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   La eficacia del psicoanálisis

Eficacia del inconsciente.
  Por Martín Vicondoa  y Marcelo Peluffo, Celia Rocca.
   
 

Martín J. Vicondoa
En abril pasado organizamos desde Fluctuat un nuevo Foro de Discusión. El tema propuesto fue “Sujeto-Subjetividad. Deslindes” y será tema del próximo número. Aventurarnos en la relación de ambos términos no es tarea fácil y el foro es testimonio de diferentes maneras posibles de abordar la cuestión.
Mencionar deslindes en la misma convocatoria testimonia nuestra preocupación por el corte y la diferencia entre ambos términos. Introducir un guión entre ambos fue el modo que encontramos de transmitir alguna relación posible. En esa tensión se realizó el trabajo.

Desde el psicoanálisis, Sujeto tiene un rango conceptual central a nuestra disciplina. Es el concepto, a partir del cual, es posible pensar y realizar una práctica y simultáneamente es el eje del trabajo clínico regido por la máxima freudiana: “Allí donde eso era, yo debe advenir”.
Lo impersonal de ese “eso” nos da pie para poner de ese lado lo relacionado con la subjetividad. No nos encontramos allí con un rango conceptual sino más bien con lo referido al campo del Otro.

Como sabemos, no es posible pensar al sujeto sin relacionarlo con el Otro. Los mecanismos de alienación y separación nos recuerdan que el sujeto se forja a partir de la relación a ese Otro que lo antecede en su existencia. Estamos entonces, cuando aludimos al Otro, refiriéndonos a lo que Freud denominó “civilización”, más que cultura, y a la manera en que cada civilización se perpetúa y muta a la vez a través de la sucesión generacional. La subjetividad, por lo tanto, tiene una dimensión epocal que le es inherente mientras que el sujeto tiene una dimensión estructural. Este es un modo de situar las coordenadas.
La subjetividad es lo impersonal, o mejor aún, inauténtica, para retomar una manera heideggeriana de situar la cuestión. Hace lo que se hace, dice lo que se dice, va donde se va... nada de lo particular se nos hace allí presente. La subjetividad entonces es una mascarada a partir, y más allá de la cual, el sujeto puede hacerse presente si hay quien lo escuche en transferencia.

Cuando hablamos de Sujeto, en cambio, aludimos a las marcas particulares que lo constituyen. A ese “yo” que adviene como producto de la labor analítica.
Señalamiento, interpretación, construcción y acto son herramientas de las que los analistas disponemos. A partir de ellas el sujeto en transferencia adviene y se despliegan las eficacias posibles de nuestra disciplina. Terreno de la clínica, dimensión del psicoanálisis en intensión.
La extensión del psicoanálisis hace, en cambio, a los beneficios generales de nuestra labor, a su múltiple interés, para decirlo retomando las propuestas de Freud. Hace además al deber que, al menos algunos sentimos, de testimoniar y dar destino más allá del ámbito clínico a los descubrimientos del psicoanálisis. 

Marcelo Peluffo
Motivados por el indudable interés que despierta la cuestión o empujados por una pregunta respecto de los alcances clínicos de la práctica a sostener, o más llanamente por el afán de mantener activa y en pie la oferta de consultorio, hoy en día, son pocos los analistas que se muestran eximidos de preocuparse por la eficacia del psicoanálisis. No se trata de una pregunta nueva, no podría serlo. En cambio su respuesta, es decir la responsabilidad con la que tomamos partido, puede acarrear sí, alguna novedad.
Freud, en más de una ocasión evocó aquello de “Fluctuat nec mergitur” (se mueve o se agita, pero no se hunde) justamente a propósito de los cuestionamientos a los que el psicoanálisis estaba –y estará– en buena hora, siempre sometido. De hecho se lo reconoce como un movimiento, de modo que la quietud no configura para nosotros una opción.

