Inicio   |   Login   |   Registrarse   |   Quienes Somos   |   Contacto   |   STAFF     
BOTONERA EN IMAGEN
 
 
 
Facebook Twitter
   Aniversario Freudiano

Freud: de la escritura de la práctica o del acto a la escritura
  Por Claudio Glasman
   
 
Cómo escribir unas líneas de homenaje a Freud que no se sean otro modo de rechazar, es decir “olvidar” (Foucault), “sacrificar” (Derrida), “aplacar” (Lacan) el escándalo subversivo del descubrimiento. (“El inconsciente, la cosa aún no está comprendida”). Cómo no hacer un elogio que no vuelva a poner a Freud en Viena, allá lejos, en la casa-museo del Psicoanálisis. Cómo no agregar palabras de veneración momificante que no sean palabras preliminares, meros pre-textos del antiguo testamento freudiano. Digamos que en nuestra “comunidad” internacional psicoanalítica, es casi de buen gusto la no menos buena costumbre de comenzar un seminario o un libro con una ligera introducción por los lugares clásicos, la cita freudiana es un lugar común, para después pasar de esa prehistoria, clásica, romántica, mítica, pre-lógico-científica, la selva negra de aquellos ensayos de los orígenes al después, el hoy de este saber serio, de claridad formalizada, lógico o topológico de “nosotros” autorizados por el último Lacan. A veces no solo es cuestión de enunciados, también aquí cuentan el tono y la enunciación. “Hay gente que cree que por poner cara seria dice cosas lógicas”.

Mi caso es el de un psicoanalista que se ha formado en una generación que descubrió la lectura de Freud por ese acto de reapertura del discurso del psicoanálisis que realizó Lacan en Francia con su “sentido del retorno a Freud en psicoanálisis” (aquí intercalo una pequeña digresión: ¿habrá notado el lector el detalle –“el psicoanálisis se funda en el análisis de detalles”– de que el escrito “La cosa Freudiana...” como otros de Lacan tienen un título doble, “...o sentido del retorno a Freud en Psicoanálisis”, “La instancia de la letra o la razón después de Freud, “La subversión del sujeto y la dialéctica del deseo en el inconsciente Freudiano”, “Del Trieb de Freud y del deseo del psicoanalista” y que esa segunda parte, donde están Freud y el descubrimiento freudiano, suele ser omitida y olvidada?). Incluso, que añade de modo problemático la relación entre el concepto de pulsión (Freud) con lo que es ineliminable de nuestra práctica, el deseo del analista (Lacan) para que ésta no esté sostenida o garantizada por un ideal de dominio de saber-delirio- pseudo-científico, en un momento en que el psicoanálisis sufre el acoso de una época dominada por el empuje del y al discurso de la ciencia. Retorno por otros medios de la neuro-ciencia, aquella ciencia neurológica que Freud abandonó para dar lugar por vía del poder de la palabra al descubrimiento del inconsciente. Recuerdo aquí una carta de Freud donde explicita la fuerza performativa, de intervención política de sus textos, diciéndole a su discípulo y diciéndonos, lo cual lo vuelve absolutamente contemporáneo, que la publicación de “Pueden los legos ejercer el psicoanálisis”, inicialmente traducido, y desde esta perspectiva no estaba nada mal, “Psicoanálisis profano” y de “El porvenir de una ilusión” estaba destinada al deseo, esa es parte decisiva de la responsabilidad de nuestra herencia, de que el psicoanálisis no quede en manos ni de curas ni de médicos. Decimos esto en un momento en que hay un fuerte retorno de la medicalización del psicoanálisis por vía de la “clínica”, la “psicopatología” y de sus prescripciones técnicamente adecuadas... a las corporaciones de la salud.

