Inicio   |   Login   |   Registrarse   |   Quienes Somos   |   Contacto   |   STAFF     
BOTONERA EN IMAGEN
 
 
 
Facebook Twitter
   Análisis sin control

La supervisión
  Por Diana Voronovsky
   
 
En esta puntuación sobre el análisis de control intentamos aproximar una interrogación sobre las razones del actual descrédito de esta práctica.
¿Cuál es el obstáculo que coloca en la actualidad a la práctica del control como prescindible, siendo necesaria a la formación de “lo” analista que hay en quien se propone ocupar ese lugar?
Nos interroga el motivo que causa el desinterés, en las jóvenes generaciones de analistas, y los no tan jóvenes, para convertir al control en una práctica errática, que suele tomar la forma de demandas de “un control”, lo que se debe entender literalmente, una sesión de control, aislada, por fuera de una continuidad, otorgando al control el carácter de la urgencia propia del discurso médico.

Es natural analizar la transferencia

Es una afirmación que leemos en el escrito “Dirección de la cura”, donde Lacan aporta una valiosa orientación a una puntuación sobre la necesariedad del control y un comentario sobre las posibles razones de una devaluación de lo necesario que se convierte en contingente.
Se desprende de la doctrina y la enseñanza del maestro francés, una cuestión paradojal por sus efectos: a) Lacan fomentaba los controles aunque dejados a la iniciativa personal y no eran objeto de regulación con vistas a una formación. Por otro lado leemos la insistencia que b) “no hay otra resistencia que la del analista mismo”.
Es natural analizar la transferencia por la misma razón que no hay análisis sin resistencia, ya que no es “el analista” el que resiste, sino el discurso, dado que la resistencia es inherente al lenguaje mismo, y el análisis se hace con esta resistencia, siendo lo que permite que haya análisis.

Cuando la resistencia se transforma en obstáculo para el análisis, –que no es sinónimo de resistencia– es cuando el analista esta imposibilitado de prestar su decir a las modulaciones del fantasma de su analizante que su lugar ofrece; lo que opera, en este caso, es el fracaso de la Versagung del lado del analista.
Colocamos la pregunta de por qué la ausencia de reglamentación del análisis de control, que abona la no standardización del psicoanálisis vira hacia la prescindencia, y, cómo es posible sostener dicha prescindencia si la ponemos a trabajar en relación con que la resistencia es la del analista.
La resistencia se refiere a soportar un real, definido, por otro lado como imposible de soportar, ya que para que el discurso del analista lo soporte un rehusamiento de su lado es la condición. Es lo que hace posible el acto análitico en cuanto la articulación de la castración de lugar a la abstinencia, “que es patrimonio del analista porque condiciona Verleugnung mediante que este no llegue a captar los efectos de lo sucedido”.1

El más que citado “al menos dos”, que un no-todo analista va siendo en la dirección de los análisis que tiene a su cargo, conlleva la teorización, por un lado, de los efectos que produjo su lugar, entendiendo por tales efectos, las detenciones, los impasses, las vacilaciones que su práctica obliga; en fin, el despliegue ante otro, de una teoría implícita, pero inconsciente, sobre su analizante, y la dirección, es decir la orientación que imprime a una cura.
El análisis de control no supervisa nada. Se trata de una tarea (Arbeit) donde dos se referirán a un tercero gracias al despliegue de una transferencia de trabajo.
La afirmación del subtítulo es una puntuación del escrito “Dirección de la Cura”; es natural analizar la transferencia porque en definitiva es de lo que se trata un análisis: del análisis de la transferencia, es decir, de la “puesta en acto de la realidad de lo inconsciente que es sexual”, conjugado con “el analista forma parte del concepto de Inconsciente”. En su lengua original, faire partie, o sea “hace su parte” –sin saber que eficacia tendrá, “su parte”–.2
El campo de la transferencia que ofrece el paño para lo que se dice en un análisis, nos invita a tomar el impersonal del “se”, para avanzar una premisa que es nuestra guía para una puntuación sobre la cuestión del control.
Nos referimos a tomar como punto de partida a la “clínica del psicoanalista”, ya que el objetivo –subjetivo nos conviene para considerar que se trata, tanto de la clínica que un psicoanalista hace, como así también el tomar en cuenta las condiciones bajo las cuales cada psicoanalista “se deja hacer”. Es decir, “dejarse hacer” causa por la serie asociativa, exigencia de lo femenino de la posición de no-todo analista, condición de una función –deseo de analista– igual a 0, lejos de la neutralidad pero a favor de la abstinencia.

