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Desanudarse no necesariamente enloquece (addenda)
  Por Álvaro Couso
   
 
...tiene poco o ningún valor a menos que adoptemos conscientemente una actitud crítica y busquemos refutaciones a nuestras teorías, en lugar de verificaciones.
Karl Popper

Tomaba como punto de partida, en el texto al que el título de mi exposición alude –(“Desanudarse no necesariamente enloquece”, Imago Agenda 82)–, algunas frases del seminario de J. Lacan Los nombres del padre. La referencia, para mi sorpresa, hacía hincapié en el hecho de que para los neuróticos el nudo que soporta su estructura no necesaria y permanentemente lo hace de forma borromea. Superando la dificultad de subrayar una observación que podría traer sobre esta puntuación una crítica que dejara al descubierto la ignorancia de quien escribe y sabiéndome en un proceso de trabajo que no llega a su fin, decidí compartir, publicándolas, las lucubraciones que había realizado.

Lacan sostenía1 que algunos de sus neuróticos podían permanecer en una sublime indiferencia ante una realidad como la última guerra mundial y que ello era posible porque esa realidad no les concernía. Me preguntaba entonces, ¿cómo algo que tiene una presencia tan insoslayable puede ignorarse? Por el contrario, ¿qué hace que algo nos concierna aún cuando su apariencia pueda ser prácticamente imperceptible? Retomaré el desarrollo en este punto ya que una colega2 me indicaba un plano, que como el de las “palabras impuestas”, utilizado en el trabajo de marras, introducía otra vía para abordar la idea en cuestión. Lacan muestra que Schreber efectivamente3 “a diferencia del sujeto normal para quien la realidad está bien ubicada, él tiene una certeza: que lo que está en juego –desde la alucinación hasta la interpretación– le concierne, no está en juego la realidad, sino la certeza. Aún cuando se expresa en el sentido de que lo que experimenta no es del orden de la realidad, ello no afecta a su certeza, que es que le concierne. Esta certeza es radical”. Años después reafirmaría su convicción4 diciendo que el psicótico a diferencia del neurótico no sólo “cree ahí” en las voces, en el síntoma, sino que “les cree”. Como puede observarse en ambos desarrollos el modelo desde el que he abordado la idea de lo que “concierne” proviene de la psicosis, sin duda la certeza de la creencia anula cualquier vacilación, suprimiendo toda duda. Para el neurótico en cambio, la incertidumbre le permite generar una distancia necesaria que lo parapeta frente al compromiso. Inhibe el acto. Aquello que le demanda una acción o una intervención sobre lo que lo aqueja suspende su significación. Ahora bien, para Freud tanto en la neurosis como en la psicosis la relación con la realidad ha sido afectada, sin embargo5 nos dice que la relación erótica con los objetos y las personas se mantiene, con la salvedad que esos objetos y personas reales han sido sustituidos en el fantasma por otros de carácter imaginario. Esta retracción libidinal y la metáfora efectuada modifica el mundo en el que viven, no es de extrañar entonces que la percepción del mismo esté determinada por los deseos que los habitan.
El día que comienza tiene para V. Nabokov la necesidad de alguien “que me ayudara a llegar hasta el Edén de un amanecer lluvioso” en cambio C. Pavese recorre un camino inverso cuando escribe:

Ma quando gli dico
ch´egli é tra i fortunati che han visto l’aurore
sulle isole piú belle terre
al ricordo sorride e risponde che il sole
si levaba che il giorno era vecchio per loro


