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Freud pionero en la psicofarmacología
  Por Emiliano Del Campo
   
 
Freud fue un pionero en la psicofarmacología, ya como médico en 1874 buscaba en la cocaína un psicofármaco, reconocía que era el cuerpo el que “gritaba los sufrimientos” Esto acontece mucho antes de descubrir el psicoanálisis, pero esta inquietud inicial lo llevan a descubrir en 1895, en el Proyecto de una Psicología, el Entwurf, los fundamentos energéticos, la epistemológicos del psicoanálisis. Freud lo que ha descubierto lo asevera hasta el final de su obra: el poder de la energía en el acumulada y distribuida desde el primitivo “aparato psíquico”; energía inseparable del sistema neurológico; será la que domina la vida del ser humano, sea para producir placer o sufrimiento, así como la destrucción propia o ajena. No fue casual que Freud buscara un psicofármaco, no los conoció en vida, recién aparecen en los años 60.

Si Freud fue fundando su teoría en la escucha, en el lenguaje de los relatos de sus pacientes, debemos dejar en claro que siempre sostuvo los fundamentos energéticos de la Ciencia de la Naturaleza (Naturwissenschaft), son los principios adoptados por casi todos los grandes científicos de su época. De esto me ocupo en mi libro Freud Filósofo, desde sus comienzos, fue Ernest Mach el que cambió la “fuerza por la energía”; de allí surgen Einstein y Freud. Lo debo a mi lectura del libro Introducción a la epistemología freudiana, de Paul-Laurent Assoun, doctor en Filosofía, diplomado en psicopatología y psicología clínica; lo leo y releo desde que lo compré en Paris en 1986; aún hoy, traducido al castellano. Sostiene que Freud emplea la investigación microscópica del sistema nervioso como darwiniano, para corroborar la estructura neurológica, por donde de pasará la energía, la que va a devenir en lenguaje, percepciones, etc. De esta obra voy a transcribir literalmente lo que el autor sostiene.

“La toxicología y la lógica de los procedimientos”. Es desde esta perspectiva como conviene apreciar el famoso “epi­sodio de la cocaína”. Es notable que Jones, que le dedica un ca­pítulo aparte, parezca vinculado mal con el resto de la evolución. Basándose en una declaración tardía y retrospectiva de Freud, lo presenta como un alotrión en sus preocupaciones, o sea como la intrusión de un elemento extraño e incongruente en el cursus “serio”. Por esa razón, lo presenta como una debilidad, a lo sumo como un hobby o un “pasatiempo”: el interés que inspiraba a Freud la cocaína era justamente algo de ese orden, capaz de apar­tarlo de su trabajo científico serio en psicopatología. Incluso sugiere que por motivos extracientíficos: Freud “había abandonado el estrecho sendero directo de un trabajo ‘científico’ serio sobre la anatomía del cerebro, para internarse subrepticiamente en un atajo”.

Ahora bien, este “episodio” no ocurre en un momento cual­quiera, sino en esos años 1884-87 en que está en juego algo de­cisivo para su “trabajo científico”. Cabe preguntarse cómo pudo producirse un excursus en un momento tan decisivo. Por otra parte, se suele estar de acuerdo en pensar retrospectivamente que al descubrir los efectos terapéuticos de la cocaína, Freud mereció ser contado entre los pioneros de la psicofarmacología, lo cual debe incitar a preguntarse cómo pudo ocurrir eso, por así decirlo, “de paso” y al margen de una práctica “seria”.
Para nuestro propósito, el episodio de la cocaína reviste el sentido de una confirmación de que la forma posicional de obje­to electiva de Freud, al principio de los años 1880, es de orden tecnológico y fenómeno técnico. En efecto, el problema terapéutico de la cocaína se reduce al problema de la observación y del análisis de los efectos terapéuticos de una sustancia dada.

Ya en los comienzos como médico, Freud se encuentra investigando con la recién conocida cocaína: ¿cuáles podrían ser sus efectos terapéuticos, en las distintas afecciones psíquicas? En una nota detalla los efectos que se producen en él a tomar una pequeña dosis. Es fundamental que el lector sepa que en 1959 hasta casi 1962, la única terapéutica que existía en medicina para las afecciones psíquicas sean graves o leves, fue el electroshock y el coma insulínico. Así comencé trabajando como psiquiatra. Hoy en día no solo contamos con un arsenal de valiosos psicofármacos, que bien empleados, me han permitido, como el caso de la olanzapina, los antidepresivos, etc., el tratamiento ambulatorio, que anteo exigía una internación. Todo esto me lleva a afirmar que no es posible pensar el psicoanálisis desde Freud, sin el saber psicofarmacológico; ambos términos, desde ahora, son inseparables. Es como lo testimonia el libro de Graciela Jorge: Psicofarmacología para psicólogos y psicoanalista, en su segunda edición en Letra Viva.
 
 
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