Inicio   |   Login   |   Registrarse   |   Quienes Somos   |   Contacto   |   STAFF     
BOTONERA EN IMAGEN
 
 
 
Facebook Twitter
   Comentario de libros

Acostar al analista
  de Masu Sebastián, Letra Viva Editorial, 2007.
   
  Por Ana Casalla
   
 

Y así como el poeta se deja devorar por sus versos al hacer poesía. Así como el soñante devorado por su sueño puede dejar su marca produciendo un pasaje, y siendo Freud el soñante, es a través de ese pasaje que va, puede ir, más allá del padre. Así Masu se deja tomar también por su escritura. Escritura cuya trama se arma con otros: pensadores, psicoanalistas, novelistas y poetas quienes son reducidos a palabras, frases que se recortan, ideas con las que se dialoga. Cualquier gesto reverencial al encumbramiento del autor es devorado en un misterioso fuego que la escritura produce, se devela así que lo que interesa –al convocar a los autores– es crear puentes frente a abismos por los que Masu transita. Es que guía su decir eso de no saber de sí sino por la palabra que falta. Se hace necesario entonces echar fuego a la leña de la cual se vale para ir dando pasos cruzando huecos que la teoría psicoanalítica plantea, porque es inacabada y porque se corresponde con una clínica que es de lo singular y no se uniformiza en todos por igual. Más cerca de la invención que del ajuste a los textos a los cuales se remite, permanentemente dialoga de un modo exhaustivo produciendo después de esos incendios pasajes luminosos.

Y es a través de un sueño donde el soñante primero debe perder las piernas en una disección anatómica, después usarlas con ayuda, para estar luego irremediablemente frente al abismo, que hay allí un decir que despierta: ¡Es Freud el soñante! ¡Es Borges el poeta convocado! “El paso es lo peligroso, no el abismo” dice Masu puesto que el paso crea lo que allí no había. El paso es esperado y con ayuda de Borges está ahí el paso de Masu quien dice de Freud que al dejarse devorar por el sueño produce un decir ya preparado pero que no estaba: hay que pasar por los niños, dice el sueño de Freud. No es un puente más es un puente que es clave novedosa en la teoría de la neurosis infantil. Al decir de Masu no hay abismo sino paso.

El libro tiene como referente el acto. Valiéndose del inconsciente como brújula no puede saberse de antemano y el lector se sorprende ante el hallazgo del escritor. Ella se adentra en la singularidad de su escritura cuando habla del analista que escribe un caso y ubica ahí que el analista parte de estar perdido en algo que tal vez pueda advertirse más tarde en un segundo momento. Es que el caso no es una sumatoria de anécdotas, saberes sumados sobre un sujeto, sino que es el acto el que sabe sobre el sujeto y el analista se deja en cierto modo conducir por él. Nos insta a continuar el camino de Freud y vuelca su anhelo de que ese camino se transite. Tomando como referencia a Lacan hace girar el síntoma como lo que instituye el orden por el cual se revela la política del psicoanálisis. Esa es una política diferente a la acción del dictador quien vanaliza las palabras. Efectivamente, si la política de la que se trata es la del psicoanálisis la palabra toma el valor de portar el deseo. Si se las lee, se puede leer, relevar un paso de sujeto, algún decir singular. Es la interesante posición subjetiva de quien escribe el libro.

Algunos casos recorren el libro, encara en ellos lo que llama la violencia ligada a la transferencia en la que un goce del analizante es girado a cuenta del analista. Nos va haciendo palpitar la retroacción de un TOP en un caso. Palpitar lo que queda fuera de la disposición del analista, eso por fuera que articula lo real en la cura: se trate de un regalo que transforma su materialidad de vestimenta, es un TOP, en significante que hace límite a una madre obscena, pero sobre el mismo cuerpo del analista. O de un fuera de la visión que hace borde a lo que se ve demasiado de la madre. Borde también en el dispositivo. Es un real que entra al texto así como ha entrado al consultorio de la analista y es así como entra al discurso y pasa al libro. Es muy difícil que yo lo haga pasar a ustedes. Hay que leer el libro.

