Inicio   |   Login   |   Registrarse   |   Quienes Somos   |   Contacto   |   STAFF     
BOTONERA EN IMAGEN
 
 
 
Facebook Twitter
   Clínica de las discapacidades

El silencio de la Bestia: clínica de un cuerpo infome
  Por Elena Jabif
   
 

Si la palabra se ve impedida, entonces el Diablo mete la cola: en la repetición o el furor, se desencadena Tánatos.
Dominique Poissonnier

La palabra que atraviesa la carne, introduce la alteridad con el cuerpo del semejante, pone borde a lo inmundo de lo real pulsional, escribe en el cuerpo la ley simbólica de interdicción del incesto, y permite finalmente que la Bestia de los cuentos encuentre su forma humana.
Esta prohibición es eminentemente frágil porque la ley simbólica, en tanto función fallida paterna, abre el juego a la intrusión mortífera de lo real.
En ausencia de lo interdicto si hay contacto entre el sujeto y lo real, se produce una operación compleja llamada forclusión de lo simbólico, en el acto creador del cuerpo humanizado, este fracaso refuerza la virulencia de la pulsión de muerte, quien al no estar limitada por dicha ley, desconoce el limite humano del cuerpo.
El sujeto queda invaginado por lo informe, quedando en tinieblas zonas del registro imaginario que muestra su confusión de límites en la estructura nodal, al producirse la inmixtion de lo informe en la forma humana.

Esta confusión amenazante para el sujeto recuerda que hay una esencial deficiencia de la diferencia instaurada por la ley simbólica, por este sesgo apocalíptico el sujeto no puede conquistar lo que hay en él, de humano.
La metamorfosis es temible porque muestra la inercia de la pulsión de muerte hacia lo inanimado, y por lo tanto lo inhumano como zona que no ha recibido el baño pacificante del Significante del Nombre del Padre, lo monstruoso permanece como lugar de silencio, en abierta confrontación con el cuerpo como acto creador de la palabra.

No puede haber contacto entre el sujeto y lo real, cuando el sujeto accede a lo real sin mediación significante, percibe la forclusión en el cuerpo como invasión silenciosa del caos pulsional, una continuidad caótica que al modo proliferante del cáncer no respeta territorio del vecino, empuje desintrincado pulsional entre pulsión de vida y pulsión de muerte.
Lacan define lo humano como lo real que padece del significante, es decir que en su carne el hombre porta el milagro de la marca, podemos preguntarnos si la experiencia de la cura analítica por vía transferencial, puede revertir lo que ha sido forcluido de la trama simbólica del cuerpo.
Desde la cuna, no ha recibido en suerte un cuerpo formado para un amoroso espejo, un cuerpo terminado a medias por el bien decir de la palabra, privado –en palabras de Shakspeare– “del pavoneo como ninfa de libertina desenvoltura.”

La historia de una desdicha comienza a poco de nacer, con una operación en la cual en esa época retro, la medicina no tenía recursos. Ella llora, pensando la soledad de ese bebé que cuando nació movía las piernas, y que a partir de ese corte maldito, no las mueve más. Las lágrimas no impiden descubrir un bello rostro, en contraste con su cuerpo tullido. En el comienzo la analizante decía: “Estoy encerrada en un cuerpo malhecho, y no sé cómo zafar de él, me quiero morir, y pienso que, hasta para eso, necesito ayuda. Estoy a punto de cumplir 34 años; la vida se me va, me parece ayer, cuando veía en las fiestas de 15 años a las otras chicas que bailaban, y yo siempre sentada. Pasaron muchos años y sigo en la misma posición, mirando como otra mujeres bailan, se casan, tiene hijos, y yo, nada; vivo entre infecciones urinarias, trastornos intestinales y escaras”.

Scarlet se cría como una hija más, durante mucho tiempo no advierte diferencia con sus hermanos, un pacto familiar era guardado como un secreto intacto: ningún otro de exogamia sabía que ella usaba pañales, desde pequeña la madre era la guardiana de ese paño; horas dedicadas a la limpieza de sus genitales habían instituido un ritual de una intensa fijeza de goce.
A partir de la adolescencia se agrega el uso de una sonda que permite mantenerla un poco mas “seca”. La madre sabía cómo “ponerla”. Scarlet abierta de piernas, ante la madre, sin el menor pudor, la miraba realizar las maniobras necesarias, ya que la falta de sensibilidad vaginal era absoluta. Desde ese “saber hacer” la madre siempre en pie emergía sobre un lugar invalidado para las necesidades, pero fundamentalmente para la subjetividad.
Los trastornos intestinales se manifestaban en prolongadas constipaciones que Scarlet define como “un cuerpo que se llenaba y al cual era imposible vaciar”, otra vez era la madre quien sabía maniobrar con enemas en el cuerpo anestesiado de su hija, logrando lo que la muchacha llamaba “el parto”.
En ese tiempo del análisis ella se pregunta ¿Cuál sería el destino de sus padres, si ella faltaba, y el de ella si ellos morían? Deduciendo que: al final no iba a sobrevivir con un cuerpo al cual definía como: “Durmiendo con el enemigo”. La voz superyoica le decía que su cuerpo era un extraño, la tomaba por sorpresa, la atacaba, la injuriaba, también la congelaba en la mirada compasiva y medusante de los otros.

