Inicio   |   Login   |   Registrarse   |   Quienes Somos   |   Contacto   |   STAFF     
BOTONERA EN IMAGEN
 
 
 
Facebook Twitter
   Colaboración

Los talleres, un dispositivo posible
  Por Omar Daniel Fernández
   
 
Cuando hablamos de talleres siempre es necesario poder ubicar determinadas coordenadas que hacen a las particularidades institucionales, ya sea que los mismos funcionen en un hospital general o en una institución neuropsiquiátrica y con qué características, esto es, si funcionan en un dispositivo de Hospital de Día o en otro tipo de dispositivo, y bajo qué rasgos organizacionales quedan constituidos, que trabajos y objetivos se desarrollan y que regulaciones deben establecer respecto de la prestación que ofrecen, porque aquí el dinero entra en juego como un factor de regulación institucional que determinará ciertos grados de libertad respecto de crear las posibilidades de funcionamiento en la instalación de los dispositivos.

Es preciso tener en cuenta estas coordenadas ya que permiten la constitución de una legalidad como condición y condicionamiento del armado de un dispositivo como regulador de goce y el encuadre que definirán la manera de abordaje de la subjetividad a partir del trabajo que se realice “con” y “en” el Instituido. Este trabajo lleva a trazar la puesta en forma de la relación entre talleres, comunidad, lazo social y discurso. Plantear la conjunción entre talleres y comunidad, necesariamente nos obliga a situar coordenadas institucionales que hacen a las condiciones de posibilidad del trabajo y desde ahí la constitución del dispositivo como lugar que se “re-crea” en lo instituido en términos de interpretante del instituyente permitiendo la instalación del encuadre como apuntalamiento de discurso. En este sentido es posible pensar los talleres como “el lugar de la Red-Socialización”, y digo “de” y no “en”.
Esto implica poder instaurar a partir de la producción, un trabajo de elaboración de la producción del lazo con una red, y con una red que se socializa, esto es, la producción de subjetividad nueva, una “di-versión”, una nueva versión que establece un pasaje de lo contingente a lo imposible modificando el posicionamiento subjetivo, produciendo un corte respecto de la reproducción de lo idéntico en las psicosis o disolviendo la repetición en las neurosis. Podemos decir entonces que la producción de la subjetividad presenta un anudamiento de tres niveles; el plano de lo singular, el plano de lo particular y el plano de lo universal (en el sentido lógico de los términos):

1) En el plano de lo singular, se produce la subversión subjetiva en cada estructura.
2) En el plano de lo particular se realiza la subversión de la subjetividad “en” y “del” orden institucional, entendiendo a la institución como instancia o trama de sentido en términos de instituido.
3) En el plano de lo universal se afirma la subjetividad en la subversión de un imaginario radical social -en el sentido que plantea Castoriadis-, respecto de la subjetivación del término locura.

Ahora bien, con respecto a estos tres niveles de categorías lógicas se plantean tres planos diferentes que hacen a la inscripción de esta marca de “subjetivación nueva” -no voy a desarrollar esto, simplemente quiero dejar señalado el planteo-:

a) La relación que se establece entre el acontecimiento, la construcción del acontecimiento y el sentido.
b) La relación que se establece entre el referente, el efecto de significancia, y el sentido.
c) La relación que se establece entre el distanciamiento, la apropiación y la inscripción.

En el movimiento dialéctico que se van a dar en estos tres planos, se vehiculizan las relaciones “en” y “con” el lenguaje en los distintos efectos de significancia que posibilitan para cada ser hablante una discursividad subjetivante.
La pregunta que ahora se nos presenta es poder pensar si el lazo social y el lazo discursivo son equivalentes y si esto es así que solución se produce en las psicosis. Esta interrogación plantea un supuesto de disyunción entre lazo social y lazo discursivo y sin embargo es necesario notar que lo social, la comunidad, es una consecuencia organizacional de una institución general que es el lenguaje, ya que la realidad como construcción social es un efecto del mismo y no un producto. La interrogación queda entonces desplazada hacia un planteo diferente. Ya no se trata de establecer una disyunción entre el lazo social y el lazo discursivo o de encontrar un isomorfismo entre ambos, sino interrogar cuál es el sentido del término “Lazo”. El lazo va a configurar -lo digo en término de categoría lógica-, la apropiación singular del lenguaje en una discursividad, y esta apropiación singular de una discursividad como modo de enlace, es un modo de enlace específico que va a encontrar cada subjetividad “en” y “con” un modo de representación en un hecho social que es discursivo. En un hecho social sostenido en la dimensión de la emergencia o modo de retorno de la propia falta que estructura un decir, esto es, “su decir” para cada sujeto. Por esto podemos pensar que el lazo social -siguiendo el planteo de Willy Apollon, en “Psicoanálisis y tratamiento de psicóticos”-, consiste en: “la capacidad del sujeto de negociar la satisfacción y la coexistencia con otros en la lengua de la sociedad que, por sus valores y sus leyes, definen las reglas del juego de esta negociación. Lo que nosotros designamos aquí como lazo social es pues el modo en el cual, para un sujeto dado, toma lugar la heterogeneidad de su deseo o de su posición subjetiva en el orden simbólico que rige su relación con los otros. Esta exigencia del lazo social no supone, por lo tanto, la desaparición del núcleo del delirio donde se ubica la estructura del trauma que sostiene la psicosis” ya que se funda en la estructura traumática que da cuenta de la psicosis pero sitúa una restitución de sentido y “apuntalamiento” en la realidad.

