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   Colaboración

La peste en Tucumán
  Por Alfredo Igel
   
 
Es enero en una calurosa y húmeda Buenos Aires. Salgado insiste en su invitación realizada dos meses atrás en una de mis infaltables visitas a Letra Viva, cada vez que recorro los mil trescientos kilómetros que nos separan a los tucumanos de la gran ciudad: “¿Mandás un trabajo? Quiero hacer un número sobre el psicoanálisis en Tucumán”.
En medio de bromas, de conversaciones sobre viejas y nuevas publicaciones, en ese pequeño espacio de historias y letras del psicoanálisis, donde analistas y vendedores se confunden casi mágicamente, Ray vuelve a decir: “Si se hacen números sobre el psicoanálisis en París o en Buenos Aires ¿Por qué no sobre Tucumán?”

Mi narcisismo provinciano se agranda, pero sólo acepto la propuesta cuando me aclara que invitará a otros analistas a escribir también sobre el tema.
Al regreso de mis vacaciones, con arena en los bolsillos y nostalgia de mar en todo el cuerpo, me decido a escribir algunas líneas que transmitan acerca de cómo “la peste”, como supo llamar el maestro Freud a su criatura, se instaló definitivamente en estas tierras del norte argentino. Peste, pasión, que hundió sus raíces en suelo tucumano insistiendo en la búsqueda de respuestas frente al sufrimiento subjetivo.
Tucumán vio crecer y desarrollarse al psicoanálisis de forma mas intensa que otras provincias del país. Es importante el número de analistas, de Instituciones, de actividades, y producción psicoanalítica, como asimismo su inserción en la cultura, en la Universidad, y en los medios de comunicación. ¿Cómo leer este fenómeno? ¿Qué hizo que Tucumán fuese suelo fértil para que el psicoanálisis se asiente y crezca en su seno?
Podemos pensar a Tucumán, su historia y sus fenómenos sociales como metáfora de Argentina. En ella se viven en forma más aguda las contradicciones de lo mejor y lo peor de nuestro país. En su tierra se juró la independencia, fue pionera en la industrialización del azúcar y llave de entrada al norte del país. En su casa nacieron algunos de los grandes pensadores y políticos de la patria constituyéndose en sede de gran desarrollo de su vida universitaria, como de movimientos culturales y artísticos. Pero también Tucumán fue exponente de la salvaje explotación de los obreros y cosechadores de la caña de azúcar, de la pobreza de sus villas miseria, de la corrupción de sus gobernantes, y de las muertes de niños por desnutrición. Esta bella provincia rica en paisajes, dueña de una frondosa naturaleza, vivió el desarrollo de la violencia guerrillera como así los efectos brutales del terrorismo de Estado que asesinó e hizo desaparecer a jóvenes y a toda una generación de dirigentes por el solo delito de pensar.

Entre “los libros y la noche”, al decir de Borges, tuvo cabida el psicoanálisis. Este asienta sus reales, con su valor subversivo y cuestionador, allí donde las formas del malestar se expresan produciendo enigmas en quienes lo padecen. El dolor de existir, en este Tucumán contradictorio de sufrimiento y palabras, dio cabida a la pasión por lo inconsciente.
La práctica del psicoanálisis en Tucumán, como en el resto del país, tuvo un importante crecimiento y desarrollo en las décadas del ’60 y ’70. La oferta psicoanalítica constituyó un polo de atracción tanto de intelectuales como de sectores de la comunidad pertenecientes a las clases media y alta ávidos por canalizar sus interrogantes y angustias. Los consultorios de los analistas se poblaron de pacientes esperanzados en obtener respuesta a sus sufrimientos. Los servicios de Psiquiatría y Psicopatología de los hospitales, donde los analistas se insertaron con entusiasmo, aparecían como alternativas válidas donde las capas sociales de escasos recursos concurrían a fin de obtener alivio a sus padecimientos.
¿Cuál fue la propuesta del psicoanálisis en esos tiempos de crisis y convulsión social? ¿Qué ofreció frente al sufrimiento subjetivo despertando la esperanza frente al síntoma? Los analistas formados en el marco teórico del freudo-kleinismo en boga en esos tiempos, en la transmisión oral de Pichon-Rivière, como en las corrientes culturalistas y del neo-psicoanálisis (que tuvo un especial asentamiento en nuestra provincia), aún en sus diferencias de concepciones y prácticas, se instalaron en el lugar del ideal. Tanto en el imaginario social como para quienes demandaban tratamiento constituían un Uno ideal capaz de procurar alivio al dolor psíquico. Analizarse constituía la garantía esperanzadora de solución a los padeceres del alma. Dinero, bienestar, salud, una vida sin conflictos, armonía yoica, eran los paraísos ofrecidos como final para los análisis, allí donde la castración era posible de ser evitada. Identificación al analista mediante se podían alcanzar aquellos atributos que aseguraban una vida sin falta. El analista en el aislamiento de su consultorio, en sus silencios, en sus palabras oraculares, en sus interpretaciones de sentido pleno, contribuía a acentuar esa imagen de ideal incastrado desencadenando fenómenos de sugestión colectiva.

