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   Colaboración

Modos de abstinencia
  Por Daniel Rubinsztejn
   
 

Todo pensamiento anticipador,
toda tekné, es supresión de la muerte
.
H.G.Gadamer

Moustafa Safouan relata su experiencia de supervisión con J. Lacan diciendo que “obligaba al analista supervisado a no ahorrar su propia singularidad, no indicaba la manera adecuada de hacer las cosas, y al mismo tiempo era riguroso en cuanto a los principios. Todo podía hacerse o decirse, a condición de mantener con el paciente una distancia simbólica: por ejemplo, no aceptaba que se hablara de sí mismo a un paciente en la cura1.
Esta única restricción opera para el analista –no todo puede decirse–, pues, la regla fundamental invita al analizante a decir todo lo que se le ocurra. Subrayando esta asimetría estructural, que es condición del análisis, se remarca que la tarea analizante no es idéntica al “todo podía hacerse o decirse a condición...” que afirma Safouan. Porque es un todo afectado por una restricción: no hablar de sí mismo; mientras que el “diga todo lo que se le ocurra”, dirigido al analizante, es un todo afectado por una imposibilidad2: hay resistencia a decirlo todo; es imposible decirlo todo; además, no hay todo.

Atención flotante, deseo del analista, han sido modos de dibujar esta particular restricción. No seleccionar nada del material, proponía Freud; deseo de alcanzar la diferencia absoluta (entre el Ideal y el objeto a) indicaba Lacan. La posibilidad de la cura gira alrededor de un pivote que es la abstinencia del analista. Considero que transferencia y resistencia, deseo del analista y atención flotante son nociones frágiles si se les sustrae su íntima relación con la abstinencia. En cambio adquieren potencia cuando quedan umbilicadas con la práctica de la abstinencia:
- Abstenerse de responder a lo urgente.
- Abstenerse de la satisfacción de interpretar.
- Abstenerse de alimentar con sentidos (el goce del) al síntoma.
- “Nos guardamos de manifestar un interés especial en cuanto a interpretar sueños”; si no, se degrada el deseo del analista a ser sólo una demanda de relatos de sueños.
- Abstenerse de otorgarle al analizante una condición de enfermo que cristalizaría una satisfacción en la enfermedad (beneficio primario y secundario).
- Abstenerse en disputarle al inconsciente la dirección de la trama asociativa.
- Abstenerse de sostener un ideal de fin de análisis (vg. atravesar el fantasma o ir más allá del padre).
- Abstinencia de buscar una supuesta coincidencia entre la palabra y la cosa.

Esta enumeración incompleta3 recorre algunos modos que adopta la abstinencia porque sostiene que configuran, en su despliegue, un diagnóstico posible: con abstinencia formulamos diagnóstico.
Abstenerse de iniciar un análisis o de prolongarlo, abstenerse de recuperar sesiones o de cambiar horarios, de continuar algún análisis, abstenerse de llamar o de no llamar a un familiar, abstenerse de manifestar enojo, o de mostrarse siempre complaciente, abstenerse de impostar la misma voz, o abstenerse del bla bla, o de un silencio prolongado.
Son modos que el analista adopta sin saber, en la dirección de un análisis. Este listado rechaza su anticipación y su aplicación. Hacerlo implicaría una reducción. Sería aplicar una técnica: “con estos pacientes hay que...” Pero no hay “estos pacientes” y, además, no hay “hay que”. Hay uno, cada uno, la diferencia, la singularidad. La docta ignorancia marca al analista como no sabiendo, hasta el límite, en qué escena (fantasmática - delirante) está tomado. Marca de castración. “Él –analista– no lo sabía”. Una posición que afirma que el analista debería olvidar lo que sabe. Y lo que sabe... es un saber que resguarda un no saber.
Al contrario, cada vez que el analista afirma algún saber, cristaliza la suposición de que hay saber –sobre el goce sexual– y borra la operación (verdad) castración que, quizás, se hubiera registrado hasta entonces. M. Safouan sostiene que “un analista que crea encontrar en su saber el instrumento mismo de su acción, es un psicoanalista de quien el psicoanálisis no tiene nada que esperar”.

