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   El Nuevo Padre

Acerca de un padre
  Por Élida E Fernández
   
 
El Nombre del Padre tuvo en Lacan varias acepciones. Trabajó toda su obra dándole vueltas y respuestas a la pregunta freudiana ¿qué es un padre? que se le volvió propia.
Creo que uno de los errores más comunes es tomar el significante del Nombre del Padre, la Behajung de la metáfora como equivalente a función paterna: esta no se reduce al significante. La función del padre no es única y, además, es heterogénea.

La función del padre no es crear la ley (padre de Schreber) sino ser agente, intermediario de la ley, agente de la prohibición. Es el que hace posible desear, articular deseo y ley.
En “Subversión del Sujeto” se perfila la idea de que es el neurótico quien necesita un padre reducido a la función de padre muerto, mientras que su verdadera función se presenta como padre deseante y no amo de su deseo.
Desde la carretera principal del Seminario de La Psicosis vamos a encontrar luego su relación con la ley en Problemas Cruciales.
En la clase del 21 de enero del 75, del Seminario 22 encontramos la noción del padre síntoma. El padre queda definido como aquel que hizo de una mujer la causa de su deseo para darle hijos, articulándose así en su existencia el deseo y el goce.

El padre es, en la etapa de los nudos, el cuarto que anuda a los otros tres. No se trata aquí exclusivamente del Nombre del Padre.
Cuando Lacan habla del padre de Joyce dice que no fue tal porque nunca enseñó nada. El padre dejó vacía la función, dimitió. Lacan va a referirse a la función nombrante del Nombre del Padre. Propone la importancia articuladora de la cuarta consistencia de un nudo borromeo, a la que llama del Nombre-del-Padre: el cuarto nudo. Pero a esta altura ya Lacan habla de los nombres del padre.
Creo necesario hacer aquí otra diferenciación: el Nombre del Padre, cuando no existe puede ser suplido por otro elemento que produzca una estabilización pero esto no es equivalente a la pluralización del Nombre del Padre

La realidad psíquica de Freud así como el complejo de Edipo son uno de los nombres del padre. Al final de RSI Lacan dice “el padre es este cuarto nudo sin el cual nada es posible en el nudo de lo simbólico, de lo imaginario y de lo real”. A partir de aquí se abre la noción del padre como nombre y el padre como nombrante. A partir de cuatro consistencias pueden diferenciarse las otras tres.
“Lo particular es denominado con un nombre propio, es irremplazable en este sentido, es decir que puede faltar, que sugiere el nivel de la falta, el nivel del agujero”
Devenir padre es nombrar, ser nombrado y responder a su nombre.

Además, este acontecimiento confronta al sujeto con tres generaciones por cuanto el hijo de un padre accede a la condición de padre de un hijo y la hija de un padre pasa a ser la mujer del padre de un hijo. La sincronía de los tres registros del nombrar se superpone a la diacronía de las tres generaciones. Esto revela la condición decisiva de este significante para la localización temporal del sujeto. El valor del anudamiento temporal (entre sincronía y diacronía) efectuado por el Nombre del Padre. es quizás la razón por la que se señaló hace ya mucho tiempo que había que encontrar tres generaciones para explicar la causalidad de las psicosis.
Vamos ahora a la metáfora paterna: es constitutiva de la significación fálica por el lenguaje, sin embargo hay una disyunción entre Nombre del Padre y falo. Estabiliza la significación fálica que de hecho está ocupada por muchos significados. La metáfora produce un punto de capiton, fija un significado móvil y dialectizable, todo lo contrario al orden de hierro de las metáforas delirantes.
Muchas veces nos quedamos en la oposición entre la existencia o inexistencia de la metáfora, como si su sola operación nos asegurara la constitución de un sujeto neurótico o su ausencia nos dejara totalmente tranquilos acerca del diagnóstico de psicosis.

Si bien esta operación metafórica es el meollo de la cuestión, el infans recorre varios caminos para constituirse como sujeto dividido, afectado por la castración y con una posición en relación al falo. En estos caminos se constituye en relación al deseo del Otro, su propio deseo y los imperativos del goce. La caída del reino no se produce sin varias batallas, porque la metáfora paterna ejercida por un padre nunca es plenamente exitosa y deja su deuda en relación a la función. Segundo, porque los avatares del sujeto para situarse en relación a la palabra del padre son muchos y difíciles y múltiples las trampas que el sujeto se pone para no acceder a la verdad.

