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   Filiación

Filiaciones y nuevas técnicas reproductivas
  Por Patricia Alkolombre
   
 
No hay filiación sin transmisión. La filiación es la red simbólica primera, recibida “sin razón”, pero al servicio de la razón.
Guy Rosolato (1992)

En todas las sociedades encontramos formas de unión entre hombres y mujeres que por convención llamamos “matrimonio”; una legalidad que permite dar una filiación, una pertenencia a los niños, una inscripción social de los mismos. Estas representaciones aseguran y afianzan el lazo social y le asignan al niño por nacer un lugar de identificación y a sus padres, un marco estable para el ejercicio de las funciones materno- paternas.
Las representaciones de procreación y orden familiar, que forman parte de un marco identificatorio para el devenir de un sujeto, están cuestionadas por los cambios que se vienen produciendo a partir de la aplicación de las nuevas técnicas reproductivas. En todo caso, hoy ya no podemos afirmar tan tranquilamente, como lo hacíamos antes, que “madre hay una sola”. Tanto la filiación biológica como la “novela familiar” van modificándose con estos cambios.
Lo que en un comienzo consistió en subsanar un problema reproductivo de una pareja, a partir de una técnica determinada, se fue ampliando el uso que se fue haciendo de la misma a partir de nuevas demandas y sus efectos no se produjeron solamente en el ámbito científico, sino también en el ámbito extra-científico: en las parejas, en los niños y también en el cuerpo social.

Pensar acerca de la filiación desde esta perspectiva, implica la tarea de reconocer los elementos que han ido más allá de los márgenes del formato tradicional de familia, lazos de parentesco, filiación y consaguinidad.
Uno de los interrogantes que podemos formularnos es el lugar que ocupa un niño dentro de las reglas de parentesco si su madre biológica es su tía, o si anidó en el útero de su abuela, si nació por donación de gametos anónima, y otras variantes. ¿Qué lugar le van a dar el discurso parental y el discurso del campo social, cuando ambos operan como matrices de referencias identificatorias que participan en la construcción de la identidad de un sujeto? ¿Qué sucede si estas situaciones son habladas, o si permanecen en forma de secreto? ¿Se inauguran así parentescos naturales y parentescos artificiales?
Otra pregunta es si la aplicación de las nuevas técnicas reproductivas se ciñe a las parejas con problemas de esterilidad, o si lo que se privilegia es la voluntad de otras demandas: inseminación en parejas homosexuales, inseminación con semen de banco a mujeres solas, solicitud de embarazo en mujeres añosas, por nombrar algunas demandas existentes.
Francoise Heritier Augé plantea que al abordar estas temáticas entramos en una zona de fronteras entre los intereses y responsabilidades individuales, los derechos del niño y las respuestas del cuerpo social, y sostiene que ninguno de estos órdenes puede ignorarse (Heritier Augé, 1992).

Estas nuevas formas de acceder a una parentalidad plantean una cantidad enorme de interrogantes y exigen una tarea de investigación y seguimiento ya que es imposible predecir qué efectos podrán tener. Lo que sí podemos afirmar es que se intensifican demandas con predominio narcisista, podemos hablar de una “reproducción narcisista” en algunos casos. También se amplían las ofertas provenientes de algunos sectores de la medicina reproductiva que proponen una “medicina del deseo” (Frydman, 1986), dando cabida a la realización de demandas bizarras en las que podemos preguntarnos cómo se juega el deseo de hijo.
Los interrogantes que plantean la implementación de las nuevas técnicas reproductivas en estos casos se ubican en la intersección de varias disciplinas: médicas, psicológicas, legales, éticas, religiosas, sociológicas y económicas.
Lo permitido y lo prohibido en este nuevo campo no está delimitado y la relación entre la ley y el deseo es ambigua. El enunciado: “deseo un hijo” es tomado empáticamente como un deseo que debe ser satisfecho.
Desde el psicoanálisis podemos ampliar la mirada e interrogarnos sobre estas “nuevas parentalidades”, nuevas formas de concebir un hijo.
Un punto a investigar es si estamos frente a un cambio de “ropajes” dentro de las problemáticas familiares, o bien si hay algo nuevo que ha ingresado junto con la técnica y las nuevas demandas. En qué medida estas intervenciones sobre el cuerpo que movilizan la concretización de fantasías provenientes de representaciones arcaicas, son posibles de ser procesadas. Parentalidades en las que se modifica la filiación y convocan fantasías que rozan lo incestuoso, o lo siniestro.

