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   Colaboración

Lo inconsciente ¿es estructurado como un lenguaje?
  Por Roberto  Harari
   
 
El apotegma “Lo inconsciente es estructurado como un lenguaje” ha pasado a formar parte del acervo cultural marcado por el psicoanálisis. Mediante el mismo, Lacan procuró cernir un trazo definitorio e irrecusable del sujeto de lo inconsciente: en efecto, se trata de que éste no comporta sino los efectos de su institución en tanto ser hablante.1 Siendo tributario, así, del lenguaje ¿alcanza dicho apotegma para dar cuenta acabada de los avances lacanianos –si cabe la expresión– referidos a lo inconsciente freudiano? A mi juicio, esta pregunta retórica debe ser respondida de modo negativo; a su validación, entonces, están dedicadas estas líneas.

Desabonado de lo inconsciente. El reencuentro con Joyce lanza a Lacan al diseño de su última reconsideración acerca de lo implicado por los efectos del lenguaje en la posición subjetiva, tanto como de la reacción –mediante un goce ya no fálico ni tampoco místico– de esta última ante tales efectos. ¿De qué se trata? De lo señalado por su concepto “desabonado de lo inconsciente”.2 Si el abono compromete al sujeto a un pago adelantado por la recepción de un bien por el cual apuesta que habrá de obtener –de modo regular, periodizado y recurrente– un recupero de goce, el desabono, claro, marca la ruptura con dicha apuesta. Por ende, dejando de gozar de lo inconsciente que lo determina,3 el sujeto, sin suspiro ni nostalgia, se desamarra –mediante la pulsión de muerte– de un ensamble significante que, como S­1, lo mantenía subsumido ante la representación que lo representaba. Sí: desatamiento, desvinculación, quiebra del abono Automaton, para abrirse ante los posibles márgenes de indeterminación, ante algún azaroso y fructífero encuentro Tújico.

Una autocrítica de Lacan. Ya el Seminario 21 contenía una inusual autocrítica de Lacan: afirmaba allí que la presunta conexión forzosa e insoslayable vigente entre dos significantes constituía –en tanto postulación surgida de su propio cuño– “un error”.4 A mi entender, Lacan puede realizarse esta objeción debido a que la clínica desplegada por la lógica borromea le permite concebir una episteme distinta de la deducible en virtud del primado de la cadena significante. Es que la lógica borromea requiere la independencia mutua de los dos eslabones iniciales –meramente superpuestos, y diseñando un falso agujero entre ellos–,5 mientras que la cadena significante se escribe como vincularmente olímpica, esto es, entrelazada. O sea: pasando cada consistencia por el agujero de la otra. Por eso la borromea da cuenta de una movilidad y de una autonomía de lo material del significante –o sea, de la letra–, lo cual modifica, de por sí, la usual modalidad canónica definitoria del sujeto (en tanto constreñido por el par significante).

¿Sólo sujeto dividido? En efecto, la formulación inicial aseveraba que el sujeto representa a un significante ante –o para– otro significante; ahora bien, si se quiebra la inexorable interremisión significante, se cancela a la par la exclusiva concepción del sujeto definida por su intermedio. Por eso no cabe sorprenderse ante la circunstancia de que el último Lacan avance, junto al desabono de lo inconsciente y a la lógica borromea –no olímpica–, su noción escrita como LOM.6 Sí, se trata de una homofonía con l’homme, “el hombre”. ¿Vuelve, entonces, a una idea caduca y harto denostada por él mismo en tanto prejuicio propio del humus? ¿Es un retorno regresivo hacia lo indiviso, hacia el in-dividuo? Puede aceptarse que se trata de un retorno con diferencia, pues ésta surge al percatarnos de la indicación implicada por medio de lo escrito por LOM: es un significante nuevo, el cual cobra entidad a través de la escritura, ya que desde lo fónico resulta semejante a l’homme. Entonces: no partición ilimitada, sino división acotada a lo Simbólico, y autonomía de LOM para rescatar, como acto, la potencialidad del lenguaje, desabonado ya del aludido registro Simbólico.

