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   Comentario de libros

Psicoanalista de niños
  La verdadera historia
   
  Por Silvia Fendrik
   
 

Con ocasión de la presentación de Psicoanalistas de niños, La verdadera historia de Silvia Fendrik (Letra Viva Editorial), cinco prestigiosos psicoanalistas reflexionan acerca de los tres primeros volúmenes ya publicados. La obra que abarcará seis volúmenes recorre desde sus inicios hasta la actualidad la historia del psicoanálisis con niños.

Federico Aberastury: El libro de Silvia Fendrik tiene 128 páginas que no tienen desperdicio, desde la introducción a la contratapa, pasando por el novedoso recurso a las historietas plasmadas con maestría por Juan Pablo Presta, y por último la entrevista a Mauricio Knobel. En la época en que Arminda Aberastury fue una pionera, y la APA era la vanguardia para el resto de Sudamérica, había un shibbolet, Arminda Aberastury = psicodiagnóstico, historia evolutiva, hora de juego, devolución. En las supervisiones nos hacía leer los materiales y si uno se salteaba algo de esa rigurosa anamnesis, si daba algún traspié hacía seguir al otro y uno tenía que guardarse los papeles. Su enseñanza, es cierto, tenía un carácter riguroso.
Telma Reca no era una psiquiatra organicista o una pionera de las terapias sistémicas o conductistas como pasó a creerse, era una psicoanalista freudiana y una lectora pluralista que se nutría de múltiples fuentes. Lo que rechazaba Telma Reca era el psicoanálisis de capilla, con feligreses y heréticos. Silvia muestra que su planteo era muy próximo al de Lacan en los ’50 cuando criticaba a los posfreudianos.

En la época en la que Arminda fue pionera la APA tuvo una gran influencia sobre ella, en materia de fidelidad, de incondicionalidad. Por eso fue más conservadora en lo que decía y exigía que lo en que hacía., como surge de la entrevista con Mauricio Knobel. Es cierta la influencia de Pichon Rivière en la vida de Arminda, y coincidentemente con su divorcio, ella comenzó por primera vez a hablar de “su técnica”. Me entusiasmó mucho este descubrimiento, ¡justamente cuando se divorcia empieza a tomar en cuenta lo que le decía Pichon, que no fuera tan seguidora de Melanie Klein! Cuando habla del suicidio de Arminda, Silvia presenta sus poesías, tan ricas, que revelan la complejidad de un ser excepcional. Los dibujos de Juan Pablo Presta también son excepcionales. Y la precisión bibliográfica de estos libros, con un enorme respeto por las fuentes, también me parece excepcional.

Jorge Fukelman: Quiero agradecerle a Silvia su trabajo, que pone sobre el tapete el pensamiento de autores injustamente relegados como Telma Reca y Anna Freud. Estos libros trabajan estos autores desde una perspectiva fruto de la enseñanza de Lacan. Se me ocurrieron tres cosas:
1)Se trata de autores que han escrito en una época en la que se creía que las palabras expresaban los pensamientos. Muchos de nosotros tuvimos la suerte de encontrarnos con otros autores que nos han enseñando a pensar un poco distinto. Rodrigué, hace años, escribió un trabajo donde mostraba cómo la materialidad del instrumento producía algo. Si un chico quiere pegar algo pasa un tiempo que depende de la materia, del pegamento, es una primera aproximación a lo que es la materialidad de la letra. ¿Por qué comento esto? Porque justamente lo que me parece importante es cómo distintos autores en distintos momentos logran zafar de las anteojeras del pensamiento expresado en la palabra, y trabajan sobre lo que está sucediendo ahora en la sesión, con el juego, con la palabra, con el dibujo.

2) Este asunto de los niños y el psicoanálisis. Yo creo que a esta altura ya no podemos no pensar que si se trata de psicoanálisis se trata de sujeto. Los niños son sujetos que tienen ciertas características, Lacan lo dice precioso: como el amor es dar lo que no se tiene, los niños le dan a los padres vía el amor, la posibilidad de tener hijos. Eso nos permite preguntarnos qué hacemos los psicoanalistas cuando nos encontramos con estos sujetos a los que denominamos niños.
3) La interpretación. En la hermosísima recopilación que hizo Silvia leemos cómo las interpretaciones son explicaciones: “Vos hacés esto porque lo que te pasa es esto o lo otro”. ¿Cómo? ¿La interpretación no tiene algo de sorpresa? ¿Una interpretación puede no ser una explicación desde un saber? Nos invita a pensar cómo se interviene desde dentro del juego. Estos puntos me parecen básicos en lo que hoy podemos leer de Telma Reca, de Anna Freud, de Melanie Klein...Para terminar una pequeña anécdota: Joven “psi” le dice a su analista, “he escuchado hablar de Arminda Aberastury, ¿vale la pena leerla? ¿Está en la EOL?

