Inicio   |   Login   |   Registrarse   |   Quienes Somos   |   Contacto   |   STAFF     
BOTONERA EN IMAGEN
 
 
 
Facebook Twitter
   Embarazo temprano

Los frutos del cuerpo adolescente
  Por Mariam Alizade
   
 
“Los jóvenes tienen fuertes pasiones, y suelen satisfacerlas de manera indiscriminada. De los deseos corporales, el sexual es el que más los arrebata y en el que evidencian la falta de autocontrol. Son mudables y volubles en sus deseos, que mientras duran son violentos, pero pasan rápidamente...”
Aristóteles (Retórica, citado por Blos, 1979, p. 12)

Introducción. Antepongo dos elementos previos a toda consideración acerca de la maternidad en adolescentes: la cuarta serie complementaria y la problemática de los pre-conceptos y pre-juicios.
“La cuarta serie es el reservorio de los mandatos de la cultura tramitados por el medio ambiente, la familia y el linaje transgeneracional. Es con la expresa intención de utilizar la resonancia de la idea de series complementarias introducida por Freud que denominamos cuarta serie al factor sociocultural. Queremos darle entrada en el seno del cuerpo teórico del psicoanálisis, no como un factor circunstancial sino como un elemento participante en la conformación de la estructuración psíquica. La sociedad y la cultura se adentran cotidianamente en las normatividades familiares, escolares, universitarias, deportivas. Las instituciones encuentran un espacio psíquico y se internalizan. La supuesta libertad de ‘ser’ se enmarca en un cuadro que oscila entre lo imperceptible y la percepción conciente donde mora la obediencia instaurada en el ello y en el superyó. Integrar al factor cultural como serie complementaria exige la inclusión de la psicosexualidad en el tejido íntimo sociocultural del psicoanálisis sin que por ello pierda éste su especificidad. Exige redimensionar la lectura lineal causal de las series complementarias para insertarlas en movimientos interrelacionados de influencia recíproca y de policausalidad concéntrica (Bleger, 1963, p. 116-118)” (Alizade 2004).

Las mentes se estructuran inmersas en las ideas dominantes pertenecientes a determinado tiempo histórico-cultural. El pensamieno-hábito mora entre ideas aprisionadas por las convenciones del tiempo histórico en que florecen.
Un cúmulo de pre-conceptos y pre-juicios conforman el pensamiento posible del aquí-ahora temporal en una comunidad dada. Audaces pensadores horadan la envoltura conceptual y cuestionan el existente con lo cual amplian el campo de conocimiento y se aproximan a los momentos transformativos de cambios de paradigma.

El embarazo adolescente. En la actualidad, la vida sexual se inicia muchas veces precozmente. Jovencitas de 12, 13 años, apenas llegadas a la menarca, casi púberes aún, entregan sus cuerpos a la experiencia sexual. No es ésta la única experiencia intempestiva: el alcohol y diversas sustancias tóxicas también forman parte de los rituales de desplazamiento hacia la juventud. Pertenecer implica obedecer las reglas de juego del momento.
En la alta frecuencia de embarazos llevados a término en jóvenes adolescentes participa la influencia de la presión del medio ambiente. Si antaño, las jóvenes de buena familia abortaban en secreto en clínicas recónditas o partían en viajes largos para ocultar el embarazo, hoy día, la mostración del vientre gestante se convierte en un orgullo de época y las niñas acuden a las escuelas orgullosas de su fertilidad que comparten con maestros y compañeras. Existe una novedosa cultura de procreación adolescente en las clases medias y altas de nuestra comunidad, inexistente hace apenas dos décadas.

Decir madre evoca diversas figuras. Las maternidades pueden ser oscuras, negras, siniestras (Alizade, 2006) como demuestran los estudios histórico-sociales acerca de la infancia (De Mause 1974). El instinto maternal (Badinter 1981) deja de ser un universal de existencia y no desear un hijo ya no indica necesariamente patología en las mujeres.
La escucha analítica en su intención de transcurrir desprejuiciadamente se topa con el pensamiento posible que acabo de mencionar y con las representaciones de época que en un a priori sensato condena o negativiza la maternidad adolescente. La idea de “madre” en su matriz esencialista, alude a una mujer responsable, solidaria, amante de su bebe, amparada por el marido, “suficientemente buena” al decir de Winnicott.
Empero, la clínica nos enseña que hay mujeres que no abandonan la adolescencia a pesar de los años transcurridos y que algunas jóvenes maduran precozmente.

