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   Psicoanálisis en el mundo

Líneas del desarrollo actual del psicoanálisis en Alemania
  Por Oliver  Decker  y Merve Winter
   
 

Introducción: Al intentar ofrecer una impresión de la situación actual del psicoanálisis en Alemania, hay que decidir si dar una imagen del estado del desarrollo teórico, o bien ocuparse de los aspectos institucionales.
Ocuparse de la discusión teórica es un emprendimiento difícil. Por ello nos concentraremos a continuación en los aspectos institucionales; en concreto, sobre la ley de psicoterapeutas de 1997. Dicha legislación sancionada por el Bundestag (el Parlamento alemán) regula a qué grupos de profesionales se les permite ejercer la psicoterapia. Asimismo se establece un currículum de validez general y una estructura unificada de la formación del psicoterapeuta.

1. La formación psicoanalítica de post-grado: Para entender como se halla estructurada la formación psicoanalítica en Alemania, debe partirse de tiempos anteriores. Antes de la reglamentación de la ley, los que ofrecían psicoterapia eran muy heterogéneos, ya que la denominación profesional “psicoterapeuta” no se hallaba protegida. Especialmente en metrópolis como Berlín, había avisos clasificados llenos de ofrecimientos de psicoterapias esotéricas, en las que la frontera con la charlatanería fluía libremente. Para trabajar en psicoterapia bastaba antes de 1997 una habilitación como practicante de salud1. Este camino lo transitaba cualquiera, y también los psicólogos. En consecuencia, los psicólogos carecían de reconocimiento social y legal. Sólo cuando habían completado una formación de post-grado –lo que ahora, como antes, son 1. el psicoanálisis, 2. la psicoterapia de fundamento en la psicología profunda y 3. la terapia conductual– podían llevar a cabo psicoanálisis con subvención del Seguro Social, que cubría por completo los costos del tratamiento. Luego de los estudios del grupo de trabajo de Annemarie Dührssen en los años cincuenta, se incluyó el psicoanálisis en los nomencladores de la Seguridad Social (Dührssen, 1964). Ella pudo demostrar que los costos de tratamiento se reducían en los casos de pacientes que llevaban a cabo una psicoterapia, ya que necesitaban menos procedimientos de estudios médicos. A fines de los setenta hizo su entrada la terapia conductual, se difundió gracias a la economía en tiempo que propone, así como su trabajo eficiente de evaluación, por lo que goza de mucho aprecio en Alemania. En los ochenta se desarrolló, a partir del psicoanálisis, otro método psicoterapéutico, la psicoterapia con base en la psicología profunda, que hoy constituye la tercera corriente. Además, siguen existiendo otras escuelas, como la terapia de conversación de Rogers. Al carecer de reconocimiento legal antes de 1997, los psicólogos que ejercían la psicoterapia se hallaban subordinados a los psicoterapeutas médicos. Sólo cuando un psicoanalista médico derivaba un paciente a un psicólogo –a causa de su saturación profesional– podía éste ejercer. Dicho modelo se aplicó en la práctica durante años, en apariencia con funcionalidad.2 Los Institutos de formación eran instituciones que con frecuencia actuaban sobre la base del Derecho de Asociaciones de Alemania3, y se encargaban de la formación de post-grado de los psicoterapeutas dependientes de la sociedad de cada Seguro Social local. Dichas instituciones establecían los procedimientos de examen y por regla incluían a los candidatos que habían pasado estos exámenes en la Asociación Psicoanalítica Alemana o en la Sociedad Psicoanalítica Alemana.

Esta situación, pues, se ha modificado fundamentalmente luego de la ley de psicoterapeutas. Para comenzar por el último punto mencionado: la formación sigue estando a cargo de los mismos Institutos, pero como éstos ahora tienen estatuto de representantes del Derecho Público, el Estado delega en sus manos la formación de los futuros psicoterapeutas. Para alcanzar tal función, los Institutos deben presentarse a cada nueva comisión examinadora de cada gobierno local. Tienen la obligación de formar a los candidatos según un currículum establecido por la Legislatura; en el mismo se distingue nítidamente entre psicólogos y médicos en formación de post-grado. Los psicólogos deben completar un extenso programa básico, en el que de modo absurdo se repiten contenidos del estudio universitario. Dicha obligación no existe para los candidatos médicos, lo que no es menos sorprendente, ya que aquéllos no figuran en sus respectivos estudios universitarios. Al plan básico se añade un examen intermedio, diseñado y unificado por un instituto estatal, consistente en un cuestionario multiple-choice (también lo deben rendir los médicos). Luego la formación es común, y los candidatos pueden comenzar a ejercer bajo supervisión –en el caso de los institutos de formación psicoanalítica, realizar análisis de control–.

