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   Lacan postergado

Los Seminarios de Lacan ¿hasta cuándo?
  Por Roberto  Harari
   
 
¿Para qué ocultarlo? Prefiero puntuarlo de entrada, así el lector ha de saber a qué atenerse. Se trata de lo siguiente: la cuestión referida a la edición de los Seminarios de Lacan ha logrado fatigarme. En efecto, incluso dudé en aceptar el generoso convite formulado por Imago Agenda para participar brindando mi parecer acerca de las nuevas peripecias que parecen abrirse ante el nuevo capítulo de esta meneada e increíble “historia”. La cual, por supuesto, reconoce lamentables y ciertamente reiterados antecedentes: me refiero a la tarea de ventriloquía realizada por familiares sobre la obra inédita de algún pensador notable, luego del fallecimiento del mismo. Por supuesto, la primera tarea , la basal para proceder a ejecutar esa operatoria, consiste en incautar su obra, en cerrarla a la consulta pública. ¡Sí, se trata de establecer un “corralito”! Este destino, lo sabemos, no se inaugura en el psicoanálisis con Lacan, pues conocemos la cantidad de escritos de Freud depositados por sus familiares en la Biblioteca del Congreso de los EE. UU. y vedados a la consulta pública aún por años y años.

Pero volvamos al inicio: ¿por qué acepté, entonces? En primer término para dejar sentado, a través de una publicación de Letra Viva, y por última vez, lo que vengo diciendo y escribiendo desde hace muchos años en lo referente a una situación que, de una u otra manera, me implica. Y, en segundo lugar, para proponer una solución constructiva tendiente a resolver de modo definitivo este antiguo entuerto.
Permítaseme comenzar por recordar una circunstancia que probablemente sea ignorada por muchos partícipes de las jóvenes generaciones de analistas: en 1987 el albacea de Lacan lanza, en la Argentina –mas no tan sólo en nuestro país–, una serie de demandas por “estafa”. ¿De qué se trataba? De acusar a Letra Viva, a Imago y a algunos analistas –entre ellos, quien suscribe–, por el presunto delito de atentado a la propiedad intelectual, al haber difundido textos de los Seminarios de Lacan sin su permiso. No me consta que, en la historia del psicoanálisis, exista otra circunstancia donde las diferencias o los conflictos hayan sido dirimidos ante la justicia por vía del código penal. Y ello, claro está, sin que mediasen conversaciones previas, pedidos personales o, inclusive, cartas documento donde se intimase una decisión antes de concurrir a la sustanciación de un juicio. Pues bien: en lo que sigue, he de intentar poner en línea ese suceder con lo que pareciese ser un nuevo eslabón de la cadena de esta historia.

Reflexionemos, entonces: ¿por qué un juicio penal que pide cárcel para el procesado? ¿Por qué no pedir una indemnización financiera mediante un juicio civil, visto el hipotético perjuicio cifrado en ese orden? Obvio: en lo manifiesto, se trata de una táctica tendiente a escarmentar a la comunidad psicoanalítica a los fines de desalentar cualquier iniciativa de similar calibre. Conseguido aparentemente ese objetivo, el querellante retiró su demanda hacia fines de 1988. Pero considerémoslo desde nuestra pertinencia recordando lo siguiente: el emisor recibe del receptor su propio mensaje bajo una forma invertida. Por eso, la prisión demandada recayó, de hecho, en la obra a ser cuidada contra los advenedizos que la pondríamos en peligro. Sí: la obra de Lacan fue encarcelada luego de su muerte. O, por lo menos, tal fue el designio actuado por el albacea: un “corralito” para Lacan, con alguno que otro “goteo” –o “texto establecido”– cada muchos años. Ya otros colegas y estudiosos se han ocupado, con fundamento y autoridad, de tales ediciones, mostrando cuán poco cuidadas resultan, cuántos errores contienen, cuánto las caracteriza la falta de herramientas conceptuales necesarias para trabajar sus textos y, en fin, la semblanza que ofertan de un Lacan profesoral que parece hablar desde la certeza y no desde la búsqueda incesante. Por otro lado, no deja de resultar llamativa la ausencia de “establecimiento” de los Seminarios topológicos (con excepción de Encore, que ha sido publicado de modo parcial y resumido, sin dejar constancia de ello). Y esto se halla redoblado –y confirmado– por la omisión de cualquier texto de esa estirpe en el recientemente publicado Autres écrits (Seuil, 2001). Notable: ese libro, integrado por textos varios de Lacan, es planteado por el albacea como un volumen de homenaje a su redactor. Empero, la composición del mismo muestra, en acto, una más que significativa omisión: el libro forcluye cualquier escrito donde figure alguna apoyatura de índole topológica. Es obvio lo que puede conjeturarse a partir de esa política –que no es tan sólo editorial, por supuesto–: la desvalorización por omisión del perfil donde Lacan muestra una de sus facetas más notables y creativas no apunta sino a coagular su discurso en tanto “acorralado” por las coordenadas del espacio imaginario. Y esto, lo reitero, no delimita una mera dilucidación de tinte exquisitamente intelectual o matemático, por cuanto la asunción de las consecuencias derivadas del espacio topológico replantea una miríada de factores incidenciales decisivos para la dirección de la cura (lo cual, lamentablemente, no me es viable explayar en el contexto de estas pocas líneas).

