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   Democracia

DemosCRACIA, aún...
  Por José Eduardo Abadi
   
 
Ante todo supongamos que la democracia es, aún hoy, un sistema de gobierno posible y no una devaluada farsa que entre todos tenemos que seguir sosteniendo porque es “el menos malo de los sistemas”, como decía E. Sabato.
Pongamos entre paréntesis los distintos modos de dependencia al orden internacional que hoy nos tironean haciendo trastabillar el fundamento soberano de Nación, y con ello las posibilidades democráticas, con la idea de reducir el ámbito de reflexión “puertas adentro”. Ámbito donde es posible despejar, y necesario, las responsabilidades que nos tocan como sujetos en los devenires democráticos. Sin mayor pretensión que la de un ensayo o improvisación sobre un tema tan difícil de abordar como “tentador”para cualquier mentalidad analítica. Como sujeto de esta sociedad he “cometido”,y padecido todo tipo de errores y equivocaciones, propios y ajenos; he “saltado” de esta escena y vuelto a ella, como tantos otros; desde ese pedacito de historia común me animo a escribir para ver qué “pasa”.

Un buen punto que podríamos, como analistas, tomar para opinar sobre esta democracia es la similitud con los sueños: ser un ciudadano argentino, vivir en este suelo, fue, es, y sigue siendo siempre una experiencia alucinante; la más de las veces pesadillezca. La velocidad con que acontecen los hechos políticos, los cambios de escena y variaciones, que pueden darse en brevísimos lapsos de tiempo, llega a ser impensable.
Las recientes elecciones transcurrieron entre fluctuaciones varias, el fantasma de Menem se acrecentó y decreció más de una vez, “casi” podía ganar en primera vuelta; Mr. Murphy, toda una revelación en pocos meses, “casi” llegó al ballotage al desertar Menem. A pesar de su marcado discursillo tan cercano al de los militares (se llevó bastantes votos de nuestras filas, según se ha oído); finalmente llegó Kirchner desde el sur del país con su estilo tan singular, su hermosa compañera y una historia interesante; como gobernante y como militante de una época en que la utopía (de querer manejar nuestro destino) era traicionada. Hombre aggiornado a los tiempos que corren, apuesta a un capitalismo sin corrupción y no traidor de la patria. Sabe muy bien todo lo que deberá enfrentar para sostener su apuesta, parece no tener miedo. A la inmensa mayoría nos ha caído bien; será observado y apoyado en el comienzo de su gobierno.

Los derechosos están un poco alterados. “¿Se viene el zurdaje, doctor?”, disparó la sempiterna Mirta durante el almuerzo con Kirchner. El discurso de Fidel terminó de horrorizarlos, aunque solo “de mentiras”, están seguros de que aquí no va a pasar nada nuevo. Es probable, aunque también lo contrario. El inicio de la gestión del nuevo gobierno deja entrever qué dirección tomará respecto a temas de importancia central, y la decisión sin titubeos de la cabeza del ejecutivo.
Otro dato interesante de estas elecciones fue el 97% de votantes positivos; nunca mayor participación que esta vez, de una ciudadanía ansiosa y con temor de una repetición letal.

Repasando lo acontecido no hace mucho tiempo aunque parezca un siglo (para no olvidar lo pesadillezco), nos topamos con los cinco presidentes en diez; debe ser uno de los tantos records que ostentamos. Somos llamativamente extraños a juzgar por los acontecimientos. Así lo ven además, nosotros lo padecemos, una buena cantidad de pensadores de talla internacional. Somos uno de los “laboratorios” de democracia situados en Latinoamérica. Chiapas, Brasil, Venezuela, también lo son. Politicólogos, sociólogos, y pensadores europeos de otras ramas de las ciencias humanas se ocupan de observar y pensar a Latinoamérica como el lugar donde todavía puede pasar algo nuevo, o al menos novedoso. Los yankis, en cambio, se interesan por otro tipo de laboratorio, proveedores de su sociedad consumista de drogas, lo que no pueden regular; otro tipo de interés, claro. Aunque también hay en EE.UU pensadores de la talla de Noam Chomsky que no temen desarrollar sin pelos en la lengua lecturas que desnudan la verdad, como posición renegada en ese discurso amo y la implacable lógica imperial llevada a cabo en una política del terror para con el resto del mundo. Da vuelta la tortilla en lo que hace al terrorismo tal como ha sido instalado en la opinión pública, declarando campeón mundial del terrorismo a su país, y ubica perfectamente a Latinoamérica en relación a dicha política. (El terror como política exterior de los E.E.U.U, Libros del Zorzal, 2002).