Muchas veces, en pos de salir en defensa de la eficacia clínica que de hecho se reclama, es muy frecuente deslizar hacia el discurso de la declamación. Como sabemos, asegurar resultados nos conduce por una vía opuesta a nuestro acto, en la medida en que éste si bien nunca configura una intervención ciega o desatinada, tampoco calcula ni anticipa los efectos. Por eso, cuando el analista es invitado a decir en extensión, podría llegar a evocar aquello que Freud planteaba hace casi ya un siglo: el psicoanálisis es incompatible con la presencia de terceros, pues de haberlos, decía, o se aburrirían o no entenderían nada de lo que sucede en la sesión.
Finalmente, algo es evidente: como analistas, no curamos a ninguna civilización de su malestar. Tampoco recobramos ni modificamos la tan mentada “subjetividad de la época”. Por definición, existen reparos para sumarnos a la lista como agentes de salud.
Sin embargo, los textos fundantes del psicoanálisis hacen pie en aquello que del síntoma, la inhibición o la angustia, dice de la incidencia de la relación del sujeto al Otro de su tiempo. Así, la consulta siempre se construye en permeabilidad con el entorno que cada analizante –y por qué no, cada analista– habita y por el que es hablado, sin duda. En este punto, la hipótesis del inconsciente entendida ante todo como discurso y más específicamente como discurso del Otro, nos permite concluir que el analista escucha lo que de sujeto se efectúa a partir de un analizante que se presta a los fines de la consideración de su discurso. Dicho de otra manera, la eficacia en verdad, no es en sí del psicoanálisis, ni mucho menos del analista que no obstante lo soporta.
Lacan, en la apertura de la Sección Clínica define la clínica psicoanalítica como “lo que se dice en un psicoanálisis”. En el ejercicio del habla, la dimensión inconsciente se impone para quien sepa hacerle lugar, captándola en su eficacia, a favor del psicoanálisis y en decidida oposición a la enfermedad y la estupidez.

mp23@arnet.com.ar


Celia Rocca
Cabría distinguir al menos dos usos del término eficacia en lo que nos concierne como analistas. Por un lado la eficacia en el psicoanálisis (más que del psicoanálisis) radica en incidir sobre el sujeto, en producirlo como efecto de lectura. Por otro, está la demanda de eficacia que se le dirige al psicoanálisis: que nos cure del malestar, que nos cure del síntoma o bien que nos cure del malestar como síntoma... y rápido.
La eficacia es un término que incluye en su propia referencia, el tiempo. Hacer algo “en tiempo y forma”. Esta demanda de eficacia no va sin la propuesta de evitar la experiencia del inconsciente.

Este furor curandi como sabemos, no se aviene al trabajo del inconsciente y suele enmascarar un imperativo superyoico, sacrificar el sujeto a un imperativo de goce que contradictoriamente se soporta en la desmentida del goce implicado en el malestar.
Pues si la cultura se funda en la renuncia al goce, genera a su vez un producto que también es goce, otro goce cuyos efectos en el sujeto reclaman ser leídos.
Pero esta demanda de eficacia entendida como la obtención de la mayor cantidad de efectos en el menor tiempo posible, es algo así como un rasgo de la época.
Un mundo globalizado en el cual el mercado estandariza las marcas en una escala nunca vista y nos muestra así cuando la marca rechaza al sujeto.
Efectos de masificación que, como Freud planteara, acallan los síntomas.

Esto puede leerse, por ejemplo, en la reducción de los cuadros clínicos a la confección de catálogos que no son sino una estandarización de los síntomas en un afán nominalista. O también en una suerte de psicopatologización generalizada, todo aquello que alguna vez perteneció al campo de las pasiones hoy ha pasado al de la enfermedad.
La expresión comunmente repetida “Fulano es un enfermo” o “Mengana es una enferma mental” denuncia algo del lugar que ha tomado el enfermo y la enfermedad.

La atribución de “ser un enfermo” como modo de exfoliar al sujeto, de desimplicarlo del goce en juego, al costo de una impronta segregatoria.
Se arroja así al lecho de Procusto de la enfermedad, todo lo que aparece “contaminado” del goce residual que retorna en la cultura.
Ahora bien, no es sino en este mundo globalizado y capitalista, heredero de la tradición monoteísta judeo-cristiana donde el psicoanálisis existe. Fuera de él, en el vasto y superpoblado mundo que no responde a estas marcas discursivas, nada del psicoanálisis parece por ahora tener lugar.
Lo cual nos lleva de la pregunta por su eficacia a la de las condiciones de su existencia como discurso.

celiarocca@hotmail.com

 
 
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