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¿Qué quiere decir hablar en psicoanálisis?
  Por Diana Voronovsky
   
 
Preliminar: Intentaré dar cuenta de la conceptualización que orienta nuestra praxis en lo que hace a una lógica que consideramos posible para gobernar la dirección de la cura, así como la ética que la rige. Es, entonces, considerando el lugar que los conceptos encuentran en el contexto de la doctrina que tomaré en consideración:
a) La ética del goce.
b) La lógica del sinthoma.
Para una clínica lacaniana las variantes de la cura que se ponen en juego se sitúan lejos de la estandardización y de la acción.
Recordemos que el acto en el que una cura se sostiene no es una variante de la acción, sino aquel cernido por las diversas dimensiones del lenguaje. Es así que un concepto fundamental como el de transferencia, si es un resultado,1 lo es porque estará portada por la palabra, según los tres registros RSI, de la misma. Es por ello que consideramos que, para tener en cuenta las variaciones posibles en una cura, una distinción en el estatuto de la palabra es insoslayable.
En el primer tramo de su enseñanza, Lacan afirma que el sujeto es efecto del lenguaje, esta afirmación se prolonga años más tarde al afirmar: “la pulsión es el eco en el cuerpo del hecho de que hay un decir”.2 Retomando entonces la noción de transferencia, me sirvo de esta afirmación para el subrayado que importa, y es la siguiente: la pulsión, que como es sabido no está articulada a ninguna función en particular, articula, no obstante, el decir en la transferencia.

Qué quiere decir hablar en psicoanálisis: Intentaré articular esta pregunta al ponerla en relación con una línea de enseñanza que es de lectura, a lo largo de las variaciones y modificaciones de Lacan con Lacan: no es posible considerar la ética y la lógica en las variaciones de la cura sin tomar en cuenta las modificaciones en el interior mismo de la obra lacaniana.
La fuerza de esta temática estriba en lo siguiente: es posible una variación en la cura si la vinculamos a problemas que tomen en cuenta la ética del goce y la lógica del sinthoma, ya que si la transferencia es un hecho de lenguaje, sostenemos que el sinthoma, también lo es.

Una dimensión del lenguaje: Pero ¿cúal es la relación del sinthoma con los hechos de lenguaje?
Subrayamos que no se trata del lenguaje en general, del instrumento o medio de comunicación, sino de una especificidad que es la que nos importa, ya que es la que tiene su parte en la dirección de la cura.
La palabra es un medio con el cual el sujeto opera pero en condiciones que definen su singularidad. Esta singularidad se define, no por el lenguaje generalizado, simbólico, ya que cuando la palabra funda un hecho, eso es un decir, se señala de este modo la diferencia entre hablar y decir. Se trata del decir, en tanto el mismo define un acontecimiento que marca un antes y un después, un suceder inédito que conlleva de modo insoslayable la implicación subjetiva.
La dirección de la cura va en el sentido de “hacer hablar”. Ahora bien, el habla misma “opera”, quiere decir que no comunica nada, ya que la realidad operatoria o la Wirklichkeit, para el psicoanalisis, está en función del habla. El habla es la efectuación del lenguaje en el parlêtre, pero el hablar implica el uso gozoso del habla. En la experiencia del análisis se trata del bla-bla-bla de la serie asociativa, y del goce fálico, si lo consideramos bajo la luz de la teoría de los goces. El decir deberá restarse de la serie de los dichos, se trata, entonces de una operación de sustracción.

Nos referimos al modo en el que alguien puede decir a partir de hablar diferenciando, entonces, la función del habla en el campo del lenguaje. La dimensión azarosa de la palabra es colocada en el centro de la praxis.
La lengua como un todo estructurado, lucubración de saber, soportará el no-todo de lalengua, parte de ausencia que se desliza en ella para hacerla equivocar, siendo la lógica que la gobierna la del conjunto abierto.
Nos encontramos así con el hecho de que lalengua ya no responde a una legalidad propia de la linguistíca, es el término inventado de “linguhisteria”, que Lacan utiliza para decir que lalengua no es entonces sin la histeria, histerificación de lalengua que no es lo mismo que la histerificación del discurso.
Es así que el lenguaje no se reduce a una lengua, sino que se abre a una variedad del recorrido pulsional.
Lalengua, singular del sujeto en análisis, es la que se habla en cada análisis, solicita ser tomada una por una, lejos de cualquier generalización, y no se refiere al valor de lo que se dice, porque la nuestra es una praxis sin valor, no porque no valga, por supuesto, sino porque no se sanciona el decir por lo que vale, sino al decir de otro modo, a partir de hablar.

“El analista es un sinthoma, no el psicoanálisis”: Con esta puntuación la clínica lacaniana avanza en una dirección que abre nuevas consideraciones para el devenir de un análisis.
Si ponemos en relación dos afirmaciones de Lacan, que nos convienen en la dirección que lleva nuestro trabajo, recordemos que de lo que se trata en un análisis es de “deshacer por la palabra lo que está hecho por la palabra”.3 Será entonces la posición del analista en la dirección de la cura lo que dará lugar o no al movimiento del hablar.
Siendo la presencia lo que de un analista se ofrece para que la puesta en cuestión del goce del analizante sea posible.

