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   Entrevista

Luis Hornstein
  Con o sin Lacan
   
  Por Javier Wapner
   
 
¿Qué valor tiene para el psicoanálisis argentino el haber recibido el premio Konex de Platino a la trayectoria?
Quiero recordar ante todo a los Konex de Platino previos. En el año ’86 los dos Konex de Platino fueron Ángel Garma y Miguel Ángel Carcamo, que introdujeron el psicoanálisis. Uno desde España y Alemania, y el otro desde Francia. En 1996 fue Carlos Mario Aslan que tuvo una tarea muy productiva en cuanto a la promoción del psicoanálisis. Siento una enorme responsabilidad hacia el futuro por haber recibido el Konex de Platino. Creo que este reconocimiento tiene que ver con haberme preservado como psicoanalista freudiano pero apostando al pluralismo teórico. Creo que el futuro del psicoanálisis dependerá de cómo informe la multiplicidad de los dispositivos técnicos actuales. Así como apuesto a un psicoanálisis en diálogo con otras disciplinas que establezca conexiones entre autores. Y que recupere no tanto lo pensado por Freud sino lo pensante de Freud.

Háblenos un poco de su trayectoria.
Bueno, cuando me recibí hice la residencia de psiquiatría en el CEMIC. Y luego pasé a ser asesor de Goldenberg en Salud Mental. Participé en los primeros grupos que estudiaron Lacan en Buenos Aires.: iba todas las semanas a estudiar con Masotta, él me hablaba de Lacan y yo de Freud. También trabajé con Maci, Yanquelevich y Sciarretta. En esa época había una hegemonía kleiniana y éramos pocos los que estudiábamos a Freud. Lacan insistía en que Freud debía ser leído y que la decadencia del psicoanálisis se debía a la “represión” de su obra. En Buenos Aires se suponía que Freud era como el bachillerato y que la universidad era Klein, que Freud solo tenía valor histórico pero no conceptual.
Empecé a leer Lacan en 1970. Pero también leía a otros psicoanalistas. Algunos habían dejado a Lacan y vuelto a Freud, en medio de tormentas pasionales. Algunos, habían vuelto a Freud aferrados como Ulises al mástil de la clínica. “Tiempo de comprender y momento de concluir”, había dicho Lacan en “El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada”. Hubiera comprendido o no, un día, ya hace mucho, llegó para mí el momento de concluir. Adelanto el resultado de mi balance, con palabras de Pontalis: a una época donde no se podía no ser lacaniano, le sucedió otra en que no se pudo seguir siéndolo.

Lacan fue muchas cosas. El polemista que enfrentó a otras corrientes. El fecundo lector de Freud. El autor de otro psicoanálisis, alejado del freudiano. En 1987 escribí: “No sin Lacan”, ni por Lacan, ni contra Lacan, sino con Lacan, trabajando sus conceptos, sosteniendo con él ese debate que sobre todo en sus primeras épocas supo mantener con Freud. Hoy agregaría: “Con Lacan y sin Lacan”, no se puede prescindir de Lacan y tampoco se puede reemplazar a Freud con Lacan.
Personalmente, diferencio los aportes lacanianos del “efecto Lacan”. La tarea actual es rescatar a Lacan del “efecto Lacan”: epígonos que imitando a Lacan en sus gestos, no lo hacen en su inventiva teórica y que se limitan a difundir un esoterismo vacuo que, por querer decir demasiado, termina no diciendo nada.

¿Podría explicitar su concepción del narcisismo y el lugar que le asigna al narcisismo trófico.
El yo desestructurado de la psicosis le hace descubrir a Freud una fase autoerótica, previa al narcisismo, en la cual la unificación corporal todavía no se logró. El narcisismo se le presenta multifacético: fase libidinal, aspecto de la vida amorosa, origen del ideal del yo, construcción del yo. La esquizofrenia y la paranoia le dan argumentos para teorizar esa reverberación. Pero hay más: la enfermedad orgánica, la hipocondría, la homosexualidad, el dormir y la vida amorosa. Otras facetas del narcisismo.
Finalmente, ha sido respetada la complejidad del narcisismo, se mencione o no la teoría de la complejidad. Se ha ido aceptando la noción de narcisismo trófico. Gracias a su aspecto trófico, el yo mantiene la cohesión, la estabilidad (relativa) del sentimiento de sí y la valoración del sentimiento de estima de sí. “De la elección narcisista a la organización psíquica”: el objeto se transforma en sujeto a través de las vicisitudes pulsionales y su devenir identificatorio.
En el narcisismo trófico se cuidan la identidad o la autoestima pero queda libido para otras metas y actividades. En el narcisismo patológico, más que cuidado por la identidad o la autoestima, hay una defensa con uñas y dientes. Es que allí no se juega el amor propio, sino su falta crónica. Allí el narcisismo no significa amor a sí mismo sino dolor de sí mismo. El narcisismo trófico nutre al psiquismo: conforma al yo, los ideales, las ilusiones y los proyectos. La clínica es más amplia que la psicopatología. El patológico evidencia una falta crónica de investimientos amorosos parentales que se traduce en una falta de amor propio. La supervivencia no está asegurada. Se clama por el “derecho a existir”, porque los otros no pudieron construir los objetos transicionales. Ese lugar, que debió ser regado por el lenguaje, la simbolización, la creatividad, se volverá árido de tanta somatización, actuación o directamente depresión.

