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   La Interconsulta

El otro lado
  Fragmentos de un proyecto in progress
   
  Por Roberto Neuburger
   
 
¿Qué piensan los médicos de la interconsulta psi? Acostumbramos a mencionarlos en nuestras referencias a la práctica hospitalaria, sin tener demasiado en cuenta –más allá del texto manifiesto de una demanda, a veces nada más que un par de líneas formales en un formulario municipal– sus ideas, sus dificultades o sus expectativas.
Lo que sigue es el resultado (fragmentario e inconcluso aún) de entrevistar a algunos de ellos con los que compartimos el ámbito de trabajo cotidiano, de proponerles exponer su propia visión de la interconsulta –y con ella, del mundo psi– como material para una posible reflexión futura, a la que esperamos el lector interesado contribuya.

El “lapsus” de la medicina. Es la experiencia cotidiana ver a los residentes sensibilizados –a veces con mayor intensidad que un experimentado “médico de planta”, que ya ha desarrollado una “coraza protectora” a lo largo de años de su práctica hospitalaria– frente a la angustia de los pacientes internados. En respuesta a mis interrogantes, el pedido de interconsulta –momento inicial de una secuencia que luego se desarrollará en sucesivos pasos– es pensado por el Jefe de Residentes de Clínica Médica como expresión de un tropiezo en el orden de la ciencia, del que la medicina depende (en la universidad, la ciencia se presenta en su aspiración de universalidad). Sin embargo, reconoce que a veces omite, se le pasa advertir la necesidad de consultar cuando hay un interrogante al que no puede dar respuesta. En el trajín y el vértigo de la actividad de la Sala, lo olvida. ¿Lo psi es el lapsus de la medicina?

El desborde tan temido. Otro clínico, asimismo sensible a la subjetividad de sus pacientes, toca el tema de los pacientes psicóticos, potencialmente excitados, que difieren significativamente del habitual internado inmóvil y casi inerte en su cama, que no trae mayor inquietud al personal de las Salas. En cambio, la presencia en ese sitio de la extrañeza inquietante, de lo insólito y disruptivo del enigma, deja en falta a quienes encarnan la hegemonía conductora. La práctica de la interconsulta no sólo no alcanza a cubrir lo esperado –la desaparición del corpus alienum, o bien su transformación equivalente (artillería psicofarmacológica mediante) en un pasivo que yace en su cama– sino que deja, además, un resto más alarmante aún: por la tarde, cuando dichas Salas no cuentan más que con el personal de enfermería (ya que los médicos no regresan hasta la siguiente mañana) la sensación de abandono se agudiza aún más. Sólo en caso de que se llegue a extremos de lo insoportable, una última maniobra subsiste como posibilidad: que acuda un profesional traído en ambulancia desde una institución monovalente, a pedido de la Guardia, trámite engorroso y que pierde eficacia por la demora. ¿Cómo proveer la solución adecuada?
Evidentemente, las insuficiencias de la estructura institucional –y los límites a que queda expuesto quien debe representarla– no son un problema desdeñable. Similar situación se encuentra cuando un paciente internado, calificado de “adicto” (y se conocen las trampas de la asignación apresurada de la identidad por medio de un rótulo) es sobremedicado –aún antes de solicitarse la intervención del “especialista”– como hipotética prevención del intimidante “episodio de abstinencia”.

La ambivalencia del psicoanálisis. ¿Odioenamoramiento? Interrogado sobre su relación con el psicoanálisis, otro clínico la define como ambivalente: un interés marcado, en especial en su alcance cultural y como desarrollo teórico, a la vez que desconfianza fundamental en relación con su vertiente “práctica”. La misma se extiende en una crítica hacia sus practicantes, sospechados de implementar una jerga que obstaculiza todo trabajo en común. Y sin embargo, la presencia y actividad del psi (en tanto éste no ceda a la tentación de la autoidealización épica, es decir, una denegación de su propia carencia) consigue un intercambio que puede potenciarse si la demanda de asistencia, aún si no es respondida de manera directa en su aspecto explícito, no es ignorada.

Un epílogo provisorio. El practicante psi en la institución hospitalaria, confinado y aislado habitualmente dentro del Servicio de Psicopatología, tiene pocas oportunidades para recorrer y enfrentarse con el resto del Hospital. Conocer el otro lado, saber qué piensan de nosotros los que allí se desempeñan, puede poner a prueba más de una suficiencia narcisista. Para un psicoanálisis que proponga la falta como constituyente de su experiencia no deja de ser una ventaja.

Psicoanalista, Médico de Planta, Hospital General de Agudos “Dr. I. Pirovano”. Interconsultor en el Servicio de Clínica Médica.
 
 
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