Plasticidad fantasmática del analista para sortear la solidaridad de un goce con el analizante, resistencia del analista, –unica resistencia– que al soportar la transferencia de goces, sabrá o no hacer otra cosa con ellos, “savoir –y– faire”. Si bien el deseo de analista (tomamos la distinción con deseo del analista que hace Robert Levy,3 no es un deseo sexual tampoco es ajeno a lo que no puede escribirse de la relación sexual. A un más allá de la diferencia de los sexos y que por cumplir con dicha condición, sea posible nombrar, por puntas, por trozos “algo” de lo real. Es sabido de la eficacia del Goce del Otro, a pesar de su inexistencia deja sentir sus efectos en el deseo de un analista quien si rehusa ponerse bajo los efectos de al menos dos, se topará con su propio límite y el obstáculo congelado, en tanto tal, ya no encontrará el modo de pasar a ser el motor, permanciendo como su resultado, afectando de este modo la condición de seguir causando el decir de su analizante.

Será en ese entre-dos, referido a un tercero, en la segunda escucha, ya que no se trata de ninguna “visión super”, sino más bien en el hecho de poner “bajo control”, un análisis. Serán lo que en los decires del analista controlante se escucha como la reververación, los puntos más vivos, en la benéfica experiencia que asegura que al hablarle a otro –desestimamos la lectura de notas o grabadores en el análisis de control que su decir dará lugar gracias a la doble vertiente de la transferencia-con el analizante y con el analista de control–. Jerarquizamos así el valor de la presencia que pone en acto la danza fantasmática que dichas transferencias actualizan pero en una posición que se distingue: se habla a otro a partir de la práctica y no de la práctica. Ya que de la práctica no se puede hablar –cuando se habla en el control, como en cualquier otra experiencia de pasaje a lo público– se perdió lo lenguajero propio, único y singular que caracteriza a cada análisis-lalangue que singulariza a un análisis, se dicen, por lo tanto otros significantes. Benéfica experiencia en la cual se acota un límite a lo Imaginario de la conducción de una cura, bajo el control de lo que se dice, gracias al retorno en el analista-controlante de lo no dicho en la sesión con su analizante. Nos referimos a la insoslayable irrupción de los lapsus, tropiezos, vacilaciones, olvidos, que da cuenta de la eficacia de lo real impredecible, eficacias de la angustia y el goce de no-todo analista y que encuentra su posibilidad de transformación de obstáculo en motor en la experiencia del análisis de control. Se trata del saber depositado por la experiencia en el analista, horror de comprobar la eficiencia de su acto.4
Por otro lado, es un hecho de nuestra experiencia cotidiana, que la relación entre la devaluación de la experiencia del control es directamente proporcional al acrecentamiento de una demanda de saber referencial. Abrumadora oferta (con oferta creo demanda), de jornadas, coloquios, grupos de estudio, congresos, etc. son un modo, de recuperarse del horror ante la eficiencia de su acto, siempre y cuando no se encuentren al servicio de suplir el saber textual, de lo insabido que sabe de lo inconsciente, por el saber que consagra el discurso universitario.