Filiación y Transmisión: La pareja como estructura vincular, es considerada tradicionalmente como el origen de la familia desde el punto de vista evolutivo y convencional, y a su vez se desprende de la familia en donde se originaron sus modelos.
La función parental es la que posee las claves de la transmisión de los valores y de la cultura. El mecanismo a través del cual esto se produce está constituído por los procesos de identificación del niño con sus padres.
Esta transmisión permite perpetuar en el tiempo la memoria de las generaciones.
Podemos interrogarnos cómo transmite una pareja la experiencia de la gestación producida por técnicas de fertilización asistida cuando se accede a un embarazo de un modo diferente de como lo hicieron sus padres, sus abuelos y todas las generaciones que lo precedieron. En este sentido, se trata de una ruptura en el modo de concebir.
Qué posibilidades de poner palabras a experiencias que aún están en tensión entre los modelos “tradicionales- naturales” y los modelos ”nuevos- tecnológicos”.
¿Hay diferencias entre la fertilización natural y la asistida para una pareja? Si pensáramos que no es lo mismo, cómo pensarlo, con qué categorías, con qué significados. Es algo “decible” o guarda aún algo de inasible, de imposible.
Guite Guerin tituló su libro sobre estas temáticas El niño inconcebible (Guerin, 1986), pivoteando lo concebible/ inconcebible referido a la reproducción, con lo concebible/ inconcebible referido a la posibilidad de ser pensado.
Cuando el embarazo se logra a partir del material genético ajeno a la pareja (por donación de gametos), reflexionamos acerca de lo siniestro o lo idealizado que puede resultar, y también del tercero que queda excluído en la pareja. Sin embargo muchas veces me pregunto si hay una real comprensión de aquello que se está realizando movidos por la necesidad de dar vida, por la pasión de hijo (Alkolombre,1997) o por el deber de tener hijos. ¿Qué sucederá con esta herencia anónima?
Cuando se debe decidir sobre la suerte de embriones congelados, ¿qué significado tiene para la pareja y para cada integrante el saber que hay aún “hijos en estado latente”? ¿Cuál es el status de este objeto “hijo congelado”: es atemporal, reimplantable, permite distintas combinaciones? Cuando después de muchos años de búsqueda, y agotados los tratamientos, la pareja emprende con mucha ambivalencia el tránsito hacia la adopción: ¿qué lugar ocupará el niño adoptado?
Estos interrogantes apuntan a pensar en qué modo afectan o impactan estas vivencias sobre los acuerdos inconcientes de la pareja, cómo se inscriben a nivel intrapsíquico e intersubjetivo estas experiencias y cómo se transmiten cuando se produce la llegada del hijo a través del ejercicio de las funciones parentales. ¿Cómo impactan estos desarrollos tecnológicos sobre los vínculos?

René Kaës plantea que la introducción de un tercer elemento técnico-médico en la procreación modifica radicalmente el nacimiento y las representaciones de la procreación y dice: “Esta se hace de a tres, así la técnica médica se insinúa como una instancia fecundante y parental. Cuáles son las modificaciones que introduce dentro de las relaciones entre las generaciones, en el status del niño, no lo sabemos muy bien todavía. Tampoco cuáles serán los efectos de estos nacimientos técnicamente asistidos sobre las representaciones de la filiación. Los efectos de ruptura entre generaciones son necesarios para la distinción entre las generaciones, pero en este caso los efectos son particularmente acentuados y requieren alguna forma de resolución”. (Kaës, 2001)
Lo cierto es que como psicoanalistas sólo podremos dar respuestas en un a posteriori y a partir de cada singularidad, ya que es imposible generalizar acerca de las problemáticas psíquicas de estas demandas; muchas de ellas tienen elementos difíciles de ingresar como representaciones porque han tocado las raíces de la identidad humana y todo aquello conocido por la humanidad hasta hace veinticinco años. Es algo difícil de representar porque no hay experiencias que la precedan, en este sentido son inaugurales.

Los interrogantes que podemos formular son un retorno de los efectos de la práctica. Son pacientes que llegan a nuestros consultorios con nuevos motivos de consulta, con nuevos escenarios para el sufrimiento. El análisis de algunos elementos que introduce la aplicación de las nuevas técnicas reproductivas nos pueden permitir continuar profundizando en la comprensión de sus efectos:
- Disyunción sexualidad y reproducción /sexo frío.
- Deseo de hijo/ demanda de hijo, predominio edípico o narcisista.
- Ruptura del eje temporoespacial: fecha de la concepción y fecha de la transferencia de los embriones.
- Ruptura de la diferencia generacional /lazos de parentesco.
- Lugar del donante, tercero excluído en la pareja y en las proyecciones sobre el hijo.
- Fantasías de partenogénesis y autogestación.
- Negación de la diferencia de sexos.
- Sentimiento de ser seres excepcionales.

Es difícil saber cuáles son las mejores condiciones para la subjetivación de estas experiencias, y para la llegada de estos niños al mundo. Como psicoanalistas nos vemos confrontados a develar cuáles son las apuestas inconscientes de estas consultas, y a interrogar los efectos de estas nuevas prácticas.

 
 
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