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   Colaboración

Juanito y el goce del síntoma
  Por Norberto Rabinovich
   
 
En este trabajo1 vuelvo sobre un tema que desde hace varios años está en el foco de mi interés. Me refiero, a la “puesta patas para arriba” de la teoría freudiana que Lacan se atribuyó.
A mi juicio, el núcleo de esa operación teórica es un cuestionamiento a la articulación planteada por Freud entre la sexualidad y el inconciente, pieza clave de su edificio doctrinal. Según Freud, las formaciones del inconciente son vehículos para la satisfacción de la pulsión sexual reprimida. Por consiguiente, el goce del síntoma queda especificado como la realización simbólica de un goce sexual.
En cambio, el síntoma del inconciente lacaniano, lejos de servir a un fin sexual, es un mensajero de la castración; siendo su goce, el del síntoma, un modo de reescritura en lo simbólico, de dicha castración. Intentaré justificar estas afirmaciones utilizando el historial de Juanito.

En “Inhibición, síntoma y angustia”, unos quince años después de haber publicado el caso Juanito, Freud, con su habitual honestidad intelectual confesó: “Aunque no nos es agradable recordarlo, de nada serviría silenciar ahora que hemos sostenido repetidamente la opinión de que por medio de la represión quedaba la representación de la pulsión deformada, esto es desplazada, etc., y transformado el impulso instintivo en angustia. Ahora bien, y como acabamos de ver, la investigación de las fobias, que creíamos habría de probar tales afirmaciones nuestras, no sólo no las confirma, sino que parece contradecirlas directamente. El miedo angustioso de las zoofobias es el miedo del yo a la castración.”2
Pocos párrafos después aclara: “Las ideas angustiosas de ser mordido por el caballo (Juanito) y devorado por el lobo (el Hombre de los Lobos) son sustitutivos deformados de la de ser castrados por el padre. Esta idea es la que verdaderamente ha experimentado la represión”.3
En contraste con su punto de vista anterior, Freud, reconoce allí que el síntoma aporta satisfacción al impulso reprimido e inconciente de padecer la castración y por ese motivo el yo experimenta angustia. La castración, aquí, ya no fue interpretada como en 1909, como castigo por las aspiraciones libidinales de naturaleza incestuosa, sino como premisa de goce. Estas conclusiones freudianas, aunque en ese texto circunscriptas al campo de las zoofobias, coinciden con la posición que antes yo ponía a cuenta de Lacan.

Unos años antes, en “Más allá del principio del Placer”, Freud ya había desalojado a la pulsión sexual de su lugar dominante en el campo de las satisfacciones subjetivas, cediendo ese trono a la compulsión de repetición de un goce puramente traumático4. Por otra parte, y a medida que avanzaba la comprensión de los fenómenos del inconciente, reconoció en la castración, el modelo de todo trauma subjetivo. Sin embargo, en muchas oportunidades siguió insistiendo en atribuir al Sexualtrieb el impulso originario en la reproducción sintomática del trauma castrativo. En cierto modo, Freud dejó sobre la mesa las cartas que Lacan se encargó de ordenar de otra forma.
Que los síntomas neuróticos satisfacen el fin de la pulsión, es una idea compartida por ambos pero, Lacan discrepa con el supuesto freudiano de que dicha pulsión fuera sexual. Para aquel, tanto la pulsión como su escritura sintomática, alcanzan su fin en el lugar donde Eros fracasa. Este fracaso ingresa en la experiencia subjetiva con los variados rostros que toma la repetición de la castración.
El minucioso estudio que hizo Lacan sobre el historial de Juanito en el año 1956 expresa claramente esta perspectiva. Su tesis central dice que el caballo –objeto fóbico de Juanito– es un significante metafórico que viene a suplir la eficacia del padre como agente de la castración. Dicho de otra manera, la fobia, manifestación del inconciente de Juanito... tiene la función de castrarlo. Durante mucho tiempo hemos leído erróneamente esta tesis debido a que identificábamos al padre agente de la castración con una de las figuras del Otro. En verdad, el significante del síntoma es “retorno de lo reprimido” razón por la cual, el padre de la castración, no podría designar en Lacan, sino un significante reprimido lógicamente anterior al síntoma.

