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   Foucault 20 años después

Historicidad y muerte
  Una indicación crítica de Foucault al texto de Heidegger
   
  Por Pablo Dreizik
   
 
La prosecución de una búsqueda indiciaria tras la presencia del pensamiento de Heidegger en el desenvolvimiento de la obra teórica de Michel Foucault parece estar sometida sino a los obstáculos que la ausencia de menciones explícitas interpone a la inteligibilidad de esta tarea, sí a las períodos diversos que sesgan el desarrollo de la obra de ambos pensadores. Así, es posible registrar la emergencia de una poderosa visibilidad del vínculo entre ambos pensadores durante el período correspondiente a Las palabras y la cosas1 alcanzando a la Arqueología del saber y, sin embargo, tornarse esta relación menos señalable, a pesar de su presencia igualmente relevante, durante otros períodos.
Con arreglo a tal fin, es posible realizar una exposición sumaria indicando diferentes instancias de esta relación. Puede así establecerse un primer período que encontramos dominado por preocupaciones de orden hermenéuticas que cobran particularmente significación para Foucault en el tópico del “Comentario” y que obtendrán una tematización pertinente sobre todo en El nacimiento de la clínica(1963) [período arqueológico]; un segundo dominio de problemas es inaugurado luego con Las palabras y las cosas a través de temas que ocuparán ya el resto de la obra de Foucault: la historia, el origen, las prácticas. La constitución posterior de otro plano de análisis en el desenvolvimiento del pensamiento de Foucault, cuyas notas propias pasarán a ser cuestiones referidas al poder y a las “tecnologías del yo” –para las que el Heidegger posterior a la Kehre, seguramente provee de elementos insolayables–, no alcanzarán un tratamiento adecuado en el espacio de esta presentación.

Del inicio. La hermeneútica. Con la publicación en 1964 de El nacimiento de la clínica2, Foucault realiza un movimiento importante en la tarea de completar su proyecto de dotar de un método apropiado a la analítica de los discurso científicos.
Al proyecto así emprendido por Foucault, de conformar una metodología que abandone la apelación a la función trascendental del sujeto –que es él mismo producto de un enunciado– y también deje a un lado la lectura estructuralista –incapaz de dar cuenta de la historicidad–, le corresponderá el desafío de configurar una explicación acerca de la unidad de los discursos.
Será en este contexto que cobrará relevancia El nacimiento de la clínica trabajando la hipótesis de que la explicación de la unidad de los discursos reposa en el “estilo”, es decir en la forma y el tipo de encadenamiento que exhiben los enunciados.
A partir de estas precisiones acerca de los regímenes de especificidad que regulan la posibilidad de existencia de los dominios discursivos, El nacimiento de la clínica completa el giro de Foucault hacia posiciones metodológicas alejadas de la centralidad de las nociones de “sentido”, “sujeto” y de una “razón intencional”, para, en cambio, componer un paisaje metodológico más próximo a las indagaciones estructurales que las ciencias sociales comenzaban a ensayar durante la década correspondiente a la publicación de su trabajo. Con arreglo a tal fin, le conviene a este giro del método un “saldo de cuentas” con el núcleo amenazante de aquel subjetivismo fenomenólogico que se deseaba dejar atrás: la hermenéutica.

En el prefacio a El nacimiento de la clínica, Foucault da comienzo a sus objeciones a la metodología hermeneútica3 a la que elegirá referirse como el “Comentario”: “[El Comentario] interroga al discurso sobre lo que éste dice y ha querido decir, trata de hacer surgir ese doble fondo de la palabra, donde ella se encuentra en una identidad consigo misma , que se supone más próxima a su verdad; se trata al enunciar lo que ha sido dicho, de volver ha decir lo que jamás ha sido pronunciado.” [NC Prefacio p.10]
La idea de interpretación hermeneútica que ejemplifica el “Comentario” corresponde a los desarrollos principales seguidos por Heidegger en la “Introducción” a Ser y tiempo4. En está sección Heidegger discute la posibilidad de que un fenómeno pueda darse bajo una modalidad que no se manifieste a sí mismo directamente en la intuición. Más adelante Heidegger ligará esta posibilidad directamente al hecho de que el fenómeno es comunicado como una proposición [ST, 47]. Esta proposición puede residir en una intuición anterior, pero en tanto corre el riesgo de ser inadecuadamente comunicada, “se la transmite con una comprensión vacía de su sentido, pierde su autoctonía y se convierte en una tesis que flota en el aire.” [ST, 47]. Es en este punto donde precisamente la fenomenología, para evitar esta ingenuidad, debe recurrir a la interpretación: “De la investigación misma resultará esto: el sentido metódico de la descripción fenomenológica es una interpretación” [ST, 48]. Esta tesis hermeneútica acentúa que, mientras nuestra comprensión pre-ontológica del ser y del Dasein revelan estos fenómenos, lo hacen siempre de una manera inauténtica; por tanto, se hace necesario un comentador/fenomenólogo cuya interpretación “‘traduzca” nuestra interpretación cotidiana apropiadamente. Una metodología así concebida no es ajena a la tradición inaugurada por Schleiermacher en su desciframiento de las Escrituras en pos de conseguir su significado real como opuesto al manifiesto.

