Inicio   |   Login   |   Registrarse   |   Quienes Somos   |   Contacto   |   STAFF     
BOTONERA EN IMAGEN
 
 
 
Facebook Twitter
   Las nuevas modalidades del goce

De lo nuevo que era tan viejo
  Por Juan Carlos Indart
   
 
Sin un contexto muy preciso, el de los debates de la orientación psicoanalítica lacaniana, la expresión “nuevas formas del goce” que de allí proviene, es engañosa.
Es engañosa porque sabemos que se impone en la civilización la obligación de adorar lo nuevo sin pensar, es decir, sólo porque es nuevo, obligando a la mayoría, en su error de buena fe, a seguir su frenético andar errante e ilimitado.
Entonces, admitamos que de la orientación psicoanalítica lacaniana no va a provenir una forma de goce que sea nueva solamente porque es nueva, ni su búsqueda.
Al contrario, es una orientación que se resiste a esa solicitación, y que invita ante un malestar tan acuciante a hacer una pausa, para conversar.
Por ejemplo, para contextos menos puros pero más aplicados, me parece que, como pausa, tendría que haber consenso respecto a lo que Freud descubrió, y que Lacan puso sobre el tapete cuando ya tantos psicoanalistas se lo olvidaban, a saber, que en la cría humana se inserta, indiscutiblemente por vía de la lengua, una pulsión, una exigencia, una exigencia de más goce, que se repite sin límite alguno, compulsivamente, hasta silenciarse, solamente, en la muerte. Probado para varones, lo que no es poco, porque con las mujeres nunca se sabe.

Y de ahí el enorme aporte del psicoanálisis al mostrar que había una solución respecto de ese goce, inscripta en el inconsciente, por más olvidada o reprimida que estuviese: la del acceso a la ley, ley del deseo, y a su lógica del no, la que pone un límite al goce. Un límite llamado, no muy felizmente, pero como para que los muchachos entiendan, “castración”. No hay que burlarse de las primeras versiones freudianas del saber inconsciente, porque resuenan en lo que queda de cualquier familia, antes de que sucumba en la medicación y en la adaptación a un laberinto para ratas sostenido por un cognitivismo que tampoco sabe cómo se hace el amor. Tiene su verdad el saber freudiano popular, por ejemplo, en relación al hijo varón. Dice el padre: “Creo que tengo una idea de lo que te pasa con tu goce, tan extraviado y sin límites, pero aquí (donde tu subsistencia está en juego, lo que espero que te quede claro) con tu madre no, y con tu hermana tampoco, y con los de tu sexo tampoco, por lo que espero que, en cierto modo siguiendo mi ejemplo, salgas de aquí y de vos mismo para conseguir una mujer con la que retornes como padre, para hacerme abuelo y transmisor de un modo de gozar que así probaría que se transmite.”
Hay que reconocer que esa solución, que no fue la primera, pero que hizo historia, aún animaba hasta hace poco a hombres y mujeres para juntarse con alguna orientación en común. Con al menos dos restos, nobles, pero, a la larga, molestos: que cumplir la ley deja insatisfecho, o que cumplirla es imposible.

Pero hoy pasa que esa solución que se transmitió inconscientemente de manera generalizada (nunca en todos los casos), caduca sin defensa frente al nuevo ordenamiento de hierro que impone la juntura del espíritu financiero con el espíritu tecnológico y el espíritu esclavo. Caduca porque este último ordenamiento ni sostiene ni transmite la ley, a la que sustituye con un remedo contractual sin garantías, en el que solo medran los verdugos más encanallados.
Cuando cae una solución como esa, milenaria, sin nada que la sustituya, no es que vayan a surgir “nuevas” formas de goce, sino que vemos y veremos retornar lo que siempre fueron sus “viejas” formas, las de la miseria social. No hay que escandalizarse con las formas del goce actual. Repetirán los extremos conocidos de las decadencias de la ley, como se ven hoy en un niño sin ley: primero un último llamado paranoico forjado con el asesinato y el suicidio en nombre de hacerse escuchar, hacerse ver, hacerse cagar, hacerse chupar; y luego nada, esquizofrenia, fenómenos psicosomáticos, debilidad mental, miseria y muerte. No hay nada nuevo en el actual desencadenamiento del goce sin ley, por global que sea, y sus catástrofes ya han sido experimentadas por la humanidad de modo incomparable, desde que el mundo es mundo.

Lo que hay que preguntarse es en cuánto y en cómo una forma de goce soporta un vínculo social transmisible.
Es lo que aún no proponen los homosexuales, detenidos histéricamente en el derecho a casarse y tener hijos, pero sin jugarse a decir que desean que sus hijos sean también homosexuales. Sólo eso haría de sus presiones un cisma digno de considerar.
Está probado que la pobreza puede sostener y transmitir vínculos sociales, pero la miseria no, y lo miserable, que es la miseria de la exigencia de goce como tal, se presenta sin velos en la cúspide y en la nada de las riquezas ilimitadas, fuera de la ley, que hoy pretenden “gobernarnos”.
Serenidad respecto de las “nuevas” formas de goce, y acto respecto de lo que se desea transmitir, porque más no se sabe, ni parece que podría llegar a saberse.
No esperar nada de la tecnología científica en ninguna de sus falsas promesas cuando prometen nuevas soluciones al goce, y resistir.
 
 
© Copyright ImagoAgenda.com / LetraViva

 



   Otros artículos de este autor
 
» Imago Agenda Nº 100 | junio 2006 | Sobre los ideales  Homenaje a Freud
» Imago Agenda Nº 81 | julio 2004 | ¿Hay un enigma femenino? 

 

 
» Fundación Tiempo
PASANTÍAS DE VERANO. Pasantías clínicas gratuitas con práctica asistencial 
 
» Fundación Tiempo
POSGRADO EN ATENCIÓN TEMPRANA CON DERIVACIÓN RENTADA 
 
» Fundación Tiempo
POSGRADOS EN PSICOANÁLISIS CON ATENCIÓN RENTADA DE PACIENTES 
 
Letra Viva Libros  |  Av. Coronel Díaz 1837  |  Ciudad de Buenos Aires, Argentina  |  Tel. 54 11 4825-9034
Ecuador 618  |  Tel. 54 11 4963-1985   info@imagoagenda.com