Si bien ya dije de no entrar en un análisis del contexto geopolítico internacional, es cierto que se torna insoslayable situar minimamente algunas coordenadas determinantes en la escena del mundo tal como se viene desarrollando, pues a ellas estamos sujetos como democracia que se retuerce por nacer una y otra vez. Sujeción que propongo entenderla de segunda instancia, pues la primera es absolutamente interna, absolutamente nuestra.

Recordemos que hace solo un año atrás estábamos muriendo como república; se ternaban variantes de gobernantes extranjeros si Duhalde fracasaba. Hay que reconocer que el hombre supo hacer en tal difícil situación, supo sacarnos de la terapia intensiva, y hoy estamos en este punto: asumiendo presidente nuevo. ¡¡Bravo Argentina!! ¿Por qué no?; ¿no resulta casi increíble? Nuestra incredulidad y escepticismo suele ser tan grande como nuestra falta de implicación y/o compromiso: por algo será; mulletilla que circulaba en lo social durante las épocas en que el silencio era salud. Algo habrá hecho para desaparecer era la verdad final de ese enunciado determinando la otra cara de esa moneda: no te metás. Tan parecidos a enunciados truncos en el despliegue de la enunciación, y a ciertas interceptaciones en las psicosis. Pero si bien en éstas el discurso del Otro es un retorno en lo real y puede venir también a interrumpir la alocución del sujeto, guarda equivalencia con el discurso del terror cuando proviene del afuera del sujeto en la neurosis, igualmente letal de la dimensión subjetiva, apoyado en una lógica que puede traducirse más o menos así: o te mato.

Buena porción del cuerpo real de la sociedad moría en verdad renegada por el grueso de los ciudadanos en esos momentos. Afuera del país se decían las verdades que aquí no podíamos ver (procesar) en toda su verdadera dimensión. ¿Cómo pudieron no pasar esas verdades de lo real a lo simbólico de los saberes? O, como dijimos antes; hubo un ecorenegatorio de ello. La represión organizada se sostuvo, a nivel de la discursividad, por la operatoria de ciertos enunciados antes citados, cimentados (a nivel de la enunciación) por la realidad criminal, que operaban en el lugar de la verdad. Por supuesto que hay un gradiente progresivo (no solo cualitativo) en el desconocimiento de lo que estaba sucediendo según los niveles socioculturales en que nos situemos, amén de la pertenencia a distintas parroquias y los modos determinantes que de allí surgen para el acceso a la verdad, siempre no-toda por distintas lógicas.
Militares y subversivos encarnaban las antinomias de la verdad de un modo tajante: unos u otros, en una sociedad desde siempre disociada y carente de un hacia dónde ir.

Reinstalada la democracia quedó claro que los políticos, ya no los militares, continuaron con el servilismo y también la rapiña, dejando el tendal de varios millones de “desaparecidos” sociales, esta vez, desocupados. Se pueden juzgar como algo mucho más grave los hechos de ciudadanos civiles, democráticos, desde esta perspectiva, que los hechos de los militares. La significación plena de la traición se expandió con los políticos al haber sido elegidos por el pueblo.
En el lugar de la muerte se ubicó esta vez el Ideal del Primer Mundo y los espejitos de colores con que nos entreteníamos fascinados ante tanta cosa maravillosa: ¿nuevamente engañados? Alfonsín y Menem nos representaron muy bien las verdades del iluso (luego el cobarde) y del audaz (luego el traidor).