Homofonía, y no tan sólo homonimia. El significante LOM, en acto, enseña un proceder del analista, porque lo convida a no asociar indefinidamente basándose en la imprescriptible polisemia de todo significante consolidado en la lengua. En cambio, le muestra cómo deshacer y cómo recomponer los vocablos sosteniendo –como diría Jakobson– la “carpeta fónica del lenguaje”.7 Joyce, nuevamente, señala a Lacan el proceso –inaugurado por L. Carroll– del telescopado, del embutimiento de palabras cuyo remate configura el rango de mot-valise, “palabra-valija”. En ellas predomina la realización de una síntesis disyuntiva –al modo de “caosmos”–,8 lo cual acota la insuficiencia del pensar tan sólo en términos contradictorios. Se sabe: este principio, el de la lógica dialéctica, fue también objeto de la autocrítica de Lacan, quien aceptó haberse “vanagloriado” por su uso continuo.9 Ni contradicción, ni “síntesis superadora”; en cambio, embutimientos letrinos con “goce mental”10 que ya no dependen de las parcializaciones del cuerpo ni de las constricciones del código. Sí, porque es la transitoria ausencia del sentido (o “ausentido”) la que catapulta la génesis de significantes nuevos. Se capta, por lo tanto, cuán distante se halla este proceder del cifrado por la fórmula freudiana “hacer consciente lo inconsciente (que fue preconsciente)”, por cuanto éste mienta tan sólo la alternativa del reencuentro, haciendo a un lado la invención.

Intraducción. Como no se busca tan sólo un sentido metaforizado –dominio de lo Simbólico–, como no se procede tan sólo a través del “¿esto qué quiere decir?”, como lo que propongo nominar audicionar, en fin, no se orienta por el sesgo traductor, pues bien, por todo ello Lacan –en 1973– homenajea a Joyce como introductor de la intraducción. (11) Ya no son sólo los nombres propios los que no se traducen, pues el mismo Lacan eleva el sustantivo común freudiano das Unbewusste, “lo inconsciente”, a la dignidad de la intraducción al volcarlo como l’une-bévue, “la una-equivocación”. Intraducción interlingüística, entonces. Empero ¿se requiere siempre un principio mínimo de bilingüismo para intraducir, para “moverse” entre lenguas distintas? No, porque LOM es bífido aunque hable un solo idioma, pues éste siempre se bifurca, siempre toma otras vías, siempre acepta –y demanda– desvíos del orden del clinamen.12 ¿Es que no son todos intraducidos y bífidamente homofónicos los títulos de los Seminarios de Lacan que van del 19 al 24 (inclusive)?

Lalengua. Autocriticada también por Lacan su –prácticamente inicial– adscripción a la lingüística,13 puede comprobarse cómo ésta es relevada por la linguisterie, palabra-valija que embute la aludida disciplina con la histeria. (Por eso, en castellano, corresponde intraducir “linguhisteria”, y no, como suele hacerse, “lingüistería”). Así, el objeto de esta cuasiparódica “nueva rama del conocimiento” se designa lalangue, “lengua”. En efecto: abrogado el artículo gramatical como elemento independiente, se depone al mismo tiempo el reenvío a lo universal. Por otro lado, cifra el alcance de la lengua materna –que es la de la madre con su bebé– indicada por el laleo, por la lalación, escrita –en el francés- mediante las letras iniciales de dicho vocablo neológico. Pero entonces ¿lalengua constituirá algún fondo de saco inconsciente, en tanto residuo de trazos primitivos, arcaicos, atávicos? ¿Es lalengua el trasfondo elemental de la lengua, acaso? En modo alguno, pues la indicación de Lacan procura tratar, en lo posible, a todas y cada una de las palabras al modo de lo procesado en el “caso”, en el paradigma, conformado por la lengua / lalengua. Indicación de una específica modalidad, este audicionar del analista implica una operatoria incidencial específica que se desmarca del exclusivo trabajo con lo Simbólico generalizado. Sí: lalengua es tal debido a la praxis poiética del analista con lo Real del lenguaje, con el Realenguaje. O sea: por puntas, por trozos, “sin ley ni orden”,14 instrumentando un cabal forzaje.15

