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   Embarazo temprano

Embarazo en la adolescencia
  Por Daniel Paola
   
 

No hay iniciación sexual. Definir el término “adolescencia” trae de inicio el primer problema. No creo prudente definirlo ligado exactamente a lo cronológico, ya que existen sujetos que se comportan toda la vida como tales, creyendo que efectivamente hay iniciación eficaz en lo relativo a lo sexual. La misma experiencia demuestra que no por saber es que existe la eficacia. Que un individuo atraviese por la primera relación sexual no es garantía de ninguna iniciación, en cuanto no asegura ninguna eficacia de función en la próxima.
De todas formas, atravesar ese momento de inicio, hecho que por lo general transcurre en la adolescencia, no es igual a no hacerlo ya que justamente allí se pone a prueba una inscripción irreductible del sujeto, me refiero a la represión primordial, que hace de soporte para tolerar la falta perpetua de garantía en cuanto a la función.

Es en el seminario Los Nombres del Padre1, donde J. Lacan despliega esta enseñanza. Que no haya iniciación quiere decir que no hay más que un velo de sentido para el sujeto. No se podría entonces despertar de ninguna manera después de una iniciación, porque no hay posibilidad de hacer de eso una inscripción. Habría por lo tanto un registro donde es posible suponer la falta de inscripción: ese registro es lo real.
No hay iniciación en lo real quiere decir que todo sujeto deberá soportar la consecuencia de la diferencia entre lo imaginario y el sentido que en él se imagina. Esa consecuencia es la ineficacia de todo sujeto para establecer una inscripción de inicio. Por lo tanto decir que no hay iniciación es lo mismo que decir que no hay relación sexual, sin suponer además que la iniciación estaría ligada a lo sexual.
En este sentido S. Freud habría sido, según Lacan, un verdadero incauto de lo real, ya que nunca se valió del establecimiento de una iniciación y en cambio sí, diría por mi parte, de una retroacción inconsciente para demostrar el retorno de lo reprimido. Y habrá que pensar también que esa retroacción impone al ser hablante la convicción de que hay fin aunque no haya inicio. Podrá haber un momento de concluir si se comprende que sólo hay instante de ver y lo escópico está siempre agujereado de escotoma.

Lo que no funciona. Aclaro que cuando insisto en sostener que la adolescencia podría ser un tiempo que dure toda la vida, no me estoy refiriendo a una vulgar configuración de la imagen que el individuo porte, sea en hábitos, vestimenta, música preferida o incluso en conductas sexuales. Aquello que liga a la adolescencia se encuentra relacionado a la creencia falsa de alcanzar una iniciación que sea garantía eficiente de función, sea de lo sexual o del inconsciente mismo. Esa creencia es propia de toda mentalidad por la que transcurre cada ser hablante y que por supuesto podría concluir en vida, si se tolera la inexistencia de esa garantía que recae sobre la función.
La mentalidad es un espacio extensamente desarrollado por Lacan en los últimos seminarios del que se desprenden algunas consideraciones. No será ya lo mismo pensar el concepto de inconsciente si no se alude a lo sentimental del ser hablante, en tanto el amor y el odio como odioamoramiento, constituyen el obstáculo propio al que se aferra todo sujeto para no toparse con la esencia de la significación: existe lo que no funciona.
La pregnancia que cobra el registro imaginario es de tal magnitud, que la invención del psicoanálisis desarrollada por Freud, nos ubica respecto al lapsus como paradigma del inconsciente, de una manera positiva. Y así fue que mediante el lapsus muchos psicoanalistas creyeron poder arribar a alguna quintaesencia porque la versión primera como correspondía, demostraba un descubrimiento sin falla.

En cambio, una relectura de Freud en virtud del extenso aporte de Lacan, no deja entrever ninguna euforia, sea genital o sea la provocada por un atravesamiento fantasmático. Más bien aquello que universaliza la existencia del inconsciente es la falla misma con su fondo de no-función. Bajo este criterio, que podrán o no compartir, la dirección de la cura más bien es un proceso que mediatizado por el lapsus, como paradigma del inconsciente, lleva a desaferrarse de todos aquellos fonemas que se asociaron a lo trascendental de los primeros años de vida. Como resultado de este devenir quedará la existencia ligada a la misma estructura del sueño, con su ombligo o escotoma, dando a ese agujero el privilegio de constituirse en la vía de salida, de todo lo que se paga como usura de falsas verdades.

La frase de J. Lacan que testimonia para mí sobre este tema, se encuentra en el Seminario L´insu…y así dice: “Habría que tratar, como lo enuncia S. Freud, de ver sobre qué está fundado ese algo que no funciona sino para la usura cuya verdad está supuesta”2.
O sea que la cuestión que se desarrolla en la adolescencia respecto a la no-función y que lleva al establecimiento del síntoma, es propia de la esencia que atraviesa y profundiza todo análisis, porque según mi criterio, todo análisis será la insistente muestra de lo que no funciona y por lo cual el sujeto paga un precio innecesario, llamado goce, debido a que es preciso sostener una “verdad falsa”. Si no se advierte que esa no-función es realmente operativa y se llama falo, la consecuencia será la constancia de un tabú: la virginidad. En efecto, la vida y la clínica psicoanalítica nos demuestran que se podría existir con pleno uso de la virginidad si se espera a perpetuidad la consolidación de la garantía de la función universal que no yerra. Es obvio que al referirme a la virginidad, no estoy haciendo alusión en absoluto a lo genital, sino a un estado de la mentalidad en la que el sujeto cree, por sobre todo, en lo que funciona siempre, sea la psicopatología, la religión ó la injuria.