En ese tiempo del análisis le pregunto “¿Cuándo va a dejar de pelearse con su cuerpo?” Esto le despunta una pregunta, acerca de ¿Qué podía hacer con él, que no fuera pelearse o padecerlo?
Comienzan las estrategias, que ella entreteje en su análisis, subrayo la vital experiencia con el agua, adquiere en muy poco tiempo, la aptitud de nadar; mueve con asombrosa facilidad sus piernas, movimientos no sólo sostenido desde la transferencia, sino por el cuerpo desnudo de un hombre “que la soporta en sus brazos enseñándole cómo, ella, desde un borde podía soltarse de él, sin hundirse”.
Un día, con un tono de voz matizado por el pudor, me relata que su profe, la había sentado sobre sus rodillas cuando le pregunto acerca de su rubor, me contesta: “es que sentí, eso, ahí, por primera vez en mi vida”.
Un cosquilleo había recorrido sus piernas, despertando en ella, una intensa curiosidad, acerca de cómo sería ser penetrada por un hombre. La sensibilidad de superficie que adquiere a partir de este tiempo del análisis, desencadena crisis de angustia que convierte en interdictos por obscenos los rituales higiénicos compartidos con la madre.

La experiencia en el agua, y este hombre, con el cuerpo desnudo, sosteniéndola desde atrás, ella en sus brazos, advierte nuevamente la presión de su miembro, esto le permite descubrir que la sensibilidad se había extendido hasta los glúteos. Este descubrimiento la lleva a interrogarse acerca de la diferencia entre un hombre y una mujer. La sensibilidad de su cuerpo, de la cintura para abajo se incrementaba, comienza a quejarse de que si se mojaba, su pollera quedaba manchada, y se pregunta si ahora estará en condiciones de sostener sus manchas sola. A la pollera sucia la asocia con la menstruación por no tener bebés y en la presencia de la madre, cuyos lavajes le limpiaban los rastros de toda mancha.
Ella se pregunta “¿Cuánto cuestan las marcas en el cuerpo?”, se responde demasiado dolor.
Una visita al ginecólogo, motivada por la introducción excesiva de un tampón, exceso promovido por una fantasía de desfloración. El medico le introduce un instrumento que la hace gritar “por lo que pincha”.
La madre, comenta escandalizada, “esto es imposible por ella, por su enfermedad, no puede tener sensibilidad alguna”. Dice Scarlet que, ante este comentario, el dolor vaginal le resultaba vital, cuanto su madre más lo negaba, ella más gritaba, para que su madre escuchara su verdad. La sensibilidad y el movimiento que había adquirido en su cuerpo, le había permitido superar el problema de las escaras. Su sensibilidad era su mejor defensa.

En ese tiempo sueña:
“La psicóloga del instituto, había muerto, yo pensaba en los pacientes y decía: ya no está, se murió, van a venir los nenes y ella se murió. ¡Qué tristeza, tantos proyectos que ella tenía! ¿Y los tratamientos con los chicos?– concluye diciéndose en el sueño–. Que ella, se tenía que morir”.
Asocia que la psicóloga del sueño pertenece al instituto, muy limitada, por haber tenido polio de chiquita. Usa un corset en el cuello, me aclara que es mucho más discapacitada que ella.
Le pregunto cuál es el nombre de la que se murió.
Responde: Elena. Una Elena también en silla de ruedas y con más dificultades que ella, pero a pesar de sus obstáculos, en el instituto sus pacientes la buscan.
Le digo: La invalidez de Elena se murió.
Con sorpresa me dice: ¡¿Qué me está diciendo?! Acaso cuando me mojo, el análisis se invalida y cuando estoy seca camina. Asocia que en ese lugar, se da cuenta de que las chicas le preguntan a ella, sobre cuestiones femeninas. Le decían “Vos tenes de todo, pinturas de todos los colores, y hasta manteca de cacao”. Se dice que es lógico, que al aire libre, es así, los labios se secan. Repite, “al aire libre, me seco”. En este momento corto la sesión. En la sesión siguiente, Scarlet comienza nuestro encuentro con una queja por el corte, me dice que por primera vez siente el corte.
Diez años después, recupero como acontecimiento la pérdida de su virginidad, ha florecido tardíamente, alguna vez fue la escena del baile, cuarenta años sostenidos en los brazos de su hombre bailando, por primera vez.
Tiempo después la pérdida de su virginidad, se realiza en el agua, como condición fantasmática que la causa, se consuma con su profesor de natación, el ghost agrega el condimento de ser casado con una mujer de armónica belleza.