Gilou García Reinoso: Estos libros son muy originales, en el sentido de la puesta en serie de todos estos autores como “psicoanalistas de niños” y no psicoanálisis de niños. ¿Qué tipo de trabajo realiza Silvia, un trabajo de historiador o de psicoanalista? Georges Duby hace una descripción del trabajo del historiador diciendo que recorta un campo, busca indicios, profundiza, establece relaciones y sueña. Sueña. Introduce el imaginario. Entre los lacanianos hubo una época de anatema de lo imaginario. Por suerte va y viene. El modo en que Silvia introduce lo imaginario enriquece mucho, con el aporte de los dibujos, y me hizo pensar que Silvia hace un trabajo de analista, de historiador, y además juega, crea un campo de juego, sueña. A pesar de la rigurosidad que tiene para citar las fuentes, hace un juego con la historia muy interesante, que deja despegarse de los lugares fijos donde estaban colocados cada uno de los autores, para interrelacionar épocas, pensamientos, relaciones políticas, relaciones personales, que no es poca cosa. Son los orígenes de todos nosotros.

Yo he sido la primer analizada didacta de la Negra Aberastury, y para mí fue un análisis verdaderamente freudiano, en la época en que ella era pionera, todavía no tenía amos. Los pioneros tienen mucha más libertad, no tienen que rendir cuentas a los discursos amos de las instituciones, o a ellos mismos como amos. Arminda después tuvo más rigidez que rigurosidad, pero también tenía sus dudas trágicas que la llevaron dónde la llevaron. La Negra fue mi analista didacta y Pichon fue mi primer supervisor, los dos estaban muy habitados por la cultura, por eso sus intervenciones, sus gestos, tenían una gran riqueza no cercenada por la teoría o la técnica. Entre los analistas es muy frecuente que la cultura sea lo que todos leen al mismo tiempo, por ejemplo cuando todo el mundo lee lo que Lacan leía. Lo mismo sucedió con la furia kleiniana, que fue mucho más allá de la Negra y de Melanie Klein, cuando entre los kleinianos teníamos inspectores, cosa que se repitió mucho con el lacanismo. El efecto de institución es un efecto de reproducción, la gente necesita repetir. Lo que Silvia introduce es algo fuera de la repetición, en todo caso, re-petición, vuelve a pedir que no se repita tanto, al hacernos pensar en los precursores. Yo iba a hablar del primer libro, pero me pasó lo mismo que a Federico Aberastury con Telma Reca. Telma Reca es muy importante, trajo críticas al psicoanálisis dogmático, institucionalizado, que la verdad me sorprendieron muy agradablemente. Me parece interesante cómo Silvia juega con las grandes palabras, el Gran Otro es una gran palabra. Pero ella dice el grande Otro, cuando describe la posición de Anna Freud, que, igual que los padres, “sabe”. Silvia se divierte, a mí me divierte, y espero que ustedes también se diviertan cuando la lean.

Alfredo Jerusalinsky: No quiero sumarme a la enumeración de las virtudes de los libros que Silvia ha escrito. Por supuesto que me sumo. Pero me parece interesante destacar una ausencia. Esa ausencia es Freud: la verdadera historia del psicoanálisis de niños no comienza con Freud. Silvia dice –no sé si sabe que lo dice- que no-todo comenzó con Freud, y es muy interesante y requiere no poco coraje. Porque es clásico comenzar con el pequeño Hans, y Silvia no se privó de hacerlo en Ficción de los orígenes. Pero qué bien que cuando se trata de ficción Freud esté ahí, y qué bien que cuando se trata de historia Freud no esté ahí. Para el psicoanálisis de niños, Juanito ocupa un lugar mítico de fundación, pero se requirió otra posición de analista para que hubiera psicoanalistas de niños. Estoy de acuerdo con Gilou en que el psicoanálisis no engendra especialidades porque éstas deforman el psicoanálisis. Lo que dijo Fukelman me recordó el trabajo de Humboldt de 1802 sobre la materialidad de la lengua. No es lo mismo que se hable, que con lo que se habla. Hablar con una cierta materialidad de las letras, es diferente que hablar con otra materialidad. Lo que nos permite reconciliar a estos autores en continuidad unos con otros, es la lectura de un texto cuya materialidad es diversa, porque es diferente la relación que con la materialidad del significante tiene un niño. Silvia ha sido capaz de identificar la forma en que el significante ha sido tomado por cada uno de estos autores, alimentándose los unos de los otros.

Silvia Fendrik: Yo por mi parte quiero decir algo respecto al título, que hemos discutido con Leandro Salgado. El decía, con conocimiento y buen criterio de editor, que por qué psicoanalistas “de” niños y no “con” niños, que muchos lacanianos iban a pensar que yo no era más lacaniana. Pero decidí que valía la pena sostener el “de” para subrayar la obra de los pioneros. Por mi parte me parece que estoy más lacaniana que nunca. Lacan reconoció en Dick la genialidad de Melanie, como no lo hizo ningún kleiniano ni ningún winnicottiano. Y creo que si hubiera leído “La niña del demonio” tal vez no habría hablado tan mal de Anna Freud. En ese sentido, intenté hacer lo que Lacan hacía en lugar de imitarlo, y pude entender sus razones cuando en la Escuela Freudiana de París – a pesar de las protestas de Maud Mannoni- no departamentalizó el psicoanálisis de niños, poniéndoles a los analistas que se ocupaban de niños un departamentito con cocina y baño propios. Sólo Lacan podía lograr que filósofos como Jean Hipollyte estuvieran presentes cuando invitó a Rosine Lefort a exponer el caso de “El lobo, el lobo” y tuvieran que oír cómo y cuándo el niño tomaba la mamadera o se hacía caca encima. Lacan fue el único analista que logró no hacer diferencias en el sentido de la discriminación de los analistas que por, con, o desde su deseo escuchan al sujeto en el niño.

 
 
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