De La Rúa, voto antimafia, llegó con la figura de Chacho que rápidamente abandonó el barco ¿podemos no incluirlos en la serie que hizo trastabillar feo la continuidad democrática? Creo que fue lo más parecido a la verdad de la boludez de la mayoría de los argentinos, con final sangriento innecesario, absurdo, de una alianza no fecunda más que para derrotar a Duhalde. Un aborto cívico de un huevo vacío.
¿Qué nos queda ahora? Sino apostar y apoyar nuevamente la utopía de que podemos dejar de repetir una historia, boluda y traidora. “Sin utopía la vida es solo un ensayo para la muerte”, dice Serrat. También podemos optar por la ectopía de la incredulidad soberbia del que conoce anticipadamente el futuro, algo nunca recomendable para quien se precie de analista, “también la verdad se inventa”.
Esta vez el huevo (que tan bien explota el humor de REP en Página 12) no está vacío; ni de historia, ni de letra (Kirchner). Los que opten por la primera posición han de tener claro que sus testículos estarán en juego, como en la clínica: además de tetas, un analista ha de tener testículos.
Para inventar una verdad que haga cesar el goce del idiota, o más humildemente, que genere un cuarto de vuelta y con ello una nueva escena para nuestra sociedad, tendremos que andar un largo trecho. Pero no podemos seguir sosteniendo por más tiempo la tensión de la impotencia; hoy podemos vérnosla con la imposibilidad, que además es mucho más apasionante. El par incredulidad/escepticismo sigue siendo la amenaza más encarnada en el íntimo agujero de nuestros corazones argentinos; no en vano los discursos del presidente cierran con la frase “¡viva la patria¡” Ahí hay que apuntar para reconstruir la compleja trama de la identidad nacional, siempre y cuando se sostenga la coherencia desde los actos políticos en la misma dirección. La soberanía de la Patria quedó tan maltrecha luego de la dictadura, (no olvidemos el favor final de F. Galtieri con Malvinas) más lo que pretendió ser el golpe de gracia de Menem, que los sujetos perdieron el apoyo del rasgo que aglutina y da pertenencia al agrupamiento: argentinos. (El destino por el argen quizás esté en el origen como marca de lo que el Otro hizo en estas tierras tan aptas para la piratería y la entrega, en ese río mismo fuimos a morir.)
Hoy parece estar renaciendo ese fermento vital tan necesario para que nuestra democracia tome consistencia de una vez por todas. Kirchner lo porta pues no sucumbió, resistió inteligentemente desde el último rincón del planeta, se adaptó a los nuevos tiempos sin convertirse en un traidor, ni siquiera sacando el dinero de la provincia a la banca Suiza. ¡Brillante y paradójico¡ Salvó el capital económico provincial del mismo modo que los enemigos de la patria la esquilmaron y traicionaron.
Sin el concepto patriótico intermediando entre el Nombre propio y la función del político, no tenemos defensa ante el germen de la corrupción. Todo va a caer en la cuenta personal. Modo perverso de hacer “desaparecer” al Otro, esquivando la castración, que obviamente no repara en costos.
Como analistas hemos demostrado, aunque no está dicha la última palabra, que el amo no es extranjero; nos hemos servido del Padre y a los predicadores los tenemos en jaque. Seguimos madurando en nuestra ciencia; somos la sociedad más apta para el florecimiento de la creación freudiana. Por esta razón también nos miran con extrañeza desde afuera. Como Lacanoamericanos hacemos honor al significante con que nos nombrara Lacan. Clara muestra de lo tan mentado, que en Argentina sobra materia gris; eso no está en duda. ¿Y testis?
 
 
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