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Cuerpos transparentes y nuevas técnicas reproductivas
  Por Patricia Alkolombre
   
 
El siglo XX es escenario –entre otras cosas– de cambios profundos en el campo de la salud reproductiva debido a avances en los conocimientos médico-tecnológicos sin precedentes. En los años sesenta emerge un nuevo imaginario del cuerpo con la llegada de la anticoncepción oral, que separa la sexualidad de la reproducción. Veinte años más tarde llegan las nuevas tecnologías reproductivas que separan –esta vez– la reproducción de la sexualidad. Cambios que implican modificaciones en las costumbres y relaciones entre hombres y mujeres.
Junto con el advenimiento de las nuevas técnicas reproductivas se plantean posibilidades e interrogantes absolutamente inéditos dentro del campo social. Desde entonces el ser humano puede crear vida en forma extra-corpórea, puede diferir, modificar y combinar distintos modos de acceder a una parentalidad. Como señala René Frydman,1 “un niño puede nacer de una tercera persona de la que no sabrá nunca su identidad; un hermano menor puede nacer antes que el mayor; una mujer puede dar a luz un niño que no es el suyo o traer al mundo un niño de un hombre muerto años atrás; un niño puede tener cinco padres; unos mellizos pueden nacer con diez años de diferencia…” (Frydman, 1986).
En el cuerpo social se plantean interrogantes que se ubican en la intersección y/ o colisión de varias disciplinas: médicas, psicológicas, legales, éticas, religiosas y económicas. La maternidad y paternidad dejan de ser algo conocido y familiar para convertirse en una nueva alquimia en la que los cuerpos y sus partes se combinan, sustituyen y modifican según los requerimientos: “lo permitido y lo prohibido en este nuevo campo no está delimitado y la relación entre la ley y el deseo es ambigua. El enunciado “deseo un hijo” es tomado empáticamente como un deseo que debe ser satisfecho” (Alkolombre, 2003).
Desde el psicoanálisis podemos considerar algunos puntos, entre ellos si estamos frente a un cambio de “ropajes” dentro de las problemáticas familiares –lazos de parentesco y filiación–, o bien si hay algo nuevo que ha ingresado junto con las técnicas y las nuevas demandas: las transformaciones que emergen a partir del advenimiento de las nuevas técnicas reproductivas.
Estas nuevas formas de acceder a una parentalidad –las posibilidades de crear vida fuera del cuerpo humano– implican también nuevas formas de pensar e imaginarizar los cuerpos gestantes y los niños que nacen.
Cómo categorizar estos nuevos elementos que se introducen en las parentalidades de hoy: donación de esperma, de óvulos, de embriones, alquiler de vientre, congelación de embriones, diagnósticos genéticos, la clonación como perspectiva o realidad, entre otros. En qué medida estas nuevas intervenciones sobre el cuerpo son posibles de ser semantizadas.
El contexto de estas nuevas parentalidades se ubica dentro de un imaginario del cuerpo que ha cambiado en estas últimas décadas.

El imaginario del cuerpo y la tecnología: Cada sociedad esboza dentro de su visión del mundo una idea acerca del cuerpo, su valor y su sentido. Hay numerosas prácticas, discursos, representaciones e imaginarios que están relacionados con el cuerpo en cada época. Por ejemplo, en el renacimiento estaba vedado el acceso al interior del cuerpo humano, los artistas plásticos hacían autopsias en la clandestinidad para poder reproducir sus formas. Son conocidos los estudios de anatomía de Leonardo Da Vinci.
La noción moderna de cuerpo es un efecto de la estructura individualista del campo social –tener un cuerpo– y de la emergencia del pensamiento racional positivo y laico sobre la naturaleza. El saber biomédico se instala, de algún modo, como la representación “oficial” del cuerpo.
Hoy en día el cuerpo humano y sus órganos, sus células, sus fluídos son materia de intercambio, tienen un valor de objeto con un precio inestimable respecto de la demanda. Las nuevas prácticas incluyen: transfusiones de sangre, transplantes de órganos, manipulaciones genéticas, cambios de sexo, prótesis, prolongación artificial de la vida, cirugías estéticas, y nuevas técnicas reproductivas. En el seno de este imaginario sobre el cuerpo es que emergen estas nuevas parentalidades que combinan y sustituyen fluídos, células, órganos y cuerpos. Una corporeidad que puede catalogarse como “hiperreal”, tal como lo señala Leticia Glocer Fiorini, cuando en la procreación intervienen múltiples combinatorias de cuerpos, en las que aparecen “nuevas fronteras entre lo propio y lo ajeno, entre lo interno y lo externo”. (Glocer Fiorini, 2004)
René Frydman plantea con agudeza una “medicina del deseo”: el médico ya no preguntaría a su paciente ¿qué le duele? sino ¿qué desea? Argumenta que la medicina es tradicionalmente reparatoria: reparar el órgano, restablecer la función alterada, pero en la actualidad propone el reemplazo: la medicina de la sustitución reemplaza a la tradicional medicina de la reparación. Esta es la que está en juego en las nuevas tecnologías reproductivas, una arquitectura de los cuerpos en ciernes.