También el que se enriqueció con las consecuencias de la enseñanza que Oscar Masotta reinventó entre nosotros con sus grupos de estudio de Freud, leídos ya a la luz de los comentarios de Lacan. No tengo dudas de que esas lecturas, el descubrimiento de la letra Freudiana, fueron posibilitadas por esa política en el interior del psicoanálisis.
Pero los tiempos están desquiciados, decía el príncipe Hamlet. El momento es otro. Lo que fue acto de apertura ahora es tiempo de cierre. Vivimos una época donde el conformismo ambiente limita con el terror de decir algo no autorizado, no con-sabido o con-sagrado. De allí lo que se impone como terrorismo intelectual, o barbarie erudita, destinada a cerrar filas y silenciar cualquier voz interrogativa que tomando la palabra suene diferente a lo que se debe leer y a cómo leerlo. La formación debería operar una transformación ética, el surgimiento de un nuevo deseo, análisis del analista, que resista al conformismo.
De hecho entiendo que en el Nombre de Lacan, y lo digo desplazándome decididamente en un lugar incierto dentro de sus lectores-psicoanalistas, se intenta de diverso modo, establecer cortes entre el texto de Freud y su enseñanza. En vez de ubicar nuestra relación a los textos en términos de lectura, interpretación o herencia, en términos de enseñanza y transmisión se aplican al psicoanálisis categorías de epistemologías y de tiempo ajenas al psicoanálisis. Cambio de paradigmas que contienen ideales de progreso y superación. Pero en psicoanálisis el tiempo está marcado por una extraña lógica en la cual lo “superado” suele volver de un modo inquietante en lo que se creía nueva etapa de razón superadora. El texto freudiano se infiltra, no hay síntesis, en las lecturas de Lacan. Ya a esta altura no sería forzado hablar de los “Espectros de Freud”. Todavía esos textos tienen algo para decirnos.

Suelen incluirse en un acto de homenaje rasgos notables biográficos e históricos, que elevan a un autor a genio y figura y de este modo, su obra queda así, por su nombre sacralizado, unificada y sin fisuras. Es un modo de sostener a un Uno y de sostenernos en él. Digamos que de su vida lo que más me ha interesado, son sus cartas (desde su “autoanálisis” con Fliess a su carta abierta a Romain Rolland), sus sueños, sus lapsus, y su “Presentación autobiográfica”. Y esto no por una ardiente curiosidad sobre las intimidades de su persona, sino, para decirlo en los términos de Badiou porque, esos textos, su escritura son la fundación de un discurso, de una práctica y lo incluyen de este modo como un representante de la “antifilosofía”, si entendemos por ésta un discurso en donde “la posición subjetiva forme parte del argumento en el discurso”; o dicho de otro modo y siempre siguiendo las palabras de Badiou “la posición enunciativa forma parte del protocolo de su argumento. Ningún discurso (y el psicoanálisis no es ni religión, ni literatura ni ciencia, es discurso que tiene por referencia problemática estas tres prácticas y al deseo de Freud como un cuarto anudamiento) puede aspirar a la verdad si no contiene una respuesta a la pregunta: ¿quién habla?” Sus escritos son también la escritura de una experiencia, ensayos.
Freud fundó una práctica. La perspectiva del psicoanálisis no es teórica. Ésta es tanto su posición (la teoría no hay que hacerla, viene como huésped de improviso cuando uno está embarcado en el análisis de detalles) como la de Lacan, para quien la perspectiva teórica es teológica. Una práctica que no sea un trabajo de practicón suponía en cada caso interrogar de dónde provenía la fuente de la autoridad, del poder. Eso ponía necesariamente en cuestión, fundándolo, el lugar del analista y convierte esos ensayos, de una obra estructuralmente inacaba, en la pregunta ¿Qué hacer? del analista.

La escritura de una práctica dio origen a una práctica de la escritura. Una escritura “dominada por su asunto”, un estilo, manchado por su objeto. La cosa le dictó un estilo. Una particular relación con la lengua alemana, con lo extraño, lo extranjero, lo impropio en la propia lengua, lo que escinde al sujeto haciéndolo al mismo tiempo uno y otro. Nuestro sujeto está exiliado de sí no sólo del Otro. En sus interpretaciones, en sus textos más metapsicológicos, suelen aparecer huellas, rastros de un cierto tratamiento de la lengua alemana. Ejemplo: En Psicología de las masas... toda esa extensa y documentada argumentación se condensa en el chispazo de un juego de palabras reducido a la mínima diferencia de una letra: “Osemos por eso corregir el enunciado de Trotter según el cual el ser humano es un animal gregario (Herdentier), diciendo más bien un animal de horda (Hordentier), el miembro de una horda dirigida por un jefe.” ¿Hemos dejado de serlo? Cambiemos “horda” por “institución”, “asociación”, “revista”, etc. y veremos que esa definición nos toca. El que pertenece al grupo de tal nombre es (psicoanalista) y el que no está o ya no está, simplemente no es. El nombre del Jefe otorga garantías de ser. Identidad, segregación.

