Inicio   |   Login   |   Registrarse   |   Quienes Somos   |   Contacto   |   STAFF     
BOTONERA EN IMAGEN
 
 
 
Facebook Twitter
   Análisis sin control

Sólo del psicoanálisis en intensión devienen psicoanálisis
  Por Sergio  Rodríguez
   
 
La creencia de muchos “recién recibidos” que con el título de licenciado en Psicología ya están en condiciones de psicoanalizar produce, más que psicoanalistas silvestres, psicoterapias salvajes. Tres variables favorecen aquella y generan a éstas.
Una, el peso que tomó en el movimiento psicoanalítico la adoración al saber universitario infundida desde varias cátedras e instituciones. Otra, el tobogán que afectó en los últimos años de la vida nacional a los bolsillos de las grandes mayorías, incluyendo a los profesionales. En tercer lugar y por malentendido, una seudo identificación a la acertada práctica de Lacan de no considerar imprescindible que los analizantes controlaran las curas que conducían por fuera de sus análisis.
Para analizar esta problemática, primero pondré sobre el tapete cómo concibo que los analistas deben prepararse, por qué y para qué.

La preparación fundamental de quien pretende aprehender el oficio es provista por la serie de actos en los que un analista le analice las formaciones del inconsciente producidas cuando relata sus encuentros con los vericuetos reales de la vida. También, porque en dicho análisis se encuentre con intervenciones que le generen condiciones para horadar reales que induzcan repeticiones. Convocándolo por “vía de levare”1 a reubicarse como sujeto para encararlas.
Lo principal que debe lograr el análisis de un aspirante a analista, es socavar sus resistencias al psicoanálisis para que precipite como causa de su futuro trabajo: el deseo de analista.2 Cada uno de nosotros es un ser parlante como cualquier otro. Buscamos analizarnos cuando la “miseria neurótica”3 se nos torna intolerable. Si en ese trabajo nuestra estructura y la de nuestro(s) analista(s) no trabaron demasiado, descubrimos el valor del psicoanálisis y la desventaja de las resistencias al mismo. Sean provenientes de nuestro yo y su principal soporte, el registro imaginario con el peso de los enunciados en discurso y de las identificaciones a imagos que le suponemos saber. O fogoneadas por los ideales del yo y su fogonero el superyo como mirada y oídos críticos y por su aprovisionamiento de combustible proveniente del ello, para su orden obscena y feroz de: ¡goza!4

El buen resultado del análisis de cada analista no se mide porque se conozca mejor a sí mismo, como dicen algunas corrientes pre lacanianas, ni tampoco porque se esté advertido de algún rasgo repetitivo, como suelen enunciarlo algunos lectores de Lacan. Ambas formulaciones siguen suponiendo que analizarse provee de conocimiento sobre sí mismo. Recaen en la ilusión del Freud de los primeros tiempos, de que se podía hacer consciente lo inconsciente aumentando el conocimiento de la persona sobre sí y reduciendo lo inconsciente. El Inconsciente, según lo formalizó Lacan, es una estructura de producción y no un oculto museo de significantes. Con éstos y a partir de la presencia de lo ausente, tejerá sus producciones.

Los resultados se miden por cómo quede situado su producto más importante: la reubicación de ese ser parlante en su nudo de cuatro (Real, Simbólico, Imaginario, Sinthôme) ante las formaciones de su inconsciente y ante sus repeticiones. Si las registra, asocia y analiza, querrá decir que ha quedado sujeto al deseo de analista. Si las desprecia o elude con cualquier tipo de racionalización, será índice de que aún no ha precipitado suficientemente dicho deseo, lo que hará de obstáculo a la hora de analizar a otros. Indicará también, que aún sigue excesivamente anclado a una relación fija con sus fantasmas y, entre ellos, con el que se revele primordial.
Es por estas razones que el principal campo de formación de los analistas es su propio análisis. Aquí se plantea la pregunta: ¿es necesario que la llamada supervisión o análisis “de control” se haga separadamente? La Asociación Psicoanalítica Internacional, bajo influencia de Eitingon y con la aprobación de Freud, reglamentó la separación del análisis del analista del análisis de control. Lacan en su práctica, poco a poco fue quebrando ese aislamiento. Al mismo tiempo, nunca indicó una pauta fija para llevar adelante dicha tarea. Es así que muchos colegas que se analizaron con él o con alguno de sus discípulos, atravesaron la experiencia de analizarse y “controlar” con el mismo analista. Si bien me inclino a sostener que es mejor conjugar en un mismo analista ambas tareas, que en verdad no son más que una, considero para esta cuestión, como para cualquier otra del psicoanálisis, que lo adecuado es decidir estrategia y táctica, analizante por analizante y registrando qué está ocurriendo en el tiempo de cada uno.