Cada caso y cada circunstancia de vida dictaminan diagnósticos situacionales diferentes que conjugan el hecho en sí dentro de la dinámica de la salud o de la patología.
En síntesis: es imprudente dictaminar de antemano consecuencias patológicas para la madre y el niño fruto de una experiencia sexual adolescente. Los escenarios son múltiples: padres adolescentes que se hacen cargo del hijo y acompañan a la niña-madre, varones adultos que sedujeron a la adolescente y se desentienden del embarazo, embarazos en muchachas saludables mentalmente versus embarazos en muchachas mentalmente enfermas (borderline, psicóticas, extremadamente neuróticas, etc.).
El embarazo adolescente es siempre, aún en el mejor de los casos, una alegría con conflicto. Puede incluso convertirse en un síntoma y desencadenar una crisis. Encasillar un pronóstico de vida tanto para la madre como para el niño basados en la condición adolescente nos aleja del pensamiento psicoanalítico, diverso en su base y abierto a una escucha donde no debe faltar ni la sorpresa ni el acceso a pensamientos nuevos. El panorama no habrá de ensombrecerse mientras haya quienes ejerzan la función familiar adulta de manera responsable y madura.

En concordancia con Blos (1979, p.11) planteo que “no existe correlación directa entre la actividad genital per se y la genitalidad como etapa del desarrollo”. La sexualidad temprana es una actividad corporal que habrá de resignificarse. El embarazo constituye el fruto de una actuación transitoria de consecuencias duraderas.
Estos embarazos están enraizados en el descuido, la excitación sexual, la incapacidad de prevención, un deseo irreflexivo o una imaginación romántica. El suceso-accidente deviene acontecimiento una vez instalado, cuando interroga a la joven adolescente, quien, inmersa en sus circunstancias de vida, deberá elegir (o es elegida) entre el camino del aborto (potencialidad frustrada) o el del hijo. Hijo que está dispuesta a gestar y a parir pero para cuyo desarrollo y necesidades de crianza carece de la maduración y vocación de renuncia necesarias. La maternidad a destiempo enfrenta a la adolescente a una tarea impensada.
La maternidad reactiva los fantasmas edípicos: emerge disfrazado el deseo de tener un hijo con el padre y la rivalidad con la madre. Estos fantasmas se acompañan de fantasmas pre-edípicos cuando, una vez constatado el hecho del embarazo, la incapacidad o debilidad maternal de la adolescente requiere del apoyo de su propia madre en forma tal que el hijo es ofrendado a ella.
Blos (1979, p. 211) enfatiza el sentido de realidad defectuoso –o quizá tan solo insuficientemente desarrollado aún– de los adolescentes. Déficit que influye en la forma de encarar no solamente la gestación sino el trabajo de crianza por parte de la joven madre.

Tener un hijo administra una semántica poblada de diferentes escenarios: rebelión, refugio, reparación, rivalidad, mimesis, juego, curiosidad, proeza, precipitación, poder, ofrenda. Ser madre como mi madre. La adolescente juega a ser adulta, se envalentona con el poder gestante, une rebeldía con amor al hijo. En un segundo plano pulsan el desamparo y la vulnerabilidad madre-bebe en forma recíprocos. El bebe y la adolescente se amparan mutuamente. La empresa de gestación añade a su matiz idílico un matiz controversial.

La idea de ser madre cuando aún se es niña grande rodea al acontecimiento de un cierto matiz de escándalo aún en las mejores circunstancias de apoyo familiar y social. Una agresión manifiesta o latente emerge del suceso embarazo: autoagresión en la ignorancia infantil de la responsabilidad que implica un hijo y en la fragilidad objetal tan frecuente por parte de los adolescentes-padres. La pulsión agresiva se expresa encubierta por el fantasma del amor filial.
La maternidad adolescente es una maternidad resquebrajada de la estructura formal de familia nuclear generadora de una nueva rama del árbol genealógico. En ese sentido es una maternidad aislada y desencajada del estereotipo de engendramiento a nivel social. Es una maternidad sin constitución de un nido exogámico, ni pareja socialmente constituida, ni capacidad de autonomía.
Se construye una familia ampliada sui generis con la familia de origen de la adolescente. El sistema familiar extenso oficia –en los casos felices– de tercero protector y el bebe se cría con una dinámica parental múltiple con madres y padres sustitutos. La transmisión simbólica es dada conjuntamente por los padres de ese hijo en sus formas varias (ausentes, presentes, enfermos, sanos) y por transmisión transgeneracional. Los adultos son los abuelos, los tíos, o los hermanos mayores.

Los sistemas de parentesco incrementan la brecha entre el personaje real y la función de simbolización. El no-padre –en los casos en que el padre biológico desaparece– será asumido por otro varón del conjunto familiar o un nuevo novio de la joven, la madre responsable dedicada a la crianza emergerá en algún personaje femenino familiar dispuesto a encarnar ese rol. Mientras tanto, la niña-madre continúa con sus estudios y proyectos, asiste al colegio, sale a bailar y a continuar viviendo su adolescencia, sin haber aún madurado en su narcisismo ni comprendido el significado de una adultez responsable dirigida hacia un objeto hijo.