Conclusión. A la luz de lo expuesto quizás pueda captarse el porqué de las sostenidas críticas del último Lacan a lo inconsciente –“lucubración”, “deducción supuesta”, y similares–, las cuales rematan en esta contundente aseveración de su Seminario 25: “La hipótesis acerca de que lo inconsciente sea una extrapolación no es absurda, y constituye precisamente el porqué del recurso de Freud a lo que denomina la pulsión”.16 Porque la pulsión, en efecto, permite nuevas inscripciones, desatando los significantes que amarran un goce sintomático parasitario y pegajoso, conduciéndolos de acuerdo con un régimen que la teoría del caos denomina de “atractores extraños”.17 Sí: de un caos ordenado –sujeto a, y por, las leyes del desorden- que pone en cuestión el “equilibrio” sostenido por el goce fálico del síntoma, promoviendo en su lugar la identificación con el sinthoma.18 

1. J. Lacan, “Posición de lo inconsciente”, Escritos II, Siglo XXI, México, 1975, p. 366.
2. J. Lacan, “Joyce le symptôme I”, en AA.VV., Joyce avec Lacan, Navarin, Paris, 1987, p. 24/25.
3. J. Lacan, Séminaire “R.S.I.”, 22, clase del 18/2/75, inédita.
4. J. Lacan, Séminaire “Les non-dupes errent”, 21, clase del 11/12/73, inédita.
5. R. Harari, Les noms de Joyce. Sur une lecture de Lacan, L’Harmattan, Paris, 1999, p. 25/26.
6. J. Lacan, “Joyce le Symptôme”, en AA.VV., Joyce et Paris. 1902…1920 – 1940…1975, PUL-CNRS, Lille-Paris, 1979, p. 13/16.
7. R. Jakobson – Linda Waugh, La charpente phonique du langage, Minuit, Paris, 1980.
8. G. Deleuze, Lógica del sentido, Barral, Barcelona, 1971, p. 62/68.
9. J. Lacan, “Discours de clôture. Journées d’étude des cartels de l’École Freudienne”, en Lettres de l’École Freudienne de Paris, 18, 13/4/75.
10. J. Lacan, Séminaire “…ou pire”, 19, clase del 8/3/72, inédita.
11. J. Lacan, “Postface”, en Séminaire “Les quatre concepts fondamentaux de la psychanalyse”, 11, Seuil, Paris, 1973, p. 252.
12. R. Harari, “Inconsciente: clivaje; sinthoma: clinamen”, en La pulsión es turbulenta como el lenguaje. Ensayos de psicoanálisis caótico, del Serbal, Barcelona, 2001, p. 19/34.
13. J. Lacan, Séminaire “L’insu que sait de l’une-bévue s’aile à mourre”, 24, clase del 19/4/77, inédita.
14. J. Lacan, Séminaire “Le Sinthome”, 23, clase del 13/4/76, versión Chollet, inédita.
15. J. Lacan, Séminaire “L’insu…” (cit.), idem ut supra.
16. J. Lacan, Séminaire “Le moment de conclure”, 25, clase del 15/11/77, inédita.
17. R. Harari, “Caos sexual en objetos disipativos”, en Las disipaciones de lo inconsciente, Amorrortu, Buenos Aires, 1997, p. 129/135.
18. J. Lacan, Séminaire “L’insu…” (cit.), clase del 16/11/76, inédita.
 
 
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