El Wissenstrieb. Volvemos al historial de Juanito. ¿Qué podemos reconocer de la pulsión antes de la aparición del síntoma fóbico? Durante el primer período de la observación, anterior a la irrumpción de la angustia, vemos a Juanito abocado en resolver su gran problema: ¿acaso el falo puede faltar? Su investigación, comandada por lo que Freud llamó Wissenstrieb, que fue traducido como “pulsión de saber”, nos muestra una doble y contradictoria dirección: por un lado se comporta con cierto empecinamiento en hacer prevalecer la premisa universal del falo y renegar de los datos que pudieran contradecirla. Esta necesidad apunta a un fin preciso: asegurarle que la madre tenga un falo, pues ese falo era Juanito mismo quien se lo aportaba. Freud resume al respecto: “por el historial del infantil sujeto habíamos de suponer que su libido se hallaba adherida al deseo de ver la cosita de la madre”.5 Pero, este deseo de ver ¿de dónde proviene? Si Juanito suponía y con sobradas razones, que la madre tenía el falo ¿por qué tanta exploración, tanta pesquisa? A fin de sostener y preservar su creencia, le hubiera sido suficiente renegar de lo visto, desoír las explicaciones que la contradecían, etc., quedarse tranquilo con sus teorías y no hurgar demasiado. Cosa que en cierto modo hizo. Aunque, si la búsqueda prosiguió de manera compulsiva, fue, evidentemente, para satisfacer una exigencia de otro orden que el deseo de ver el falo de la madre. Se trata de un fin ignorado por Juanito mismo y que se le imponía de manera compulsiva. El empleo que hizo Freud del término pulsión para describir esta tendencia nos da a entender que no se trata simplemente de un deseo egosintónico de conocer la realidad o satisfacer el deseo de encontrar el preciado objeto escondido. El fin de la pulsión no podría ser otro que hallar la castración, en la madre o donde podía. Mas allá de los velos que ocultan pero insinúan la presencia del falo, la pulsión lo empujaba a “ver” lo que no podía ser visto: lo real. Lacan señala: “De hecho a través de la observación, no se ve aparecer nada que represente la estructuración, la realización, la vivencia, ni siquiera fantasmática de algo que se llame una castración. Juanito reclama imperiosamente una herida.”6 Freud entendió que Juanito quería asegurarse que la madre tenía su falo, en tanto que Lacan explicó que Juanito reclamaba una castración. ¿Se refieren al mismo Juanito? Por supuesto que sí, pero Juanito estaba, como todo el mundo, dividido y de lo que se trata es de establecer claramente la línea por donde pasa la Spaltung del sujeto. El objeto fálico atrapa el deseo del niño en tanto su deseo esta alienado al deseo de la madre. Pero el objeto de la pulsión no es el falo, es el objeto “a”, innovó Lacan, algo que tiene la consistencia del vacío. La pulsión responde en el sujeto, a la necesidad de encontrar en ese vacío un límite, un punto de fuga –que Lacan denominó fading– a la demanda materna. Por eso, la satisfacción de la pulsión se presenta con la forma de la pérdida de un pedacito (pecho, heces...) del cuerpo imaginario. La pérdida del objeto –y no el objeto– simboliza la desaparición del sujeto del campo de la demanda del Otro. Algo que tiene mas que ver con la muerte que con la unión sexual.
“¡Como no ver que no hay nada más fácil, que ver la pulsión satisfacerse fuera de su fin sexual!”7
Podemos ahora aclarar que aquello que en Juanito “reclama imperiosamente una herida” castrativa, es del orden de la pulsión, mientras que su deseo es deseo de falo.

El momento de la angustia. Durante un año y medio Juanito deambuló entre la creencia en el falo materno y un saber, nunca aceptado del todo, siempre denegado, acerca de su inexistencia. Este período culmina con la irrupción de la angustia traumática. Esta le aportó la certeza subjetiva de la castración que ni los datos recogidos por la percepción, ni el saber acumulado, ni las explicaciones autorizadas pudieron verificar.
La angustia es lo que no engaña, dice Lacan, ella aporta certeza porque su objeto es real, el “a”. El mismo objeto que la pulsión. Juanito pudo confrontarse, finalmente, con ese real de goce, en medio de una pesadilla. Durante aquella noche, se pasó asustado y llorando a la cama de sus padres. A la mañana siguiente su madre le preguntó que había pasado. El niño le respondió: “Mientras dormía he pensado que te habías ido y que no tenía mamá que me hiciera mimitos”8.
El motivo de la angustia, fácilmente reconocible en el texto del sueño, reside en la pérdida de la fuente principal de las gratificaciones libidinales del soñante. Hasta ese momento, nada había tenido un peso tan decisivo relativo a la castración, como esta pesadilla. Situaciones anteriores tales como el desalojo de su lugar de falo padecido por el nacimiento de la hermanita o las amenazas por tocarse la cosita, no lo habían conmovido demasiado. A partir de la noche de la pesadilla, la angustia de castración pasó a dominar la situación.

