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   Colaboración

Repetición y transferencia
  Por Norberto Rabinovich
   
 
Freud introdujo la noción de transferencia como un caso particular de retorno de lo reprimido. Así entendida, no era otra cosa que un síntoma articulado en relación con el analista. Explicó que el inicio de dicha transferencia se debía a una “falsa conexión” de una representación inconsciente con algún detalle insignificante ligado al analista. De esta forma se interrumpía el libre proceso de recordar. Me sirvo de un ejemplo prestado para ejemplificar el mecanismo descrito.
Un señor consulta a raíz de una delicada situación matrimonial. En la primera entrevista relata también una fobia a los pájaros, particularmente a los gorriones que abundan en su barrio. La analista, durante los primeros tiempos pone bastante interés en investigar ese síntoma. Advierte que el origen de la fobia podía situarse en una escena de la infancia: una tarde al entrar en su casa escuchó un sonido extraño y horrible que parecía la voz de alguien. Se asustó mucho y recién pudo tranquilizarse cuando apareció el padre portando un loro. La fobia se instaló a partir de ese suceso. Por consiguiente el objeto inicial de la fobia era el loro, que luego había quedado encubierto por una generalización. Entretanto ya habían transcurrido aproximadamente dos meses de trabajo en un clima de franca colaboración, hasta que un día, al entrar a sesión el paciente comenta con fastidio: “ese collar de oro que hoy lleva puesto me produjo mucho rechazo. Mi abuela, la bruja, siempre llevaba collares exuberantes de ese tipo”.

Un pequeño detalle, en sí mismo insignificante, vinculado a la persona del analista, se convirtió, por medio de una “falsa conexión”, en el significante de una transferencia. El loro, significante del síntoma fue puesto en equivalencia, siguiendo las vías de la repetición, con el oro del collar. Este parangón entre “loro” y “oro”, es absurdo y disparatado a nivel de los procesos secundarios, pero para el inconsciente es una identidad real. La repetición inconsciente se vehiculiza en el ámbito de la letra y no del sentido.
El mecanismo de repetición recién descrito, es lo que Lacan designó como significante de la transferencia. No marca el inicio de la transferencia, como afirmó Freud. Dicho acto sintomático se produjo dado que la analista constituía desde hacía un tiempo, un destinatario privilegiado de la pregunta y la confesión del sujeto. En este privilegio otorgado al analista, de suponerle saber, es donde Lacan situó el inicio de la transferencia. Hay transferencia desde que el analista es elegido como representante del sujeto supuesto saber.

El inicio de la transferencia queda definido, entonces, por ser un acto de fe y es algo bien diferente de la repetición.
Hay abundantes ofertas de sujeto supuesto saber en el mercado ¿Qué se espera de ellos? Se les supone saber leer los sucesos del pasado y también las ocultas líneas del destino del sujeto. Algunas técnicas se proponen leerlas en la constelación de los astros, otras en los surcos de la mano o en las sinuosidades de la borra del café. También están quienes interpretan las imágenes de una bola de cristal o en las configuraciones de las tiradas de cartas. Al analista se le supone saber leer en el decir del paciente. Hasta aquí nada distingue el fenómeno de la transferencia en cualquiera de estos campos de experiencia.
¿Cuál es la diferencia entre la lectura que provee el tirador de cartas, por ejemplo, con la interpretación que hace el analista?
Cuando Freud incursionó en los fenómenos del ocultismo, advirtió que el adivinador interpretaba en función de una captura del deseo inconsciente del cliente, que se realizaba en otro lugar que en las cartas de la mesa. Pero intervenga o no esta aprehensión intuitiva en la interpretación oracular, lo importante es que el resorte de su eficacia, porque la tiene, se asienta en el poder sugestivo que ejerce el exégeta por ser, para su cliente, garante de la fe transferencial.
Hay una relación entre sugestión y transferencia, plantea Lacan en “La dirección de la cura...” Y es que son lo mismo. La sugestión puede ejercerse cuando el sugestionador es ubicado por el sugestionado como sujeto supuesto saber.