Frente a esta impronta hermenéutica, Foucault sostendrá que no hay significado que exceda el significante, que no hay significado más allá de aquello que es manifiestamente presente en los textos y prácticas en cuestión. Es decir, no puede haber una verdad profunda que espera ha ser descubierta.
Sin embargo, resta aún, para Foucault, la tarea de revisar la ostentación de superación de la ingenuidad que la hermeneútica, en los términos en que la comprende Heidegger, postula. Con tal fin, el autor de El nacimiento de la clínica se concentrará en los desarrollos del filósofo alemán contenidos en la “División Dos” de Ser y tiempo concernientes en particular a la cuestión del Dasein comprendido como “ser-para-la-muerte”. Efectivamente, en la “Divisón Dos” de Ser y tiempo, Heidegger se propone ir más allá de las estructuras de la cotidianidad hacia una interpretación de aquello que el Dasein “realmente es”. Así, el “ser-para-la-muerte” se coloca en la centralidad de nuestro ser como condición trascendental de la experiencia humana. Por tanto, esta centralidad del Dasein opera a-históricamente. Precisamente, una de las tareas de El nacimiento de la clínica es exhibir que –contrariamente a la interpretación de Heidegger de la muerte como verdad oculta de nuestra naturaleza– la muerte es un evento históricamente condicionado.
A través de la exposición de El nacimiento de la clínica, Foucault explica cómo antes del siglo XIX el concepto de “muerte” estaba radicalmente escindido del concepto de “vida” y “naturaleza”. Esta estructura conceptual, por tanto, convertiría por ejemplo, a la patología médica en una empresa ininteligible: “Cuando la muerte se ha convertido en el apriori concreto de la experiencia médica, es que la muerte pudo desligarse de la contranatura y tomar cuerpo en los cuerpos vivo de los individuos” 6 [NC 276. El énfasis pertenece a Foucault]

Al acontecer este cambio pudo hacerse posible, a través de la patología, una nueva forma de conocimiento: la medicina clínica, es decir, una ciencia del hombre en tanto individuo finito. En los desarrollos foucaultianos del tipo de los precedentes, no se afirma que esta nueva experiencia del cuerpo y su capacidad de muerte se haya originado dentro de la medicina y luego se hubiera extendido a otras áreas de la cultura, más bien lo que aquí se desea enfatizar es que la experiencia médica es representativa de una percepción cambiada que se da globalmente con la cultura occidental. Pero si esto es así, si la experiencia moderna de la muerte comenzó sólo hace 200 años, entonces quedarían puestos gravemente en cuestión los análisis de Heidegger, particularmente los desarrollados en la “División Dos” de Ser y Tiempo. Foucault no desconoce los alcances de sus análisis: “Aunque el pensamiento contemporáneo [léase Heidegger], creyendo haber escapado a él [al positivismo] desde fines del siglo XIX, no ha hecho más que volver a descubrir poco a poco lo que él había hecho posible. La cultura europea, en los últimos años del siglo XVIII, ha trazado una estructura que no está aún desenredada; apenas se comienzan a desenrollar algunos hilo, que nos son aún tan desconocidos que los tomamos de buena gana por maravillosamente nuevos, o absolutamente arcaicos, mientras que, desde hace dos siglos (no menos y no obstante no mucho más), han constituido la trama sombría pero sólida de nuestra experiencia.” [NC 279-80]

De esta manera, como observa Kevin Hill5, Foucault está enfatizando que lo que Heidegger explicita en sus planteos, ha permanecido de modo implícito como la forma pura de nuestra auto-comprensión occidental desde hace, lo menos, un siglo antes de la escritura de Ser y tiempo. Pero aún siendo esto así, esta experiencia de la muerte es ella misma históricamente contingente, habiéndose configurado en realidad como tal en el curso de los últimos años del siglo XVIII. En todo caso, más allá de la a-historicidad que Foucault descubre en los análisis existenciarios de Heidegger, persiste el pensamiento del filósofo alemán índice representativo de nuestra auto-interpretación moderna.
Dos años más tarde, con Las palabras y las cosas, nuevamente esta auto-interpretación será vista como históricamente contingente y también, en esta ocasión, será Heidegger –acompañado por Kant– quien proveerá la clave de su posibilidad.
___________
1. Una posición contraria puede encontrarse en Lebrun
2. Michel Foucault, El nacimiento de la clínica. Una arqueología de la mirada médica, trad.Francisca Perujo, Siglo XXI, México, 1986. En adelante, NC
3. Para un desarrollo de la cuestión de la hermenéutica en el la obra de Foucault puede consultarse Wirth, Arthur G. “Basal readers- ‘Dominant but dead’ vs Gadamer and lenguage for hermeneutic undersnding”, Journal of Thought, 1989, 24, 3 y 4 pp.4-19
4. Martin Heidegger, Sein und Zeit, Max Niemeyer Verlag, Halle, 1927. El ser y el tiempo, trad. José Gaos, Fondo de Cultura Económica, México, 1993 [Las citas siguen la versión española]. En adelante, ST
5. Kevin Hill “Foucault’s critique of Heidegger”, 1989, pp. 334-341.
 
 
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