Presentación clínica: primeras entrevistas. Cuando A. llega a la consulta tenía 60 años: parecía un hombre mayor. Nunca había hecho ningún tratamiento psi.
Lo que lo traía, por indicación de un amigo, era ya evidente desde el llamado telefónico: se le estrangulaba la voz dando una sensación al oyente que estaba desesperado.
Esto ocurrió en varias oportunidades, cada vez que llamaba a mi casa y era atendido por otra persona urgentemente me avisaban que había llamado un paciente que parecía estar muy mal, y quizás sólo llamaba para pedir un cambio de horario.
En su primera entrevista dice tener stress, ansiedad, gastritis, alergia, rechinar de dientes, dolores musculares, contracturas y estrangulamiento de la voz. Esto último lo perjudicaba en su trabajo. Dice “mi vida no ha sido ortodoxa ni aburrida”.
“Estudié derecho, licenciado en administración, actué en política, fui gerente de una empresa importante. Me casé a los 22 años, tengo muchos hijos y nietos. Pretendí ser siempre el ejemplo. El estrangulamiento de la voz se me empezó a acentuar hace unos meses, hice todas las consultas médicas, y salen bien. Soy el hermano mayor.
Cuando éramos dos (yo tenía 3 y M. 1) nos enfermamos los dos de tuberculosis, mi hermanito murió.
Mis padres viven, mi padre fue juez, un tipo muy admirado y respetado, un prócer. Mi madre es de querer cuidarnos mucho. Mi abuelo paterno era militar, se llenó de medallas. A los 20 años egresé de la formación militar y tuve una recaída de la tuberculosis. Muchas veces me caí y empecé de nuevo. Siempre pongo en práctica el piú avanti de Almafuerte.”
Le pregunto por su angustia.
“Lo primero que me viene a la cabeza es cuando nos mandaron a un Penal, entré en una celda individual, se cerró la puerta y ahí sí que sentí angustia.
A mi padre lo trato de usted, lo quiero, lo respeto, lo admiro, a los 86 años sigue dando clases, fue intachable toda su vida. La comunicación con él es muy difícil. No tengo nombre para llamarlo. Pregunto por esto.
Nunca le dije papá, tampoco me pareció respetuoso llamarlo por el nombre. En una segunda entrevista llega con dolor en el corazón y disgustado: se hace malasangre por cosas que sería muy fácil hacerlas mejor. Dice “Oigo hablar de manera gramaticalmente incorrecta por televisión, y me hago malasangre. Me enoja el nivel cultural bajo de los periodistas: hay falta de objetividad, ligereza al juzgar.
Soy colérico. Tengo discusiones con mi mujer, ella era más sumisa. Es con la única de la familia con quien discuto, y con mi padre opté por no discutir, él dice ‘no me contestes no’. Es muy difícil disentir con mi padre.”
En el siguiente encuentro A. Cuenta que ha tenido tres amantes durante su matrimonio, pero con la última tuvo una relación muy pasional. Se había mostrado con ella en lugares públicos dejando tantas evidencias de su relación que su mujer se enteró, sus hijos también, armándose un gran revuelo. La amante había llegado a irrumpir un domingo en casa de sus padres. Obligado a decidir si separarse o no, opta quedarse con la familia. A esta mujer la sigue viendo, pero esporádicamente.
En relación a sus hijos siempre los había pensado como una ocupación de las madres, se sentía muy lejos de ellos: él se dedicaba a brindarles sustento económico.

En análisis. A. hace preguntas sobre cómo es esto del análisis, cuáles son los mecanismos por los cuales él podría llegar a recibir algún efecto del tratamiento, quiere entender, pide lecturas. Al poco tiempo llega por primera vez muy angustiado: una alergia a no sabía qué, le había cubierto todo el cuerpo de manchas rojas que le producían un gran escozor. Apenas cedían las ronchas con la medicación volvía a brotarse, ya no dormía y estaba desesperado.
“Por favor interpréteme algo.”
Hago allí una construcción: Había muchas cosas que él tenía ocultas pero le picaban, lo mortificaban. El tenía cosas sin nombrar, sin decirse. Había dejado a sus hijos al cuidado de su mujer, él había tenido amantes, todo bien separado. Hasta que una mujer que se le mete en la otra escena y lo hace vacilar. Elige la familia, pero ¿qué hizo con lo que sentía por su amante?
Yo no sabía aún lo que decía, como nos suele suceder en la conducción de un análisis. Lo supe mucho después, con gran sorpresa.

A. se siente aliviado con esta intervención y dice que hay algo que no contó: él no sólo sigue viendo a esta mujer sino que, además, en un arranque de amor y ganas de protegerla, la nombró, junto con sus hijos heredera de sus bienes. Nadie, salvo el abogado con el que realizó el documento, conoce de esta herencia. Cuando se muera, comenta, su mujer y sus hijos se encontrarán con que hay otra heredera. Como una hija. Esto recién lo perturba al hablarlo. Lo asusta la reacción de su amante si él le dice de deshacer el trato, tiene sueños de angustia al respecto.
El análisis siguió con sus avatares, sus descubrimientos, sus efectos.
Recordó la intensa relación que lo había unido a su hermano muerto y que cuando enfermaron a él lo mandaron a vivir con una tía, y al volver y no encontrarlo preguntó por él y le contestaron que estaba recuperándose. Nunca más preguntó por él. Nadie lo nombró. Se transformó en un NN de su historia. Un hermano sin tumba.
Buscó fotos, habló de M. por primera vez con sus padres. Empieza a hablar de sus hijos, a individualizarlos, a preocuparse por ellos, a preguntarse qué tendrá que ver él con los problemas y fracasos que va descubriendo en cada uno. Habla mucho de una de ellas: D., su preferida, que tuvo un hijo soltera, a los 18 años y luego se mudó a una provincia, sola con su hijo; su novio actual tiene diagnóstico de esquizofrenia.
Disiente abiertamente con su padre, por primera vez. Refiere que no es tan justo ni ecuánime como se dice de él. Habla con su amante y dá por terminada la relación. Sólo se telefonean, siente cariño por ella y ganas de ampararla. La sintió muy huérfana, a sus anteriores amantes también.