Ajeno a todo tipo de reglamentación, Lacan nos indica un camino posible que va en la dirección de la preservación del lugar del analista en la dirección de la cura, y se trata de la distinción entre la vacilación calculada, cálculo de una vacilación al modo de una intervención en acto, de la vacilación del fantasma, que suelda el fantasma del analizante a algún modo de goce, del lado del analista no puesto bajo el análisis de control. ¿Cómo generar otras modalidades de intervención que propicien y abran nuevos enigmas que permitan recuperar un goce que alcance algún real?
¿Cómo anoticiarse de la eficiencia de su acto sino en el control?
Un analista en el análisis de control se ofrece a una entrega, a sufrir una pérdida, a un trabajo con su propio instrumento, que no deja de ser un pago y allí tendrá lo caído del caso que lleva a control. Lo inesperado, en ocasiones se presenta bajo la forma de lo unheimlich angustioso, que viene de su praxis, y lo hace hablar. Modos de recuperación de goce bajo la forma de otro goce no sintomático, no fálico, no del Otro-Un otro goce de la invención de algo novedoso que al dar lugar a un acontecimiento, señala los momentos cruciales de un análisis, aquello que se puede inventar en un análisis gracias al trabajo con las puntas de real.
Una periodización de la obra de Lacan se impone a fin de evitar confusiones y poder discernir la eficacia de los conceptos en la dirección de la cura.

Cuando Lacan modifica las concepciones de los lugares propios del analista, comprobamos una modificación que va desde la conceptualización del SSS, en los años ’60, a lo desplegado en el Seminario “El envés del psicoanálisis”, donde el lugar que va ocupando el analista comienza con el semblanteo del lugar del objeto a, se mantiene la evacuación del SSS, al tiempo que otorga valor de plus de goce al a, es decir se modifican las condiciones de goce. A distinguir dichas condiciones dedicará su Seminario Encore. Otorgando al a el lugar de generador de lazo social y no ya el deshecho a evacuar, lugar de causar el decir analizante.
La devaluación de la práctica del control como una tarea sostenida bajo transferencia, no es posible separarla de la declinación del Nombre del Padre y su eficacia, en una distorsión que apunta a una confusión entre superar el plano de la identificación con el Ideal, a tener la posibilidad de sostener los Ideales. Para una clínica llamada lacaniana, la prescindencia del Nombre del Padre tendrá como condición el fin de servirse, lo que dará lugar a la prolongación de los Nombres del Padre para generar lo establecido, preservando el sitio para una imposibilidad. Esto en relación a los procesamientos que irá inventando, siempre y cuando se sostenga en los tres más uno: análisis personal, análisis de control, lectura de textos y, por supuesto, en su lazo en relación a la escuela o institución que convoca a los analistas. Es decir, ir más alla de la Idealización no quiere decir abandonar el Ideal. Los ideales encuentran su inevitable incidencia en la constitución subjetiva, y en tanto instancia fundante orientan el deseo, al confundir ideal con idealización, se propicia el camino a la banalización de todo incentivo estimulante, fortaleciminto del narcismo que distorsiona el: “Autorizarse de sí mismo”, soslayando el “con los otros”.

La prescindencia del análisis de control la entendemos en la dirección del horror al acto y del acto del analista que priva al analista prescindente del control, de una autorización, que soslaya que la prescindencia no es sin servirse.
Entre analísis personal y análisis de control no hay complemento alguno, ni uno reemplaza al otro, como el actual desprecio por el control parece querer significar –El control aporta un suplemento para el saber hacer allí– ya que el analista de control “ni es ni no es”, –maestro-enseñante- analista– por lo que en nuestra experiencia se define como un lugar que va rotando y ocupando diferentes decires, desde la articulación en la teoría hacia una interpretación, un silencio, una intervención en acto, o la recomendación de una película o un texto, todo lo cual no banaliza ni desacredita la transferencia, más que nada la dignifica, al posibilitar la diferencia de las distintas transferencias en juego. Invención que se sostiene en lo que de nuevo se pone en circulación y que no existía antes de ser dicho, propicia el trabajo del controlante. La voz hecha sonido bajo la forma de una interjección, lectura de un fragmento que ilumine una articulación relanzarán la demanda de control, ya que oficiarán de lo que rompe el equilibrio de los tres freudianos, inhibición, sintoma y angustia del lado del analista, para introducir el cuarto, sinthoma. El analista podrá operar desde un lugar donde su intervención en lo Real de cuenta de una versión del padre que sea una su-(b)-versión novadora, la eficiencia de un acto, la innovación de un cuarto que no es igual a la eficacia de un hacer.
Nos encontramos de este modo con las paradojas de la clínica, ya que se trata de trabajar en un campo que se nutre de lo que tiene como fundamento, obviamente, lo insuficiente y entonces, por definicion, desatiende las condiciones este objeto que va a construir. Por esta razón Freud hace hablar a lo fragmentario en relación a lo fragmentario del caso.
Para finalizar, sostenemos la enseñanza de Lacan , cuando nos dice que el psicoanalista no puede concebirse de otro modo que como un sinthoma y hace la diferencia entre sinthoma para el lugar del analista y no para el psicoanálisis, el cual afirma:”es una praxis del decir”.5