¿Como entender aquí la Wunscherfüllung, la realización, no del deseo, ya que por definición el deseo busca rellenar la carencia del ser, sino realización del sujeto de la pulsión? La pesadilla realiza simbólicamente una escena donde se produce la pérdida de goce fálico, goce comprometido en el idilio narcisista de Juanito con su madre. ¿Acaso este trauma que retorna en el sueño, no es equivalente a la herida a la que secretamente apuntaba el Wissenstrieb? El cumplimiento de un goce en el corazón de una pérdida, es lo que Lacan designó en sus últimos seminarios, como plus de gozar.
A la mañana siguiente Juanito no quiso salir a la calle con la niñera porque le daba miedo quedarse sin la mamá que le hiciera mimitos. Esta agorafobia transitoria retoma el mismo tema que el sueño de la noche anterior: la posibilidad de perder el acoplamiento fálico con la madre. Una invisible línea empieza a circunscribir en su mundo un abismo que es preciso evitar para permanecer amarrado como objeto fálico al deseo de la madre. El carácter irruptivo, transgresivo y traumático de la satisfacción pulsional, se produce cuando el impulso atraviesa esa frontera, ya protegida por la señal de angustia. Lo transgresivo, lo muestra el material clínico, no es la satisfacción incestuosa, como sostuvo Freud en 1909, sino su fracaso, perder el acoplamiento con la madre.

El goce de la mujer. ¿Qué aporta la fobia al caballo en medio de esta búsqueda de la castración? En principio, descriptivamente, podemos decir que el temor del yo a encontrarse con un agujero, se sustituye por el miedo a encontrarse con el caballo. Un significante portador de un goce peligroso viene en posición de equivalencia del innombrable objeto “a”. Esta permutación acarrea un avance fundamental en la estructuración subjetiva del niño: la dialéctica del deseo y la demanda, que en el primer período se hallaba enclaustrada en función de ser o no ser el falo de la madre, queda reemplazada por la de tener o perder su propio falo a causa del padre/caballo.
¿Cómo explicó Freud que el síntoma de Juanito expresaba, según sus propias palabras, “de manera clara y directa” la satisfacción inconciente de ser castrado? Interpretando las asociaciones de Juanito, llegó a la conclusión que la Lust de ser mordido por el caballo, sustituto de la representación inconciente de ser castrado por el padre, significaba finalmente la búsqueda inconciente de ser cogido por él. Es decir, gozar como una mujer. Freud apresó una verdad pero no podía sino escapársele de las manos ya que tratándose del goce de la mujer se enfrentaba con un viejo obstáculo. “Evidentemente, Freud, a veces, nos abandona, se escabulle. Abandona la cuestión cuando se aproxima al goce femenino.”9
Freud circunscribió todo el goce de la mujer en torno a la posibilidad de recibir el falo y sobre el pilar del goce fálico explicó entonces, la zoofobia de Juanito. Así, la representación de ser castrado/cogido por el padre, quedó referida a las tendencias homosexuales derivadas del complejo de edipo invertido del niño.
Lacan, desestimó esta interpretación y dijo que el goce del síntoma, de todo síntoma neurótico, se alcanza más allá del goce fálico. Este Otro goce –según su denominación– tiene la más entrañable relación con el goce de la mujer. De hecho, con un mismo matema, S(A/s), escribió ambos.

______________
1. Trabajo basado en el que presenté en La Reunión Lacanoamericana de Psicoanálisis de Tucumán.
2. S Freud, “Inhibición, síntoma y angustia”, Biblioteca Nueva, pág. 2846.
3. Idem.
4. “Constituyó un obstáculo en nuestra ruta mental el no haber podido demostrar en la pulsión sexual aquel carácter de compulsión a la repetición que nos condujo primariamente al hallazgo de la pulsión de muerte [...] pues lo esencial de los procesos provocados por la pulsión sexual continúa siendo la fusión de los cuerpos de dos células” (Sustituimos la referencia biológica y traducimos la idea así: “lo esencial del deseo sexual sigue siendo la reunión de un ser con el complemento fálico. El automatismo de repetición tiende a hacer fallar la reunión buscada por la sexualidad ”, N.R.) S. Freud, “Más allá del Principio del Placer”, en Obras Completas, Tomo VII, Biblioteca Nueva, p. 2536.
5. “Inhibición, síntoma y angustia”, op. cit.
6. J. Lacan, El seminario, Libro IV, Las relaciones de objeto, Paidós, Buenos Aires, 1994.
7. J. Lacan, El seminario, Libro XVI, De Otro al otro, Clase número 13 del 5 de marzo de 1969.
8. “Inhibición, síntoma y angustia”, op. cit., pág. 1374
.9. J. Lacan, El seminario, Libro 17, El revés del psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, 1992, pág. 75.
 
 
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