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   Comentario de libros

Algo es posible
  Clínica psicoanalítica de locuras y psicosis de Élida Fernández, Letra Viva, 2005
   
  Por Martín Baudizzone
   
 
Muchas veces me he preguntado en qué consiste la presentación de un libro, de un libro que ustedes aún no han leído. Se supone que se debe intentar comentar lo que el autor enseña o transmite en él, o las opiniones que ha suscitado su lectura. Me resulta útil para responder a esta pregunta, referirme a un libro que ustedes seguramente conocen muy bien, La historia de la locura de Foucault. En la segunda edición de su libro le proponen a Foucault escribir un nuevo prólogo, casi un prólogo del prólogo a modo de presentación de su libro, que obviamente escribió él mismo, varios años atrás, en su primera edición. Foucault se encuentra frente al dilema de repetir y justificar lo ya dicho diez años atrás, de sostener inmodificable la palabra del autor, en este caso él mismo, como un doble de su propia obra: Parodia de un lector que repite las enseñanzas de su maestro.

Beatriz Castillo, autora del prólogo del libro de Élida nos habla sobre la transmisión y la enseñanza del psicoanálisis. De los encuentros y desencuentros entre la práctica y la teoría.
No pretendo hacer un prólogo del prólogo, a modo de Foucault sino de dar cuenta de las posibilidades que brinda la lectura del libro de Élida Fernández de transmitir una práctica, sin caer en lo pedagógico, y en una enseñanza que no intenta convertirse en ley. Foucault comenta que es grande la tentación para quien escribe un libro imponer su ley a toda la profusión de simulacros, de dobles, que van a circular alrededor de él.
“Yo soy el autor, mirad mi rostro o perfil, eso es a lo que deben parecerse todas las figuras calcadas que van a circular en mi nombre. Aquellas que se aparten no van a valer nada. Yo soy el nombre, la ley, de todos esos dobles míos.”
Dobles, refiriéndome a las palabras de Foucault, donde el sujeto queda atrapado en un narcisismo especular, en una pasión de amor y muerte. Posición que produce una identificación imaginaria del lector con el hacer del autor que borra toda subjetividad o posibilidad de invención. Opuesta a esta concepción, Élida, que sostiene su nombre pero no dicta la ley, nos relata en su clínica que las construcciones más cercanas a invenciones, deben ser creadas pacientemente por el analista y el analizante, en una tarea que intentará sistematizar y teorizar. Logrando hacerlas transmisibles y dialectizables.

Sugerencias que logran un amarre en el caso por caso. La estructura neurótica y la estructura psicótica pueden, producto de su desestabilización, dar cuenta de una serie de fenómenos que se agruparían dentro de las locuras o desencadenamiento en la psicosis. Locuras plenamente diferenciadas según se hallen dentro del marco de una u otra estructura, diferencias que quizás no siempre son fáciles de determinar en la clínica.
En algunos casos la clínica de la forclusión o la clínica producida por el desencadenamiento (la presencia del delirio y las alucinaciones) no hace su aparición en las psicosis debido a una singular forma de anudamiento.
Individuos a los que Tuñón en su capítulo “Psicosis no desencadenada”, citando un libro, los refiere como “los inclasificables”, inclasificables dentro de la clínica de la forclusión del significante del nombre del Padre. Estos pacientes presentan “una manera singular de permanecer en el mundo”, ubicados en un lugar transferencial dado por la estructura que los habita y determina, permitiéndoles algún tipo de lazo social, una manera singular de ser, que da cuenta de su diagnostico.
Élida Fernández nos da lo fundamental de su experiencia y una teoría rigurosa que la avala. Nos da la arcilla, los instrumentos y su forma singular de trabajar. Nos habla de las madrecitas santas, ese lugar idealizado que evocan las letras de los tangos, poniendo en duda tal santidad, efecto de ser “tan buena”, principalmente por permanecer más tiempo de lo esperado en ese lugar, convirtiéndose así en una devoradora de su producto, en las fauces de un cocodrilo.
Es cierto que los tangos y las milongas hablan del amor a sus madres, pero convocando a Cedrón en Los ladrones escuchamos que todos los ladrones aman a Rosita, y a sus madres ancianas. Pero estas madres, ya viejecitas, no engullen a nadie, están lejos de ser aquel cocodrilo devorador. Solamente constituyen la añoranza de la madre fálica.

Una antigua historia atribuida a los mayas, dice acerca de cómo empieza el mundo y cómo empieza la existencia del ser humano. Al principio no hay nada, y en realidad el mundo empieza a andar, cuando aparece la palabra. La palabra empieza a pensarse para adentro, a reflexionarse. Los dioses por medio de la palabra se consultan entre sí y reflexionan. Al pensar para adentro miramos como lo que somos y miramos lo que somos, y la palabra se encuentra con otra palabra, que es igual pero diferente. Las palabras no quieren vencer a las otras, no hacen pleito.
Habiendo así acuerdo y creándose el mundo, con sus animales y sus ríos. Sin embargo, pueden aparecer palabras que buscan pleito, palabras que arrasan y no dejan crear. Eso sucede y trae consecuencias.
Élida relata el testimonio detallado del tratamiento de un paciente, al que supone psicótico, un paciente con palabras prestadas y pensamientos ajenos. Éste menciona en el transcurso del tratamiento que no encuentra palabras propias. A veces, dice, entran las suyas (refiriéndose a las palabras de Élida). Si entran, entonces él funciona. Pero las palabras son propiedad de quien las menciona; usarlas es un robo, no le está permitido -dice con angustia-. Élida se las dona en sus intervenciones: “Úselas, son suyas”.

A veces hay palabras y otros primordiales que arrasan y acusan pero por suerte existen las palabras y voces alternativas que constituyen y propician el pensar en boca de autores suficientemente buenos. No hay duda de que la palabra siempre que se la ceda, permite acuerdos y favorece la creación, no de ríos y animales como la leyenda maya, pero sí de un lugar de permanencia para aquel paciente que se halla exiliado en el mundo (y éste es el título del libro anterior de Élida). Siendo tal vez, este lugar, una residencia provisoria… pero esto no es poco para los que trabajamos con psicosis.
Nadie está a salvo de un desencadenamiento de la locura, sea neurótica o psicótica, según la estructura que nos habite. Pero algo es posible, y eso es mucho.

mlbaudi@sinectis.com.ar
 
 
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