El agua tiene la textura necesaria para envolver el movimiento de su cuerpo, sin embargo en su primera experiencia tiene una insólita sangría, que toma el color de la orfandad materna. Sangra a borbotones, piensa “estoy muriendo”. Asocia: la muerte de su abuela María por una hemorragia vaginal, a los 13 años de su madre. No hay tiempo de duelo para la mayor de cinco hermanos. Expulsada del juego de las lágrimas promete al padre cuidar de toda la prole.
Con los años el amor con un hombre no la alcanza, el destino duplica (con la discapacidad de su niña) un renovado voto de sacrificio. El muro de ternura construido con su hija, finalmente conjura la pena de su orfandad.

La iniciación acompaña un tiempo novelado de su transferencia, en cada sesión la intimidad se tensa al máximo, con tono intenso susurra, encuentros apasionados en el agua con un plus de suspenso, entiendo que en cada relato la tejedora de sueños novela por primera vez junto a la otra el enigma de su feminidad.
Como protagonista de una película de gran romanticismo que extravía a una mujer, Lo que el viento se llevó, se sueña mujer. Scarlet vestida de color púrpura encarna el señuelo de un ardiente cuadrilátero.
La sexualidad jugada en el mar (alusión al nombre propio), incrementaba su sensibilidad. Los pedacitos de erogeneidad ganados al desierto de lo real, se ofrecían como lienzo para dibujar sus curiosas preguntas sobre el despertar sexual.
Sin embargo la sensibilidad profunda se imponía como zona de tinieblas. La espinosa cuestión de su lesión medular, recuperaba la memoria de una empecinada aspirante al goce sexual.

Un profundo suceso de la vida amorosa de su analista, conmociona el borde real de la transferencia, ávida lectora del dolor del otro, me extiende sus brazos diciéndome: “Elena, se murió tu mamá” llora sobre mi piel, infinitas penas de milenarios duelos.
Conmovida le transmito “… Es el tiempo de separarse del cuerpo de una madre.”
Sueña: Hay una cueva que está vacía, escucho lejano el aullido de un lobo, tiempo en donde la voz ex-siste, desnudando el trasfondo de ausencia que porta, el grito testimonia un gemido de dolor desde las entrañas del sujeto.
El viento en el viaje transitado, tuvo su momento tormentoso, también al modo de la brisa, acaricio a esta analizante mujer. Con el sentimiento de que advierte diferencias, cuando su hombre la penetra, en simultánea tramita un punto de imposible maternidad, sin embargo testea como cualquier Eva, un posible embarazo. Recuerdo las palabras del maestro, ... El porvenir es una ilusión.
Esta indomable esperanzada, me enseñó la fragilidad de la neurosis de destino.
 
 
© Copyright ImagoAgenda.com / LetraViva

 



   Otros artículos de este autor
 
» Imago Agenda Nº 177 | diciembre 2013 | “Muchacha de Ipanema”: un testimonio de pase 
» Imago Agenda Nº 145 | noviembre 2010 | La cicatriz: clínica de un cuerpo desierto 
» Imago Agenda Nº 141 | julio 2010 | Dinero: amor, goce y castigo ante la pregunta ¿Qué es ser un padre? 
» Imago Agenda Nº 124 | octubre 2008 | Estrago materno 
» Imago Agenda Nº 118 | abril 2008 | La langue: la madre de Babel 
» Imago Agenda Nº 97 | marzo 2006 | Amor al padre y fines de análisis 
» Imago Agenda Nº 92 | agosto 2005 | Clínica de un duelo sin nombre 
» Imago Agenda Nº 90 | junio 2005 | Mujer Alfa 
» Imago Agenda Nº 84 | octubre 2004 | El escrito y la locura de amor, en Joyce 

 

 
» AEAPG
Agenda de Seminarios a Distancia 2019  Comienzan en Agosto
 
» Centro Dos
Conferencias de los martes  martes 20:30 - entrada libre y gratuita
 
» Fundación Tiempo
Posgrados en Psicoanálisis con práctica analítica  Inicios mensuales. Duración: 12 meses.
 
» La Tercera
Seminarios y actividades 2019  Sábados, 10:30 - 14:00 hs. salvo donde se indica
 
» AEAPG
Curso Superior en Psicoanálisis con Niños y Adolescentes  Inscripción 2019
 
» Centro Dos
Seminarios Clínicos  Segundo cuatrimestre
 
» Centro Dos
Talleres Clínicos  Segundo cuatrimestre
 
» Centro Dos
Seminario 8 de Jacques Lacan  Segundo cuatrimestre
 
Letra Viva Libros  |  Av. Coronel Díaz 1837  |  Ciudad de Buenos Aires, Argentina  |  Tel. 54 11 4825-9034
Ecuador 618  |  Tel. 54 11 4963-1985   info@imagoagenda.com