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   ¿El inconsciente contra el cuerpo?

Psicoanálisis y vulnerabilidad
  Por Rubén Zukerfeld
   
 
Ese recuerdo (...) había reaparecido (...) primero como en un relámpago, sin ser todavía recuerdo sino únicamente un llamado de la memoria que le hacía saber que estaba acordándose de algo sin saber de qué
Juan José Saer, Nadie nada nunca.
Buenos Aires, Seix Barral,1994

En la medida en que el psicoanálisis aspira a constituir una disciplina científica se posiciona en un entrecruzamiento de saberes que lo cuestionan y lo enriquecen. Es así que la propia práctica y los avances tanto en las disciplinas de la subjetividad como en las neurociencias han promovido revisiones profundas en la teoría y clínica psicoanalítica.
Existe hoy en día cierto consenso acerca de las revisiones metapsicológicas que han implicado modelos del aparato psíquico articulables con los avances de otras disciplinas. Las resumimos en cuatro conceptos fundamentales:

a) La noción de heterogeneidad del inconsciente: existen varios funcionamientos u operatorias con características diferentes de modo que no es posible hablar de un inconsciente homogéneo.
b) La noción de coexistencia: los distintos funcionamientos se dan simultáneamente y las producciones finales incluyen siempre aspectos variables de los mismos. No existen estrictamente funcionamientos “sanos” o “enfermos” sino funcionamientos universales con distintos predominios.
c) La noción de correspondencia: los funcionamientos que se describen intentan estar acordes con las investigaciones sobre las memorias y las emociones y con los desarrollos de las disciplinas de la subjetividad. Si se desarrolla un determinado modelo teórico –sin caer en reduccionismos ingenuos– se le exige una correspondencia mínima.
d) La noción de recursividad: los funcionamientos se describen de acuerdo al paradigma de la complejidad donde se cuestionan las secuencias lineales causa-efecto y donde se debe tener en cuenta la variabilidad determinación-azar.

A partir de estas nociones hemos desarrollado lo que entendemos como tercera tópica1 (Zukerfeld & Zonis Zukerfeld, 1990,1997, 2001), que constituye la representación gráfica metafórica de la heterogeneidad y coexistencia de funcionamientos psíquicos inconscientes de estructura representacional y no representacional.
Se trata de un modelo que entiende al psiquismo como una construcción entre soma y otro, caracterizado por la introducción en la segunda tópica freudiana de la escisión como mecanismo universal y estructurante que permite la coexistencia universal de dos grandes modos de funcionamiento cuya vinculación constituyen procesos terciarios. Estos procesos fueron descriptos por Green (1972) y trabajados por Fiorini (1995) en relación con los procesos creadores. En este sentido hemos hecho nuestros desarrollos (Zukerfeld & Zonis Zukerfeld, 2003) acerca de los potenciales hermenéutico y heurístico del aparato psíquico que son las bases metapsicológicas de la creatividad y la creación frente al trauma (prácticas sociales transformadoras, resiliencia).
De esta manera el aparato psíquico final del año 1933 pasa a ser un modo –también universal– de funcionamiento psíquico que coexiste con otro que corresponde a lo inconsciente escindido. Esta última noción constituye el núcleo duro de la tercera tópica y se corresponde con las innumerables formas que en la historia del psicoanálisis han aludido a lo irrepresentable. Ya en Freud, en el “núcleo actual” de las psiconeurosis y en “la obsesión de repetición (que) reproduce sucesos del pasado que [...] no entran en la zona de los impulsos eróticos reprimidos”, y posteriormente los elementos y pantalla beta como aglomeración no integrada y el “terror sin nombre” en Bion, el terror al derrumbe como signo-huella que no pudo simbolizarse en Winnicott, lo Real como fuera del lenguaje e inadmisible a la simbolización en Lacan, lo originario y el pictograma en Aulagnier, el teatro de lo imposible y la histeria arcaica en Mc. Dougall, la escisión esencial en M’Uzan, los dinamismos paralelos en Marty, lo no representable en Missenard, lo ignoto, incognoscible en Rosolato, lo arcaico y la negatividad radical en Kaës, el inconsciente anterepresión de Rousillon, la delegación de lo no figurable en Botella, la idea de lo “prepsíquico”, el trabajo de lo negativo y los desarrollos sobre la escisión en Green, el lugar del doble inmortal en Aragonés, el inconsciente originario y las memorias procedimentales en Bleichmar.
Esta lista no pretende ser exhaustiva ni estricta pero alude a las diversas consideraciones en la literatura psicoanalítica acerca de lo que está funcionando en un orden no representacional. Como es conocido este orden está asociado a lo traumático, como aquello disruptivo que no ha sido ligado. En este sentido creemos que el término “escindido” es el que mejor da cuenta de esta problemática por dos motivos:
a) Jerarquiza el mecanismo de escisión como apartamiento o separación originaria, global y persistente de lo ligado (representación de cosa-representación de palabra) de lo nunca ligado (huellas activables no evocables)
b) Enfatiza su dimensión estructural que a nuestro modo de ver sigue en la trayectoria freudiana el mismo recorrido de la represión que primero fue una defensa histérica y luego un mecanismo universal. Es decir, la típica lógica freudiana que va del observable clínico (fetichismo, psicosis) a la teoría general. De este modo de lo que se trata es de pensar en la condición humana que porta en su constitución la marca indeleble de la vulnerabilidad.

