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   La acción analítica

Contratransferencia: tropiezo del ser del analista
  Por Carlos Gustavo Motta
   
 
El analista que toma como referencia la contratransferencia, hace del analista la sede de una respuesta al paciente, pero no de una respuesta significante –como Lacan lo señalará en el circuito de la pregunta y la respuesta, el mensaje invertido, etc.– sino de una respuesta emocional, afectiva; la sede de una reviviscencia de roles inconscientes inducida por la presencia, el discurso y el ser del paciente como tal.
La tesis es que en la experiencia analítica el inconsciente del analista resultaría movilizado, activado por el del paciente y el análisis conduce a responder a esto en términos inconscientes.
De modo tal que hay, para el analista de la IPA, sobre todo a partir de los años ’50 (con los trabajos de Racker y Haimann, de quienes me ocuparé en próximas entregas) una instancia presente en la cura: el inconsciente del analista. Instancia que, podría decirse, está ausente en la concepción lacaniana.

En esta comunicación de Imago Agenda, intento reflejar la construcción del término contratransferencia, mostrando los principales representantes que construyeron esta teoría, pero en esta oportunidad me ocupará la época freudiana.
El término contratransferencia lo introduce Freud al inaugurar, el 30 de marzo de 1910, un congreso internacional en la ciudad de Nuremberg, que encuentra su exposición en el artículo “Las perspectivas futuras de la terapia psicoanalítica”.1 Allí define por primera vez este término describiéndolo como la respuesta emocional del analista a los estímulos que provienen del analizante, como el resultado de la influencia de éste sobre los sentimientos inconscientes del analista. Menciona al término como un obstáculo y como tal, debe ser removido. La experiencia le prueba que en una cura “ningún analista va más allá de lo que sus propios complejos y resistencias se lo permiten”, frase que cobra su protagonismo en el artículo escrito en 1912 “Consejos al médico sobre el tratamiento psicoanalítico”2. Freud exige al analista el conocimiento de su contratransferencia y su vencimiento como un requisito indispensable para ser analista. Freud no tenía duda alguna de que la contratransferencia constituye una obstrucción insidiosa en la neutralidad del analista, una resistencia que debe ser diagnosticada y derrotada. Es también, explícito: “el analista tiene que reconocer esta contratransferencia en sí mismo y dominarla”.

Tres cartas escritas por Freud, pueden arrojar luz sobre su posición en relación con la contratransferencia. La primera está dirigida a Jung el 31 de diciembre de 1911: “La Sra. C. me ha contado todo tipo de detalles sobre usted y Pfister, si se le puede llamar –contar– a las insinuaciones que hace. Deduzco que ninguno de los dos ha adquirido todavía la objetividad necesaria para su práctica, que siguen involucrándose, entregan una buena parte de sí mismos y esperan que el paciente les dé algo a cambio. Permítame decirle que esta técnica es siempre imprudente y que es mejor mostrarse reservado y puramente receptivo. Nunca debemos dejar que nuestros pobres neuróticos nos vuelvan locos. Creo que es necesario con urgencia un artículo sobre la contratransferencia. Por supuesto, no podríamos publicarlo, sino que deberíamos hacer que circularan copias entre nosotros”

El 6 de octubre de 1912, en una carta dirigida a Ferenczi, Freud habla de la contratransferencia y esta vez de la propia. Ese año Ferenczi y Freud habían realizado un viaje de vacaciones a Italia. Ferenczi deseaba una situación de discípulo predilecto y pretendía que Freud le contara cosas de su vida. De regreso, Ferenczi le escribe a Freud una carta, tipo autoanálisis, expresando el temor de haberlo molestado por tales requerimientos. Freud le responde: “Es bien cierto que esto fue una debilidad de mi parte. Yo no soy un superhombre psicoanalítico que usted se ha formado en su imaginación ni he superado la contratransferencia. No he podido tratarlo a usted de tal modo, como tampoco podría hacerlo con mis tres hijos, porque los quiero demasiado y me sentiría afligido por ellos.”

Recordamos que Ferenzci estaba muy atento al hecho de que sus analizantes podían sentir como perturbadores no sólo ciertos comportamientos manifiestos, sino también ciertas disposiciones inconscientes del analista respecto de ellos. Pero Ferenczi no se contentó, a partir de allí, con recomendar un análisis tan profundo como fuera posible del analista. Llegó a practicar un “análisis mutuo”, una “técnica activa”, en el que el analista verbalizaba él mismo, en presencia de su paciente, las asociaciones que podían ocurrírsele concernientes a sus propias reacciones.
La tercera carta es del 20 de febrero de 1913, dirigida a Ludwig Binswanger: “El problema de la contratransferencia que usted aborda se encuentra entre los problemas técnicos más complejos del psicoanálisis. Teóricamente es más fácilmente solucionable. Lo que se da al paciente no debe ser jamás afecto inmediato, sino siempre afecto conscientemente otorgado, en mayor o menor grado según las necesidades del momento. En ciertas circunstancias se puede conceder mucho, pero nunca tomándolo de su propio inconsciente. Esto sería para mí la fórmula. Es necesario entonces, cada vez, reconocer su contratransferencia y superarla, solamente entonces se estará liberado. Dar a alguien muy poco, porque se lo ama mucho, es una injusticia cometida contra el paciente y una falta técnica.”

En el artículo “Puntualizaciones sobre el amor de transferencia”3 Freud habla de la posible prevención de una contratransferencia al discernir que el enamoramiento del paciente le ha sido impuesto por la situación analítica y no es atribuible a una conquista personal. La cura tiene que ser realizada en abstinencia.
Wilheim Reich en Análisis de carácter (1933) menciona sus propias reacciones afectivas como el lugar de las intuiciones. Toma como ejemplo, un paciente con quejas reiteradas del análisis; que no le hacía nada, que nada cambiaba, que no notaba ninguna mejoría; de pronto Reich intuye que de esa manera, el paciente actúa todo su conflicto de fracaso e impotencia en la transferencia, castrando y haciendo fracasar al analista. Súbita intuición que nace de la vivencia contratransferencial de fracaso del propio Reich.
En 1937 en “Análisis terminable e interminable”4, Freud afirma que no se trata de borrar toda peculiaridad individual a favor de una normalidad esquemática ni exigir que la persona que ha sido analizada no sienta pasiones ni presente conflictos internos. Tampoco se trata de que quien quiera ser psicoanalista sea un ser perfecto antes de emprender el análisis.

1. S. Freud, AE, T. XI.
2. S. Freud, AE, T. XII.
3. Ibid.
4. S. Freud, AE, T. XXIII.
 
 
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