Notas
1. Roberto Harari, ¿Qué sucede en el acto analítico?, Lugar Editorial, Bs. As., 2000.
2. Jacques Lacan, “Posición del Inconsciente”, en Escritos, Siglo XXI, México, 1966.
3. Robert Levy, Un deseo contrariado, Ediciones Kliné, Bs. As., 1998.
4. Diana Voronovsky, “El horror al acto: de la vacilación del fantasma a la vacilación calculada”, en Redtórica, Mayeútica, Institución Psicoanalítica. Bs. As., 1994.
5. Jacques Lacan, Seminario “El Sinthoma”, 1976, inédito.
 
 
© Copyright ImagoAgenda.com / LetraViva

 



   Otros artículos de este autor
 
» Imago Agenda Nº 188 | enero 2015 | La autorización de sexo  de Silvia Amigo (Letra Viva Editorial, 2014)
» Imago Agenda Nº 135 | noviembre 2009 | Lo Real en los fundamentos del Psicoanálisis  de Zulema Lagrotta (Letra Viva, 2009)
» Imago Agenda Nº 85 | noviembre 2004 | ¿Qué quiere decir hablar en psicoanálisis? 
» Imago Agenda Nº 63 | septiembre 2002 | Psicoanálisis, lazo social y adversidad 

 

 
» Fundación Tiempo
PASANTÍAS GRATUITAS CUATRIMESTRALES  Observación de admisiones. Supervisión clínica. Inicio en Agosto
 
» Fundación Tiempo
POSGRADOS EN PSICOANÁLISIS CON ATENCIÓN RENTADA DE PACIENTES  Inicios mensuales. Duración: 12 meses. Derivación de pacientes sin tope fijo.
 
» El Kaso Dora
La Comedia Teatro  Lunes 20:30hs
 
» Fundación Tiempo
FORMACIÓN Y ASISTENCIA EN PRIMERA INFANCIA  POSGRADO EN ATENCIÓN TEMPRANA CON PRÁCTICA ASISTENCIAL
 
» AEAPG
Agenda de Seminarios a Distancia 2019  comienzan en Junio
 
» La Tercera
Seminarios y actividades 2019  Sábados, 10:30 - 14:00 hs. salvo donde se indica
 
» AEAPG
Curso Superior en Psicoanálisis con Niños y Adolescentes  Inscripción 2019
 
» Centro Dos
La Formación del analista  El analista y su práctica - actividad no arancelada
 
» Fundación Tiempo
Curso de inclusión en la escuela con práctica rentada  Inicia 1 de Abril de 2019
 
» Centro Dos
Conferencias de los martes  martes 20:30 - entrada libre y gratuita
 
» Centro Dos
Seminarios Clínicos  Primer cuatrimestre
 
» Centro Dos
Talleres Clínicos  Primer cuatrimestre
 
» Fundación Tiempo
Posgrados en Psicoanálisis con práctica analítica  Inicios mensuales. Duración: 12 meses.
 
Letra Viva Libros  |  Av. Coronel Díaz 1837  |  Ciudad de Buenos Aires, Argentina  |  Tel. 54 11 4825-9034
Ecuador 618  |  Tel. 54 11 4963-1985   info@imagoagenda.com