Vulnerabilidad y el lugar del analista

Desde el punto de vista psicoanalítico definimos el constructo vulnerabilidad como el predominio y ulterior cristalización del modo de funcionamiento psíquico propio del inconsciente escindido, –es decir de lo irrepresentable– cuyas manifestaciones se expresan clínicamente en el déficit de la actividad fantasmática, en la precariedad de recursos del Yo para afrontar sucesos vitales, y en la tendencia al acto-descarga comportamental y/o somático. La mayor o menor vulnerabilidad de un sujeto depende –entre otras cuestiones que no desarrollaremos aquí– de la relación historia y/o actualidad traumática con historia y/o grado de sostén vincular.
Un ejemplo clínico ilustrativo es el del caso llamado “Tim” por Joyce Mc. Dougall (Teatros del Cuerpo,1991, pag.139) donde la autora describe la historia de “un hombre que soñaba desde su más tierna infancia con ser inaccesible al dolor psíquico tanto como al dolor físico, que soñaba con ser un hombre sin corazón”. Tim tiene “treinta y tantos años, gafas, suéter de cuello redondo, el aspecto de un joven y serio profesor” y consulta por sentirse vacío y sin contacto con el mundo. Su historia es la de un profesional exitoso, casado con dos hijas y sin mayores problemas. De su historia pasada el único dato significativo que proporcionaba era el de la muerte súbita de su padre cuando tenía siete años. Durante el análisis Tim manifestaba no sentir nada, ni negativo, ni positivo constituyendo el típico paciente desvitalizado. Mc Dougall evalúa que “mis intentos de interpretar el significado de sus recuerdos y unirlos al presente eran estériles” y “al no generar afecto alguno en él, mis intervenciones no provocaban ningún cambio psíquico”. En un momento dado una interpretación parece producir una respiración dificultosa que Mc Dougall interpreta como estar “expulsando a través de su cuerpo y fuera de su psique el recuerdo de mis palabras y dispersando así su repercusión tanto psíquica como física”. El proceso terapéutico continúa y en un momento sucede lo que la autora denomina “el momento más dramático, el más traumático de toda mi relación con Tim”: se trata del llamado telefónico de la esposa del paciente que una semana antes de la fecha prevista para las vacaciones de la analista le dice a ella que su marido había tenido un infarto de miocardio. En la conversación McDougall es informada de que Tim fumaba un cigarrillo detrás de otro “y a menudo le costaba respirar”. Es así que la autora escribe: “naturalmente, ignoraba que Tim fumara en exceso pero volví a pensar en ciertas fantasías repetitivas que había podido aclarar con él: temía envenenarme, inquietándose por haber tirado alguna colilla en mi escalera2 o por haber dejado barro en mi entrada”. Mientras que Mc. Dougall realiza su análisis contratransferencial, se pregunta sobre lo que no habría oído y por otra parte decide escribir a su paciente una nota que comienza con un “Querido Tim” y en la que le expresa lo afectada que está por lo que a él le había sucedido. Inmediatamente recibe una respuesta por parte del paciente donde le dice que cuando leyó las palabras “Querido Tim”, “tuvo la sensación, por primera vez en su vida, de que ese nombre le pertenecía”.

