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   Colaboración

La verdad
  De la filosofía al psicoanálisis de Freud
   
  Por Jaime Epstein
   
 
Aunque la historia de la filosofía muestre diferentes modos de concebir a la verdad y a lo verdadero, estas diferencias deben sostenerse sobre un suelo común que permita esclarecerlas como interiores al campo semántico de la palabra “verdad”. Creo que esto es así aun en aquellos casos en los que las diferencias son ostensivas y aparentemente muy extremas. Es como el caso de la idea del bien. Puede tener diferentes contenidos y sentidos pero todos ellos participan de un sentido, común a todos, que les permite referirse a la misma palabra.
Es cierto que el psicoanálisis representa un progreso –contra toda la carga de prejuicios posmodernos que se levantan contra cualquier idea de progreso– en la dirección de la tradición occidental en pos de la verdad y de la libertad. Y como bien dice A. Wellmer, la obra de Freud no es tanto una nueva razón, u “otra” razón, sino una ampliación de sus horizontes y como un “hacer entrar a la razón en razones”.
La verdad que se juega en un psicoanálisis no es “otra” ni ajena o diferente en sustancia a aquella de la que venía hablando la tradición occidental.
Estas palabras tienen como meta mostrar no tanto las diferencias que se juegan entre las nociones de verdad de ciertos filósofos contemporáneos y el psicoanálisis de Freud sino, más bien, la familiaridad no dicha hasta ahora que hay entre ambas. Mi afán no radica en resaltar unas diferencias –fecundas, radicales, inconciliables, o lo que sea– sino más bien en señalar aquellos puntos de comunión y de nexo legítimo curiosamente callados, o bien activamente renegados por ambos terrenos, seguramente con distintas razones cada uno.
Creo que hacer explícitos los puntos de acuerdo –tácitos o no enunciados hasta ahora– entre ambos campos, es también un progreso, tanto para la filosofía, que quisiera encontrar la inteligibilidad del psicoanálisis y sus nexos con los conceptos forjados por la tradición filosófica, como para el psicoanálisis, que no rechazaría la posibilidad de encontrar su sitio en la distribución actual de los saberes y de las prácticas.
Aunque estas puntuaciones no logren esas metas, están orientadas por ellas.
La verdad y lo verdadero en psicoanalisis
Si bien la irrupción del inconsciente amenazó con trastocar todo el dominio del logos y con subvertir los criterios mismos de inteligibilidad y de comprensión de la razón, así como las condiciones de la verdad, nada de esto se ha dado así hasta hoy, ni parece que podría darse alguna vez.
El psicoanálisis no inaugura una nueva vía en el concepto de pensar; no es un nuevo modo de pensamiento. No abre un nuevo campo en el camino del logos.
Restituye para la razón occidental aquél espíritu de amor por la verdad que despuntó en sus grandes nombres, aquéllos que tuvieron la valentía de enfrentar aún lo que podría perjudicarlos si se sabían en la vía de la verdad. En toda posición genuinamente filosófica y en el espíritu científico encontramos una y la misma disposición hacia la verdad y lo verdadero: no cejar ni retroceder en el camino de la reflexión y del descubrimiento aún ante lo más revulsivo para nuestros prejuicios, convicciones, valores, y aún ante el inminente perjuicio para nuestra vanidad o nuestro narcisismo. En la verdadera filosofía, nada hay más revolucionario que la verdad. Aún la de su falta de garantías y la de la inconsistencia de sus condiciones.
Lo nuevo que nos trae el psicoanálisis es a la vez tanto un dispositivo clínico para tramitar lo que transtorna y obtura penosamente nuestra existencia poiética y deseante, como una ampliación de nuestro punto de mira, una enriquecida manera de leer y de escuchar nuestras propias palabras, así como un nuevo interés por objetos que habían sido sintomáticamente relegados por todas las consideraciones previas a Freud. Me refiero a lo que Freud denominaba “formaciones psíquicas”, y en las que incluía a los sueños, los síntomas y toda forma de hacerse escuchar el inconsciente.