Abstenerse no es un acto volitivo. No es el resultado de una voluntad que se sabe a sí misma, que se propone el (auto) dominio de una indebida contratransferencia. Cuando lo que domina es, por ejemplo, la impotencia y se navega por sesiones que sólo traen más impotencia, abstinencia no sería no confesarle al analizante que el analista sufre impotencia, o reprocharle que lo impotentiza. Abstinencia sería la lectura necesaria que concluya con la suspensión del deseo del analista. Ha quedado en suspenso, quizás, porque el analista no ha podido sustraerse de ser partenaire (sexual) de algún fantasma que hasta ese momento no impedía la tarea... pero su cristalización habría derivado en cierre del inconciente.
¿Cómo hacer diagnóstico con abstinencia? Los modos de abstinencia, que se van sucediendo en cada sesión, marcan un ritmo del discurso. ¿Por qué modos? Porque al subrayar el sin saber a qué se presta la persona del analista, como el sin saber –antes– los efectos de su palabra, nos inclinamos a una actividad que desclasifica lo que los diagnósticos preestablecidos se empeñan en ordenar. Los modos dispersan, tal vez arruinan lo que ya se sabe.
Cada vez que el analista no habla de sí, con la escucha promueve la tarea analizante que, sorpresivamente, lo llevará de la potencia que la abstinencia otorga al decir analizante, al acto: “todo podía hacerse o decirse"4.
Desatada la furia transferencial, no se propone que “hay que” correrse de ella, sino interrogarla 5 (como a los espíritus del Averno que, una vez invocados, es necesario interrogarlos); una interrogación genuina que si bien sabe que dice, no sabe qué dice.

El psicoanálisis que practico se (re)inventa caso por caso y sesión por sesión. No se propone la búsqueda de estructuras sino de acontecimientos que las producen, como “efectos de superficie que causan sistemas relámpagos”.6 Es decir, diagnostica estados de transferencia.
Freud advirtió que “no hay nada para lo que el hombre sea menos apto que para el análisis”. Esta advertencia contempla también al analista: tampoco posee una aptitud natural para el análisis, para la conducción de un análisis. Estamos, como dice Lacan, en el banquillo. La resistencia –del analista– sale al encuentro de la labor analítica, y asalta el devenir del discurso para detenerlo.
Abstenerse, por fin, de reducir la resistencia a la mala fe del analizante y abstenerse del barullo –muchas palabras son solo eso– crea condiciones para que alguna palabra sea acción. Crear las condiciones para que esa palabra accione es una tarea minúscula, de sesión a sesión, que teje en silencio un espacio en el que un golpe pueda ser escuchado.


1. Safouan, M., Malestar en el psicoanálisis, Nueva Visión, Bs. As., 1997. El subrayado es mío.
2. Del “diga todo sin excepción”, al “todo podía hacerse o decirse”, pero, con una excepción. (C. Glasman: comunicación personal)
3. En otra ocasión (Rubinsztejn, D., Psicoanálisis, una práctica imperfecta, Eudeba, 2000) había formulado una lista, también incompleta, para pensar un diagnóstico psicoanalítico en función:
de las creencias. Cree en las voces, o no. Cree que el síntoma le dice algo, o hay increencia.
del saber. Tiene la certeza de que en alguna parte se sabe lo que quieren decir esos signos. O se pregunta por quién sabe, o por si hay saber.
de la demanda. Si demanda ser demandado.
de la angustia. Si es del Otro.
de la fobia Si la pensamos como placa giratoria en la constitución de todas las neurosis.
del tiempo. Si se eterniza en el tiempo para comprender, sin concluir jamás.
del goce. Si es del otro, o del Otro (si existiera).
4. Marcelo Percia sostiene que “pensar singularidad es atender una fuga. Una potencia que trata de escapar a sus determinaciones”. “Acaecer en la clínica”, en Psicoanálisis y Hospital nº 21, invierno 2002.
5. Disponibilidad del analista para prestarse al significante dispuesto a articularse; según la acertada expresión de Cinthya Szewach: “Disponibilidad que va de la mano de la abstinencia, y de la caída de la técnica como ritual”, “Disponibilidad”, en Psicoanálisis y Hospital nº 21, invierno 2002.
6. Kuri C., “Fragmentos de un discurso anti epistemológico”, en Conjetural nº 16, agosto 1988.

 
 
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