La aurora puede ser soleada, nublada o incluso tormentosa, pero no es ese real que se repite cada día lo que da el sentimiento particular, el tono a la alborada de las referencias, a ese espacio que pasa entre la oscuridad y la luz, o entre el eterno Edén o lo vívido y perdido. La sabiduría popular, ese Sujeto Supuesto Saber que encarna la masa, toda comunidad, pudo resumirlo en un refrán “todo es según el color del cristal con que se mira”.
Estamos en condiciones, en este punto de retomar la demostración topológica que justifica la afirmación clínica, para ello debemos volver al seminario “El sínthome”; en él Lacan6 al hacer hincapié en el trato que le da Stephen-Joyce a su cuerpo luego de ser golpeado, al dejarlo caer como una “cáscara” o en otras referencias en las que exhibe la incomodidad que le produce: “Lo estorbó mucho estar sentado. Su cuerpo lo perturbaba y recurrió al expediente de apaciguarlo”7 muestra que la falla-lapsus de lo imaginario del cuerpo, deja anudados sólo a lo inconsciente-simbólico con lo real. Que Joyce no derrape entonces en la psicosis se debió al lugar que ocupó para él la escritura, su creatividad estética, que al modo de una tela de araña tejió y atrapó su imaginación, una estructura “que fue esencial para su “ego” y que más allá incluso, de los sentidos que podamos darle, seguirá siendo un enigma. G. Dumézil expresaba como “En un sistema de pensamiento, cuando uno se apoya en un concepto, todo lo demás viene de suyo, ya que hay hilos que unen todas las partes”8. Ese “ego” constituyó su idea de cuerpo, fue el cuerpo que pudo imaginarizar. Un “ego” que al funcionar como artificio vino a constituirse en el cuarto anillo que anudo los otros tres de la estructura “restituyéndolos borromemente” dice Lacan. Sin embargo, detengámonos en el inicio de la exposición ya que esa exclusión de lo imaginario de la que parte, ha dejado anudados R y S interpenetrándose, a partir de lo cual el nudo jamás podrá ser o devenir borromeo sino por el hecho que de la misma forma que un corte permite el deasanudamiento de lo imaginario y el encadenamiento de los otros dos registros, otro corte introducirá, por la suplencia que instaura el “ego” para el caso, un nuevo enlace borromeo. Surgen acá dos cuestiones a tomar en cuenta: la primera es que si existen dos registros interpenetrados y un tercero suelto, el lugar de anudamiento, aquel donde vendría a alojarse la falta se convierte en falso agujero, no dando lugar a la instalación de la falta, y por lo tanto la emergencia del sujeto se ve impedida. En segundo lugar una nueva operación de corte, en ese tercer tiempo (anudamiento, deanudamiento, anudamiento) posibilitará que los tres registros encuentren su forma, revirtiendo las condiciones de la imposibilidad, aparentemente y contradiciendo esta hipótesis, encontrábamos la respuesta que el maestro francés había dado en Vincennes9. Al ser interrogado por la estructura de la psicosis afirmaba: “En la paranoia el significante representa al sujeto para otro significante” ¿De qué sujeto se trataría? ¿Cuál será la especificidad de ese sujeto, que también como en la neurosis se representa para otro significante? De la clínica compartida y del trabajo sobre los textos con J. Presta surge una repuesta, no será el sujeto del deseo, sino el del goce10 el que vendrá a mediar entre esos significantes. Sujeto al goce del Otro, Schreber ofrece en su delirio su cuerpo, como también lo haría J. Bonino11, el arquitecto cordobés, que en aquel Di Tella del ’75, asombraba a su auditorio hablando un lenguaje ininteligible; creando banderas, himnos o durmiendo sobre el escenario desplegaba mundos sólo habitados por él.

Podemos distinguir entonces ahora, a) entre los encadenamientos que el desanudamiento de un registro puede producir en la neurosis, que vuelve a anudarse boromeanamente en la emergencia sintomática y en la cura como efecto del análisis, b) la estabilización que introduce el cuarto anillo que repara el lapsus en uno de los registros como el caso de Joyce, c) la psicosis paranoica donde el desanudamiento puede restituirse simbólicamente por el delirio o por lo real de las alucinaciones y d) el desencadenamiento de la esquizofrenia donde todos los anillos han quedado aparente y definitivamente en “libertad”...

Referencias biliograficas
1. J. Lacan, El seminario. Libro 21. Los nombres del padre, clase 11/12/73, inédito
2. L. Bonomi, comunicación personal, “recordaba la frase de Lacan del seminario 3 en la que afirma que la única certeza (del psicótico) es que eso (en el texto, la alucinación o el delirio) le concierne”.
3. J. Lacan, El seminario Libro 3. Las psicosis, Paidós, 1993, clase 11/1/56.
4. J. Lacan, El seminario. Libro 22. RSI, clase 7/11/75 Inédito
5. S. Freud, “Introducción al narcisismo” ( al analizar la relación entre las catexis libidinales y las catexis del yo, permite deducir que la pérdida de la realidad no necesariamente sea absoluta), en AE, tomo XIV.
6. J. Lacan, El seminario. Libro 23. El sínthoma, clase 11/5/76 Inédito
7. J. Joyce, “Esteban el Héroe”, en Sur
8. G. Dumezil, “Le messager des dieux”, en Magazine Littéraire, número 229, abril 1986
9. J. Lacan, “Apertura de la sección clínica Vincennes”, en Cuadernos de Psicoanálisis, p. 21.
10. J. Lacan, El seminario. Libro 10. La angustia, clase 3/3/63, inédito; “Presentación de la Traducción francesa a las Memorias de Schreber”, en Cahiers pour l’analyste. Hay traducción en Intervenciones y textos, Manantial, Bs. As.
11. J.A. Madrazo, “La voz del delirio”, en Clarín, 7/7/91.
 
 
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