Como creo se viene perfilando, no se trata sino de una misma y sostenida política: silenciamiento, omisión, distorsión, parcialización, segregación.
Empero, un factor altamente subversivo, proveniente de la tecno-ciencia, ha venido a desbaratar la eficacia de este designio: me refiero a la computadora. Como se sabe, los programas diversos instalables en el disco rígido, así como la circulación de los CD-ROM, no menos que el acceso a los Seminarios aludidos a través de varios portales; pues todo ello ha tornado incontrolable lo que parecía torpemente posible de encerrar hacia mediados y fines de los años ’80. Así, la virtualidad del espacio abrió definitivamente el “corralito” tendido a la obra de Lacan. De tal forma, la computadora dio acceso a las muy diversas versiones de los Seminarios, postergando sin más remedio las tácticas maoístas de control social.
Por supuesto –lo reitero, y me disculpo por ello–, muchas de esas versiones no son sino eso: versiones. En efecto, las mismas recogen lo que pudo escuchar la persona encargada de la taquigrafía, o de la desgrabación, a más de dar testimonio de innúmeras erratas de tipeo. Pero esto sucede nada menos que con la palabra de Lacan, donde campea el equívoco, la palabra valija, la sorprendente referencia erudita, el neologismo inesperado, el deliberado salto conceptual. ¿Quién podría realizar esas tareas con un mínimo de idoneidad si no conociese, cuanto menos, las coordenadas fundamentales, los ejes rectores, de la enseñanza en cuestión? ¿Se puede hacer circular “en bruto” la mera estenografía, sin tomar recaudos para tratar de reducir al máximo posible los inevitables errores que habrán de producirse? ¿Cómo no dar cuenta, por otro lado, de las eventuales alternativas surgidas ante la escucha o la lectura de tal o cual vocablo, otorgándole al lector la consiguiente posibilidad de hacer su elección fundada? Preguntas, huelga decirlo, de tinte retórico, pues transportan deliberadamente su respuesta.

Ahora bien: como se sabe, el albacea ha anunciado –¿al ser derrotado por la computadora?– la implementación de una Serie donde se publicarían –siempre por Seuil– las estenografías “en bruto” de los Seminarios de Lacan, para dar lugar, por fin, a la libre circulación de los mismos. Tal, el anunciado nuevo hito. No le falta a la iniciativa, cabe aclararlo, un sutil manejo de la “vidriera”, dando la apariencia de una mudanza en orden a la honestidad intelectual en juego. Así, algún inadvertido ha podido tomar esa medida como un “cruce del Rubicón”: un acto sin retorno –dice– que modifica raigalmente la posición sostenida hasta ahora. ¿Sí? Pues no. A mi entender –y sé que no soy muy original al definir esta posición, lo cual me alegra–, tal medida no constituye más que un nuevo mojón en la historia de la que apenas señalé algunos brochazos significativos. Se trata, en efecto, de otra vuelta de tuerca de la política segrega-cionista, mas esta vez adoptando un obvio cariz diferencial, a tono con la moral de la época. Así, de acuerdo con la regencia posmoderna de la razón cínica (Sloterdijk), ahora la cuestión pasa por colocar la obra de Lacan según la modalidad –siempre segregacionista– de lo encerrado afuera. ¡De nuevo la cárcel, de nuevo la ideología concentra-cionaria!¿Parece absurdo pensar así? No lo creo. Por lo siguiente: ¿acaso el “todo vale” –bien “posmo”– es capaz de singularizar algún trazo prevalente? Si todas las versiones se equivalen entre sí –según un modo perverso de inteligir el democratismo– ¿no tienden a anularse mutuamente? ¿No constituye este propósito un nuevo rostro del Simbólico extendido y generalizado, donde naufraga cualquier mínimo mordiente de lo Real, y a cuyo respecto Lacan –en los finales de su enseñanza– elevaba sus legítimas prevenciones? Es que si todos tienen palabra –¿neoliberalismo, pues?–, nadie tiene palabra. ¿Cuál es el destino de la palabra de Lacan, entonces? Su pérdida en medio de la confusión, de la dilución de las diferencias, de la promoción de los “opinólogos” auto-autorizados por el infatuado “sí-mismo”.

