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   Mesa redonda

En torno de La pulsión respiratoria en psicoanálisis* (Segunda parte)
  Por Sebastián  Sica
   
 

Sebastián Sica: todos sabemos que en el Seminario 11 Lacan le otorga a la pulsión un lugar entre los conceptos fundamentales del Psicoanálisis. La historia cuenta que el dictado de ese seminario estuvo antecedido por los sucesos que culminaron en la expulsión de Lacan como miembro de la IPA por no ajustarse a la ortodoxia reinante, episodio que Lacan designó con el término “excomunión”, es decir, un vocablo vinculado con las prácticas religiosas. Este singular cuadro de situación lo movió a preguntarse una vez más acerca del estatuto científico del psicoanálisis, el que siempre tiene la tendencia de perderse en lo religioso. Justamente, el dictado del seminario sobre los conceptos fundamentales constituye de algún modo la respuesta a estos acontecimientos, ya que según su diagnóstico, mientras que las instituciones analíticas presentaban la estructura jerárquica de una iglesia, la teoría se había convertido en un rígido dogmatismo. También agrega que el psicoanálisis de su época –remarco “de su época”– como sucede en cualquier religión, se encontraba regido por el denominado “principio de autoridad”, vale decir, el principio por el cual se admite que lo dicho por ciertas autoridades –por ejemplo La Biblia para los padres de la Iglesia– es verdadero por el sólo hecho de que tales autoridades lo afirmen, considerándose como una herejía toda manifestación distinta o contraria a lo que es aceptado por el dogma. Sin embargo, postulando que el psicoanálisis es heredero de la ciencia moderna y que como tal opera sobre el sujeto que ella engendra, Lacan sostendrá que la teoría analítica deberá encuadrarse en las coordenadas en las que se inscribe cualquier saber que se pretenda científico, esto es, un saber que deberá ser fundamentalmente racional y comunicable: tendrá que ser un saber racional, ya que a toda disciplina articulada a la ciencia se le exigirá coherencia entre los conceptos que formen su cuerpo teórico, mientras que todos sus argumentos deberán poder responder a la pregunta por la causa de lo que se afirma mediante relaciones lógicas que permitan refutar o comprobar lo afirmado sin apelar a respuestas basadas en la creencia o en el ya mencionado principio de autoridad. Es decir, que el valor que presente la afirmación que se sostenga, no tendrá que emanar de la persona que sostenga tal afirmación sino de la coherencia que guarde con el resto de las afirmaciones. Asimismo, el psicoanálisis tendrá que ser un saber que, por articular sus conceptos en torno a una lógica, pueda ser formalizado y comunicado por fuera de experiencias místicas o iniciáticas.

Tratando de brindar, entonces, una respuesta racional al dogmatismo religioso del psicoanálisis, en el Seminario 11 Lacan también diagnostica que en el abordaje que la mayoría de los analistas hacían de los conceptos fundamentales, se podía observar una fuerte incidencia de prejuicios ideológicos. Así, el psicoanálisis –transformado en una psicología– se convertía en vehículo del Ideal. Por ejemplo: si bien la noción de pulsión tal como Freud la propone, responde a lo más específico de la práctica clínica de las neurosis, los analistas contemporáneos a Lacan, imbuidos en la biología imperante, no hicieron más que velar lo más novedoso del descubrimiento freudiano, devolviendo el concepto al sentido común. Al ser entendida como una fuerza de trabajo proveniente del cuerpo, la pulsión quedaba equiparada al instinto. Desde esta perspectiva, la pulsión queda reducida a ser una fuerza oscura que empuja al sujeto a realizar ciertos actos en contra de su voluntad, los que tendrían la propiedad de ser inconscientes por tener su causa en el cuerpo, convertido éste –ni más ni menos– que en una fuente energética. Si esto fuera así, el psicoanálisis no tendría nada nuevo que decir al respecto.
En la sesión del Seminario 11 que lleva por título “Desmontaje de la pulsión”, Lacan se pregunta sobre esta perspectiva biológica que se le intentaba dar al concepto, respondiendo de manera taxativa. Cito a Lacan: “Pero ¿pertenece la pulsión al registro de lo orgánico? ¿Es así como hay que interpretar el texto de Freud? [...] No sólo creo que no es así, sino también que un análisis detenido de la elaboración que hace Freud de la noción de pulsión demuestra lo contrario [...] Que la pulsión consta de cuatro términos que no pueden aparecer sino disyuntos, no puede tener nada de natural.”1