Entonces el problema que se suscita es el siguiente:
- si el analista necesita esperar que se inicie la transferencia (SSS) para intervenir
- pero una vez establecida la transferencia, cualquier intervención que haga es recibida como viniendo de ese Otro, en algún punto infalible según la exigencia de la fe,
-¿Cómo es posible salir de este impasse? ¿Cómo puede operar el analista para que su eficacia no sea sugestiva?
Este es, a mi juicio, el gran problema en todo lo que concierne a la técnica analítica. Si el acto analítico no entraña poner en cuestión el fundamento mismo de la demanda transferencial, nada la diferenciaría de los otros métodos psi.
La primera condición que planteó Freud, a fin de precisar el poder de la cura analítica, es la de renunciar al poder de la hipnosis y la sugestión. Más dicha renuncia no se obtiene a partir de un acto de buena voluntad. El analista puede no querer sugestionar a su paciente, puede incluso intentar ocultarle cualquier querer para evitar influenciarlo, y sin embargo la sujeción del paciente al deseo del analista, no por ello es impedida. El análisis no aspira “curar” al sujeto de la pulsación inconsciente, sino de la neurosis de transferencia, es decir, del sometimiento al deseo del Otro al que inexorablemente lo conduce la transferencia llamada “positiva”.

¿Cómo opera entonces el analista “desde” la transferencia para que dicha transferencia no haga obstáculo a la revelación del inconsciente y, en el límite, pueda ser liquidada?
La terminología empleada por Freud para describir el proceso de la cura analítica, en lo que se refiere a la transferencia, ha generado mucha confusión. Dijo que los fenómenos de repetición en el seno de la relación al analista, constituyen “resistencias”. Pero, como se trata de una manifestación del inconsciente, en estos casos cabe la pregunta: ¿Quién resiste y qué es lo resistido? Resulta evidente que una formación del inconsciente no puede ser explicada como una resistencia del yo… al inconsciente. En cambio puede afirmarse que ahí es el sujeto del inconsciente el que resiste. ¿A que? A la dependencia al Otro que se articula en la demanda transferencial. La repetición inconsciente afirma la verdad del sujeto a expensas de la engañosa ilusión que se soporta en la transferencia. Esta dialéctica entre transferencia e inconsciente constituye el eje de la operación analítica.

“De lo que se trata en el psicoanálisis, en virtud de la existencia del inconsciente, consiste precisamente en borrar del mapa esa función del sujeto supuesto saber.”1
No hay otra vía en el análisis que permita al analista desmarcarse de la influencia sugestiva sino la que permite la interpretación del inconsciente. La abstinencia es un recurso necesario pero no resolutivo.
La especificidad de la interpretación analítica, generalmente olvidada o simplemente ignorada, reside en que es una interpretación a la letra. Lo que hay que revelar, en última instancia, es la letra, más allá del sentido y la significación en la que, dicha letra, se engancha de manera contingente en cada una de sus múltiples repeticiones. Aportar nuevos sentidos alimenta la consistencia del SSS.
Interpretar, por ejemplo, que “en el miedo al loro hay oro”, no revela el sentido oculto del loro, revela la letra escondida. Pero cuando emerge “oro”, no hay que creer que este significante conduce a la significación rehusada, ya sea el deseo de riqueza, brillo intelectual o lo que fuera. La significación que pueda despertar esta interpretación, sigue siendo una estación intermedia. Cualquiera fuese el sentido que provea, ese sentido ya representa un añadido, un pequeño desvío inevitable en la función que tiene la interpretación de localizar la letra del inconsciente. “Oro” se lee “oro” y se repite en loro, en toro, en Teodoro, morocha, etc. siguiendo los sinuosos pero insistentes caminos de la repetición en cada caso. Lacan enseñó que el fin al que apunta el trabajo interpretativo es localizar el registro material del significante, de cernirlo, aislarlo, identificarlo como puro significante más allá del sentido.
Llego a una propuesta de Lacan de carácter crucial con respecto a la técnica analítica: “debemos admitir que no es interpretable en el análisis, más que la repetición.”2