Esta lectura de la lógica que regía la práctica analítica de ese tiempo, en la que mi propia práctica estuvo incluida en sus inicios, lejos está de realizar una crítica descalificante. Mi pretensión es leer estas coordenadas en la dirección de los análisis para poder situar así las transformaciones que la clínica lacaniana produjo. Valoro la vocación clínica, honestidad, y sensibilidad por el otro, de analistas que sostenían, y aún hoy sostienen, una práctica según esta lógica. Pero sitúo en dicha práctica obstáculos e impasses en la que los análisis se detienen en tanto no se produce la necesaria castración del Otro. De lo que se trata es de leer lo estructural de dicha práctica para apreciar lo novedoso que introdujo la clínica lacaniana, como así sus propias detenciones, sobre los que se hace necesario avanzar.

A partir de los años ’70 se introduce en Tucumán el pensamiento de Jacques Lacan. Analistas e instituciones estudian y se nuclean en relación a su enseñanza. Se organizan actividades de seminarios, jornadas, congreso, grupos de trabajo, que toman como eje los aportes del maestro francés. Transcurrieron más de treinta años de historia de instituciones y analistas que fueron atravesados por los fundamentos de la teoría y la clínica lacaniana. Historia colmada de encuentros y desencuentros, de agrupamientos de analistas en instituciones como de inevitables escisiones y rupturas, de trabajos compartidos y extenuantes luchas fratricidas. Historia que en su repetición dice del pecado de origen que transmitieron Freud y Lacan, en cuanto a la dificultad de tramitar las diferencias de otro modo que no sea la segregación del otro o las rupturas institucionales. Otros, quizás, se harán cargo de escribir acerca de esta historia de las instituciones psicoanalíticas en Tucumán. Mi propósito es situar algunos criterios acerca de la clínica que sostengo. Práctica que, aún en sus diferencias de estilos singulares referidas a la propia historia, lecturas y momentos de formación, comparto con colegas de la institución a la que pertenezco.

A principio de los años ’80 un grupo de analistas , que no habíamos participado de los orígenes del lacanismo en Tucumán, interrogados por la clínica decidimos reunirnos en la búsqueda de nuevas respuestas a aquellas preguntas que insistían en nuestro quehacer. Los textos freudianos comienzan a cobrar un nuevo alcance a partir de la lectura que de ellos proponía Lacan. Iniciamos así un camino de formación apoyados por analistas de Buenos Aires con quienes mantuvimos un intercambio fecundo, y que con el tiempo se constituyeron en maestros y pares. Este recorrido derivó en la constitución del Grupo de Psicoanálisis de Tucumán, Institución que reconociéndose deudora del descubrimiento freudiano y de la enseñanza de Jacques Lacan, se comprometió en la transmisión del psicoanálisis a las nuevas generaciones de analistas. Junto a otras instituciones de Tucumán y del mundo apostamos al lazo y al intercambio entre analistas. Nos constituimos en convocantes de la Reunión Lacanoamericana de Psicoanálisis y fuimos una de la Instituciones fundadoras de Convergencia, Movimiento Lacaniano por el Psicoanálisis Freudiano, convencidos de que los encierros endogámicos inevitablemente llevan a lo peor. Camino difícil y trabajoso de transitar pero coherente con la Ética del psicoanálisis que sustentamos.
Más allá de ciertas particularidades del psicoanálisis en Tucumán los avances y obstáculos en su clínica no son diferentes de las que se le plantean a los analistas en los diversos lugares del mundo a más de un siglo de la peste desatada por Freud y renovada en el subversivo pensamiento de Lacan. El porvenir del psicoanálisis, tanto en esta pequeña provincia del noroeste Argentino, como en las grandes capitales de mundo, está dado por que la pasión por lo inconsciente, el amor por la búsqueda de la verdad del sujeto, el incontenible deseo por descubrir el enigma de las letras que portamos sin saberlo, continúe habitándonos a los analistas. Es la posibilidad, siempre amenazada por las vías del sentido, que la antorcha se siga transportando.
 
 
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