Rocío. En la corta viñeta que presento a continuación la maternidad cobra valor reparatorio.
Rocío tiene 14 años y está enferma de adolescencia (M. Cournut, comunicación personal). Se rebela contra las normativas del medio familiar y social. Sale hasta altas horas de la madrugada, consume algunas drogas, desobedece a los padres, estudia deficientemente, etc. Guarda un secreto que revelará recién a los dos años de análisis, cuando el trabajo asociativo e interpretativo la enfrente al complejo de su violación. Con 12 años sufrió los efectos del embate de un varón quien la dejó lastimada y maltrecha, cargada con un intenso sentimiento de culpa por haber caminado por la calle incorrecta, en franca desobediencia a la advertencia paterna. Recibe el impacto traumático del suceso disruptivo y, al igual que muchos niños abusados sexualmente, se considera responsable de haber incitado al violador con su vestimenta aparentemente provocativa.

El secreto se hizo carne en ella y su defensa operatoria y escisión psíquica culminaron en una enfermedad autoinmune protectora, en la medida en que la obligó a mantenerse aislada en cama durante casi dos meses.
Una vez restablecida, Rocío se encamina por la vía de la promiscuidad. En uno de los encuentros queda embarazada. Sabe quién es el padre pero éste se desentiende de toda responsabilidad. Los padres la sostienen para que dé a luz un hijo de cuya educación y cuidados se encargan, mientras Rocío se dedica mayormente a terminar su escuela. El niño adquiere un rol reparatorio. Por el mismo canal donde entró la destrucción que originó ansiedades catastróficas, emerge una bella vida. Rocío se aferra a ese hijo como a un objeto salvador que la redime de sus sufrimientos púberes.

El embarazo se convirtió a la vez en trauma y en experiencia de aprendizaje. La herida consecutiva a la efracción traumática se restañó parcialmente gracias a la regresión identificatoria con el bebe, a la omnipotencia adolescente proyectada en la maternidad y a la fantasía de renacimiento psíquico proyectada en el bebé.
Rocío, antes que deseo de hijo, tuvo necesidad de hijo, como un antídoto que la ha ayudado a tolerar la violencia padecida. J

Bibliografía
Alizade, M. (2004) “La cuarta serie complementaria”. Inédito.
Alizade, M. (2006) “The non-maternal psychic space en Motherhood in the XXIst century London, Karnac”, pp. 45-57
Badinter, E. (1981) L´Amour en Plus. Paris. Flammarion
Bleger, J. (1963) Psicología de la Conducta. Buenos Aires, Eudeba, 1966.
Blos, P. (1979) La transición adolescente. Buenos Aires, Amorrortu Editores, 1996.
De Mause L. (1974) La historia de la infancia. Cap. 1. Alianza Universidad, España, 1982.
 
 
© Copyright ImagoAgenda.com / LetraViva

 



   Otros artículos de este autor
 
» Imago Agenda Nº 157 | febrero 2012 | La violencia de género: varones contra mujeres 
» Imago Agenda Nº 140 | junio 2010 | La Liberación de la Parentalidad en el siglo XXI 
» Imago Agenda Nº 93 | septiembre 2005 | Esas personas inquietantes 
» Imago Agenda Nº 81 | julio 2004 | Enigma de Mujer / Enigma de la Creación 
» Imago Agenda Nº 48 | abril 2001 | Marcos Aguinis  Escritura y psicoanálisis

 

 
» Lacantera Freudiana
Cuando la clínica interpela a la teoría  Sábado 23 de noviembre 15 a 17 hs • Actividad abierta y gratuita
 
» Centro Dos
Conferencias de los martes  martes 20:30 - entrada libre y gratuita
 
» Fundación Tiempo
Posgrados en Psicoanálisis con práctica analítica  Inicios mensuales. Duración: 12 meses.
 
» La Tercera
Seminarios y actividades 2019  Sábados, 10:30 - 14:00 hs. salvo donde se indica
 
» AEAPG
Curso Superior en Psicoanálisis con Niños y Adolescentes  Inscripción 2019
 
» Centro Dos
Seminarios Clínicos  Segundo cuatrimestre
 
» Centro Dos
Talleres Clínicos  Segundo cuatrimestre
 
Letra Viva Libros  |  Av. Coronel Díaz 1837  |  Ciudad de Buenos Aires, Argentina  |  Tel. 54 11 4825-9034
Ecuador 618  |  Tel. 54 11 4963-1985   info@imagoagenda.com