En la creación de los talleres se moviliza el deseo del sujeto al producir por medio de su trabajo una inscripción del goce del Otro que trabaja su cuerpo en un síntoma. Pasa así a la producción de un objeto que deviene en la constitución del imaginario de un sujeto en su estructuración articulada a lo real de su experiencia con una legalidad, que es lo que hace al encuadre que regula su trabajo en la producción de un espacio. Esta práctica encuentra a su vez un sentido en tanto determina una restitución de sentido, -me refiero a las psicosis en el caso específico respecto del vacío que confronta el sujeto al salir del estado de crisis-. La movilización del deseo en la práctica que se da en los talleres es específica de un momento (no instante, ni tiempo), donde el sujeto encuentra en la tarea, la reapropiación de su cuerpo en el tiempo de pasaje que va de la sintomatización, esto es, el encuentro del goce del Otro; a la estructuración del trauma y la subjetivación del sentido en el objeto. El deseo aparece en este sentido bajo la radicalidad sexual pero con una forma muy diferente a la de la neurosis donde la cuestión del sentido prima sobre la búsqueda de satisfacción. Si en las neurosis el fantasma que ofrece un objeto al deseo, está regido por la subjetivación de goce, en las psicosis, el objeto alucinado en una fantasmatización, viene como sostén de un sentido arrancado al delirio, esto es la restitución de sentido o modificación de una posición subjetiva respecto del delirio. La pregunta que podríamos hacernos entonces es: ¿Qué ocurre con las psicosis no delirantes?.

Aquí surge un tema para plantear la restitución de sentido y su relación con la estructuración del síntoma psicótico y el lugar del deseo.
Yo diría para concluir, que la producción de un objeto, de un objeto material en la realidad es lo que permite producir el encuentro con el otro como ser que desea haciendo surgir el goce. El objeto como huella de ese goce puede situarse en otro registro, en el registro simbólico de intercambio y dar al trabajo su dimensión social. Por el trabajo tendrá siempre en la estructura su dimensión propia de lo real como una dimensión del cuerpo más allá de todo significado. Entonces lo que está en cuestión también en las psicosis es el status mismo del sujeto dividido pero -como dice Maud Mannoni-,“en un equilibrio incierto entre su cuerpo y su discurso”.
 
 
© Copyright ImagoAgenda.com / LetraViva

 



 

 
» AEAPG
Agenda de Seminarios a Distancia 2019  Comienzan en Agosto
 
» Centro Dos
Conferencias de los martes  martes 20:30 - entrada libre y gratuita
 
» Fundación Tiempo
Posgrados en Psicoanálisis con práctica analítica  Inicios mensuales. Duración: 12 meses.
 
» La Tercera
Seminarios y actividades 2019  Sábados, 10:30 - 14:00 hs. salvo donde se indica
 
» AEAPG
Curso Superior en Psicoanálisis con Niños y Adolescentes  Inscripción 2019
 
» Centro Dos
Seminarios Clínicos  Segundo cuatrimestre
 
» Centro Dos
Talleres Clínicos  Segundo cuatrimestre
 
» Centro Dos
Seminario 8 de Jacques Lacan  Segundo cuatrimestre
 
Letra Viva Libros  |  Av. Coronel Díaz 1837  |  Ciudad de Buenos Aires, Argentina  |  Tel. 54 11 4825-9034
Ecuador 618  |  Tel. 54 11 4963-1985   info@imagoagenda.com