En sus libros despliega su propia conceptualización de las patologías narcisistas.
Si, parto de lo evidente que es que al yo le está pasando de todo en la clínica actual, y la teoría, por momentos, es como si escuchara llover. Son jaqueados la consistencia del yo, su valor, su indiscriminación con el objeto, sus funciones, perdidas o nunca constituidas. La teoría en vez de complejizarse o de reconocerse sobrepasada, mete todo en la misma bolsa, como ya dije en Narcisismo. Una vez demostrado el error de unificar la clínica del narcisismo, he intentado una metapsicología del narcisismo. Llegué a cuatro modelos: patologías del sentimiento de sí (cuadros borderline, paranoia y esquizofrenia); patologías del sentimiento de estima de sí (depresiones); patologías de la indiscriminación objeto fantaseado-pensado con el objeto actual (elecciones narcisistas, diversas funciones del objeto en la economía narcisista), vivir hablando con uno mismo sin aceptar lo distinto, la no discriminación entre objeto fantaseado y real implica una alteridad no reconocida; patologías del desinvestimiento narcisista. Corresponde a la no constitución de ciertas funciones yoicas o su pérdida por exceso de sufrimiento. Lo evidencia, en la clínica, toda patología narcisista que presente estados de vacío del yo.
Las cuatro problemáticas tienen que ver con el yo: integridad, valoración, aceptación de la alteridad, dificultades en las funciones yoicas. Y remiten a conflictos distintos.
Como dije, ubico las organizaciones borderline, la paranoia y la esquizofrenia en uno de los cuatro modelos del narcisismo y las considero patologías del sentimiento de sí. En las organizaciones borderline es un yo con límites borrosos; en la paranoia, un yo en peligro de fragmentación, y en la esquizofrenia, un yo que regresó hacia el autoerotismo.
Acabemos con las simplificaciones. La identidad no es ni una matriz ni un sello. Es un tejido de lazos que articulan narcisismo, identificaciones, pulsiones, conflictos, versión actual de la historia, defensas y proyectos.

Le dedica su último libro a las depresiones.
Si en Las Depresiones parto del descuido que ha habido en el psicoanálisis del estudio de las mismas. Los pacientes deprimidos presentan pérdida de energía e interés, sentimientos de culpa, dificultades de concentración, pérdida de apetito y pensamientos de muerte o suicidio. El humor deprimido y la pérdida de interés o satisfacción son los síntomas clave de las depresiones. En ellas se manifiesta una pérdida de energía que empeora el rendimiento escolar y laboral y disminuye la motivación para emprender proyectos. La inhibición es su trastorno fundamental. Otros signos y síntomas son los cambios en las funciones cognitivas, en el lenguaje y las funciones vegetativas (como el sueño, el apetito y la actividad sexual). Cambios que casi siempre afectan al funcionamiento social, laboral e interpersonal.
Cuando se acepta que las depresiones son un tema urgente, muchos psiquiatras consideran que el psicoanálisis no tiene nada que ver y muchos psicoanalistas que la psiquiatría no tiene nada que ver. Echemos un vistazo a nuestro alrededor. Psicoterapeutas que ni se informan sobre la medicación que toman sus pacientes. Psiquiatras biologicistas que descreen en la psicoterapia como complemento a los fármacos y hasta del diálogo con el paciente.
La industria farmacéutica suele abogar excluyentemente por la farmacoterapia, como si la química fuera la llave maestra. Las depresiones ilustran la relación estrecha entre la intersubjetividad, la historia infantil, la realidad, lo corporal y los valores y, desde ya, la bioquímica.

En las depresiones la pérdida del objeto trastorna demasiado. Se modifica la posición subjetiva. Hay un extrañamiento en la mirada del sujeto sobre sí mismo y sobre los otros. Si en el duelo el mundo se vuelve pobre y vacío, en las depresiones (en todos sus tipos y estados), pobre y vacío se ha tornado el yo. Siendo inevitables las muertes y ciertas pérdidas, los duelos son inevitables. El duelo alguna vez termina. El sujeto empieza a disponer del interés antes hipotecado en el objeto perdido. En las depresiones, en cambio, la hipoteca sigue. Por el compromiso narcisista, las pérdidas empobrecen al yo. Una elección objetal narcisista y la ambivalencia (esa ambivalencia que incrementa el sentimiento inconsciente de culpa) complican el duelo.
En las depresiones, el trabajo del duelo se traba y se vuelve a trabar. El depresivo es acosado por todos lados: por el objetal (pérdida de objeto), por el narcisista (condicionada por la función del objeto en la economía narcisista) y por la ambivalencia (defusión pulsional). Se trata de una batalla. Predominan los batallones de la pulsión de vida cuando el análisis (o la vida) consiguen ligar y contrarrestar lo mortífero.
A algunos colegas no les gusta la palabra “depresión”. Efectivamente, es una palabra que usa la gente y decir que alguien es depresivo es decir muy poco. Se trata de decir más. ¿En qué aspectos está “bajoneado”, “aplastado”? Y si es una depresión pasajera, ¿por qué vino y por qué se va? ¿Recurriremos otra vez a la infancia? ¿Historizar quiere decir retroceder? Hubo una época en que todo debía pasar por los primeros meses de vida, porque allí (era una suposición simplista más que errónea) había pasado. Y allí volvía a pasar confundiendo lo arcaico con lo eficaz.

¿Cómo repensar lo arcaico en psicoanálisis? Melanie Klein sostuvo que lo que se vincula al pasado más remoto es lo más determinante, mientras que Freud había dicho que un incendio no se domina detectando dónde empezó y apagando ese único foco. Las conjeturas kleinianas, inclinan la problemática del tiempo a un punto de vista desarrollista y con un carácter sumamente especulativo. 

La versión completa de esta entrevista en www.elsigma.com a partir de enero de 2007.
 
 
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