A partir de aquí cambia totalmente la modalidad del tratamiento analítico y McDougall le señala al paciente en sesiones cara a cara que habían dos factores que amenazaban su vida: “(...) su modo de funcionar frente a los pensamientos y los acontecimientos cargados de afecto y el papel que desempeña su tabaquismo en su economía psíquica”. En relación con este último aspecto, Tim declara que no puede vencer su tabaquismo pero que estaba de acuerdo en intentar descubrir “al menos las razones psicológicas de su necesidad de fumar tanto”. Mc. Dougall describe en la parte final del historial lo que denomina el drama de la adicción e ilustra con un fragmento de sesión del sexto año de análisis:
“Tim empezó describiendo los problemas de su coche, un tema frecuente en sus asociaciones:
Tim: ‘Naturalmente he vuelto a olvidarme de cambiar el aceite. Me había dado cuenta de que tosía un poco, pero no hice caso, así que ahora está otra vez en el garage.’
Le hice observar que muchas veces tratamos a nuestro coche como nos tratamos a nosotros mismos; por su parte era como si quisiera al ignorar los ataques de tos de su coche, empujarlo a la muerte.
Tim: ‘Sabe usted no quería decírselo pero ahora he llegado a fumar dos paquetes diarios, exactamente igual que antes del infarto’.
Al escuchar estas palabras, sentí una vez más aquella inquietud familiar, y le dije: ‘¿Así que está jugando a la ruleta rusa con su vida?’
Tim: ‘Si... y sin embargo tengo la impresión de que necesitaría poca cosa para dejarlo. Un pequeño acontecimiento’.
Entonces empecé a sentirme irritada, con la sensación de que me estaba obligando a observar cómo se dirigía alegremente hacia la muerte, y ello a pesar de mis intentos desde hacía cuatro años por comprender e interpretar aquella conducta mortífera. Como respuesta a su espera ‘de un pequeño acontecimiento’, me oí decir: ‘¿Un segundo infarto sin duda?’.
Tim responde que se le hace un nudo en la garganta ‘como si usted sintiera que lo que me sucede es realmente grave’ y posteriormente surge por primera vez un aspecto del vínculo entre sus padres donde McDougall se entera de que el padre de Tim era asmático y un gran fumador para el que ‘sería fatal beber y fumar tanto’, y del odio y acusación hacia su madre por no haberlo cuidado, .poniendo en evidencia su propia necesidad de sostén”.

Reflexiones Finales

Todas las teorías son legítimas
y ninguna tiene importancia.
Lo que importa es lo que se hace con ellas

Jorge Luis Borges

El funcionamiento psíquico de Tim corresponde a lo que definimos como vulnerabilidad que de acuerdo a lo planteado fue en incremento porque el proceso analítico tuvo una primera parte donde se privilegió la interpretación de un inconsciente homogéneo que era el que estaba en la teoría de la analista. Con aquella teoría sólo se trataba “de interpretar el significado de sus recuerdos”, así es que lo escindido queda fuera del análisis y reingresa en él dramáticamente en la eclosión somática. No es sólo que el paciente no incluyera su adicción y sus riesgos, sino que su analista no parecía preparada para escucharlo (ni verlo). En general la analista quiere descubrir algo que sólo aparece después de un “querido” o de un “¿un segundo infarto quizás?”. Esto produce algo nuevo y se corresponde con los momentos de mayor empatía. Así es que la segunda parte su posición cambia y se reubica de modo que interviene ahora sobre una coexistencia de funcionamientos y lo escindido se semantiza. Pero es necesario recordar que el modo de hacerlo implica una involucración afectiva del analista que ocupa ahora un doble lugar: no sólo interpreta lo reprimido sino que brinda amparo suficiente de modo que entre ambos puedan llegar a capturar lo escindido en una operación que entendemos como proceso terciario. Antes de ello las palabras de la analista eran estériles y hasta traumáticas (de hecho eran expulsadas por la tos) pero luego el sentimiento del analista como persona real y su espontaneidad organizaron un nuevo espacio vincular y en su acto creador posibilitaron que en lugar de tos escindida apareciera finalmente angustia conectada.

____________
1. El término como tal fue mencionado por Green, Dejours, Marucco, Raggio, y Merea desde distintas perspectivas.
2. La cursiva es mía con la intención de puntuar la desmentida que la analista hace del tabaquismo del paciente.
 
 
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