Una disposición muy desventajosa para los psicólogos es la obligación de trabajar medio año en una clínica psicosomática (600 horas) y un año en una clínica psiquiátrica (1200 horas). Se trata del ojo de una aguja, ya que habitualmente no hay escalafón para psicólogos y dicho trabajo es ad-honorem o con un pago mínimo.
Como hecho positivo puede señalarse que por primera vez se regula de manera unificada a quién se le concede reconocimiento legal y social. Sólo se puede llamar psicoterapeuta quien ha aprobado un procedimiento reconocido. Sólo los psicólogos y los médicos –de modo equitativo– pueden optar por dicha aprobación; ambos pueden matricularse luego, y ejercer con cobertura de la Seguridad Social. Se puede prever que ésta no continúe cubriendo las curas psicoanalíticas a causa de su larga duración. La mayoría de las cajas estatales de Seguro Social4 aún lo hacen, pero la mayor parte de las privadas la excluyen. Como aquéllas hace años se encuentran en rojo5, lo más probable es que el psicoanálisis no dure demasiado en el nomenclador. El modelo actual cubre alrededor de cuarenta sesiones de cualquier tipo de psicoterapia; las que superan dicha cifra quedan a cargo del paciente.

Como se indicó, el talón de Aquiles es el “año psiquiátrico” del post-grado de los psicólogos. Como quiera fundamentarse dicha cláusula, es evidente que los psiquiatras funcionarios han logrado poner una importante traba en la carrera de psicoterapeuta. Como dominan el acceso a las fuentes de trabajo, pueden cerrar convenios con los Institutos de formación. Aún en los casos más favorables, el pago a los psicólogos en dichas clínicas se halla muy por debajo del salario promedio en el país. Se exige de los futuros psicoterapeutas un ejercicio profesional de alto nivel académico, intelectual y de disponibilidad, al mismo tiempo que se los mantiene en un estatuto económico de estudiantes. Sin embargo, antes y después de la ley, los psicólogos eran y son mayoría en los Institutos de todas las orientaciones. Los médicos aprovechan la posibilidad de optar por la especialidad en psicoterapia, introducida en los ‘90 con mucha resistencia por parte de los psiquiatras. Dicho especialista tiene la calificación de Terapeuta Conductual o de Psicología Profunda, pero no de Psicoanalista.

Las instituciones psicoanalíticas solicitaron un nuevo reconocimiento luego de la introducción de la ley. La competencia salió al cruce no sólo por los post-grados en terapia conductista sino por los de Psicología Profunda. Éstos ofrecen formación según los lineamientos de la ley, en cuyo tramo final se halla la aprobación y título para ejercer. Dicha competencia es muy seria, ya que despierta mucho interés por parte de los candidatos. En los últimos años los Institutos psicoanalíticos han perdido gran número de aquéllos, situación catastrófica, ya que casi no hay nuevos candidatos para la formación psicoanalítica. En igual medida ha crecido la demanda de formación en Psicología Profunda. Para averiguar las causas, la Sociedad Psicoanalítica Alemana ha comenzado una investigación en los egresados de la secundaria, cuyos resultados aún no se conocen. Pero es seguramente la inflexible resistencia a toda crítica por parte del psicoanálisis institucionalizado la causante. En particular, el sistema de formación desde los primeros días del Instituto Psicoanalítico de Berlín de los años ‘20 no ha cambiado nada esencial en ésta, pese a la reiterada y sistemática crítica, llevada a cabo por analistas practicantes y docentes como Balint, Kernberg, Cremerius, Richter, Fenichel, Erdheim, y en tiempos recientes por candidatos y analistas didactas. Especialmente se objeta la presión adaptativa y de sometimiento, precisamente opuesta al objetivo de emancipación del psicoanálisis. Pero, asimismo, se menciona la ignorancia teórico-científica. La ausencia de candidatos se halla en relación con problemas económicos y estructurales. La formación psicoanalítica en Alemania dura, como promedio, de cinco a diez años y cuesta alrededor de 60.000 Euros. Un gasto mensual de 600 Euros sólo puede obtenerse con el ejercicio profesional simultáneo a tiempo completo, que en Alemania cada vez es menos frecuente.
La competencia en cuanto a la formación de post-grado y en relación con el psicoanálisis ofrece una comprensión de la psicodinámica mediante un procedimiento conductista mecánico, y no exige como aquél una larga experiencia personal, por lo que se llega rápidamente a la meta: la habilitación. El observador, en suma, desconfía del alto grado de sometimiento exigido por las instituciones psicoanalíticas. No solamente el propio ideal de éstas se halla en contradicción con la libertad de pensamiento de “hacer conciente”, sino que debe reflexionarse acerca de la flexibilidad con la que se conducirán los futuros psicoanalistas con sus analizantes, si el precio es tal identificación.