Retomo la pregunta anterior ¿por qué este método interpretativo tendría, como vengo argumentando, la virtud de reducir la consistencia del SSS?
Una interpretación, cualquier interpretación dentro o fuera del análisis, es en ultima instancia un modo de manipular significantes. Esta generalización, me permite sin embargo hacer algunas distinciones de su empleo en la práctica analítica.
Si la interpretación apunta a producir una mutación en el significado, una explicación, una intelectualización, una elucidación de carácter comprensivo, la ambigüedad e imprecisión inevitables, hacen que esta vía se torne infinita y de eficacia limitada. En el fondo se trata de un proceso de esclarecimiento cuya aceptación por parte del sujeto y las consecuencias en su comportamiento posterior, dependen esencialmente del peso sugestivo del intérprete.
Hay otro tipo de interpretaciones que producen un efecto de sentido de carácter revelador pero que generan en el sujeto un efecto de fascinación. Este encandilamiento no se relaciona tanto con la naturaleza de lo revelado como con la satisfacción de la demanda implícita en la transferencia: confirmar el poder adivinatorio del SSS. Por ejemplo si mirando una carta de Tarot alguien me dice que tengo una hermana en España, aunque para mí no constituya ninguna novedad, quedaría, sin embargo, fascinado con el mágico saber del Otro. También en el ámbito del análisis una interpretación puede generar la misma fascinación. Esto sucede generalmente cuando el sujeto no identifica el truco, cuando no sabe dónde reside el resorte de la revelación. Es una tentación muy poderosa para el analista, ya denunciada por Freud, ser objeto de fascinación por parte de su paciente pero este entusiasmo muestra al poco tiempo su carácter profundamente resistencial.

La interpretación analítica, explicó Lacan, tiende a producir un efecto de sentido en lo real. A diferencia del anterior no promueve fascinación sino la emergencia de una certeza en el sujeto. Certeza, no saber ni fascinación. Esta certeza va imponiéndose a medida que el analizante puede ir identificando las marcas inconscientes que determinan sus deseos, sus síntomas y su destino.
Freud insistió siempre que para sostener la práctica del análisis, es preciso que el analista logre en el análisis personal y renueve, de tiempo en tiempo, su certeza subjetiva acerca de la existencia del inconsciente. Esta ascesis subjetiva no la proveen los libros, ni los seminarios, como tampoco los esclarecimientos conquistados dentro del análisis. Adviene con el vaciamiento del sentido de los significantes del inconsciente.
¿Y la transferencia? Precisamente en el reconocimiento de aquello que insiste, que con mil sentidos diferentes vuelve siempre al mismo lugar, el supuesto saber del intérprete es progresivamente vaciado, absorbido. El analista queda, finalmente, como aquel que supo leer las claves del texto viviente que portaba el analizante sin saberlo. Al cabo de lo cual su función de garante de la transferencia, caduca.
La eficacia de la interpretación analítica se sostiene de algo que Lacan denominó confrontación con lo real. “Es una noción muy simple y que implica la evacuación completa del sentido y por lo tanto de nosotros como interpretantes.”3 J. Lacan. Seminario 26/2/77.

1. Jacques Lacan, El Seminario. Libro 15. El acto psicoanalítico, inédito, clase nº 8.
2. Jacques Lacan, El Seminario. Libro 16. De un otro al Otro, inédito.
3. Jacques Lacna, Le Séminaire. Livre XXIV. L’insu qui sait de l’une-bevue s’aile à mourre. Inédito.
 
 
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