En 1964, cincuenta años después de que Freud escribiera su ensayo sobre las pulsiones, a Lacan le resulta necesario diferenciar una vez más el concepto de pulsión de la noción de instinto, intentando devolverle el estatuto de concepto específico del psicoanálisis. Distanciándose así de cualquier biología y articulando la pulsión con el significante, Lacan evitará radicalmente derivar lo pulsional de un efecto de energía que emanaría del cuerpo, invirtiendo por el contrario esta lógica, designando a la pulsión como el efecto causado por el orden significante sobre el cuerpo; para llegar años después –en el Seminario sobre el Sinthome– a referirse a la pulsión como el eco en el cuerpo de que hay un decir.
Otra de las preguntas cruciales que se hace Lacan a lo largo del Seminario es acerca de la formación del concepto. Por ejemplo, en la primera sesión del seminario de referencia, se pregunta: “¿Hay conceptos analíticos formados de una vez por todas? El mantenimiento casi religioso de los términos empleados por Freud, [...] ¿a qué se debe? ¿Se trata de un hecho muy sorprendente en la historia de las ciencias, del hecho de que Freud sería el primero y seguiría siendo el único, en esta supuesta ciencia, en haber introducido conceptos fundamentales? [...] ¿Son conceptos en formación? ¿Son conceptos en evolución, en movimiento, por revisar?”2
Usualmente los analistas no nos detenemos en este tipo de cuestiones fundamentales, y terminamos por tomar el decir de nuestros maestros como un credo compuesto por frases hechas, vacías de contenidos, fundamentalmente inmodificables. Pero justamente en consonancia con los planteos del Seminario 11, en el escrito “Subversión del sujeto...”3 Lacan efectuará una revisión del concepto de pulsión, proponiendo ampliar la vista freudiana de objetos pulsionales y agregando el fonema, el flujo urinario, la mirada, la voz y el nada. Precisamente es en este escrito que Lacan hace alusión a la erogeneidad respiratoria, la que según su opinión se encuentra mal estudiada. El significativo olvido en el que cayó el estudio de lo respiratorio, también será mencionado en el marco del Seminario sobre La Angustia. Siguiendo la brecha que el propio Lacan dejara abierta con estas formulaciones, es que los autores realizan su propuesta sobre la posibilidad de concebir un funcionamiento pulsional respiratorio. Esta propuesta es desarrollada a lo largo del libro dentro de un preciso marco conceptual, no como un ente aislado que apareciera en la teoría por una suerte de acto de inspiración, sino en directa articulación con el sistema propuesto por Lacan para las demás pulsiones.