2. El psicoanálisis en los estudios terciarios en Alemania: Para finalizar, echemos una mirada a los estudios terciarios. En los programas de psicología, el psicoanálisis no se halla representado ni como experiencia clínica, ni como teoría de la cultura. Tradicionalmente, los programas tienen orientación sobre el aprendizaje, y con ello conductistas en cuanto a la terapéutica. Esto se relaciona con que la terapia conductista procede de los Institutos psicológicos y corresponde al paradigma científico dominante. Dicha tradición médica se ha quebrado en los últimos años de manera creciente. En materias de ciencias de la cultura o humanidades, el psicoanálisis recibe mayor atención. Como teoría de la cultura se la incluye entre las ciencias sociales, filosofía o estudios religiosos. La marginalización corresponde al espectro que va de la inseguridad hasta el rechazo que se opone al psicoanálisis en el medio público. De ningún modo puede compararse la situación de Alemania con el clima intelectual estimulante de Francia o Argentina. En general, los intelectuales no tienen aceptación comparable en el medio público alemán. No es claro si en ello aún se halla activa la herencia anti-intelectual de la propaganda nazi. Sin embargo, es evidente que el psicoanálisis tan sólo juega un rol periférico en el discurso público.


Traducción de Roberto Neuburger.
Oliver Decker, Doctor en Psicología de la Universidad de Leipzig y practicante en la Clínica Universitaria de la misma ciudad. Merve Winter, interconsultora en el Centro Cardiológico de la misma Universidad.
1. La autorización de prácticas curativas mediante un certificado es algo específico de Alemania y se remonta al período nazi. Jerarcas nazis como Hermann Göring aprobaron con dicha ley, redactada en el sentido de la ideología “de sangre y suelo” a los sanadores no-médicos. Se halla en vigencia hasta hoy y ofrece amparo a una serie completa de alternativas mejores o peores a la medicina académica.
2. Antes de la entrada en vigencia de la ley era de buena práctica aceptar en formación analítica también, por ejemplo, a sociólogos. Ahora se ha limitado a los psicólogos y médicos.
3. El derecho a la asociación se deba a la manía de los alemanes de fundar asociaciones, cuyo atractivo es la exención de impuestos. De allí el chiste: “cuando tres alemanes se reúnen, fundan una Asociación”.
4. En Alemania hay un Seguro Social obligatorio. El empleado en relación de dependencia debe contar con el mismo, sea por parte de una caja estatal o sustituta. La misma provee todos los gastos presentes en el nomenclador. El trabajador independiente, o aquél cuyos ingresos superan cierto límite, puede asegurárselo de modo privado.
5. No porque los costos hubieran subido, ya que se mantienen constantes desde los setenta (Deppe 2002). El elevado nivel de desempleo hace retroceder la inclusión en el sistema solidario. Se discute actualmente si los empleadores que hasta ahora han aportado al sistema solidario para los trabajadores y empleados han de ser exentos de tal contribución. Con ello se prepara la eliminación de prácticas como el psicoanálisis.

 
 
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