Lo que me fue enseñando el pasaje de los análisis de muchos colegas por mi diván, fue que cuando se llevan a cabo separadamente análisis personal y análisis de control, tiende a suceder que se excluyan del análisis las vicisitudes laborales. Por el contrario, éstas ocupan en los análisis de los no analistas buena parte de los mismos, lo que se incrementó con la crisis económico social que padecemos. Aprendimos en el seminario de Lacan El sinthôme, que el trabajo, en tanto experiencia de producción y una de las vías principales para la articulación de los adultos a lazos sociales, suele funcionar como cuarto nudo. Función indispensable para sostener anudadas a las otras tres cuerdas (R. S. I.). En consecuencia, que las vicisitudes del trabajo queden excluidas del análisis del analista es absolutamente contradictorio con su fin. El análisis del analista habrá tenido un “final feliz” si logró que este haya hecho del síntoma que lo llevó a analizarse un sinthôme eficaz para su economía libidinal. Final que tiene una gran importancia en tanto de un modo u otro, lo más habitual es que quien va a comenzar un análisis elija a quien lo analice por suponer que tiene su mismo síntoma y que lo maneja exitosamente. El aislamiento obsesivo del análisis del analista de su “análisis de control” a que somete por reglamento la Asociación Psicoanalítica Internacional, atenta contra la buena formación de los analistas.
Califico la calidad del analista por la escasez de resistencias al inconsciente y al encuentro con lo real. La enseñanza universitaria por el contrario, acentúa las represiones y resistencias, en tanto no parte de los agujeros en el saber en pro de que los alumnos investiguen cómo tramitarlos para encontrar un saber hacer para cada ocasión. La Universidad, por estructura,

parte de ser depositaria de algún saber universal con el que atiborra a sus objetalizados alumnos. De ahí la proliferación del síntoma entre sus alumnos y del negocio universitario vía universidades privadas, o privilegiando los posgrados arancelados en la Estatal. El saber pasó a ser una mercancía más, que vendida a los alumnos transforma a éstos en unidades de valor, más rigurosamente, en soportes de un precio.
De lo que se trata, entonces, no es tanto que los “recién recibidos” no estén supervisando, sino que muchos de ellos no se analizan y muchos más interrumpen sus análisis prematuramente.
Aparece como razón para ello la miseria económica que golpea a muchos, o niveles de austeridad que no dejan margen dinerario para iniciar la experiencia. Pero a eso se puede responder concurriendo, para empezar, a buenos servicios de “psicopatología y salud mental” o logrando acuerdos de honorarios con analistas que dispongan de una parte de sus horarios para instrumentarlos de diversas formas: fijación de honorarios transitoriamente menores y hasta a veces de diferentes modalidades de trueque. Claro que estas “novedades” traen dificultades. Pero no más ni menos que cualquier irrupción de lo real en cualquier análisis. Ahora, después de Lacan, ¿se puede considerar psicoanálisis en intensión cualquier práctica que rehúse lidiar con lo real?

Finalmente, no es conveniente que los psicoanalistas querramos aparecer al margen de la legalidad social. Ni por intereses inmediatos, –como evitar argumentos a juicios por mala praxis–, ni por algo mucho más de fondo consistente en no aparecer desligados de la realidad, o sea, de la articulación simbólico imaginaria que tramita lo real en las diversas sociedades.
Pero mucho menos adecuado es allanarse al imaginario universitario que los títulos de la academia habilitan para analizar. Hacer eso es faltar a la ética del psicoanálisis, en tanto deja a los pacientes en tratamiento con universitarios que no pueden trabajar de otra manera que no sea “endoctrinando”,5 alimentando las resistencias, las represiones, los síntomas y sus desplazamientos.