Las nuevas formas de acceder a una parentalidad –con la sustitución de partes de cuerpos– plantean una cantidad enorme de interrogantes y exigen una tarea de investigación y seguimiento, ya que es imposible predecir qué efectos podrán tener en la subjetividad de los padres y de los hijos.
Considero que uno de los efectos más fuertes –esto es algo que menciona Michel Tort pero creo que no es sólo un elemento (Tort,1992)–, que introducen estos cambios en el imaginario social y en la subjetividad se refieren a esta fantasía de control sobre el cuerpo y sus funciones reproductivas. En un trabajo anterior (Alkolombre, 1997, 2004) planteo la idea de un cuerpo predecible: aquél que se puede anticipar modificado por la ciencia y la tecnología, de acuerdo a los requerimientos, de acuerdo a lo deseado. Es importante poder diferenciar el uso de la ciencia y la tecnología como auxiliadora del hombre en su salud y su bienestar, o bien en la idea de que el hombre pueda quedar subordinado al servicio de la ciencia y la técnica, quedando su cuerpo como una mera “máquina a reparar”.
El cuerpo predecible anticipa el cambio que se está buscando mediante una intervención específica sobre él. Una paciente dice: “Si no quedo embarazada no importa, me hago una in vitro”. Se produce una descentración del sujeto, pues sería la técnica la responsable del cambio buscado. El riesgo que encontramos es que el sujeto quede disociado de este proceso. Muchos pacientes no logran elaborar e integrar las transformaciones que producen en ellos la intervención médico-tecnológica en los distintos tratamientos de fertilidad. De este modo, el cuerpo –algo conocido y familiar– puede transformarse en algo desconocido –un doble humano–, algo unheimlich.
Desde el psicoanálisis podemos pensar cómo sobre la ciencia y la técnica actuales se proyecta la vieja omnipotencia infantil, la que el niño supone en sus padres y la que supone en sí mismo.

Cuerpos transparentes: El cuerpo históricamente –a lo largo de los siglos– ha tenido cierta opacidad. Actualmente la transparencia y la amplificación de las imágenes inaccesibles a la percepción de otro modo, son posibles a través de la tecnología: los espermatozoides miden micrones y sin embargo se manipulan.
Entre las características del cuerpo actual, la imagen y la transparencia constituyen elementos que hacen a la figurabilidad del mismo, ver más allá de lo que se ve, e imaginarizar estas partes gestando nueva vida.
Emerge de este modo una naturaleza corporal diferente, además de la combinatoria de fluidos, células y órganos, aparecen cuerpos transparentes, sin secretos. Todo puede ser visible y posible en el imaginario actual: una maternidad a los veinte, a los cuarenta, a los sesenta.
Volviendo a la imagen, ésta comparte con el sujeto cierta ajenidad del cuerpo: pertenece al yo corporal y es un objeto al mismo tiempo: ecografías, radiografías, fotos de los embriones, una imagen plana, bidimensional. Tiene que ver con una proyección del cuerpo en una superficie.
La imagen como reflejo del cuerpo que de algún modo se presta como apoyatura para ligar y representar una interioridad desconocida. Un discurso médico que se anuda en cada historia, una carpeta con estudios, palabras, imágenes, muchas de las cuales los protagonistas desconocen, pero que son el reflejo de sus cuerpos.

Constituyen –de algún modo– una nueva narrativa sobre el cuerpo, con una naturaleza diferente, en algunos casos mitad propio, mitad ajeno. ¿Qué podemos pensar sino, en el caso de la maternidad subrogada? Una mujer que gesta un bebé ajeno. O bien un embrión formado por material genético del padre pero no de la madre que lo gesta, las combinatorias y sustituciones se pueden multiplicar.
La transparencia y la multiplicidad de los cuerpos evocan la imagen de “la cabeza de medusa”, la multiplicidad como efecto de la castración de la falta. Algo que el imaginario de estas técnicas encubre, es como si el discurso subyacente dijera: “no, este cuerpo no es estéril, es fértil”. Ahí hay una cuestión de fondo que tiene que ver con el imaginario de un cuerpo “tecnológicamente completado”. Sin entrar en cuestiones que hacen al deseo de hijo y sus destinos, el imaginario de un cuerpo transparente y transformable introduce nuevas narrativas. Éstas se vinculan con la problemática de la inscripción psíquica de estas experiencias, los modos de procesar por un lado la ruptura en el modo de concebir y por otro el imaginario de un cuerpo transparente y predecible.
La fecundación extracorpórea –que corresponde al período in vitro que se realiza en el laboratorio– introduce un elemento nuevo, los embriones se gestan allí y el médico adquiere una función fecundante. Se trata de una experiencia inédita para la pareja: los embriones se “ven”, su imagen se puede amplificar, fotografiar y esto se inscribe dentro de lo nuevo.
Difiere de los modos en que concibieron sus padres, sus abuelos y todas las generaciones que la precedieron, y en este sentido introduce una “inquietante extrañeza” (Aulagnier, 1992). Hay una ruptura en el modo de concebir tradicional y eso exige un proceso en el que es necesario poner palabras y ver qué evoca en cada paciente.
Mucho más complejo es el caso en el que ingresa material genético ajeno a la pareja: donación de gametas (óvulos y espermatozoides), maternidad subrogada (alquiler de vientre), maternidad diferida en el tiempo, entre otros. Cómo imaginarizar estos embriones gestándose, provenientes de esta nueva arquitectura, de este nuevo imaginario del cuerpo cuya transparencia revelaría todos sus secretos todos sus contenidos.
Como analistas podemos pensar cuáles son los efectos de impacto psíquico de estas nuevas tecnologías, ya que es un campo en el que se da una simultaneidad de sentidos respecto de estas nuevas parentalidades. En la mente del analista puede haber prejuicios, valores y cuestiones éticas respecto de estas prácticas, en este sentido pertenecemos a la “generación pre-probeta”, es ajeno para el analista también imaginarizar partes de cuerpos en otros cuerpos, dando vida.

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1. Médico ginecólogo, especialista en reproducción, constituyó junto con el biólogo Jacques Testart el equipo que logró llevar a cabo el primer embarazo y nacimiento de un bebé “de probeta” en Francia.
 
 
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