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   Colaboración

Cadáver exquisito
  Por Sergio Zabalza
   
 
Soy el primer cadáver leproso y llevo un cadáver leproso.
D. P. Schreber

Si bien Freud no se explayó en precisiones acerca de los sabores del banquete totémico, nos sentimos tentados de relacionar el extravagante nombre que la creatividad surrealista supo elegir, con el episodio canibalístico fundante de la civilización.
En efecto, si la función de desconocimiento del yo genera esa ilusión a la que nos referimos con el término de individuo, no es menos cierto que en el dispositivo creado por Breton y sus amigos, se sientan las condiciones que hacen vacilar los castillos altaneros de la mismidad.
Basta con advertir las sonrisas y sorpresas que los rostros denuncian cuando se desenrolla el papel y se lee el texto.
Pero, ¿porqué cadáver, porqué exquisito,1 qué es lo que se come allí? ¿Porqué las risas, porqué el asombro?
Si el humor o el desconcierto son algunas de las manifestaciones fenoménicas que Freud observa cuando irrumpe una formación del inconciente, bien podríamos concluir que en dichas emergencias algo se pierde; gasto psíquico, decía en un momento el padre del psicoanálisis.
Unos años más tarde, cuando exprese que el primer rasgo identificatorio coincide con el primer objeto de amor, dará a entender que de lo que se trata en el banquete totémico es de la incorporación de un vacío.2
Al entregar la letra para que se pierda en la significación compartida, ese uno (S1) con pretensiones de omnipresencia sabe el sabor de ausencia. Por un momento el sujeto se separa del lastre escultórico hecho de identificaciones que llamamos yo. Lo mismo sucede en un chiste, un lapsus, una interpretación, y es que en todas esas instancias se agujerea el sentido hegemónico que el narcisismo impone a la subjetividad.
Una consideración aparte quizá merezca el caso de la psicosis, en el cual ya no hablamos de identificación, sino de la identidad del ser de la certeza.
Hace poco, durante una supervisión tuvimos la oportunidad de analizar un texto escrito por los pacientes del servicio en el taller de escritura, a partir de la propuesta de un cadáver exquisito.
Advertimos, al leerlos por separado, que en casi todos los casos, se trataba de varias y amontonadas frases aplastadas por la tiranía que la palabra del Otro imponía en la hoja en blanco.3

“El calor me gusta, pero hay que aguantar el sudor”.
Sudor del mediodía que es sofocante y a veces no se aguanta”.
Aguantar, esta palabra me dirige a cuando me dormía en una clase porque estaba muy medicado, pero ahora no me sucede porque estoy con menos medicación”.
Medicación. La medicación la tomo por la manía y depresión ansiedad, y a veces me da por pelearme en el trabajo con los colegas y empujo a la gente en el colectivo porque siento que me tienen bronca hacia mi o porque no me dicen buen día”.
Día en que llego a un lugar anhelado, logrando mis ilusiones”.
Ilusiones = En esta vida hay ilusiones porque todos tenemos una misión en la tierra y así lo dispone el Señor”.

Lacan recurre al concepto de testimonio objetivado4 para dar cuenta de ese garabateo metonímico donde la palabra no vehiculiza mensaje alguno que dé cuenta de una singularidad. Muerte del sujeto5 agrega en la Cuestión Preliminar.6
Cadáver leproso atestigua7 Schreber.
Sin embargo, los que estuvimos coordinando la tarea advertimos en aquella oportunidad, que en el momento de la lectura del texto completo, no se escuchó la mera reproducción de signos en el papel.
La concatenación inesperada de significantes donde algo de la consistencia del Otro se pierde en la sorpresa gestada por una suerte de polifonía8, generó las sonrisas y la satisfacción por la tarea... común, que aunque sea por un instante, dejó entrever algo del orden de lo diferente.
Si la forclusión del sentido es más radical que la del Nombre del padre9, bien podemos concluir que en lo que a operar sobre el goce se refiere, de lo que se trata es de saber hacer allí con un instrumento que introduzca un respiro respecto de la certeza, para algunos puede ser la metáfora del Nombre del Padre, para otros será poner a circular el síntoma en un dispositivo con otros.
Sujeto colectivo se susurró en la supervisión, ¿por qué no?
Si por colectivo entendemos, la serialidad que la reunión de varios aporta a la transferencia, como estrategia para localizar10 lo Otro en un espacio momentáneamente compartido.
Este es el banquete del Hospital de Día, la incorporación de una nada que sabe a manjar y que por exquisito deja de ser leproso, ya que pone a distancia respecto del sujeto eso que el psicótico nunca entregó.


__________________
1. Agradecemos a Silvia Drikier la información según la cual denominación “cadáver exquisito” nació en las intensas noches que Bretón –acompañado por Robert Desnos, Paul Eluard, y Tristán Tzara entre otros–, disfrutaba en un periplo que cubría Zurich, París y Berlín, durante los años en que la guerra del 14 dibujaba un extraño borde entre diversión, horror y locura.
2. Sigmund Freud, “El yo y el ello”, en AE, tomo XIX, pag. 31.
3. La modalidad adoptada de juego consistía en que cada participante escribía su frase dejando la última palabra en otro renglón aparte previo pliegue del papel, de modo que el compañero siguiente tan solo recibía como visible la hoja en blanco con una palabra en un ángulo.
4. Jacques Lacan, El seminario. Libro 3. Las psicosis, Buenos Aires, Paidós, 1984, p. 114.
5. Jacques Alain Miller y otros, Los inclasificables de la clínica psicoanalítica, Buenos Aires, Paidós, 1999.
6. Jacques Lacan, “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis”, en Escritos 2, Buenos Aires, Siglo XXI, pag. 549.
7. Lacan enfatiza el lugar de testigo objetivado que ocupa el psicótico en tanto mártir del inconciente Por su parte, Emile Benveniste despliega un interesante contrapunto entre testis y superstes, afirmando que el primero supone terceridad en tanto el segundo da cuenta de aquel que se quedó sobre la cosa. Para terminar este pequeño comentario, recordamos que Giorgio Agamben considera que Primo Levi, al intentar -en su testimonio sobre el holocausto- decirlo todo, se quedó en la posición de superstes. Afirmamos entonces que lo que Lacan llama mártir del inconciente es este superstes del que nos hablan Benveniste y Agamben. Ver:
Lacan, J: El seminario. Libro 3. Las psicosis, ob. cit., clase del 8 de febrero de 1956.
8. Imposible no mencionar a Bajtin, crítico literario que despliega con este concepto la multivocidad del lenguaje. No en vano Lacan apela a la figura del pentagrama para dar cuenta del eje de la sustitución del discurso. El concepto de polifonía cobra relevancia en estos sujeto, que por carecer del pentagrama simbólico se hacen beneficiarios de la multiplicidad discursiva convocante que aporta la serialidad del dispositivo de Hospital de Día: un taller, un analista, un compañero, un taller, un psiquiatra, una reunión de familia, un, una, uno, un... Ver M. Bajtin, La poética de Dostoievski, México, F. C. E., 1986 y Jacques Lacan, El seminario. Libro 12. Problemas cruciales para el psicoanálisis, clase del 9 de diciembre de 1964, inédito.
9. Cf. Jacques Lacan, El seminario. Libro 23. Le sympthome, clase del 16 de marzo de 1976, inédito.
10. Recomendamos ver el comentario por oposición que hace Lacan respecto de las distintas formas de tratamiento de la pulsión: Retorno in loco vs. retorno in altero. Lacan Jacques (1956) El seminario. Libro 3, ob. cit., pag. 153.
 
 
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