¿Finalizando? Llegamos a octubre del 2001. A. plantea que debe reducir sus gastos, le han bajado sus ingresos. Por otro lado, piensa que su análisis podría darse por terminado: el síntoma del estrangulamiento de la voz ha cedido, se siente más cerca de sus hijos, está mucho mejor con su mujer, ya no depende tanto del reconocimiento de sus superiores, bajó del pedestal al padre.
En principio acuerdo con su decisión, cada uno sabe hasta donde quiere llegar con su análisis y respeto lo que ha pensado. Al despedirlo, dando por sentado que esa es nuestra última sesión me pregunta: “¿Puedo venir la próxima?”
Me sorprende. ¿Para qué querría volver? Vacilo, lo miro interrogante, me dice: “prefiero volver”. Vuelve. “Hay algo que no conté, que nunca pude, pensaba irme sin contarlo, por eso pedí otra sesión. No sabía si iba a poder hablarlo. Es en relación a mi hija preferida. Cuando ella era adolescente a mí me atraía como mujer. Cuando la acariciaba, no era como un padre a una hija. Hasta que un día ella me dijo, “papá pará, me hacés daño”. Cuando yo empecé mi tratamiento acá, fui al interior a hablar con ella, quería pedirle que me perdonara.”
Falta contar lo peor.

“Hablé con ella, se puso a llorar y me dijo “a los nueve años ya me había pasado lo mismo con el abuelo”. Me sentí muy mal, quise morirme, pensé en matarme pensé en encarar a mi viejo. Por favor dígame algo, no me escuche tan en silencio, no puedo evitar sentirla como un juez. Quiero seguir, necesito seguir.”
Allí doy por terminada la sesión, cuando me saluda me dice: me voy mal, haber contado esto y que no me diga nada. “Hoy no puedo decirle nada.” Realmente no podía. Estaba conmovida, sorprendida. Ese análisis a punto de terminar estaba en un punto que resignificaba muchos síntomas, muchas intervenciones. No podía decirse que estábamos en los comienzos sino que había que haber recorrido todo lo anterior para llegar hasta allí. Quizás en ese momento el análisis estuviera mucho más cerca del final.
Cuando A. retoma a la vez pregunta: ¿Qué es un padre? ¿Qué me transmitió mi padre que yo repetí?
Su análisis siguió un año más, por lo menos. No fui piadosa con él. Lo responsabilicé. Me acusó de ser un juez implacable aunque no me podía pensar arbitraria. Lloró, puteó, me acusó, trajo artículos y recortes, hizo su propia defensa como si estuviera siendo juzgado por la Suprema Corte. Finalmente, desistió de matarse, que era al fin y al cabo su secreto plan. No creo que porque se haya “perdonado” sino porque tenía que asumir su responsabilidad por su vida y por lo que le había hecho a la vida de la hija.

A. nunca se habilitó a ser padre porque el Gran Padre era el suyo, más que padre: ¿Dios, el innombrable? ¿Por eso A. sólo se dedicó a las mujeres, incluyendo hasta a una hija y poniendo a su amante en el lugar de sus hijos compartiendo la herencia? ¿La paternidad la ejerce en el mal lugar y donde la tiene que ejercer abdica?
Entonces no es sólo cuestión de si hubo o no metáfora paterna, el tema es mucho más amplio, menos simple. A. no es un psicótico sin embargo no puede habilitarse a funcionar como padre y hace de esto un síntoma que lo estrangula. Ha sido infiel, pero no sólo como el cree: ha sido infiel a su responsabilidad como padre.
Sin embargo, cuando todo podría haber terminado con un cordial apretón de manos, tuvo la valentía de apostar a una verdad que podría haberme ocultado, a pesar de que ya estaba dicha a la manera del inconsciente en mi primera construcción.
Pienso que cada análisis, es fértil si se produce un buen encuentro: entre A. y yo lo hubo: no encontró la excomunión ni la absolución –no es esa la función de un analista– sino un espacio donde desanudar la voz desde la constatación de una escucha y a su vez encontrar que alguien lo hiciera responsable de su falla como padre.
 
 
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