Supe que este libro tuvo otro nombre y que está a viva voz en el libro: La exposición del analista. Puesto que exponerse como blanco al dardo es el modo que Masu encuentra para decir de su anhelo de desbaratar toda posibilidad de ajustarse a un modelo en la clínica, al estilo de una clasificación. Planteando que la ética para el analista, debe pasar por elaborar cada caso como único. Ofrecerse como blanco al dardo es ocupar el lugar de ese objeto que Lacan llamó con la letra a en la cura. Pero también exponerse como blanco en la escritura, blanco del dardo en el que el lector se deja capturar. Es lo que lo hace volver y volver al lector sobre palabras que van tomando vuelo en el texto, llevan a leer más cuestiones que las que están linealmente planteadas. Produce un efecto sobre el lector en el cual como dardo caemos de lleno en el blanco dibujado por la mano de Masu. Encontramos entonces nuevos sentidos que se descubren en ese juego de lectura. Esa es la exposición a la que la escritura lleva a Masu, y no tiene ningún problema en ejercitarla en el libro.

No sólo la exposición del analista, también otra cosa: acostar la demanda primero, así lo dice Lacan y luego el paso de Masu: Acostar al analista. Un nombre al libro, letras que fijan un pasaje permanente e imposible de quien dirige la cura y quien teoriza sobre ella volviéndose al analizante que fue. Entonces, no sólo exponer y por lo tanto la exposición del analista como blanco al dardo que evoca el objeto de la pulsión, también escribir, escribir un libro, escribir en la clínica y que eso se fije en letras.

Por eso hay algo más que la exposición del analista: un garabato inicial en la tapa del libro, una a acostada, dibuja su paso irreverente, estético y nos invita a dar nuestro paso a su vez al leerlo: imaginen lo que quieran, parece decir. A su vez, la brecha entre el nombre de su padre y su nombre se ofrecen desde el principio a la reflexión sobre el padre y el más allá de él. No es sin formas ni contornos que el libro se presenta. Su marca y las marcas en el libro dan la posibilidad de recorridos que suceden más allá de los cálculos de quien lo escribió, lo que reafirma una de sus tesis: “La marca, esa nada que hace a lo más propio del sujeto mismo, es lo que hay en juego a la hora de decidirnos a confrontar lo más propio de un caso”.

Entonces, llegamos al final: hacerle lugar a la letra, que advenga la letra, transmisión de una letra. Todo escrito, nos dice, tiene su parte de destitución de la suposición. En este caso, de eso surgió escribir un libro. Esa escritura nos hace arribar a costas insospechadas en cuyo litoral se lee la forma que le da la escritura al libro: Acostar al analista. 
Ana Casalla

 
 
© Copyright ImagoAgenda.com / LetraViva

 



   Otros artículos de este autor
 
» Imago Agenda Nº 182 | julio 2014 | Comentario del libro “Locura y Melancolía”  De Haydée Heinrich (Letra Viva Editorial)

 

 
» Lacantera Freudiana
Cuando la clínica interpela a la teoría  Sábado 23 de noviembre 15 a 17 hs • Actividad abierta y gratuita
 
» Centro Dos
Conferencias de los martes  martes 20:30 - entrada libre y gratuita
 
» Fundación Tiempo
Posgrados en Psicoanálisis con práctica analítica  Inicios mensuales. Duración: 12 meses.
 
» La Tercera
Seminarios y actividades 2019  Sábados, 10:30 - 14:00 hs. salvo donde se indica
 
» AEAPG
Curso Superior en Psicoanálisis con Niños y Adolescentes  Inscripción 2019
 
» Centro Dos
Seminarios Clínicos  Segundo cuatrimestre
 
» Centro Dos
Talleres Clínicos  Segundo cuatrimestre
 
Letra Viva Libros  |  Av. Coronel Díaz 1837  |  Ciudad de Buenos Aires, Argentina  |  Tel. 54 11 4825-9034
Ecuador 618  |  Tel. 54 11 4963-1985   info@imagoagenda.com