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   Los inanalizables

La aplicabilidad del psicoanálisis
  Por Martín. H Smud
   
 
Freud funda el psicoanálisis justamente en el pasaje de lo inanalizado a lo analizable. Más allá de todo lo que podamos decir, esta primera operación define al psicoanálisis. Sostiene “esta concepción tenía ya el mérito de penetrar en el funcionamiento de las fuerzas psíquicas y aproximar así los procesos anímicos de la histeria a los normales, en lugar de transferir la característica de la neurosis a una perturbación enigmática o inanalizable”1. Freud construye donde residía lo inanalizado el campo de lo analizable y constituye allí donde antes había una incongruencia, una negación, una segregación, el fundamento de lo que llamará el síntoma neurótico. Lo que antes era confundido con otra cosa no dándole importancia propia ahora se convierte en un “cuadro” muy de comienzos de siglo XX llamado “histeria”. La histeria separada por fin de un campo tan informe como era el campo de las parálisis orgánicas. No debía confundirse una parálisis orgánica con una dama que no caminaba tirada en su cuarto sufriendo de representaciones y reproches. No está de más decir que Freud jamás pensó a la histeria solamente en relación con la mujer, en 1914 analiza la sintomatología epiléptica del escritor ruso Fedor Dostoievsky (1821-1881) y sostiene que esos ataques epilépticos podrían agruparse como siendo un síntoma de un cuadro analizable dentro del grupo de las histerias, propone nombrarlo como histeroepilepsias2.
El campo del psicoanálisis sostenido por un deseo de escritura freudiano nace a partir de la apertura de un nuevo campo de saber. Se constituye un inmenso campo de enseñanza-aprendizaje, que introduce una nueva fisonomía a las ciencias que podemos llamar siguiendo a Foucault: ciencias del hombre.

Dice Lacan en el Seminario 12: “Se trata de un nueva categoría del saber. Es allí que yace lo que nos permitió distinguir radicalmente la función del síntoma, en su diferencia a un signo, dándole su estatuto como definiendo el campo analizable. Es que hay siempre en el síntoma la indicación que él es cuestión de saber”2.
Freud pone nombre a eso inanalizado, y al nombrarlo hacer circular un deseo, una herencia, un linaje, una cerradura y una polémica.
Sostiene que en ese pasaje de lo inanalizado a lo analizable se produce un resto que propone llamarlo: lo inanalizable. Lo sostiene también en el texto que habla de Dostoievsky. Afirma que tanto el criminal, las prácticas sadomasoquistas y el artista no son pasibles de ser analizados. Se constituye como resto de esta operación un nuevo campo llamado “lo inanalizable”. Estas “operaciones” conforman la práctica analítica, su valor estructural.
Vayamos ahora a lo que cambia, a lo que no se mantiene igual a sí mismo. Ante cada llegada de un paciente a un pedido de atención, lo inanalizado, lo analizable y lo inanalizable se vuelven actuales. Esta llegada constituye un primer tiempo en un tratamiento que Freud nombra como “admisión”.

La admisión tiene un lugar fundamental en la práctica del psicoanálisis actual. Se trata de la llegada de un paciente a la cura psicoanalítica. Allí es donde se ubica la cuestión de la aplicabilidad del psicoanálisis.
Freud no duda que en el tiempo de las primeras entrevistas se debe determinar la aplicabilidad de la cura psicoanalítica. “Ya en otro lugar hemos consignado toda una serie de indicciones relativas a la selección de los enfermos para el tratamiento analítico. No habré pues de repetirlas aquí y solo haré constar que en el intervalo han sido plenamente aceptadas por otros psicoanalistas. Pero sí añadiré que últimamente he tomado la costumbre de advertir a aquellos enfermos sobre los cuales pocos datos poseo que en principio sólo provisionalmente y por una o dos semanas puedo encargarme de ellos y de este modo cuando me veo obligado a interrumpir el análisis, por estar contraindicado, ahorro al enfermo la penosa impresión de una tentativa de curación fracasada pues considera el hecho como mero sondeo realizado para conocer el caso y decidir si le es o no aplicable el psicoanálisis”4.
La aceptación de un paciente se mide en los efectos que pueden ocurrir en la transferencia en tanto circunscripto el síntoma, la operación de pasaje entre lo inanalizado y lo analizable, y la conformación del campo de lo inanalizable, el resto de la operación.