Verdad e interpretación
Nuestro presente vive con la sensación de una desconfianza hacia lo que se presenta como verdad y un desdén y una fatiga sobre toda –cualquier– idea de interpretación. Y si bien es cierto que desde los comienzos mismos del psicoanálisis existieron esa desconfianza y un especial desdén, que aprendimos a leer como temor a la verdad, bajo el nombre freudiano de resistencia, la reedición de éstos cada vez que la cuestión de la verdad o la de la interpretación insisten, nos insta a resituarlas otra vez.
Pero hablar de interpretación es hoy algo que, además de promover ese desdén y cierta compasión, nos pone en la particular situación de tener que señalar –como si no fuera de suyo–, su nexo con la verdad. Porque desde los orígenes de la palabra “interpretación”, desde los usos de la voz hermeneia por Aristóteles, no había lugar a dudas acerca de la filiación o connaturalidad entre ésta y la verdad. La verdad del ser se dice de muchas maneras, y estos decires constituyen en cada caso una interpretación, una palabra plena de sentido sobre un aspecto del ser. La verdad no es ahí una propiedad del ser, sino una cualidad de las palabras que lo nombran. La verdad es una propiedad de los enunciados que se ocupan de los distintos aspectos del ser. Situar a la verdad por fuera del ámbito del lenguaje, colocarla en el seno mismo del ser como tal, genera la dificultad de tener que explicar cómo nos las vamos a arreglar para acceder a ella con el lenguaje, si es que le vamos a conceder la posibilidad a éste de establecer algún saber sobre el ser. Dicho de otro modo, hay saber verdadero, y es el que buscamos, pero puede haber un pseudo saber, un saber que crea saber la verdad del ser pero que nos engañe, que sea, por decirlo así, un “saber falso” acerca del ser. Y en ese engaño sólo puede haber la verdad de que nos engañamos... con todo lo revelador que sea desmontar las condiciones verdaderas de ese estar engañados.

En nuestro psicoanálisis de cada día nos las habemos con una babel de lecturas de Freud que no siempre son la expresión de la riqueza multifacética y la pluralidad de perspectivas y problemas que abrió el creador del psicoanálisis. La peculiaridad del lugar de la verdad en psicoanálisis radica en el hecho clínico –no gnoseológico sino muy secundariamente– por el cual las palabras proferidas por el paciente en transferencia, –es decir, en el escenario generado por la transposición libidinal sobre la persona del analista por el analizante– testimonian acerca de un saber en acto, inconsciente para el analizante, en el que se juega la posibilidad íntegra de la tramitación de lo doloroso para su actualidad psíquica. Este saber, no sabido en el acto mismo de la experiencia, puede transcribirse en enunciados, pero no es en éstos en los que radica la fuerza y la vida de la verdad psicoanalítica, aunque jueguen asimismo un papel en la escritura de esa experiencia, tanto para la transmisión del psicoanálisis, como para el trabajo diario del analista respecto de las transferencias en las que está implicado. Pero la realización de la verdad es consecuencia de lo que acontece a partir de lo que el analista hace con ese saber en acto del analizante. Sobre esto Freud da, en diversos lugares, indicaciones varias. Hacer consciente lo inconsciente no es informar al paciente acerca de la proveniencia supuesta de sus síntomas, o acerca de la presunta significación de los mismos. Es en la letra misma del analizante donde la palabra del analista anclará su intervención para que la resonancia de sus propios dichos le retorne como verdad. Si la interpretación se alía a la verdad en el campo fecundo de la transferencia, esto acontece tanto en el movimiento revelador de la trama sintomal que nos permite asistir desde la escucha a las fuerzas en juego en el conflicto, movimiento en el que podemos decir que la interpretación revela la verdad, la verdad del síntoma. Como en el acto de decir por el que lo dicho restablece los nexos en ese saber inconsciente reconciliando por la interpretación, a la verdad de ese saber.

Addenda: La objetividad de la verdad o la verdad de sus condiciones
Asistimos en los discursos mas variados al deslizamiento de una concepción de la verdad “objetiva” a una concepción de la verdad “absoluta” casi sin pestañeo. Pero lo peor es que en ambos casos no se sabe lo que se está diciendo. Y no sólo en el discurso de la vida cotidiana. Y a esa extraña mezcla se le opone una verdad “subjetiva” como si se tratara de la más “verdadera”... Lo cierto es que amén de los distintos usos de la palabra “verdad”, y de la definición simpática que un querido colega me comentó como la mejor definición de la verdad que había escuchado hasta entonces: “la verdad es lo que yo creo”, el sentido de la verdad objetiva no parece hoy, a pesar de todo, poder derrumbarse fácilmente. El nexo indestructible entre las condiciones de coherencia y de adecuación, que comprometen enteramente a la racionalidad y a la sensibilidad, constituye el pilar de la objetividad de la verdad como construcción inherente al principio de realidad.
Tanto para la concepción de la verdad referida a una realidad, como para la referida a una proposición, la cuestión de la realidad está en el horizonte, ya que una proposición verdadera se refiere a una realidad. Y si la objetividad de nuestra realidad es una construcción social, la objetividad de la verdad lo será, a su vez, en un sentido segundo. Si nuestra percepción está sometida a las condiciones del lenguaje en el que está enunciada, nuestras enunciaciones se sostendrán como verdaderas en la medida en que las regularidades de la sensación la acompañen o al menos no la desmientan. Pero es también verdad que podemos hacer verdaderas ciertas enunciaciones sin limitarnos estrictamente a las condiciones de la sensación, aunque sin eludir el compromiso indestructible con la sensibilidad, de las que el humor, el afecto y el destino de la libido son un testimonio.
Otra cuestión es la mentada “verdad absoluta”, que sin detenernos en los laberintos de las absoluciones teológico-metafísicas, nos conduce sin mediación a la verdad de los poderes que se apropian de la verdad.
 
 
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