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   Colaboración

El escritor y el psicoanalisis
  Por Silke Kleeman
   
 
“Unigénito del método y la perseverancia, Op Oloop era la más perfecta máquina humana, la más insigne creación de autodisciplina que conociera Buenos Aires”. (Filloy, p. 28)
Con este juicio, el escritor –y también juez– Juan Filloy caracteriza el protagonista de su novela más conocida, Op Oloop, publicada por primera vez en el año 1934. Además de su doble función en la jurisprudencia y la literatura, Filloy también se destacó por su gran curiosidad y por un ávido interés hacia todos los descubrimientos científicos y sociales contemporáneos. Esta fascinación, dicho sea de paso, le duró toda su larga vida, 105 años en total, y abarca en consecuencia un gran abanico de los más diversos temas.

En los años ’30 del siglo pasado, cuando Filloy inició su producción literaria, la psicología era uno de los temas del momento. En su vida laboral, en el tribunal de Río Cuarto, Filloy hizo mucho uso de su abundante biblioteca sobre la psicopatología delictiva. Su novela ¡Estafen!, que data del año 1932, se desarrolla enteramente en una cárcel y refleja estos conocimientos y su visión de cómo tendría que organizarse la penitenciaría en base a los nuevos datos sobre la psique humana y las ciencias sociales.
En Op Oloop, Filloy abandona ese entorno tan conocido para él que era el sistema de justicia, y se dedica plenamente a la descripción del descenso vertiginoso y fatal en el equilibrio psíquico de su personaje. Ya en la página 43 de la novela, en un baño turco, otro visitante de la instalación exclama sin mucha delicadeza: “Si usted no está loco, le anda raspando.” Este comentario de lenguaje popular, luego se profesionaliza en boca de un supuesto especialista, un médico: “Se trata, de seguro, de un temperamento simpático-tónico. [...] Tipo emocional, excitable, inconstante. [...] Es un predispuesto a la angustia. A lo mejor un candidato a la locura depresiva. Ese estupor que exhihe su semblante es típico de la melancholia attonita. La melancolía es siempre un síndrome. No cabe duda, [...] de que su desmayo obedece a un acceso psico-neuro-patológico.” (Filloy p. 80). En esta circunstancia, la típica ironía de Filloy deja muy mal parado al médico, ya que el desmayo de Op Oloop en realidad es resultado de un malevo golpe que recibió atrás de la oreja. Sin embargo, el mismo autor, pocas líneas más tarde afirma sobre la condición del personaje: “Su cerebro era una cámara obscura en día de asueto del personal. Ninguna idea, ninguna imagen.” (Filloy p. 82). Ya empieza el delirio, Oloop habla de “cocodrilos devoradores de sombras” (Filloy p. 108), de “regimientos de penes erguidos” (Filloy p. 111), “pasteles en forma fálica” (Filloy p. 113), y de “grutas en forma vaginal, [...] empedrada con senos de doncellas hiperbóreas y muslos de mestizas núbiles” (Filloy p. 113). Psicoanaliza Filloy: “Son típicas del delirio sistematizado, el error de los sentidos y la gran fijeza con que se graban las ideas eróticas.” (Filloy p. 124)

Cada vez más se vislumbra el triste final de Op Oloop, “que en pocas horas había vestido y desvestido la abundante variedad de su guardarropa psíquico” (Filloy p. 238), y el lector entenderá cada vez más por qué Filloy estimó su novela de interés para el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud.
Tenía la costumbre de publicar sus libros en ediciones privadas y muy reducidas, las que mandaba con dedicación a amigos y lectores selectos. Así hizo con Freud. Le mandó una copia de Op Oloop a su residencia en Viena. Cuenta Filloy: “Mi sorpresa fue cuando a los tres o cuatro meses –en aquel tiempo la correspondencia viajaba por vapor– recibí una carta lacónica, que para mí resultó lo suficientemente halagüeña, en la que me decía: “He leído su libro con mucho gusto y apreciado la índole de su tema. Saludos, felicitaciones.” (Ambort p. 100)
Según Filloy, Freud le escribió esta respuesta en una hoja de su block de receta, lo cual parece un tanto extraño. Y para aumentar todavía el toque de misterio, el original se perdió, al igual que otra carta agradeciendo las felicitaciones que Filloy le había mandado para su cumpleaños número 80. Contrariamente a las exageraciones que de vez en cuando aparecen en notas periodísticas, Filloy nunca habló de correspondencias regulares con Freud, ni siquiera de haber intercambiado muchas cartas. Habló con orgullo de estas dos ocasiones, y dió detalles de cómo se perdieron las respectivas cartas. La primera se la prestó a un amigo de Río Cuarto, el doctor Conrado Ferrer, quien la quería exhibir en el Instituto Neuropsiquiátrico de Oliva; después del fallecimiento de éste, en 1941, no la recuperó más. La segunda le fue “robada” por un periodista de la revista Gente que vino a entrevistarlo. En momentos de confidencias, Filloy incluso daba su nombre y apellido.

Por su beneplácito con la traducción de su obra al castellano hecha por Luis López Ballesteros y de Torres, es conocido que Freud sabía leer castellano (en una carta del 7 de mayo de 1923 le escribió que empezó a estudiar “la bella lengua castellana” siendo un joven para poder leer “Don Quijote” en el original). En la novela Op Oloop, cuyo autor era un joven escritor argentino, dió entonces con esta definición de la psiquiatría y sus oficiantes: “La psiquiatría –verdadera geografía del desorden– procura localizar, mediante fórmulas al respecto, las alienaciones del homo sapiens. Y por lo mismo que éste se enajena e incursiona hacia dominios de oscura aboriginidad animal, el psiquiatra, trazando coordenadas desde la salud, logra a menudo fijar en tratados, los problemas del temperamento y la herencia. Pero no siempre. Los hemisferios cerebrales, laberintos intrincados, cuando rellenan normalmente la cavidad craneal, lo son más aún, cuando rellenan los dos carnazas de las nalgas: porque es así: hay personas que tienen el cerebro bordeando la línea anal. Entonces la razón se embota y es tanta la pestilencia psicopatológica que el estudioso ineludiblemente recula.” (Filloy p. 49)
Queda en manos de los especialistas imaginarse la reacción de Freud ante este dictamen, preguntarse si Filloy logró influenciar el pensamiento freudiano o si al menos Freud dialogó con él, a través del libro. Lo seguro es que siempre vale la pena sumergirse en la literatura de Juan Filloy, para encontrar otros profundos y certeros análisis de la psique humana, y hacer algunos de los otros tantos sorprendentes hallazgos que no dejan de aparecer en cada uno de sus libros.

Bibliografía:
Juan Filloy, Op Oloop, Editorial Losada, Buenos Aires 1997.
Mónica Ambort, Juan Filloy. El Escritor escondido, Aguilar, Buenos Aires 2002.
 
 
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