La ética del goce: La ética del goce la entendemos en el contexto de una teoría de los goces, la misma amplía el concepto a fin extenderlo más allá de goce de síntoma, a una teoría de los goces que contemple sus variaciones.
Goce del ser, goce de la vida, goce mental, goce del sinthoma que, según lo entendemos no está destinado a ser “acotado” o “atemperado” por ser negativo, sino que, al admitir la variedad de goces, se da existencia al “todo, pero no eso”, resguardo necesario del goce no culpable para que una invención tenga su lugar, invenire que adviene por azar, producto del savoir-y-faire con lo que dio origen al síntoma, opuesto al goce del Otro imaginarizado como posible.
La eficacia imaginaria de las psicoterapias, gracias al efecto sugestivo que provocan, llevan a considerar que cuando hablamos algo sucede que alivia el sufrimiento. Cómo bien sabemos, es una modificación en la implicancia subjetiva lo que distingue al psicoanálisis de otros métodos o artificios terapéuticos.

El troumatismo en el lenguaje: Nos referimos ahora a un hecho interior a cierta función del lenguaje, función que llamaremos “traumática”, porque despierta al sujeto a algo inédito, lo equívoco en la lengua que se articula como insabido y con lo que fabrica, teje otro saber, despertante que no es parental. Y mejor aún en francés el troumatismo, que toma en cuenta el agujero que hace trauma –las palabras lo hacen– en su dimensión de lalengua, lo pulsional en el lenguaje mismo. Las palabras son consideradas en su vertiente de mots en francés. Ya no se trata del soporte material, sino que implica otro uso de la letra: la fonetización de la letra, la materia de lalengua del cuerpo de la voz. La unión del sonido y el sentido.
Lo autorreferencial del lenguaje en un benéfico avasallamiento del mismo, esto es cuando las palabras no comunican nada, lo símbólico “se abre” dejando lugar a lo Real poniendo así, un límite a la verdad. Subrayo que el “oigo”, privilegiado sobre el “escucho”, pone de manifiesto el lugar de la voz, y no sólo de la escucha del significante ya que, de lo que se trata, es de alcanzar algo de lo Real por trozos.
La intervención del analista, cuando está comandada por el sonido, interrrumpe, cava un intervalo en el asentimiento propio del acto de hablar.
Será entonces la versión de un significante nuevo lo que suena por primera vez, porque el significante nuevo no surge del Otro entendido como tesoro de significantes. Son palabras fuera del sentido consagrado que la intervención del analista por medio de los equívocos homofónicos generará otro modo de decir-hacerse-oír, forzando el lenguaje más allá de la polisemia. El azar como causa en la invención, toma a la voz como objeto alcanzando el moterialismo de las palabras.
Lo que se oye ligado a una lógica de la pérdida. ¿Por qué? Porque no hay posibilidad de que la palabra recubra lo Real, por eso siempre se habla en pérdida. Si hablamos de una “lógica del sinthoma”, es por el hecho que intentamos avanzar algo que implique una variación de la cura. Se trata de considerar a la lógica del fantasma como un tiempo necesario, pero no el último en la experiencia del análisis. En esa dirección es que, si bien el atravesamiento del fantasma hace a un análisis, no es lo que define el final del mismo.
El artificiar del analista apunta al “ausentido” en su decir, produciendo un efecto real de sentido-efecto de agujero-que quiebra de este modo la posible homogeneidad del ensamble significante en el que se reconoce una cierta materialidad de la estructura del fantasma. Se trata de una ganancia en el decir que arroja una pérdida en el saber.

Hablar es sexual: Sin saberlo, es con el cuerpo que se habla, los objetos parciales provocan el discurso, pero no son asimilables por dicho discurso. El sujeto en análisis hablará siempre en relación a los objetos ‘a’, que lo hacen hablar y si hay una responsabilidad del lado del analista, es la de saber quién habla en el decir del analizante. Y si se trata de los pagos, objeto de la danza pulsional del analizante, el analista deberá perder los suyos, soltar su mirada, su voz, será la condición para que al oír-desoyendo, pueda recortar las tonalidades propias del objeto.
Función que cumple el analista, gracias a su presencia, que está anudada a la pulsión. Dicha pulsión privelegiada por la función analítica, es la pulsión invocante, y su objeto voz.
La variante de una cura se apoya en la posibilidad de cada analizante de inventar al tiempo que apropiarse de una lengua distinta a la que heredó. Tejido de sexualidad y lenguaje que se modifica en el interior de lo que se dice en un análisis, deshacer un nudo de palabras hechas de goce. Otra versión del padre que cambia el lugar desde donde se es hablado, soslayando toda referencia a un más allá, ya que renovar, innovar o extender no quiere decir sin el padre.
Benéfica despersonalización que liquida el amor eterno-mortífero al padre, y su incidencia en el síntoma, para pasar al amor al padre que deja ese duelo, por una nueva versión del padre que es la del sinthoma, y que da ocasión al saber-hacer con las fallas, que al no ser faltas son pasibles de una supleción que no complementa nada.

_________________
1. J. Lacan, Séminaire XXI, Les Nomes du Père, inédito.
2. J. Lacan, Séminaire XXIII, Le Sinthome, inédito.
3. J. Lacan, Séminaire XXV, Le Moment de Conclure, inédito, clase del 15-11-77.
 
 
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