casi con una confesión religiosa.
La abstinencia analítica como intervención. La abstinencia porque no se sabe cómo intervenir, ni que decir.
Elizabeth Zetzel en 1966 encontraba en el silencio del analista un factor importante relacionado con un mecanismo de defensa específico, tal como la regresión. Ella se refería al silencio como una privación sensorial, auditiva y visual, otorgando al analista un grado de invisibilidad vital, según la autora, e imprescindible para favorecer fantasías asociativas.
Lacan en contra de la Psicología del Yo, acepta parte de esta teoría de la regresión, incluso con los postulados de Ida Macalpine (tal como se observa en el Seminario 8. La transferencia): el analista se calla y con esto frustra al analizante, ya que lo que este pide es que le responda.

El silencio farmacológico. Eric Laurent nos decía en su conferencia del 27 de noviembre para los participantes del Instituto Clínico de Buenos Aires, que la medicación es lo esperable en determinados casos clínicos, principalmente los que se llaman bipolares; trastornos de déficit atencional; trastornos post-traumáticos; etc. El silencio de la estructura que provocan los fármacos, léase conveniencia del marketing médico.
Y que en toda esta lista a la carta del silencio, que le quepa el sayo a quien le corresponda.
Por el momento y hasta la próxima, mantengo el recurso que con el esfuerzo de poesía se ha manifestado aquí y en esta oportunidad, en palabras escritas, no si antes darles una pista que les servirá para regular el silencio, un interrogante que resulta eficaz en cada modalidad precedente: ¿Usted ha actuado en conformidad con el deseo que lo habita?
Pregunta que no es fácil sostener, por más silencio que se provoque.
 
 
© Copyright ImagoAgenda.com / LetraViva

 



   Otros artículos de este autor
 
» Imago Agenda Nº 182 | julio 2014 | Origen discursivo de las ciencias conjeturales 
» Imago Agenda Nº 164 | octubre 2012 | Nota breve sobre el fracaso 
» Imago Agenda Nº 158 | marzo 2012 | Una relación extraterritorial 
» Imago Agenda Nº 128 | abril 2009 | Sans frontières: de Cumbio a Uzbek 
» Imago Agenda Nº 112 | agosto 2007 | El pathos del juego 
» Imago Agenda Nº 108 | abril 2007 | El libro negro del psicoanálisis 
» Imago Agenda Nº 100 | junio 2006 | Del secreto de Leonardo al Código Da Vinvi  o cuando la sublimación no es ideal
» Imago Agenda Nº 89 | abril 2005 | Secreto: nombre de goce 
» Imago Agenda Nº 83 | septiembre 2004 | A(ser)ca del tiempo en las sesiones analíticas 
» Imago Agenda Nº 78 | abril 2004 | Abrazos e identidad 
» Imago Agenda Nº 75 | noviembre 2003 | Marcas, huellas, dolor. Estudio preliminar 
» Imago Agenda Nº 74 | octubre 2003 | La posición de Lacan: deseo del analista (2º parte) 
» Imago Agenda Nº 73 | septiembre 2003 | "Un sujeto normal es una psicosis que ha salido bien" 
» Imago Agenda Nº 72 | agosto 2003 | La posición de Lacan: deseo de analista 
» Imago Agenda Nº 71 | julio 2003 | El capítulo Heimann 
» Imago Agenda Nº 70 | junio 2003 | Contratransferencia: tropiezo del ser del analista 
» Imago Agenda Nº 69 | mayo 2003 | Tropiezos en la cura analítica 
» Imago Agenda Nº 68 | abril 2003 | Fin de análisis: en toda historia hay un comienzo 
» Imago Agenda Nº 67 | marzo 2003 | ¿Por qué sucedió? 
» Imago Agenda Nº 66 | diciembre 2002 | Cuando amar es un obstáculo 
» Imago Agenda Nº 64 | octubre 2002 | Dos textos técnicos de Freud  Cuarta entrega
» Imago Agenda Nº 63 | septiembre 2002 | Ojos bien despiertos  (3ª parte)
» Imago Agenda Nº 62 | agosto 2002 | El efecto Eitingon 
» Imago Agenda Nº 61 | julio 2002 | La acción del analista(Primera parte) 

 

 
» Fundación Tiempo
Posgrados en Psicoanálisis con práctica analítica  Inicios mensuales. Duración: 12 meses.
 
» AEAPG
Curso Superior en Psicoanálisis con Niños y Adolescentes  Inscripción 2019
 
Letra Viva Libros  |  Av. Coronel Díaz 1837  |  Ciudad de Buenos Aires, Argentina  |  Tel. 54 11 4825-9034
Ecuador 618  |  Tel. 54 11 4963-1985   info@imagoagenda.com