La aplicabilidad depende del acto del analista. El analista piensa en las entrevistas preliminares como algo más que una actividad diagnóstica. Debe circunscribir si es aplicable o no el psicoanálisis a esa persona que consulta. Esa aplicabilidad es una operación no muy sencilla de explicar pues esa atribución no es ajena a la persona que “comanda” semejante desafío. El analista no puede quedar afuera de lo que evalúa en esas primeras visitas. Evalúa el sí mismo de la misma manera que saca conclusiones acerca de la estrategia de conducción del tratamiento de esa paciente como caso único e irrepetible.
De esa aplicabilidad surgen los “inanalizables”. Esa categoría de pacientes es una cuestión de actualidad y de polémica. Es un tema urgente de la clínica diaria. La “analizabilidad” cambia por múltiples factores, decir algo de ello es mucho más que pensar en estructuras psicopatológicas, si la psicosis o que tipo de psicosis pueden ser analizables, o si los funcionarios de turno pueden ser analizados bajo la ética del psicoanálisis. O si las perversiones, o las estructuras narcisistas, o los borderline. O los torturadores o los corruptos…

Pero hoy en día, para mí, los inanalizables son lo que no vienen a nuestra consulta. Muchas veces un paciente cuenta su historia y luego me mira preguntando si alguna vez había tenido un paciente como él, y si su caso sería analizable. Yo le digo: lo único no analizable es su ausencia. Lo único no-analizable es si no viene a tratamiento. Sé que lo que digo no es tanto una mentira como una exageración pero en cierto sentido “los inanalizables” son los que pasan de largo por la puerta del consultorio. Los llamados inanalizables según lo que venimos diciendo se confunde con la cuarta pata de estas operaciones que es: lo no analizado



Este cuadro que plantea Greimás ubica lo que ocurre en las ciencias humanas: la doble negatividad, en un doble eje que no tiene relación sino en su planteamiento topológico. El psicoanálisis esté estructurado como un lenguaje. El lenguaje nos bautiza con esa diferencia que constituye la castración: el lenguaje al separarse entre lo indecible y lo no decible separa dos campos de negatividad. El campo de lo imposible y el campo de lo no dicho. Esto da siempre esa sensación de imprecisión a las ciencias del hombre, este carácter de falta de representación, de escamoteo, de pensamiento intuitivo que nos endil-gan. Se trata de la praxis. Ahí es donde se arma el grupo de “los inanalizables”. Si bien, para mí, no es conveniente nombrarlos de esta manera, los inanalizables son los que no vienen a tratamiento, los que no pueden sostener una pregunta ante el otro y tener ganas de venir a contárnosla. Son lo que debería llamarse los “no analizados”. 

_________________
1. Freud, Sigmund: Mis opiniones acerca del rol de la sexualidad en la etiología de la neurosis, en Obras completas de Sigmund Freud, traducida por Lopez Ballesteros. 1905 (1906)
2. Freud Sigmund: Dostoievsky y el parricidio. Edit.Amorrortu. Traducido por Etcheverry. Ordenamiento Strachey. Volumen 21. 1927 (1928).
3. Lacan, Jacques: Seminario 12. Problemas cruciales para el psicoanálisis. Inédito. Clase 14. 5 de mayo de 1965
4. Freud, Sigmund: Textos sobre técnica analítica. Consejos al médico sobre el tratamiento analítico. En Obras completas. Lopez Ballesteros.1912.
 
 
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