El Pasaje al acto. “He aquí entonces porque hoy llegamos a un terreno aún más vivo [...] aquel que connota los momentos de repetición. La repetición he dicho a qué corresponde: el pasaje al acto como fundador del sujeto”3
La cita pertenece al seminario de J. Lacan La Lógica del Fantasma. Se puede apreciar allí que la constante de la repetición arroja al ser hablante sobre un trasfondo de fracaso del goce, que lo sostiene prioritariamente en el sentido que aporta la alienación.
Pero el primer movimiento del sujeto no es sin pasaje al acto. Vale decir que para instalarse en el circuito de la repetición que vela la alienación con su sentido, es preciso primero pasar por una desaparición súbita de una escena para instalarse en otra. Ese pasaje, que es pasaje al acto y se realiza sin saber, sucede por vez primera en la adolescencia y justamente es aquel que de una escena a otra atraviesa la aversión al sentido que aporta lo que no funciona como falta de toda garantía.
El pasaje de la angustia al fantasma no es sin un primer pasaje al acto que instaura entonces la señal en el sujeto de lo que no funciona y que se encuentra en el corazón de todo síntoma. Es común entonces encontrar primeros accesos de angustia en la adolescencia reconocidos por el sujeto por la conmoción que repercute en el cuerpo. Esos accesos están determinados por la irrupción del pasaje de una escena válida únicamente por retroacción y que corresponde a la niñez, a otra con validez sexual. En esta última el sentido de la alienación oculta la falta de garantía determinada por la no-función que determina la ausencia de inscripción de algo en el sujeto que realmente funcione: se trata del pasaje por el falo.

El embarazo adolescente. Una vez hecha la introducción podría afirmar que: el embarazo en la adolescencia es anterior al pasaje al acto que introduce la angustia en el fantasma. Si se puede constatar la presencia de angustia a causa de un embarazo, por el contrario, se podría sostener que ya se habría efectivizado ese pasaje, con la culpabilidad superyoica consecuente como índice de esa falta de garantía que establece la no-función y ya nos encontraríamos en un tiempo de declinación de ese período de la vida.
La serie podrá escribirse así: embarazo-pasaje al acto-angustia. Al arribar a la angustia, como tiempo final, se podrá decir que ha existido pasaje al fantasma que sella con el síntoma la esencia de la falta de garantía.
Es común constatar en la clínica analítica cómo adolescentes de ambos sexos transcurren por un embarazo sin presentar ninguna angustia. Esa angustia, en cambio, es vivida por los padres como una falla de su propia hechura, mientras que el o la adolescente transita por un camino de inhibición sin dar plena fe del problema.

Hay quienes pueden escaparle a la angustia toda la vida y quedar embarazados perpetuamente de garantía. Pero si el o la adolescente produce un embarazo sin angustia, también se podría afirmar que el camino de la serie se ha iniciado y que tarde o temprano aparecerá ese afecto en la vida del sujeto, cuando se efectúe ese pasaje de sentido al fantasma que posiciona frente a la no-función.
Si en cambio la angustia está presente en la adolescente embarazada o en el adolescente que embarazó, el resultado será otro, sea porque la adolescencia precisamente concluye con ese acto en el que se ha producido un embarazo, sea porque ya había sucedido ese pasaje y ya existe un síntoma que ocluye la no-función.

Habrá entonces tiempos distintos. Si el embarazo se produce cuando no ha habido aún pasaje de angustia al fantasma la consecuencia será peor y la repercusión quedará como un estigma que se agregará al síntoma, al estilo de lo inmodificable, cuando ese pasaje tarde o temprano se produzca. Si en cambio la angustia invade al adolescente, en cuanto a las consecuencias que deberá enfrentar, la constitución del síntoma de alguna manera antecede y entonces el peligro de un pasaje al acto será menor porque ese pasaje ya se efectivizó y fue fundante. Los pasajes al acto, las caídas de la escena protagonizadas por un sujeto, son mucho más tratables por el psicoanalista si uno primero ocurrió, como fundante del pasaje de sentido que establece la primacía fálica.

Será difícil hablar del tema embarazo con el adolescente si la angustia no existe. El embarazo en este caso llevará a un desinterés por el producto que implicará un depósito en los padres, que por lo general sienten la responsabilidad de la que el hijo carece. Ese sujeto que carece de interés por el producto, tarde o temprano quedará implicado como objeto de la misma forma en el que ha producido. En cambio si por el contrario la angustia lo conmueve, de acuerdo al tiempo en el que su fantasma se encuentra operante, la posibilidad de tramitar un encuentro efectivo con el producto será mayor y el futuro quedará alivianado de la consecuencia de un super-yo arrasador.
La palabra “producto” ubica cierta ambigüedad respecto al resultado final del embarazo. Pero seguro, el enfrentamiento a las consecuencias de la ley será más tolerado si la angustia existe en el adolescente4

1. J. Lacan, Los Nombres del Padre, clases del 11 y 18 de diciembre de 1973, y del 8 de enero de 1974.
2. J. Lacan, L´insu…, clase del 19 de abril de 1977.
3. J. Lacan, La Lógica del Fantasma, clase del 8 de marzo de 1967.
4. J. Lacan, La Angustia, clase del 19 de diciembre de 1962.
 
 
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