Los autores de La pulsión respiratoria en psicoanálisis4 elaboran una lógica mínima que permite establecer las propiedades del concepto en el marco de la red de relaciones que implica la teoría analítica. Esta lógica puede ser expresada mediante una serie de ítems: en primer lugar, la pulsión como concepto específico del psicoanálisis, no puede ser equiparada a una fuerza instintiva proveniente de lo real del cuerpo biológico. Por el contrario, dada la preexistencia del orden simbólico en la constitución del sujeto, el concepto de pulsión quedará articulado al significante y a la demanda, razón por la cual Lacan se refiere a la pulsión como un saber, acuñando su fórmula en términos de (S/<>Dr). En esta lógica, la pulsión será considerada como la localización del sujeto del inconsciente en una ubicación corporal, ubicación que debe estar “tanto más lejos del hablar cuanto más habla”. Su vinculación con el significante determina que la pulsión siempre sea parcial, ya que implica el funcionamiento de corte, tanto en la zona corporal como en lo atinente al objeto. Por eso, habitando una función orgánica bajo la forma del artificio gramatical, aislará una zona parcial, esto es, un borde ofertado por el cuerpo.
En conclusión, si con el término “pulsión” se designa la localización del sujeto en una ubicación corporal, no es posible concebirla sin la estructura y la puesta en funcionamiento del sujeto del inconsciente. Razón por la cual, será una noción reservada al recorrido de un análisis, implicando necesariamente la relación transferencial, es decir, que la pulsión será un concepto que se aplicará solamente en casos de neurosis. Recordemos que, en relación con los cuatro conceptos fundamentales, la pulsión se encuentra apareada con la transferencia. Esta es la base conceptual en la que se apoyarán los autores para desarrollar su propuesta. La hipótesis que se sostiene es que lo respiratorio, como borde del cuerpo, actuaría como otra de las ofertas para la localización del sujeto del inconsciente. Esta idea se encuentra fundada en el hecho de que la actividad respiratoria presenta una serie de características que habilitan su funcionamiento pulsional. Por tratarse de una función vital, constituye una oferta muy apta del cuerpo para la ubicación orgánica del sujeto. Por otro lado, resulta posible una precisa localización de un borde corporal que funciona como zona erógena –en este caso la nariz y la boca–. Asimismo se puede delimitar un hacer específico: el respirar, donde el ida y vuelta pulsional estará favorecido por la escansión entre inspiración y espiración. Abordando la pregunta acerca del objeto de la pulsión respiratoria, quizás el punto que constituye el mayor obstáculo para pensar el concepto, dada la ausencia de corte real que presenta el aire como fluido; los autores, siguiendo la propuesta que Lacan mismo hiciera en “Subversión del sujeto...” proponen que el corte entra en juego a través del espasmo. Así, el objeto de la pulsión respiratoria quedaría comprendido a través del espasmo como corte o escansión del cuerpo en relación con el aire. Un perfume o el humo del cigarrillo son propuestos como aquellas posibles imágenes especulares que darían la vestimenta al objeto pulsional.

Es un hecho que en nuestra clínica cotidiana nos encontramos con una amplia gama de casos que requieren que lo respiratorio sea tomado en consideración. El tan moderno ataque de pánico, la tos nerviosa, los ahogos, diversos tipos de fobias, son formas de padecimiento muy frecuentes. Sin embargo, no es en torno a estos síntomas –de índole respiratoria– que se intenta enfatizar lo novedoso de la propuesta. A lo largo del libro, poniendo a prueba el concepto y tensándolo al máximo, se lo articula con un buen número de casos clínicos en los que se comprobaría un funcionamiento pulsional respiratorio, abordándose temas tales como: la íntima relación entre la angustia y la respiración, el ahogo como variedad de satisfacción ligada al consumo de tóxicos y como práctica sexual, así como el asma.
Para finalizar, se realiza una presentación articulada del objeto de la pulsión respiratoria con el esquema de pisos que Lacan presenta en el Seminario de La Angustia, acerca de las relaciones entre las diferentes presentaciones del objeto a. En tal sentido, se establece una precisa definición y articulación entre la pulsión respiratoria y su objeto, con la pulsión oral y la invocante. Ésta entonces es la propuesta que realizan los autores en torno a la pulsión respiratoria, la que constituye indudablemente un hecho científico.
Sólo cabe esperar que los analistas seamos capaces de tomarla en consideración, sin dogmatismos.

 
Revisión, corrección y establecimiento del texto: Mariana Gomila.
Sebastián Sica, psicoanalista, miembro de Apertura Sociedad Psicoanalítica de La Plata, Supervisor de Residentes H.I.G.A. “Gral. San Martín” (La Plata-Pcia. de Bs. As.), Ex-Docente U.N.L.P.
1. Jacques Lacan, El seminario. Libro 11, Buenos Aires, Paidós, 1999 , p. 169.
2. Ibíd., pág. 18
3. Jacques Lacan,: “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo”, en Escritos 2, Buenos Aires, Siglo XXI, 1985.
4. Alfredo Eidelsztein y col., La pulsión respiratoria en psicoanálisis, Buenos Aires, Letra Viva, 2004.

 
 
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