1. De sustracción y no de agregado. Sigmund Freud, Fragmento de análisis de un caso de histeria (Dora), AE, Tomo VII.
2. Robert Levy, Un deseo contrariado, Kliné, Bs. As., 1998.
3. Sigmund Freud, Nuevos caminos de la terapia psicoanalítica, AE, Tomo XVII.
4. Jacques Lacan, Le Séminaire. Livre XX. Encore, inédito.
5. Neologismo de Lacan que condensa adoctrinando con el “en” que alude a introduciendo.
 
 
© Copyright ImagoAgenda.com / LetraViva

 



   Otros artículos de este autor
 
» Imago Agenda Nº 190 | abril 2015 | El futuro del psicoanálisis 
» Imago Agenda Nº 182 | julio 2014 | Psicoanalistas <> otras profesiones   –Investigando–
» Imago Agenda Nº 178 | enero 2014 | Repetición e Incertidumbre 
» Imago Agenda Nº 166 | diciembre 2012 | La Va Analidad del Mal  También es Narcisística y Oral Canibalística
» Imago Agenda Nº 157 | febrero 2012 | ¿Violencia de Género, o Violencias Humanas? 
» Imago Agenda Nº 148 | abril 2011 | Paradojas de ser humanos sacudieron Japón. Lo siniestro ¿443 réplicas a la espera? 
» Imago Agenda Nº 147 | marzo 2011 | Un Novel en la Jaula de los Locos 
» Imago Agenda Nº 144 | octubre 2010 | Laberintos de la escritura en psicoanálisis 
» Imago Agenda Nº 139 | mayo 2010 | Buscando que lo real como imposible, no nos reduzca a la impotencia total 
» Imago Agenda Nº 133 | septiembre 2009 | Sergio Rodríguez caretea 
» Imago Agenda Nº 127 | marzo 2009 | La actualización del psicoanálisis y la neurobiología 
» Imago Agenda Nº 125 | noviembre 2008 | Envejeciendo 
» Imago Agenda Nº 117 | marzo 2008 | Falleció Emilio Rodrigué, el psicoanálisis de luto. 
» Imago Agenda Nº 117 | marzo 2008 | El cuerpo, entre la biología y el lenguaje:  desea y goza
» Imago Agenda Nº 114 | octubre 2007 | Equivalencias entre las ciencias y las artes psicoanalíticas y militares 
» Imago Agenda Nº 107 | marzo 2007 | Observaciones e hipótesis sobre la reactualización de tatuajes y piercings 
» Imago Agenda Nº 100 | junio 2006 | De ideales, idealistas, idealizados e idealizadores 
» Imago Agenda Nº 96 | diciembre 2005 | Cuando la perversión se enseñorea en el Poder  El terrorismo se desnuda, leamos sus fuentes
» Imago Agenda Nº 92 | agosto 2005 | Emergencias 
» Imago Agenda Nº 87 | marzo 2005 | El cuerpo del analista 
» Imago Agenda Nº 83 | septiembre 2004 | Nosotros pasamos, no el tiempo 
» Imago Agenda Nº 80 | junio 2004 | La autofagia del discurso capitalista 
» Imago Agenda Nº 74 | octubre 2003 | Un infierno de cocaína, ambición, amor y muerte, gestó también el psicoanalisis 
» Imago Agenda Nº 67 | marzo 2003 | Algunas tesis para el psicoanálisis en extensión 
» Imago Agenda Nº 66 | diciembre 2002 | Apuntes de un psicoanalisista sobre el 2002 
» Imago Agenda Nº 57 | marzo 2002 | Acontecimientos argentinos:  cuestiones para registrar.
» Imago Agenda Nº 54 | octubre 2001 | La nueva guerra y la función del psicoanálisis en la extensión 
» Imago Agenda Nº 49 | mayo 2001 | Lo obsesional resiste al movimiento del psicoanálisis 

 

 
» AEAPG
Agenda de Seminarios a Distancia 2019  Comienzan en Agosto
 
» La Tercera
Seminarios y actividades 2019  Sábados, 10:30 - 14:00 hs. salvo donde se indica
 
» AEAPG
Curso Superior en Psicoanálisis con Niños y Adolescentes  Inscripción 2019
 
» Fundación Tiempo
Posgrados en Psicoanálisis con práctica analítica  Inicios mensuales. Duración: 12 meses.
 
Letra Viva Libros  |  Av. Coronel Díaz 1837  |  Ciudad de Buenos Aires, Argentina  |  Tel. 54 11 4825-9034
Ecuador 618  |  Tel. 54 11 4963-1985   info@imagoagenda.com