Esta escritura funda un campo inédito. Crea los lugares que harán posible un nuevo decir: el habla analítica. A modo de ejemplo y para terminar quisiera citar un fragmento de una carta a Fliess donde es notable cómo en un mismo acto de escritura Freud se distancia de su “primer representante del otro” y se separa de sí, se divide en el acto de escribir. Muestra tan decisiva como alusivamente un deseo. Se expone. Arriesga la pérdida del único lector a la espera de lectores de nuevo tipo –psicoanalistas–: “A las cuestiones del sueño como tales las considero inatacables; lo que en ellas más me disgusta es el estilo que fue enteramente incapaz de encontrar la expresión noble, sencilla y cayó en lo ingenioso: la búsqueda de imágenes, las digresiones. Lo sé pero la parte en mí que lo sabe y sabe apreciar, desdichadamente no es la que produce. Que el soñante sea demasiado ingenioso sin duda es cierto pero no me concierne ni envuelve un reproche. Todos los soñantes son de igual modo, incurablemente chistosos. Y lo son por necesidad porque se encuentran en el aprieto de tener cerrado el camino recto. El aparente ingenio de todos los procesos inconscientes se entrama de manera íntima con la teoría del chiste y de lo cómico.”

Oscar Masotta escribía que una de las cosas que no se le perdonaban a Freud era haber afirmado que el síntoma tenía la estructura de un chiste. ¿Nos habremos convertido los psicoanalistas hoy en gente normalizadamente seria, personas rectas que creen que la gravedad debe excluir la agudeza?
 
 
© Copyright ImagoAgenda.com / LetraViva

 



   Otros artículos de este autor
 
» Imago Agenda Nº 157 | febrero 2012 | Freud después de Lacan: ¿Análisis terminable e interminable? 
» Imago Agenda Nº 145 | noviembre 2010 | La regla fundamental.   Un comentario fragmentario del acto analítico
» Imago Agenda Nº 134 | octubre 2009 | La angustia Freudiana y la nuestra:   algunas observaciones sobre lo que “Inhibición, síntoma y angustia” nos enseña
» Imago Agenda Nº 127 | marzo 2009 | Psicoanálisis, profecías y destinos: esbozos del sujeto en la creencia y la fe 
» Imago Agenda Nº 124 | octubre 2008 | Algunas notas sobre técnica analítica y ética trágica 
» Imago Agenda Nº 115 | noviembre 2007 | Las reglas del juego  Primera parte: La regla fundamental
» Imago Agenda Nº 106 | diciembre 2006 | Algunas observaciones sobre psicoanálisis y tragedia 
» Imago Agenda Nº 85 | noviembre 2004 | El "nombre de los lobos" o lo que no cesa del sentido del retorno a Freud 
» Imago Agenda Nº 79 | mayo 2004 | La declinación del padre: el síntoma, nuestro padrecimiento 
» Imago Agenda Nº 66 | diciembre 2002 | Psicoanálisis, política e interpretación 

 

 
» AEAPG
Agenda de Seminarios a Distancia 2019  Comienzan en Agosto
 
» Centro Dos
Conferencias de los martes  martes 20:30 - entrada libre y gratuita
 
» Fundación Tiempo
Posgrados en Psicoanálisis con práctica analítica  Inicios mensuales. Duración: 12 meses.
 
» La Tercera
Seminarios y actividades 2019  Sábados, 10:30 - 14:00 hs. salvo donde se indica
 
» AEAPG
Curso Superior en Psicoanálisis con Niños y Adolescentes  Inscripción 2019
 
» Centro Dos
Seminarios Clínicos  Segundo cuatrimestre
 
» Centro Dos
Talleres Clínicos  Segundo cuatrimestre
 
» Centro Dos
Seminario 8 de Jacques Lacan  Segundo cuatrimestre
 
Letra Viva Libros  |  Av. Coronel Díaz 1837  |  Ciudad de Buenos Aires, Argentina  |  Tel. 54 11 4825-9034
Ecuador 618  |  Tel. 54 11 4963-1985   info@imagoagenda.com