Para sintetizar, cabe preguntarse adónde apunta el nuevo avatar preconizado por el albacea. Creo no equivocarme al precisar que este enésimo embate –uno, reitero, donde prima el camouflage formal derivado de las buenas maneras– se dirige contra el trabajo serio, fundado y responsable realizado por muchos lacanianos de distintas partes del mundo con los Seminarios de Lacan. En tal sentido, son conocidas las versiones producidas, sea al modo institucional, sea al modo individual, donde la versación, el cuidado crítico, el cotejo de las fuentes, e inclusive el reconocimiento de las dudas, son sus marcas distintivas. Se trata, claro está, del retorno de un Real que ningún tribunal de justicia puede contrarrestar. Pues bien: esas versiones habrían de ser puestas en un plano de –falsa– igualdad con las improvisadas estenografías. Con lo cual la política segregacionista no se dirige tan sólo contra la palabra de Lacan, sino contra la de sus discípulos y lectores autorizados. Mas de nuevo ello no debe provocarnos la menor sorpresa, porque es la continuación invariada de la censura ejecutada, en las versiones del albacea, contra los calificados asistentes a quienes Lacan invitaba a hablar en sus Seminarios. Entre ellos, como se sabe, se encuentran –hay muchos más– F. Recanati, J. C. Milner y P. Kaufmann, cuyas ponencias directamente no figuran en las referidas ediciones. Claro: puede argumentarse que los nombrados “no son” Lacan, y por tal motivo fueron silenciadas editorialmente sus intervenciones, puesto que las mismas no importarían. Pero entonces¿cuál es el alcance de una enseñanza que no se prolonga a través de sus discípulos y lectores? ¿Se trata, por ende, de un pensador solitario, que no hizo surco entre los analistas? ¿Y que daba la palabra a oradores insignificantes, quienes, además, presentaban ponencias ajenas al desarrollo del Seminario, por lo cual su “salteo” no afecta al cuerpo de la doctrina expuesta? Y en el mismo respecto ¿no se sigue tratando de forcluir a quienes se encuentran más autorizados que otros, arrojando para ello el aludido manto nivelador e igualitarista?
Hasta aquí el lado crítico de lo que deseaba exponer. Quiero articular ahora, tal como lo adelantase, una propuesta básica tendiente a aportar una posible solución simbólica para este diferendo. Y dicha propuesta, claro está, encuentra su marco propicio en el marco de esta publicación.

Se trata de lo siguiente: se constituiría una Comisión Internacional donde habrían de encontrarse válidamente representadas todas las entidades del mundo referenciadas a la enseñanza de Lacan. Esa Comisión debería trabajar, en un tiempo razonablemente acotado, en la redacción de todos los Seminarios en cuestión, tomando a tal fin, como documentos - fuente, la totalidad de las versiones hasta ahora existentes de los mismos (incluyendo las “establecidas” ). En el cronograma que habría de diseñar para el desenvolvimiento de su actividad, la Comisión tendería a equilibrar la edición temporal de los Seminarios, no privilegiando meramente los iniciales. En tal sentido, como se parte ya de un desequilibrio que se intenta remediar, los primeros a ser publicados han de ser los –genéricamente llamados– topoló-gicos, haciendo hincapié inicial en los nodales. Desde ya, la Comisión se atendría a los elementales criterios de edición crítica fundada consagrados y avalados por los estudiosos de esta rama disciplinar. Lo cual llevaría a sostener, con la firma de cada quien, los casos donde pudiesen llegar a existir divergencias respecto de las decisiones textuales a ser adoptadas. Además, dicho trabajo ha de aprovechar el invalorable recurso proporcionado por la utilización del E-mail, lo que reduciría fructíferamente el número de reuniones realizadas “en presencia” de los miembros de la Comisión. Por supuesto, dicha Comisión también habría de ocuparse de la edición de todos los otros textos de Lacan que en la actualidad se hallan fuera de la circulación editorial abierta y accesible: discursos de apertura y cierre de Jornadas y/o Congresos, conferencias, intervenciones ante ponencias de otros analistas, entrevistas periodísticas, declaraciones, disertaciones radiales, etc. En fin: prácticamente –mas no tan sólo– se trata de otorgarle entidad y estatuto de publicable –realizando estudios preliminares, notas aclaratorias, etc.– al contenido de los llamados Petits écrits et conférences, donde generosas manos anónimas han recopilado valiosos textos de Lacan –fotocopiados– cuyo volumen supera las seiscientas páginas. Todo lo cual, en suma, tendería a poner en circulación efectiva, mediante el trabajo de la Comisión, a una de las obras mayores no sólo del psicoanálisis, sino de la cultura del siglo pasado.
¿Llegará a ser esto posible alguna vez? Porque su concreción –absolutamente factible en términos “realistas”– sí indicaría que , de modo genuino, se ha hecho a un lado la política segregacionista hasta ahora vigente, consolidando, en su lugar, una pacificación derivada de lo Simbólico.
 
 
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